lunes, 23 de noviembre de 2020

1980-81 (XVIII)

 

Seguimos en Birmingham. La ola revival que surgió en la década anterior impulsada por la new wave es muy amplia, y abarca prácticamente todos los estilos que tienen alguna conexión con el submundo mod de los años 60. Y si el ska o el reggae vivieron una segunda juventud, algo parecido le sucedió al soul o, para ser más exactos, a esa especie de serie B que floreció en las discotecas de la Isla bajo el nombre de northern soul. En realidad esa moda había sido el último clavo al que se agarraron los muchachos de la Lambretta cuando vieron que su mundo se desmoronaba, asfixiado primero por la psicodelia y luego por el reinado del rock de los 60/70. Pero con la aparición a finales del 73 del doble "Quadrophenia" comenzó a nacer un creciente interés de la nueva generación por aquel tiempo mítico, un interés que se demostraba por las continuas reediciones de ese disco; y cuando llegó el estreno de la película en el 79, los Jam -la reencarnación más notable de aquel espíritu- ya estaban en su apogeo. Lo cierto es que pocos músicos de esa onda tuvieron la altura creativa de un Paul Weller, pero sí hubo algunos grupillos que lograron revivir por un tiempo la magia de alguno de aquellos estilos. Y, dentro del sector del northern soul, pienso que el disco más brillante que surgió en esta nueva época es el debut de Kevin Rowland y sus Dexys Midnight Runners. Sí, el nombre del grupo ya lo dice todo: la dexedrina era uno de los "aditivos" más apreciados por la parroquia mod. Luego Rowland cambió de estilo y volvió a tener suerte; a partir de ahí hubo unos cuantos cambios más, ya no tan afortunados. Pero en cualquier caso estamos ante un personaje inusual, y como los personajes inusuales son una de nuestras debilidades, aquí lo tenemos.

La historia comienza sobre 1978, cuando a raíz de la disolución de los Killjoys (un pequeño grupo punk con un único single grabado el año anterior) dos de sus miembros deciden crear una banda al viejo estilo, con metales y todo. Los dos se llaman Kevin: Rowland y Archer; también los dos son cantantes y guitarristas, aunque por lo general el primero suele ser la voz principal y el segundo se concentra en la guitarra. Rowland, personaje complejo y con tics un tanto autoritarios, decide que para evitar confusiones convendría que Archer usase un apodo en vez de su nombre: Archer, indiferente, decide adoptar un "Al" y asunto arreglado. El bajista lo pone Archer: se trata de Pete Williams, que había sido compañero suyo en otro pequeño grupo de tiempo antes. Y el resto del personal se va reclutando a base de anuncios en los periódicos: Pete Saunders será el teclista; en la batería, tras algunos cambios, se consolida Andy Growcott. Los otros tres son la sección de viento, encabezada por el veterano saxofonista Geoff Blythe (ex de la banda del gran Geno Washington); Steve Spooner es el saxo alto y Jim Paterson el del trombón.

Desde el principio destaca la gran compenetración de los músicos -Rowland exigía dedicación completa, nada de pluriempleos- y el gusto por las piezas soul clásicas de los años 60, cuyas figuras más representativas están en los sellos Stax/Atlantic. En el 79 ya son una banda destacada en la ciudad y viajan como teloneros en las giras del sello Two Tone; los Specials, la banda estrella del sello por entonces, suelen vestir de modo muy distintivo, y Rowland decide que su grupo también usará una vestimenta característica. Así, en Enero de 1980, cuando presentan su primer single grabado en un diminuto sello creado por su manager Bernard Rhodes (que lo era también de los Clash, Specials y unos cuantos más), presentan también su "uniforme", que el propio Rowland reconoce inspirado en el look de los tipos patibularios que pueblan "Malas calles", la película de Scorsese. Ambas caras está compuestas por él, y en concreto "Dance stance", la A, es hasta cierto punto la reivindicación de una serie de escritores y poetas irlandeses a los que él admira: Rowland, hijo de irlandeses, había vivido unos años en aquella isla durante su adolescencia, y esa época ha quedado en su memoria para resurgir dentro de un tiempo en su carrera. Pero de momento ni ese hecho ni esa letra cuadran mucho con la canción, que es northern soul total; la B en cambio se acerca más a las baladas blancas con apoyo de metales que suelen tener al frente a una voz entre dolida y amanerada, de crooner; y esa es una influencia que Rowland toma de personajes como Bryan Ferry.    



El single, a pesar de la escasa publicidad, se escuchó bastante en Radio One y consiguió llegar al top 40, lo cual es un relativo éxito. De todos modos a Rowland no le gustó la producción que había hecho Rhodes y lo despide, fichando a continuación con EMI, que ya había distribuido su debut y les asigna como productor a Pete Wingfield, un músico veterano que domina todo el arco que va desde el soul al blues. Los Dexys se estrenan en su nuevo sello con un homenaje a Geno Washington que llega al número uno y los convierte en la nueva sensación de la Isla: Washington, al que Rowland adora por haberlo visto en directo cuando era casi un niño, había sido el prototipo del mito northern, el clásico cantante de segunda fila en su país pero una estrella en las discotecas británicas. Por supuesto no tardan en tener preparado el repertorio para su primer Lp, que llega en verano: "Searching for the young soul rebels", que así se llama, incluye además de "Geno" las dos canciones de su primer single, regrabadas. Pero para que quede claro el rechazo de Rowland al trabajo anterior de Rhodes, el disco se abre con "Dance stance" ahora bajo el título de "Burn it down", que Rowland hubiera preferido: él y sus colegas están escuchando la onda corta, y moviendo el dial surge una marcha, voces, Deep Purple, los Pistols y otros, hasta que parece hartarse y la apaga pronunciando esa frase que da entrada a la canción. Y desde luego tanto en esas tres regrabaciones como en el resto del material se nota la categoría de Wingfield, que permite a Rowland llegar casi al falsete por momentos. Indudablemente este sonido tiene mucha más fuerza, y por otra parte el material es muy bueno. La portada es otra muestra de la querencia irlandesa de Rowland: en ella se ve a un muchacho cargando con sus pobres pertenencias, lo poco que le queda tras abandonar su casa, que ha sido incendiada por una pandilla de protestantes extremistas en Belfast, en los años de plomo de Irlanda del Norte. Tal vez las dos piezas más recordadas sean "Geno", la que los lanzó a la fama, y "There, there, my dear", que se publicó también en single y es vitamina pura:


A finales de 1980, la situación de la banda era un tanto esquizofrénica: el disco se vendía muy bien -llegó al top 10- y las giras eran continuas, pero la mayoría de la plantilla estaba descontenta con el jefe y tenían en contra a una parte de la prensa, que consideraba que tanto el repertorio como el aspecto de los Dexys andaba cerca de la impostura, era poco creíble, y menos con algunas de las letras de Rowland, a veces pretenciosas, que no cuadraban mucho con la "humanidad básica" que se le presupone al soul (a cambio Rowland, que llevaba muy mal las críticas, no se relacionaba con la prensa). Las broncas afectan incluso a su sello, que abandonan de malos modos para pasarse a Mercury. Entre unas cosas y otras hay convulsiones frecuentes entre el 80 y el 81, hasta que de la formación inicial solo queda Rowland: Paterson accede a participar en el próximo disco, pero no como miembro formal. Así que de nuevo tenemos un grupo de nombres que no voy a reseñar porque son bastantes (en la grabación llegan a participar hasta quince músicos) y porque, como siempre, su presencia será volátil. Lo que cuenta es que Rowland ha estado rediseñando el espíritu del grupo, tanto en su música como en su imagen; y aunque gran parte de su nuevo repertorio mantiene aún el tono northern del primer disco, los Dexys que entran a grabar el segundo parecen andar en tránsito hacia el soul pop con influencias célticas, con violines y todo (incluso algunos músicos del grupo son rebautizados con nombres muy de allí), mientras que el look ha cambiado radicalmente y ahora son un grupo circunspecto de perroflautas. Y vuelve a acertar, porque "Come on Eileen", el single estrella, fue número uno en media Europa (y el single más vendido de la Isla en 1982), mientras que "Too-rye-ay", el Lp, no bajó del top 10.


A partir de ahí comienza la cuesta abajo: hay una época enfebrecida de giras por medio mundo en las que tanto Rowland como algunos de sus empleados comienzan a abusar de las sustancias ilegales, mientras las broncas y los cambios de personal son frecuentes. Entre unas cosas y otras el tiempo pasa, y su nuevo disco no llegará hasta otoño del 85; esta vez se trata de un grupo de personas ya maduras, perfectamente trajeadas, que hace música también para personas maduras. Las canciones se alargan y la influencia más evidente en gran parte del material es Van Morrison, pero sin chispa. La cosa no funcionó, y Rowland decide dejarlo; rescató la marca años después, pero como siempre lo que cuenta aquí es su época brillante, y al menos esos dos primeros discos lo son. El resto irá a gustos, pero tengo que reconocer que Rowland, así en abstracto, me acaba cansando. Mala suerte.


lunes, 16 de noviembre de 2020

1980-81 (XVII)

Una de las tendencias que surgió al rebufo de la new wave fue el rescate de los estilos de baile jamaicanos que tanta popularidad habían tenido diez o doce años antes, en la hégira mod. Ya vimos que, como había ocurrido en aquella época, tal furor no duró mucho: por aquí han pasado Madness, que cuando vuelvan serán ya un grupo pop, y los Specials, cuya época dorada no va más allá de dos años y dos discos; a partir del 81 comienzan a perder entidad y se convierten en una banda casi intemporal pero anecdótica, como le ha pasado a la mayoría. Los géneros de baile son para bailar, y no es frecuente que este tipo de músicos puedan vivir de los discos indefinidamente. Otra cosa es que surja algún grupo que, partiendo de los ritmos tradicionales, sepa añadir elementos nuevos y les dé un lavado de cara: con esa estrategia se puede durar un cierto tiempo, tener éxito a veces, y eso fue lo que consiguieron los Beat. De sus tres discos, los dos primeros fueron top 5 y el tercero, para mí el más elegante, rozó el top 20: ahí lo dejaron. 

Birmingham es junto con Londres la ciudad con mayor asentamiento de inmigrantes procedentes de las Indias occidentales, y en consecuencia ha tenido siempre un circuito de locales y músicos bastante nutrido (de la cercana Coventry, que a efectos musicales pertenece al área de influencia de Birmingham, proceden los Specials y su sello Two Tone, por ejemplo). Y aquí viven dos guitarristas blancos aficionados a ese tipo de estilos: Dave Wakeling, que además canta, y Andy Cox. Allá por el 78 deciden crear un grupo revival pero que tendrá más amplitud de criterio que la mayoría, y junto con un colega bajista llamado David Steele se reúnen con tres músicos de origen antillano. El más veterano de ellos es Lionel Martin (Saxa para los fans), un saxofonista de expediente apabullante por haber trabajado con las figuras más grandes de la década anterior (entre ellos Desmond Dekker o Laurel Aitken, sin ir más lejos). El batería, Everett Morton, es más joven pero ya se ha hecho un nombre en la ciudad, mientras que Ranking Roger, el cantante, es el más joven de todos: quince añitos. O sea, que promete. Bien, pues esta banda tan igualitaria racialmente -tres y tres-, después de unos meses de fogueo en el área de su ciudad fichan por Two Tone, como era de esperar, y a finales del 79 debutan con un single cuya cara A es una versión de la legendaria "Tears of a clown", del señor Robinson y sus Miracles. Es decir, que han recurrido a la Motown para presentarse; eso significa que partiendo del ska saben fusionarlo con el pop negro, y desde luego lo demuestran con una solvencia impresionante:



Casi a continuación comienzan a grabar su primer Lp, que llegará en la primavera del 80 con el título de "I just can't stop it". Más o menos por entonces el grupo decidió crear su propio sello, al que bautizaron como Go Feet; y si el logo del sello de los Specials era ya famoso, el de los Beat lo fue tanto o más (entre los dos completan una parejita rítmica que ha sido utilizada hasta la saciedad en tiendas de discos, pubs y discotecas modernillas). Pero a lo que íbamos: producido por el veterano Bob Sargeant, el disco es una colección de piezas en las que el grupo está creando una alternativa new wave al ska, manteniendo el ritmo básico pero revistiéndolo con una excelente instrumentación y un tono cercano al pop que lo hace más asequible para aquellos fans a los que aburría el estilo "a palo seco" de los Specials o los primeros Madness. La apertura con "Mirror in the bathroom" es un buen ejemplo: aunque el ska sea claramente su base, el esqueleto rítmico está enriquecido con un compacto juego de cuerdas y viento que apoyan a una voz con escalas melódicas que ya le deben tanto a ese estilo como al pop de la época. Y hay unas cuantas, como "Two swords", "Click click", "Big shot", "Noise in this world" o "Best friend" (o sea, casi la mitad del disco), que ya están mucho más cerca de la new wave que de cualquier otra cosa, especialmente por el trabajo de la guitarra. Así que la fusión de razas en este grupo equilibra también la fusión de ritmos; de ese modo el número de posibles clientes aumenta, y eso se demostró en la lista de ventas, además de las unánimes alabanzas de la prensa. Aunque resulta curioso que, al igual que habían hecho Madness o Specials, las piezas más tradicionales son las que se publican en single. Se sigue dando por sentado que hay dos públicos: los que solo buscan el ambiente de baile y los que se llevan el disco grande a casa para disfrutar con la variedad de registros.



Un año después llega "Wha'ppen?", el segundo Lp, de nuevo producido por Sargeant. Aquí se confirma la teoría de los dos públicos, ya que mientras este disco supera incluso las ventas del anterior los singles son menos populares. La razón es que los Beat siguen refinando su estilo y le añaden nuevas mezclas; como consecuencia el producto final, más elaborado, con predominancia de los tiempos medios, tiene poco material de gancho inmediato, además de que las letras tienen una mayor carga social. De todos modos sigue habiendo piezas con espíritu de pista, como "All out to get you", "Over and over" o "Get a job". Pero por lo general las de corte más clásico se acercan antes al calypso y a los tonos downbeat que al ska o el reggae: es el caso de "Doors of your heart", "Drowning" o "Walkaway". Y suele haber además un regusto pop, un tonillo blanco que sin embargo es ya casi intemporal, superando etiquetas como "new wave": "Im your flag" o "The limits we set" son dos ejemplos. En suma lo que tenemos es el trabajo de unos músicos que se han hecho mayores y a los que cada vez resulta más difícil encajonar en un estilo único; nadie niega que sus orígenes están claros, pero desde luego son mucho más interesantes que las bandas de baile más convencionales. Sin embargo es precisamente esta demostración de madurez lo que descolocó a una parte de la crítica, que esperaba más de lo mismo y que con este cambio de perspectiva les obliga a reconsiderar el cliché que les habían asignado; o sea, el de los Beat como otra banda de baile al uso. Que unos músicos de ese tipo intenten salirse del rebaño parece una especie de afrenta para, incluso, un sector de los fans.



La evolución de los Beat se completa con "Special beat service" en 1982. Sigue habiendo rasgos del estilo con el que se habían presentado tres años antes, pero justo las canciones más redondas del disco son las que más se alejan de ese estilo; de hecho, esta colección es, con los matices que se quiera, un magnífico ejemplo de pop blanco/negro de los 80. En la producción, como siempre, Sargeant; que demuestra una vez más su enorme capacidad de adaptación, y que le añade un vago fondo de eco que da como resultado una sonoridad redonda, casi de manual. El rango va desde la escuela Motown ("Soul salvation" o "Save it for later", por ejemplo, son dos perlas) hasta el tono jazzy de "I confess" -donde muchos ven influencias de Joe Jackson- y eso es una clara señal de que el grupo está ahora en la onda yanki mucho más que en la jamaicana, aunque por supuesto todavía quedan piezas que recuerdan sus orígenes: "Spar with me", tal vez la más clásica; "Jeanette", con ese acordeón casi parisino; "Sorry" (aunque también aquí se podría argumentar que hay varias influencias distintas, no antillanas precisamente) y algunas más. Pero desde luego demuestran haber recorrido un largo camino en un tiempo relativamente corto, y tal vez por eso comienzan a ser conocidos en Estados Unidos al mismo tiempo que en la Isla decae su popularidad: The English Beat, como se les llamaba allá para no ser confundidos con los Beat de Paul Collins, podrían haber tenido una buena carrera al otro lado del Atlántico si no fuese porque esa popularidad en ascenso se estaba produciendo al mismo tiempo que un creciente cansancio por el exceso de giras y porque la situación personal no era buena.



Los Beat se separaron en 1983, después de completar una última campaña que finalmente hizo que las relaciones entre algunos músicos saltasen por los aires. Tras esa convulsión surgieron, entre otros, los Fine Young Cannibals o General Public; tuvieron un éxito relativo, especialmente los primeros, pero resultaban bastante previsibles, más asépticos. Así que muchos preferimos, de toda la saga, esa magnífica trilogía que para nosotros supera de largo todo lo que se ha hecho en unos estilos tan ajustados como estos.