lunes, 22 de noviembre de 2021

España en los años 80 (XIII)

Una vez cumplimentados los dos grupos más representativos de aquel sector de músicos bautizados como "Los del pop baboso" por sus enemigos los modernos, y para ser igualitarios, que eso está muy de moda, toca ahora hacer mención de otros dos que representen con total justicia a Las Hornadas Irritantes, es decir, el sector más alternativo y alejado de los estándares del mainstream. Eso significa que estamos hablando de una oferta con menor incidencia en los medios de comunicación masivos; a cambio gozan del apoyo incondicional de Radio 3 y de algún programa vanguardista en televisión, especialmente "La Edad de Oro" (aunque este no se inaugura hasta verano del 83, cuando gran parte de la carrera de los grupos "irritantes" ya está hecha). Y creo que nadie que conozca aquella época y aquel concepto podrá discutir que Derribos Arias son un grupo señero dentro de esa categoría, ya que encajan plenamente en el sector genérico de "los amas o los odias". Y al menos para quienes los amamos son una estrella fugaz cuyo brillo no fue más allá de dos años, pero dejó una estela imborrable. 

Hay que advertir que la categorización de "irritantes" es algo a ajeno a ellos aun habiendo sido copartícipes junto a Glutamato Ye-Yé en la creación de ese término, porque en realidad les traía sin cuidado una etiqueta u otra: en palabras de Poch lo suyo era "aberrar", y la aberración comprendía desde la obra musical hasta la vida cotidiana. Porque hablar de Derribos Arias es hablar de su líder y compositor principal, Ignacio Gasca, alias Poch (o sea, pocho, de mala salud): ese grupo es su pase a la posteridad, el momento en el que más cerca estuvo de consagrarse como la gran esperanza del rock vanguardista español. Pero sabía que estaba sentenciado, y decidió vivir lo que le quedaba en una sucesión caótica de días y noches delirantes; lo expresa muy bien Diego Manrique en la necrológica que hizo para El País: "Estudiante de Medicina, Poch supo pronto que era víctima de una dolencia hereditaria, y que la única manera de retardar el deterioro de su sistema nervioso consistía en llevar una vida moderada. Y optó justamente por lo contrario."

Poch se da a conocer en su San Sebastián natal cuando, después de participar en algunos grupillos locales, crea La Banda Sin Futuro en 1978. En ese grupo, cuya formación más constante es la de trío, él canta y toca la guitarra junto a Alejo Alberdi (guitarra, bajo intermitente y segunda voz) y el batería Manuel Moreno, "Paul". Por entonces podrían haberse considerado cercanos al ambiente de rock punkarra que pululaba especialmente en Vizcaya, pero teniendo en cuenta que hablamos de La Bella Easo hay que reconocer que iban a contracorriente. Y en cualquier caso, también la consideración de "punk" es muy relativa: no hay más que escuchar las escasas grabaciones que han quedado para comprobar que ellos iban en otra onda, tal vez a medio camino entre new wave y progresivo, con un ingrediente de locura muy personal. En su momento no dejaron obra, aunque luego, entre 1982/83, al rebufo de su proyección como Derribos Arias, recuperaron por momentos su "encarnadura" llegando a actuar bajo su antiguo nombre. Entonces Ramón Recio (uno de los creadores de Glutamato Ye-Yé y dueño del sello independiente Goldstein) les ofreció grabar sus cinco canciones más elaboradas, que sin embargo no se publicaron hasta 1997 (Recio había muerto en el 88). Aquí tenemos dos de ellas, en las que se ve que el espíritu de Derribos Arias ya estaba presente:



Sin embargo, ya en el 78 Poch viajaba continuamente a Madrid, puesto que el panorama musical de su ciudad le resultaba un tanto estático. Y en Madrid pronto se integró en la modernura, formando parte muy brevemente de Kaka de Luxe y Paraíso para entrar luego en los Ejecutivos Agresivos, el otro grupo "seminal" de aquella época (recordarán ustedes que Jaime Urrutia, por ejemplo, también estaba ahí). Por otra parte desarrollaba una doble personalidad a todos los niveles: ese era un grupo radicalmente pop con aromas de ska, sin la menor relación con lo que él estaba haciendo en La Banda Sin Futuro, y además allí su función era la de teclista. Aunque bueno, recordemos que el cantante y compositor de la mayoría de las letras era Carlos Entrena, que luego creó los bastante oscuros Décima Víctima, así que aquello vino siendo una especie de "momento vital alternativo" para unos cuantos personajes que luego cambiaron completamente de perspectiva. En cualquier caso solo llegaron a publicar un single en 1980 -en Hispavox nada menos- con la legendaria "Mari Pili", una verdadera canción del verano alternativa, en la cara A (años después apareció un mini Lp con todas sus grabaciones, un total de ocho). Tras la desbandada Poch decidió dos cosas: quedarse definitivamente en Madrid y crear un nuevo grupo. Primero convenció a Alejo y Paul para que le acompañasen, y como bajista entró Juan Verdera aunque en algunos momentos hubo leves cambios de plantilla. Y en 1981 Derribos Arias se presentan ante el estupefacto público de algunas salas madrileñas. De todos modos habrá que hacer un emocionado recuerdo a aquella fase poppie:



1982 fue su año de oro. Con algunas maquetas sonando ya en Radio 3, ganan el V Concurso Villa de Madrid y casi a continuación graban su primer Ep en el nuevo sello independiente GASA (Grabaciones Accidentales S.A.), creado pocos meses antes por miembros de Décima Víctima -especialmente Carlos Entrena- y Paco Trinidad, uno de los futuros productores estrella (la obra completa de Derribos fue producida por él) y elemento fundamental en Los Esclarecidos. También Trinidad formaba parte de los Ejecutivos Agresivos, lo cual confirma la extrema importancia que tuvo aquella reunión fugaz en el desarrollo de la nueva ola madrileña: al menos cuatro grupos señeros se originaron ahí. Pero a lo que íbamos: en la cara B está "Branquias bajo el agua", que marca un antes y un después en la historia de la música española. ¿Exagero? Tal vez. Pero me da igual. Aquí se dan la mano con total naturalidad CAN con Velvet Underground, por resumir. No se me ocurre otro modo más simple de definir una obra maestra de este calibre, que incluso lleva una letra surrealista pero muy estética a juego con ese desarrollo entre nubes electrónicas con cajas de ritmos, guitarras espaciales (Jaime Stinus es el solista) y una voz casi fantasmal que nos avisa de que "Branquias bajo el agua es el baile de actualidad". Y llegó a serlo, en algunas locales "alternativos". La cara A tiene como protagonista única a "Vírgenes sangrantes en el matadero", otro delirio electrónico - guitarrístico de categoría, muy al margen de cualquier otra cosa que se estuviese haciendo aquí, de la vanguardia al caos, del ritmo a la cacofonía, de lo oscuro a lo genial. Y la última es "Dios salve al lendakari", que dentro del tono general llega a hacerse la más accesible en una primera escucha y cuya letra mantiene ese ambiente tragicómico, tan de coña, que luego aprovecharon Siniestro Total para hacer su "Dios salve al conselleiro". Todo muy autonómico (otro delirio es una actuación en directo en la que Poch y Siniestro la interpretan). El sentido del humor, incluso en las letras más salvajes, fue uno de los aspectos distintivos en las Hornadas Irritantes, por oposición a la tristeza y la melancolía de los poppies depresivos.



Ese mismo año llega un segundo single y un maxi, cuyo nexo de unión es "A flúor" (versión corta en el single y extendida en el maxi). Siempre dentro de su estilo "aberrante", esta canción tiene un gancho cercano al pop rítmico que amplió un poco el número de seguidores del grupo. Y lo mismo pasa con "Tupés en crecimiento", la cara B del single, una especie de rock and roll deconstruido que va en crescendo hasta alcanzar la genialidad, un homenaje marciano pero adorable a ese estilo que "J.M. y los Magníficos no paramos de bailar". Y en otro estilo pero igual de ponzoñosa es la cara B del maxi, "¿Quién hay?", otro cruce entre demencia y genialidad con cambios de ritmo y de instrumentos, con grititos y lamentos ambientales que nos recuerdan una vez más que Derribos no pertenecen a esta dimensión espacio temporal. En cualquier caso esta fue la confirmación del grupo como una de las alternativas musicales más valiosas y lúcidas (valga el sinsentido) del panorama nacional: aún hoy no han sido superados. Pero por otra parte, los excesos vitales eran una constante en la existencia diaria de Poch, a quien con frecuencia se veía por Malasaña adelante en situaciones delirantes, tanto como lo fueron con frecuencia las actuaciones del grupo (en las que nunca se sabía lo que iba a pasar). Y sin embargo en otros momentos se relacionaba con la mayor parte de los geniecillos de la época, especialmente en el sector de la ilustración y la fotografía, dos mundos que a él le interesaban mucho. Probablemente se hacía muy difícil mantener el equilibrio entre esos dos Poch.



Ya se estaba haciendo de rogar el disco grande, y finalmente llega en 1983 con el título de "En la guía, en el listín". Quien lo conozca sabrá lo difícil que resulta definirlo, ya que es una colección de canciones un tanto contrahechas en las que se nota el descontrol en el que está sumido el grupo. Y eso no significa que sean malas, sino que tanto el sonido como la ejecución son manifiestamente mejorables: confeccionado a base de grabaciones en extraños horarios nocturnos, generalmente los fines de semana, con el grupo un tanto "fuera de órbita", lo raro es que consiguieron completarlo. Según la leyenda Poch estaba un tanto perjudicado, y si no es por el laborioso empeño de Trinidad tal vez no lo hubieran conseguido. Pero ya digo, la mayor parte de las piezas podrían haber destacado en otras condiciones: "Aprenda alemán en siete días" (que también fue single), la arrasadora "Íntima decoración" o la versión de "Lonesome cowboy Bill" no necesitan que nadie las defienda; pero igual de interesantes son algunas un tanto "retorcidas" como "Europa", "Misiles hacia Cuba" o la que va a nombre del grupo y cierra el disco. El caso es que se vendió muy poco; se fue vendiendo mucho más con el paso del tiempo y las críticas periodísticas laudatorias previas a las reediciones, cuando llegó la época en que tocaba "resucitar" la memoria del grupo... Y de pronto resulta que todo dios era muy fan de Derribos desde siempre. Hasta en eso fueron nuestros Velvet nacionales. 


La época grandiosa termina aquí. En 1984 se publica lo que será la despedida, un maxi titulado "Disco pocho" en colaboración con Iñaki, el de Glutamato: es un experimento de fusión entre el tecno pop, la discoteca y el funk que tiene valor como anécdota, poco más. Luego Poch hizo dos discos grandes en solitario que solo son recomendables para los muy fans (aunque más de una canción sorprende por su categoría), pero ya estaba bastante afectado. Murió en 1998 en su ciudad natal. Fue de las escasas figuras que tuvo un disco de homenaje en vida y a cargo de la mayor parte de sus contemporáneos: "El chico más pálido de la playa de Gros". Un buen título. Pero para despedirse de un personaje así hemos de olvidar las penas y volver a su mejor momento: aquí tenemos a Derribos Arias con su aportación a "Navidades radioactivas", aquel Lp de 1982 en el que figuran tantas leyendas aberrantes:



lunes, 15 de noviembre de 2021

España en los años 80 (XII)

De aquella división tan malintencionada que se hizo en Madrid creando las etiquetas de "Las Hornadas Irritantes" y "Los del Pop Baboso" para enfrentar a dos opciones totalmente distintas, hoy y tras la visita de los Secretos recibimos a Nacha Pop para cerrar el cupo de representantes de la segunda. Hay similitud entre las letras de ambos grupos, letras que por lo general se ciñen a las tristezas y alegrías juveniles; también como en los Secretos hay una figura central, músico y compositor, en quien se simboliza ese frecuente carácter melancólico, así que son de espíritus parecidos. Y aunque en lo musical el pop es la esencia en ambos, se podría decir que mientras a Los Secretos los hemos definido como "californianos" a Nacha Pop les interesa más el pop rock y su actualización a través de la new wave: de sus primeras influencias como los Stones, los zepelines y algunos músicos americanos llegan luego a los Clash y también disfrutan con el estilo melódico rítmico de unos Lowe o Costello en sus primeros tiempos, cuando su origen europeo aún primaba sobre las influencias americanas. Justo al revés que los Secretos, por cierto. En suma, Nacha Pop me parecen más frescos, más vivarachos, más... europeos. 

En 1978 desaparece un grupillo entre pop y psicodélico de corta duración llamado Uhu Helicopter (siendo Uhu un pegamento, que como todos podía tener usos "alternativos", y Helicopter un homenaje a los Jefferson Airplane. O sea, psicodelia de andar por casa). De ese grupo siguen adelante el guitarrista y voz Nacho García Vega, el bajista Carlos Villalta (de apellido artístico Brooking) y el batería Antonio Martín (Ñete), a quienes se une Antonio Vega, el primo de Nacho, que acaba de volver de la mili. Antonio canta, toca la guitarra y compone; tiene algunas piezas terminadas, y poco después graban unas maquetas bajo el nuevo nombre de Nacha Pop. Antes de que termine el año consiguen algunas actuaciones (la más recordada fue aquella en la que participaron junto a Kaka de Luxe "a beneficio de los huérfanos de Syd Vicious"), y en el 79 son ya uno de los grupos más destacados de la nueva ola madrileña: sin haber grabado un solo disco van consiguiendo actuaciones junto a la mitad de las bandas de la ciudad e incluso llegan a ser teloneros de Siouxsie. Hispavox se fija en ellos y pronto los tendrá grabando.


Su primer Lp se publica con título homónimo en verano de 1980 y lo produce el temible Teddy Bautista, que sin embargo se contiene y solo mete teclados cuando realmente cuadran. Es un debut magnífico en el que por supuesto brilla con luz propia ese emblema de la nueva ola que es "Chica de ayer", con una letra muy sentida, muy de juventud, muy de Antonio Vega, que por otra parte afirmaba que esa había sido su primera composición, mientras estaba en la mili. Y la música está a la altura, aunque aquí entramos en el proceloso mundo de los parecidos razonables: resulta que en 1975 Gianni Morandi había publicado "La caccia al bisonte" con un ritmo muy similar, y luego el cantautor argentino Piero hace una versión que, sin grandes diferencias con la original, aumenta las similitudes con la de Nacha Pop. La versión de Piero ya se había publicado en el 76 en su país, y en España lo hace justo en 1980. Pero ahí queda la cosa, porque teóricamente se trata de una coincidencia: aunque Vega murió antes de que saltara la liebre, Bautista dice que ninguno de los dos conocía al tal Piero ni esa canción. Suena raro, pero les creeremos. En cualquier caso nadie discute que, con "inspiraciones externas" o sin ellas, esta es una pieza redonda comenzando ya por esa entrada del bajo hasta el final. Y el resto del disco mantiene una altura muy digna, desde la apertura con "Antes de que salga el sol", otra clásica inmediata y con regusto a Police (una influencia bastante evidente en esta primera época), hasta ese cruce entre rockabilly y new wave en "Mujer de cristal". Que por cierto, su habilidad para mezclar estilos es muy efectiva, y "Déjame algo" es otro buen ejemplo. Y aunque parezca no venir a cuento, algunos agradecemos ese pequeño ejercicio de estilo surf que es "50 pop". En suma es un disco realmente notable, aunque no llegó al nivel de ventas que esperaba su sello. Lo cual retrata al público de aquella época: si esas canciones estuviesen en inglés y las hubiese cantado alguna gloria isleña, seguro que habrían llegado más arriba.



En 1981 nos presentan su segundo disco grande, titulado "Buena disposición", que en conjunto a mí me parece mejor incluso que el primero, no sé si por la brillantez del sonido o por la categoría de las canciones, que siguen repartiéndose los dos primos. La brillantez se debe al hecho de que han conseguido evitar a Bautista y se producen ellos mismos; lo cual por otra parte significa menos gastos para Hispavox, que ya no los mira con tanto aprecio como cuando los fichó. Este asunto de la rápida pérdida de confianza de los sellos grandes en los grupos nuevos siempre ha existido, pero en el caso de la nueva ola se debe a un fallo inicial de apreciación: solo Radio Futura, Alaska y pocos más consiguieron vender una cantidad suficiente de discos como para que sus sellos se sintiesen satisfechos. El error se debe a la mentalidad de la industria, y en esta época arranca en el éxito que habían tenido Tequila y que hizo creer a los cerebros grises que todo el monte era orégano. Pero ya vamos viendo que por lo general esa nueva ola, o Movida, o como quieran llamarla, no tuvo tanto arrastre como se dijo luego: algunos revisionistas actuales quieren hacernos creer que todo el mundo estaba "al loro", como dijo Tierno, y no era verdad. Era una minoría; una gran minoría si se quiere, ya que Radio 3 amplificaba el efecto a escala nacional, pero no tan enorme como para alcanzar números uno en ventas con tanta facilidad (y menos mal que pronto surgieron los sellos independientes, porque de lo contrario nunca habríamos conocido a gran parte de los grupos de aquel tiempo). En fin, a lo que íbamos: sin tener una pieza del calibre de la famosa chica de ayer, creo que en conjunto esta selección tiene más nivel que el primero, más vida, más frescura: canciones como "Juego sucio", "Alta tensión" , "Atrás" o "Quiero estar mejor" tienen un gancho irresistible (aunque se nota mucho la diferencia de categoría entre las piezas de Antonio y las de Nacho). Pero una vez más las ventas desilusionan a Hispavox, que no les renueva el contrato.



De acuerdo con la teoría expuesta antes, el movimiento de Nacha Pop tras su marcha de Hispavox parece lógico: al igual que la mayoría de sus coetáneos, fichan por un sello independiente, en este caso DRO. Pero la publicación de "Más números, otras letras" en 1983 demuestra que la cosa no funciona. A mi parecer hay dos razones: la categoría de las piezas decae, y no está claro que el apoyo de teclados (a cargo del todoterreno Esteban Hirschfeld) les favorezca, ya que dan una sensación "acomodada" al perder esa chispa de inmediatez que lucían en sus dos primeros discos. Poco importa que la producción sea suya de nuevo, que graben en Doublewtronics o que les ayude Jesús Gómez, el ya legendario dueño de aquel estudio: Nacha Pop comienzan a parecerse a ese puñado anodino de grupos nuevos que conforman la segunda oleada, muy pulidos pero sin un sello claro de distinción. Y la monotonía se traspasa a la obra, porque una tras otra se van sucediendo canciones agradables que no molestan ni arrebatan, canciones para escuchar tranquilamente en el bar moderno mientras te tomas una copa: la música ambiental de los años 80, que comienza a multiplicarse por doquier. Quizá la única buena noticia es que por momentos parece que hay una evolución en el estilo compositivo de Antonio Vega que nos ofrecerá algunas piezas más complejas a partir de ahora. Y el primer gran ejemplo surge en un Ep que publican en 1984 (su despedida de DRO) con el título de "Una décima de segundo". Aquí queda, precedida por una de las pocas que me gustan de aquel tercer Lp.



Nacha Pop entran ahora en Polydor. O sea, de nuevo en un sello grande. Y el primer resultado es "Dibujos animados", en 1985. Mediados de década. Me he leído unas cuantas críticas del disco y resulta evidente que aquí ya hay dos tendencias diferenciadas: para las nuevas levas de aficionados y la prensa del momento es una obra de madurez, con un sonido limpio y perfeccionado, pulcro, muy actual y consumible. Los que ya andamos en la órbita de la treintena y venimos de otra escuela, pensamos que con esa producción tan moderna entonces, tan pasada de moda ahora, ese sonido de plástico, esa percusión de mentira, tan de finales de los 80, esa especie de reggaes blancos trompeteros, esos tecladitos posmodernos, esas canciones perfectamente olvidables al cabo de un minuto porque suenan como otros cuarenta grupos más de momento, se ha desnaturalizado totalmente el espíritu del grupo (cosa que ya se veía venir en el disco anterior. Y al parecer Ñete pensaba algo parecido, porque ahí decide marcharse). Ante la versión oficial, resulta evidente que muchos de mi quinta estamos fuera de juego, y que valorar los grupos que surjan a partir de ahora nos va a costar mucho trabajo porque no tenemos la más mínima empatía con ese sonido ni con ese tipo de melodías. He aquí dos de las más recordadas del disco, que por otra parte ya tiene unas ventas respetables. La afición a "la música" comienza a hacerse masiva entre la nueva generación, casi como el fútbol, y los festivales en los que participa este tipo de grupos son cada vez más populosos.



En 1987 llega el último disco de estudio de Nacha Pop, que contra lo que nos temíamos los puretas (lo dicho: la treintena maldita) resulta de más categoría que el anterior; o nos lo parece a nosotros, claro. El disco se titula "El momento", y confirma el giro de Antonio Vega hacia esquemas compositivos más elaborados y un cierto intimismo que a mí me recuerdan especialmente la evolución que había emprendido Costello poco antes. El problema es que su primo Nacho no lleva esa misma trayectoria, sino que se limita a ir actualizando su escuela de pop rock convencional pero poco más. Y esa diferencia de categoría se nota claramente en el disco, que por otra parte lleva un reparto escrupuloso de autoría (es evidente que hay tiranteces entre ellos). El disco se vende muy bien, la crítica lo alaba mucho y en 1988 llega el inevitable doble en directo que marca el final de una época: Antonio decide seguir su camino sin el lastre que ahora supone su primo. Ambos seguirán carreras en solitario con desigual fortuna, ya que el planteamiento de Nacho no tiene el brillo ni recibe el cariño popular que consigue su primo. Hubo un reencuentro veinte años después, con otro disco en directo para hacer caja, y poco más. Antonio murió en 2019, Nacho creo que sigue en activo. Y esto es todo. Los Nacha Pop que le interesaban a la gente como yo habían desaparecido tras su segundo disco.