lunes, 15 de marzo de 2021

Estados Unidos: los primeros 80's (X)

"Paisley underground" fue un ambiente más que un sonido. No encajábamos con la actualidad de Los Ángeles. Y no escuchábamos lo que queríamos oír, así que lo hicimos nosotros mismos. Fue un momento emocionante en el tiempo, pero no hacíamos todos lo mismo. Íbamos en direcciones diferentes". 

Steve Wynn 

Una de las más notables aportaciones que Los Angeles, y California por extensión, hacen a la década de los 80 es el invento del "Paisley underground", que en poco tiempo se convertirá en una potente oferta a escala nacional; y aunque luego en los 90 el mayor protagonismo fue para sus rivales del noroeste con el asunto aquel del grunge, el paso del tiempo y la memoria selectiva están tratando mejor a los californianos que a los otros. De hecho ese "ambiente" no ha desaparecido del todo ni creo que lo haga nunca, porque en realidad es una actualización de gran parte de los estilos clásicos de los años 60. Se ha tratado de definir muchas veces, delimitar sus competencias, pero desde el principio fue una etiqueta inabarcable, un pozo sin fondo. Algo muy yanki, por otra parte: ¿quién es capaz de definir el rhythm'n'blues en ese país? ¿Y el punk? En Estados Unidos las etiquetas acaban haciéndose nebulosas... o tiene razón Wynn y de lo que estamos hablando en este caso es de una (muy amplia) pandilla de amigos y no de un sonido determinado. 

En inglés, "paisley" se refiere a esos dibujillos de origen persa en forma de gotas de agua y con mucha filigrana que en España llamamos "de Cachemira", "amebas", "paramecios", etc: una camisa de paramecios es una clásica en el vestuario hippie, por ejemplo. Ese tipo de diseño "psicodélico" pasó a la India aproximadamente en el siglo XVIII; por entonces era una colonia británica, y fue traído de allí por muchos soldados isleños que se aficionaron a él. Y eso nos lleva a Paisley, una pequeña ciudad al sur de Escocia donde había una fábrica textil que fue la primera en producir ese diseño en occidente. Bien, pues una noche, en un garito de Los Angeles a finales del 81, Lina Sedillo, una chica que tocaba el bajo en un grupo llamado Peer Group y llevaba un vestido "paisley" comenzó a recitar unas frases en el medio de una canción. Entre el público estaba su amigo Michael Quercio, cantante y líder de otro grupo llamado The Salvation Army, con quien los Group compartían cartel esa noche. Quercio, ante las palabras de su amiga, exclamó: "Words from the paisley underground!", y días después acabaron acordando que eso de "paisley underground" era una buena definición para su música. En una entrevista posterior él repitió la frasecita, que por supuesto el periodista de turno se apresuró a apuntar... y hasta hoy. 

Bien, pero... ¿qué tipo de música hacían Michael Quercio y sus Army (porque Lina y sus Group desaparecieron pronto)? Pues, básicamente, un cruce entre psicodelia y garaje pop -es decir, música de los años 60- actualizado por un sonido new wave con vagos tonos punk (bastante más new wave que punk). Era muy aficionado al pop urbano de la década anterior, ya que gracias a la colección de discos de su hermano se había empapado de las tonadillas encantadoras de gente tan dispar como los Beach Boys o los Monkees. Así que deberíamos entonces suponer que esa es la esencia del nuevo estilo de moda en la ciudad, pero las cosas se van complicando por momentos: la prensa musical tenía que sacarle todo el partido posible a una etiqueta tan golosa, y el propio Michael se lo puso en bandeja ampliando el espectro poco después. Su banda, que en verano del 83 (y con un disco grande ya publicado) había cambiado de nombre a The Three O'Clock por exigencia del verdadero Ejército de Salvación, actuó junto a las Bangles -puro pop blandito para radiofórmula- y los Rain Parade, cuyo debut es una de las más brillantes piezas de psicodelia de aquellos tiempos e incluso aún hoy. Y en un comentario agrupó a esos tres grupos y algunos más como representantes naturales de ese "paisley underground" que tan de moda se estaba poniendo.... 

¿Algunos grupos más? Pues sí. Y hasta ese momento el término era todavía manejable, ya que las Bangles podrían considerase el ala extrema y más comercialota del estilo poppy de Quercio y sus muchachos mientras que los Parade eran el otro extremo, el psicodélico... ¿Podríamos sumar a Green On Red? Bueno, hacen punk rock y también le dan a la psicodelia, así que de acuerdo. Pero de pronto resulta que bandas como los Dream Syndicate o los Long Ryders se incluyen también en la nómina, y entonces la cosa ya se hace inabarcable: entre las influencias de los Syndicate podemos llegar hasta los neoyorkinos Velvet Underground, mientras que los Ryders son claramente discípulos de Byrds (sobre todo la época Parsons). O sea, country rock, que no estaba en el menú inicial. 

Como era de esperar, ya se encargó la prensa de ir estirando la goma hasta el infinito. No dejes que la realidad estropee tus planes: aunque Quercio o Wynn digan que aquello era un fenómeno circunscrito al área de Los Angeles, algunos opinantes no tardaron en sugerir la conveniencia de añadir a R.E.M. (georgianos con querencias cercanas a la costa Este, al menos en sus principios). Y hasta Prince se apuntará a la fiesta desde su lejana Minnesota, creando una canción llamada "Paisley Park" y bautizando así a su faraónico estudio de grabación, al mismo tiempo que incluye a los Three O'Clock de teloneros en algunas de sus actuaciones y ayuda a las Bangles escribiendo "Manic monday" para ellas. Así que a mediados de la década el Paisley underground ya será cualquier cosa menos underground, y algunos de sus primeros integrantes querrán deshacerse de esa etiqueta, que se va volviendo asfixiante. Porque las etiquetas crean prejuicios que pueden acabar hundiendo la carrera de una banda o encasillándola demasiado, y el propio Quercio es uno de los que reniega de ella ("en mala hora se me ocurrió"). 

Bueno, pues en los próximos capítulos de este culebrón seguiremos ampliando el concepto al mismo tiempo que recibimos la visita de algunos de esos grupos "de cachemira", por lo menos aquellos que han quedado como los más destacados. Y ya puestos, hoy nos despedimos con el eximio Prince contribuyendo al rebumbio jipi con la canción que escribió para ello: "Paisley Park", una de las pocas que me gustan de este señor.



lunes, 8 de marzo de 2021

Estados Unidos: los primeros 80's (IX)

Seguimos en Los Angeles, una ciudad abrasiva que al mismo tiempo es la gran potencia en el mundo del espectáculo. Ese carácter casi esquizofrénico hace que surjan figuras musicales tortuosas como los Gun Club (y muchos más antes que ellos), pero también nos da sorpresas de vez en cuando con la aparición de personajes más alegres. Hoy nos visitan dos de ellos: Paul Collins y Peter Case. Ambos son oriundos del estado de Nueva York, pero se conocieron en San Francisco y llegaron aquí a mediados de la década anterior junto a Jack Lee, creando un trío de power pop que si en su momento pasó casi desapercibido hoy es objeto de culto: los Nerves, a los que ya tuvimos en una fiesta de este tugurio. En 1976 publicaron un único Ep de cuatro canciones que se revalorizó casi diez años después porque Blondie (¡otra vez ella!) hizo una versión de "Hanging on the telephone", una canción de Lee que abría aquel Ep y abre también "Parallel lines", el tercer y más exitoso Lp del grupo neoyorkino. Gracias a eso se rescataron unas cuantas demos que el trío había dejado sin publicar y entre unas cosas y otras ya digo, los Nerves son otra de esas pepitas de oro perdidas. Lee, que era además el guitarrista y cantante oficial, siguió una carrera de perfil bajo hasta desaparecer prácticamente del negocio mientras Collins, que había sido el batería, se pasó a la guitarra eléctrica y comenzó a cantar; Case, hasta entonces el bajista, hará lo mismo. Y tras un corto período colaborando con otros músicos en una banda llamada The Breakaways, finalmente cada uno sigue su propio camino.

Paul Collins, reconvertido en cantante y guitarra rítmica, presenta su nuevo grupo a mediados de 1979 bajo el nombre de "The Beat" (que serán "Paul Collins' Beat" en Europa, para no confundirlos con los Beat británicos... que serán "Los Beat británicos" en Estados Unidos para no confundirlos con los de Paul Collins). Los músicos que le acompañan son los antiguos Breakaways menos Case: Larry Whitman es el solista, Steven Huff el bajo y Michael Ruiz el batería. Antes de que termine el año se publica el primer Lp, de título homónimo, que en poco tiempo alcanza estatus de mito... para la crítica y los frikis del pop rock, pero poco más. Aquella espléndida colección de melodías con estribillos poderosos que en su momento sirvió de inspiración a one hit wonders como los Knack y que luego serán referencia infaltable para muchos músicos de esa onda, paso sin pena ni gloria en su país: salvo en las ciudades grandes como Los Angeles o Nueva York, la new wave (por simplificar) es una rareza para snobs. La cosa fue bastante mejor en Europa, pero con la cantidad de oferta propia que había en ese momento aquí tampoco consiguieron mucho más que una críticas muy favorables.


Su segundo disco se titula "The kids are the same" y se hace de rogar, porque llega a mediados del 82. Pero es igual de bueno, por momentos incluso superando el anterior aunque la crítica diga lo contrario: ya la apertura con "That's what life is all about", ese cruce entre new wave y Buddy Holly, es suficiente para confirmarlo. CBS, el sello que los había fichado gracias a amistades que tenía Collins desde la época de los Nerves, se impacientaba por las malas ventas del primero y cargó un poco las tintas en la producción, de nuevo a cargo del legendario Bruce Botnick; pero luego la publicidad y la distribución no estuvieron a la altura. Cabe preguntarse si no serían CBS y Botnick parte del problema, ya que la música de Collins no cuadra con un sello y un productor tan imponentes. Especialmente el sello, una sociedad anónima con muy altas expectativas de rentabilidad, no es el más indicado para albergar un grupo de este estilo (que de ser isleño hubiera entrado en una independiente). El caso es que las ventas en Estados Unidos decrecieron al mismo tiempo que aumentaban en Europa, y el doble resultado era de esperar: CBS los echa, "animándolos" a pasar cada vez más tiempo a este lado del océano.


A partir de ahí, Collins pasa a ser un personaje de culto en países como España, donde vivió durante varios años (sus dos ex esposas son españolas). De vez en cuando publicaba algún mini Lp o directos que aumentaban su leyenda; no llegan a la categoría de los dos primeros, pero tampoco desmerecen mucho. Luego se pasó durante un tiempo al country rock y similares, y aún sigue en activo, alegrando la vida de miles de fans irreductibles; europeos, la mayor parte.

Peter Case creó otra de esas bandas míticas en la iconografía pop yanki: los Plimsouls, que arrancaron a mediados del 78, es decir, antes que Collins y sus Beat. Sin embargo les costó más encontrar un sello discográfico, y se fueron ganando una fama en el circuito de clubs de Los Angeles mientras se asentaba una formación fija. En 1980, cuando llegan a grabar su primer Ep, junto a voz y guitarra de Case tenemos al solista Eddie Muñoz, el bajo Dave Pahoa y el batería Louie Ramirez; ese Ep se titula "Zero hour" y consta de cinco canciones que, como los Beat, recuerdan su antigua militancia en los Nerves. Sin embargo hay una diferencia de espíritu, digamos: el estilo en la composición de Collins se acerca más al rock and roll (reitero lo de Buddy Holly, que se intuye más de una vez), mientras Case ha creado un grupo de power pop revistiendo las melodías con un sonido de garaje pop que por momento bordea incluso el soul. Y si los Beat grababan en la CBS los Plimsouls comenzaron en pequeñas independientes, pero el resultado fue el mismo: salvo en su propia ciudad, donde llegaron a ser casi estrellas, no hay grandes convulsiones en el mercado nacional.


En 1981 llega su primer Lp, una delicia de ambiente new wave que podría recordar a algunos grupos isleños, pero también a una especie de Flamin' Groovies rejuvenecidos (que por otra parte es una banda de ida y vuelta entre Europa y los States) y que contiene algunas clásicas como "Hush hush" o "Lost time", que suenan casi como himnos. La popularidad local del grupo les dio la confianza suficiente como para atreverse a ir por delante de su propio sello y financiarse poco después la grabación de un single conteniendo "A million miles away". Tuvieron suerte, porque llegó a ser un pequeño superventas en buena parte del país; no es necesariamente su mejor canción, pero sí tal vez la más cercana al estilo que los yankis valoran en el pop: sonido muy arreglado y estribillos cortos. Ese relativo éxito (llegó a formar parte de la banda sonora de "Valley girl", una película que no he visto) hizo que el sello Geffen se fijase en ellos, y en 1983 llega su segundo disco grande, titulado "Everywhere at once". La fortaleza del sello les dio un poco más de proyección, pero no creo que les hiciese ningún favor con el tipo de sonido, que como en el caso de los Beat en la CBS acaba deformando su imagen original. En cualquier caso el grupo se separó poco después; Case siguió una discreta carrera en solitario y ha reagrupado la banda más de una vez, pero como siempre lo que cuenta aquí es aquella primera época tan corta como intensa.