Una vez cumplimentados los dos grupos más representativos de aquel sector de músicos bautizados como "Los del pop baboso" por sus enemigos los modernos, y para ser igualitarios, que eso está muy de moda, toca ahora hacer mención de otros dos que representen con total justicia a Las Hornadas Irritantes, es decir, el sector más alternativo y alejado de los estándares del mainstream. Eso significa que estamos hablando de una oferta con menor incidencia en los medios de comunicación masivos; a cambio gozan del apoyo incondicional de Radio 3 y de algún programa vanguardista en televisión, especialmente "La Edad de Oro" (aunque este no se inaugura hasta verano del 83, cuando gran parte de la carrera de los grupos "irritantes" ya está hecha). Y creo que nadie que conozca aquella época y aquel concepto podrá discutir que Derribos Arias son un grupo señero dentro de esa categoría, ya que encajan plenamente en el sector genérico de "los amas o los odias". Y al menos para quienes los amamos son una estrella fugaz cuyo brillo no fue más allá de dos años, pero dejó una estela imborrable.
Hay que advertir que la categorización de "irritantes" es algo a ajeno a ellos aun habiendo sido copartícipes junto a Glutamato Ye-Yé en la creación de ese término, porque en realidad les traía sin cuidado una etiqueta u otra: en palabras de Poch lo suyo era "aberrar", y la aberración comprendía desde la obra musical hasta la vida cotidiana. Porque hablar de Derribos Arias es hablar de su líder y compositor principal, Ignacio Gasca, alias Poch (o sea, pocho, de mala salud): ese grupo es su pase a la posteridad, el momento en el que más cerca estuvo de consagrarse como la gran esperanza del rock vanguardista español. Pero sabía que estaba sentenciado, y decidió vivir lo que le quedaba en una sucesión caótica de días y noches delirantes; lo expresa muy bien Diego Manrique en la necrológica que hizo para El País: "Estudiante de Medicina, Poch supo pronto que era víctima de una dolencia hereditaria, y que la única manera de retardar el deterioro de su sistema nervioso consistía en llevar una vida moderada. Y optó justamente por lo contrario."
Poch se da a conocer en su San Sebastián natal cuando, después de participar en algunos grupillos locales, crea La Banda Sin Futuro en 1978. En ese grupo, cuya formación más constante es la de trío, él canta y toca la guitarra junto a Alejo Alberdi (guitarra, bajo intermitente y segunda voz) y el batería Manuel Moreno, "Paul". Por entonces podrían haberse considerado cercanos al ambiente de rock punkarra que pululaba especialmente en Vizcaya, pero teniendo en cuenta que hablamos de La Bella Easo hay que reconocer que iban a contracorriente. Y en cualquier caso, también la consideración de "punk" es muy relativa: no hay más que escuchar las escasas grabaciones que han quedado para comprobar que ellos iban en otra onda, tal vez a medio camino entre new wave y progresivo, con un ingrediente de locura muy personal. En su momento no dejaron obra, aunque luego, entre 1982/83, al rebufo de su proyección como Derribos Arias, recuperaron por momentos su "encarnadura" llegando a actuar bajo su antiguo nombre. Entonces Ramón Recio (uno de los creadores de Glutamato Ye-Yé y dueño del sello independiente Goldstein) les ofreció grabar sus cinco canciones más elaboradas, que sin embargo no se publicaron hasta 1997 (Recio había muerto en el 88). Aquí tenemos dos de ellas, en las que se ve que el espíritu de Derribos Arias ya estaba presente:
Sin embargo, ya en el 78 Poch viajaba continuamente a Madrid, puesto que el panorama musical de su ciudad le resultaba un tanto estático. Y en Madrid pronto se integró en la modernura, formando parte muy brevemente de Kaka de Luxe y Paraíso para entrar luego en los Ejecutivos Agresivos, el otro grupo "seminal" de aquella época (recordarán ustedes que Jaime Urrutia, por ejemplo, también estaba ahí). Por otra parte desarrollaba una doble personalidad a todos los niveles: ese era un grupo radicalmente pop con aromas de ska, sin la menor relación con lo que él estaba haciendo en La Banda Sin Futuro, y además allí su función era la de teclista. Aunque bueno, recordemos que el cantante y compositor de la mayoría de las letras era Carlos Entrena, que luego creó los bastante oscuros Décima Víctima, así que aquello vino siendo una especie de "momento vital alternativo" para unos cuantos personajes que luego cambiaron completamente de perspectiva. En cualquier caso solo llegaron a publicar un single en 1980 -en Hispavox nada menos- con la legendaria "Mari Pili", una verdadera canción del verano alternativa, en la cara A (años después apareció un mini Lp con todas sus grabaciones, un total de ocho). Tras la desbandada Poch decidió dos cosas: quedarse definitivamente en Madrid y crear un nuevo grupo. Primero convenció a Alejo y Paul para que le acompañasen, y como bajista entró Juan Verdera aunque en algunos momentos hubo leves cambios de plantilla. Y en 1981 Derribos Arias se presentan ante el estupefacto público de algunas salas madrileñas. De todos modos habrá que hacer un emocionado recuerdo a aquella fase poppie:
1982 fue su año de oro. Con algunas maquetas sonando ya en Radio 3, ganan el V Concurso Villa de Madrid y casi a continuación graban su primer Ep en el nuevo sello independiente GASA (Grabaciones Accidentales S.A.), creado pocos meses antes por miembros de Décima Víctima -especialmente Carlos Entrena- y Paco Trinidad, uno de los futuros productores estrella (la obra completa de Derribos fue producida por él) y elemento fundamental en Los Esclarecidos. También Trinidad formaba parte de los Ejecutivos Agresivos, lo cual confirma la extrema importancia que tuvo aquella reunión fugaz en el desarrollo de la nueva ola madrileña: al menos cuatro grupos señeros se originaron ahí. Pero a lo que íbamos: en la cara B está "Branquias bajo el agua", que marca un antes y un después en la historia de la música española. ¿Exagero? Tal vez. Pero me da igual. Aquí se dan la mano con total naturalidad CAN con Velvet Underground, por resumir. No se me ocurre otro modo más simple de definir una obra maestra de este calibre, que incluso lleva una letra surrealista pero muy estética a juego con ese desarrollo entre nubes electrónicas con cajas de ritmos, guitarras espaciales (Jaime Stinus es el solista) y una voz casi fantasmal que nos avisa de que "Branquias bajo el agua es el baile de actualidad". Y llegó a serlo, en algunas locales "alternativos". La cara A tiene como protagonista única a "Vírgenes sangrantes en el matadero", otro delirio electrónico - guitarrístico de categoría, muy al margen de cualquier otra cosa que se estuviese haciendo aquí, de la vanguardia al caos, del ritmo a la cacofonía, de lo oscuro a lo genial. Y la última es "Dios salve al lendakari", que dentro del tono general llega a hacerse la más accesible en una primera escucha y cuya letra mantiene ese ambiente tragicómico, tan de coña, que luego aprovecharon Siniestro Total para hacer su "Dios salve al conselleiro". Todo muy autonómico (otro delirio es una actuación en directo en la que Poch y Siniestro la interpretan). El sentido del humor, incluso en las letras más salvajes, fue uno de los aspectos distintivos en las Hornadas Irritantes, por oposición a la tristeza y la melancolía de los poppies depresivos.
Ese mismo año llega un segundo single y un maxi, cuyo nexo de unión es "A flúor" (versión corta en el single y extendida en el maxi). Siempre dentro de su estilo "aberrante", esta canción tiene un gancho cercano al pop rítmico que amplió un poco el número de seguidores del grupo. Y lo mismo pasa con "Tupés en crecimiento", la cara B del single, una especie de rock and roll deconstruido que va en crescendo hasta alcanzar la genialidad, un homenaje marciano pero adorable a ese estilo que "J.M. y los Magníficos no paramos de bailar". Y en otro estilo pero igual de ponzoñosa es la cara B del maxi, "¿Quién hay?", otro cruce entre demencia y genialidad con cambios de ritmo y de instrumentos, con grititos y lamentos ambientales que nos recuerdan una vez más que Derribos no pertenecen a esta dimensión espacio temporal. En cualquier caso esta fue la confirmación del grupo como una de las alternativas musicales más valiosas y lúcidas (valga el sinsentido) del panorama nacional: aún hoy no han sido superados. Pero por otra parte, los excesos vitales eran una constante en la existencia diaria de Poch, a quien con frecuencia se veía por Malasaña adelante en situaciones delirantes, tanto como lo fueron con frecuencia las actuaciones del grupo (en las que nunca se sabía lo que iba a pasar). Y sin embargo en otros momentos se relacionaba con la mayor parte de los geniecillos de la época, especialmente en el sector de la ilustración y la fotografía, dos mundos que a él le interesaban mucho. Probablemente se hacía muy difícil mantener el equilibrio entre esos dos Poch.
Ya se estaba haciendo de rogar el disco grande, y finalmente llega en 1983 con el título de "En la guía, en el listín". Quien lo conozca sabrá lo difícil que resulta definirlo, ya que es una colección de canciones un tanto contrahechas en las que se nota el descontrol en el que está sumido el grupo. Y eso no significa que sean malas, sino que tanto el sonido como la ejecución son manifiestamente mejorables: confeccionado a base de grabaciones en extraños horarios nocturnos, generalmente los fines de semana, con el grupo un tanto "fuera de órbita", lo raro es que consiguieron completarlo. Según la leyenda Poch estaba un tanto perjudicado, y si no es por el laborioso empeño de Trinidad tal vez no lo hubieran conseguido. Pero ya digo, la mayor parte de las piezas podrían haber destacado en otras condiciones: "Aprenda alemán en siete días" (que también fue single), la arrasadora "Íntima decoración" o la versión de "Lonesome cowboy Bill" no necesitan que nadie las defienda; pero igual de interesantes son algunas un tanto "retorcidas" como "Europa", "Misiles hacia Cuba" o la que va a nombre del grupo y cierra el disco. El caso es que se vendió muy poco; se fue vendiendo mucho más con el paso del tiempo y las críticas periodísticas laudatorias previas a las reediciones, cuando llegó la época en que tocaba "resucitar" la memoria del grupo... Y de pronto resulta que todo dios era muy fan de Derribos desde siempre. Hasta en eso fueron nuestros Velvet nacionales.
La época grandiosa termina aquí. En 1984 se publica lo que será la despedida, un maxi titulado "Disco pocho" en colaboración con Iñaki, el de Glutamato: es un experimento de fusión entre el tecno pop, la discoteca y el funk que tiene valor como anécdota, poco más. Luego Poch hizo dos discos grandes en solitario que solo son recomendables para los muy fans (aunque más de una canción sorprende por su categoría), pero ya estaba bastante afectado. Murió en 1998 en su ciudad natal. Fue de las escasas figuras que tuvo un disco de homenaje en vida y a cargo de la mayor parte de sus contemporáneos: "El chico más pálido de la playa de Gros". Un buen título. Pero para despedirse de un personaje así hemos de olvidar las penas y volver a su mejor momento: aquí tenemos a Derribos Arias con su aportación a "Navidades radioactivas", aquel Lp de 1982 en el que figuran tantas leyendas aberrantes:











