"Paisley underground" fue un ambiente más que un sonido. No encajábamos con la actualidad de Los Ángeles. Y no escuchábamos lo que queríamos oír, así que lo hicimos nosotros mismos. Fue un momento emocionante en el tiempo, pero no hacíamos todos lo mismo. Íbamos en direcciones diferentes".
Steve Wynn
Una de las más notables aportaciones que Los Angeles, y California por extensión, hacen a la década de los 80 es el invento del "Paisley underground", que en poco tiempo se convertirá en una potente oferta a escala nacional; y aunque luego en los 90 el mayor protagonismo fue para sus rivales del noroeste con el asunto aquel del grunge, el paso del tiempo y la memoria selectiva están tratando mejor a los californianos que a los otros. De hecho ese "ambiente" no ha desaparecido del todo ni creo que lo haga nunca, porque en realidad es una actualización de gran parte de los estilos clásicos de los años 60. Se ha tratado de definir muchas veces, delimitar sus competencias, pero desde el principio fue una etiqueta inabarcable, un pozo sin fondo. Algo muy yanki, por otra parte: ¿quién es capaz de definir el rhythm'n'blues en ese país? ¿Y el punk? En Estados Unidos las etiquetas acaban haciéndose nebulosas... o tiene razón Wynn y de lo que estamos hablando en este caso es de una (muy amplia) pandilla de amigos y no de un sonido determinado.
En inglés, "paisley" se refiere a esos dibujillos de origen persa en forma de gotas de agua y con mucha filigrana que en España llamamos "de Cachemira", "amebas", "paramecios", etc: una camisa de paramecios es una clásica en el vestuario hippie, por ejemplo. Ese tipo de diseño "psicodélico" pasó a la India aproximadamente en el siglo XVIII; por entonces era una colonia británica, y fue traído de allí por muchos soldados isleños que se aficionaron a él. Y eso nos lleva a Paisley, una pequeña ciudad al sur de Escocia donde había una fábrica textil que fue la primera en producir ese diseño en occidente. Bien, pues una noche, en un garito de Los Angeles a finales del 81, Lina Sedillo, una chica que tocaba el bajo en un grupo llamado Peer Group y llevaba un vestido "paisley" comenzó a recitar unas frases en el medio de una canción. Entre el público estaba su amigo Michael Quercio, cantante y líder de otro grupo llamado The Salvation Army, con quien los Group compartían cartel esa noche. Quercio, ante las palabras de su amiga, exclamó: "Words from the paisley underground!", y días después acabaron acordando que eso de "paisley underground" era una buena definición para su música. En una entrevista posterior él repitió la frasecita, que por supuesto el periodista de turno se apresuró a apuntar... y hasta hoy.
Bien, pero... ¿qué tipo de música hacían Michael Quercio y sus Army (porque Lina y sus Group desaparecieron pronto)? Pues, básicamente, un cruce entre psicodelia y garaje pop -es decir, música de los años 60- actualizado por un sonido new wave con vagos tonos punk (bastante más new wave que punk). Era muy aficionado al pop urbano de la década anterior, ya que gracias a la colección de discos de su hermano se había empapado de las tonadillas encantadoras de gente tan dispar como los Beach Boys o los Monkees. Así que deberíamos entonces suponer que esa es la esencia del nuevo estilo de moda en la ciudad, pero las cosas se van complicando por momentos: la prensa musical tenía que sacarle todo el partido posible a una etiqueta tan golosa, y el propio Michael se lo puso en bandeja ampliando el espectro poco después. Su banda, que en verano del 83 (y con un disco grande ya publicado) había cambiado de nombre a The Three O'Clock por exigencia del verdadero Ejército de Salvación, actuó junto a las Bangles -puro pop blandito para radiofórmula- y los Rain Parade, cuyo debut es una de las más brillantes piezas de psicodelia de aquellos tiempos e incluso aún hoy. Y en un comentario agrupó a esos tres grupos y algunos más como representantes naturales de ese "paisley underground" que tan de moda se estaba poniendo....
¿Algunos grupos más? Pues sí. Y hasta ese momento el término era todavía manejable, ya que las Bangles podrían considerase el ala extrema y más comercialota del estilo poppy de Quercio y sus muchachos mientras que los Parade eran el otro extremo, el psicodélico... ¿Podríamos sumar a Green On Red? Bueno, hacen punk rock y también le dan a la psicodelia, así que de acuerdo. Pero de pronto resulta que bandas como los Dream Syndicate o los Long Ryders se incluyen también en la nómina, y entonces la cosa ya se hace inabarcable: entre las influencias de los Syndicate podemos llegar hasta los neoyorkinos Velvet Underground, mientras que los Ryders son claramente discípulos de Byrds (sobre todo la época Parsons). O sea, country rock, que no estaba en el menú inicial.
Como era de esperar, ya se encargó la prensa de ir estirando la goma hasta el infinito. No dejes que la realidad estropee tus planes: aunque Quercio o Wynn digan que aquello era un fenómeno circunscrito al área de Los Angeles, algunos opinantes no tardaron en sugerir la conveniencia de añadir a R.E.M. (georgianos con querencias cercanas a la costa Este, al menos en sus principios). Y hasta Prince se apuntará a la fiesta desde su lejana Minnesota, creando una canción llamada "Paisley Park" y bautizando así a su faraónico estudio de grabación, al mismo tiempo que incluye a los Three O'Clock de teloneros en algunas de sus actuaciones y ayuda a las Bangles escribiendo "Manic monday" para ellas. Así que a mediados de la década el Paisley underground ya será cualquier cosa menos underground, y algunos de sus primeros integrantes querrán deshacerse de esa etiqueta, que se va volviendo asfixiante. Porque las etiquetas crean prejuicios que pueden acabar hundiendo la carrera de una banda o encasillándola demasiado, y el propio Quercio es uno de los que reniega de ella ("en mala hora se me ocurrió").
Bueno, pues en los próximos capítulos de este culebrón seguiremos ampliando el concepto al mismo tiempo que recibimos la visita de algunos de esos grupos "de cachemira", por lo menos aquellos que han quedado como los más destacados. Y ya puestos, hoy nos despedimos con el eximio Prince contribuyendo al rebumbio jipi con la canción que escribió para ello: "Paisley Park", una de las pocas que me gustan de este señor.


