lunes, 23 de diciembre de 2024

Ácidas fiestas

Otra vez se acerca ese carrusel de fiestas que nos lleva de una celebración a otra, de hacer regalos absurdos a recibirlos, de comidas a cenas pantagruélicas, y todo ello al margen de que nos apetezca o no: somos animales de costumbres, qué se le va a hacer. Y por lo tanto también en este bar, como todos los años, toca fiesta. Pero aquí procuramos evitar la monotonía recurriendo a un estilo distinto en cada una, y esta vez la dedicaremos al espitoso mundillo de la psicodelia clásica isleña, es decir, ese corto período que va desde 1966 hasta el 68. Es una época fugaz y bastante enloquecida; de hecho, muy pocos grupos surgidos en esa época llegaron a tener una carrera larga y estable sin cambiar de estilo. En consecuencia, si hubiese que citar más de media docena de discos grandes que fuesen realmente buenos en su totalidad, costaría trabajo. La psicodelia es básicamente un asunto de canciones sueltas, porque no basta con tomarse un ácido y ponerse a inventar: como en cualquier otro estilo, primero hay que tener la creatividad necesaria para ello. Pero gracias a esa bendita locura transitoria ha quedado un buen montón de singles realmente encantadores, la mayoría a cargo de grupillos hoy casi olvidados, que daría para docenas de fiestas como esta. En la que, como ya saben ustedes, usamos el formato de 12+1 selecciones, muy justito pero suficiente para dar una idea aproximada de cada estilo. En fin, vamos a ello. 

Al igual que pasa en Estados Unidos, antes de nada hay que buscar un primer referente en el mundo del folk. Porque es en ese mundo donde nació la psicodelia, partiendo de las letras y llegando a la música: en síntesis, el hilo que nace con Dylan y llega a los Byrds. Y en la Isla tiene Dylan a un entusiasta seguidor, hasta el extremo de que en sus primeros tiempos se le llamó el Dylan británico. Se trata de Donovan Leitch, que pronto nos visitará en el bar: a partir de 1965 comienza a perfilar una personalidad claramente “autónoma” y se inclina decididamente por el folk psicodélico teñido de aromas orientales, lo cual le convertirá en una de las figuras más reconocibles del género. Ya a finales de aquel año comienza a publicar algunas canciones marcadamente “vaporosas” y seguirá fiel a ese estilo en la mayor parte de su carrera. La época más popular de Donovan llega hasta los años 70, y en lo que se refiere a psicodelia pura hay una canción suya que destaca sobre todas las demás y que curiosamente no aparece hasta 1968, cuando ya el estilo comienza a decaer: “Hurdy gurdy man”, una de las obras cumbres del folk rock psicodélico isleño.

Llegados ya al mundo de los grupos y dejando aparte la eterna cuestión sobre cuál hizo la primera pieza psicodélica en la Isla, asunto sobre el que ya vimos hace poco que la cosa anda más o menos entre los Beatles y los Yardbirds, lo que está claro es que en esos dos grupos se personalizan las principales influencias que marcan el nacimiento del género allí: el beat/pop y posteriormente el blues. Sobre todo en el caso del beat, su evolución hacia un ritmo mucho más denso, duro y en muchos casos con el añadido de las guitarras con fuzz, dan lugar entre 1965 y 66 a un estilo de tránsito que muchos años después se denominará “freakbeat” pero que por entonces fue pasto de las hordas mod tanto como de los novedosos fans psicodélicos. Ejemplos hay a puñados, por lo general a cargo de grupos que en su mayoría no durarán mucho pero simbolizan perfectamente ese cruce de estilos. Por ejemplo, los Creation. Comienzan a grabar en 1966 y durarán hasta el 68; probablemente fueron más populares en el continente que en la Isla (como les pasó a otros cuantos), pero dejaron para la historia un puñado de singles mágicos. Aquí tenemos “Painter man”, una de sus canciones más conocidas.

Suele considerarse al año 67 como el momento cumbre de la psicodelia. Pero no solo por la aparición de las grandes bandas del género como Pink Floyd, Traffic o Family, sino también porque esa segunda fila que forman los grupos como Creation está produciendo verdaderas maravillas al tiempo que evoluciona. Y aunque como decía en la presentación la mayor parte de ellos no llegará muy lejos, hay verdaderas obras maestras como “My friend Jack”. Fue el debut de los Smoke, en febrero; y fue también casi la única de ellos que se recordará para siempre, ya que no volvieron a alcanzar esa altura. Por otra parte no pasó del top 50, ya que la BBC se negó a radiarla porque eso de que “Mi amigo Jack se come terrones de azúcar” era una clara referencia al LSD. Luego se mantuvieron por un tiempo en el continente (Alemania, sobre todo: allí y solamente allí se publicó en ese mismo año un Lp con la mayor parte de su producción), pero su momento ya había pasado.

El carácter fugaz de la psicodelia fue muy bien comprendido por algunos músicos profesionales que aprovecharon el momento para lanzar alguna pieza suelta y luego volver a su trabajo cotidiano. Como ejemplo traigo aquí a un tal "Caleb", cuyo apellido resulta ser Quaye; es decir, el guitarrista de estudio que ha tocado con medio censo británico y que comenzó en los Bluesology de Long John Baldry junto a un jovencísimo Elton John (que por entonces aún era Reginald Kenneth Dwight). Justo después de la disolución de esa banda, esconde su apellido y graba este único y fantástico single: "Baby, your phrasing is bad" acompañado por músicos de la Philips, que no se gastó un duro en promoción. Algo muy frecuente, ya que la mayoría de los sellos no simpatizaban con ese estilo tan inaprensible, tan incontrolable, y se limitaron a dar palos de ciego. 

Otro que “pasaba por allí” fue el incombustible Zoot Money, que por entonces venía de dirigir a la Big Roll Band y que decide crear un nuevo grupo más acorde con el momento. Ese grupo se llama Dantalian’s Chariot y también pasará a la historia del género por un solo single, cuya cara A se titula "Madman running through the fields". Hoy se considera como otra leyenda, aunque una vez más la saturación de la oferta y la mala distribución harán que sus ventas sean escasas. Luego el señor Mooney irá a la banda de Eric Burdon junto al guitarrista Andy Summers, mientras que Colin Allen, el batería, encuentra trabajo con Mayall. Y sí, el más famoso con el paso del tiempo será Andy Summers, que se hará de oro en Police. Quienes vieron a este grupo en directo afirman que tenían el mejor juego de luces del negocio -mejor aún que el de Pink Floyd-, pero no les sirvió de nada.

Otro ejemplo de maravilla de un momento son los Tintern Abbey, que grabaron un solo single y luego desaparecieron. Pero qué single: “Beeside / Vacuum cleaner” se ha ido convirtiendo con los años en una de esas glorias esquivas, en una de las grandes leyendas del género que por suerte aparece en varios recopilatorios, ya que el valor del single original es prohibitivo. Fue otro ejemplo de pasotismo por parte de su sello (el supuestamente yeyé Deram) y al mismo tiempo de boicoteo por parte de varias emisoras a causa de sus letras, aunque ambas canciones son muestras fastuosas de la mejor psicodelia isleña. Y ante la obligación de elegir, yo elijo la cara B.


Más glorias de un solo single: The Kult era una banda irlandesa que había cambiado de nombre ya tres veces antes de publicar "No home today" / "Mr. Number One". Y aunque, como en el caso de los Abbey, cualquiera de las dos canciones es un lujo, la mayoría de los fanáticos preferimos la cara B. De los pobres Kult nunca más se supo, pero este es otro de esos discos cuyo formato en vinilo cuesta hoy un potosí.

Los efectos del sarampión psicodélico afectaron también, como es lógico, a buena parte de los grupos que ya existían. Muchos se vieron casi en la obligación de apuntarse a la novedad imperante, aunque aquello no fuese realmente lo suyo: el caso de los Stones es evidente. Y lo mismo pasaba entre los grupos de segunda fila, los que no tenían mucho que perder y pensaron en la posibilidad de mejorar su situación gracias a la novedad. Por ejemplo los escoceses The Poets, que ya llevaban tres años de carrera y seis singles publicados sin mucha fortuna antes de presentar "In your tower", que se convirtió en otra otra luminaria del género a pesar de ser una humilde cara B. El caso es que tienen alguna otra cosa decente, pero ninguna a la altura de esta. Entre 1962 y 1968 pasaron por esta banda más de veinte músicos distintos, así que podemos considerar a los Poets como una escuela.

En el año 1968 la psicodelia ya comienza a decaer. La gran cantidad de oferta surgida el año anterior, en su mayor parte sin la categoría suficiente debido a los excesos del género, obliga a los aficionados a una búsqueda continua entre montones de singles y Lps. Y eso hace que surja el cansancio. En poco tiempo, del todo vale estamos pasando a la desgana. Y hay un buen puñado de discos que merecieron mejor suerte pero su publicación llegó tarde: por ejemplo, el único Lp que lanzó Tomorrow. Es una banda con una cierta veteranía, ya que su origen estaba en los In-Crowd, y en 1967 cuenta con músicos de categoría como el guitarrista Steve Howe (futuro Yes) o el cantante y compositor Keith West, que ya tenía una trayectoria. Su Lp se grabó en la primavera del 67, pero no llega a las tiendas hasta casi un año después por la desidia de EMI; y eso impidió que llegase a los puestos altos de las listas a pesar de su gran brillantez. Sin ir más lejos, hay una pieza que fue también single y se titula “My white bicycle", considerada luego como otras de esas que no pueden faltar en una selección de este tipo. Disfruten ustedes de la guitarra con phasing de ese jovencísimo Howe y el montón de cintas al revés, tan de la época.

Cuando Tomorrow se dan de baja, dos de sus antiguos miembros (Twink Adler y "Junior" Wood) se asocian con el legendario batería Clem Cattini y el no menos legendario teclista Nicky Hopkins -por entonces reputados músicos de sesión- para formar The Aquarian Age. Se trata de una “bandera de conveniencia” que durará solamente unos días, los justos para grabar un único single bajo la dirección del laborioso Mark Wirtz (productor que además es autor, entre otras, de la fallida “Teenage Opera”). La cara A de ese single es "10.000 words in a cardboard box", otra pieza legendaria, a medio camino entre grupo y orquesta, que constituye una buena prueba de lo que podría haber sido este género si hubiese por medio más músicos de carrera, con verdaderos conocimientos.

También había rockeros despistados entre la psicodelia británica, gente que llegó entre 1968 y el 69, en sus últimos tiempos ya, y que tal vez sin ser conscientes de ello estaban dando origen al heavy. Un ejemplo magnífico son los Open Mind, cuya tendencia iba por el rock duro pero matizado a veces con buenas melodías, aunque un tanto oscuras. En algunas de esas piezas se nota que están afectados por los vapores lisérgicos de la época, y ese es el caso de la cara A de su segundo single, la canción que resultó ser la más famosa de su carrera: "Magic potion". El año anterior habían publicado un LP que pasó sin pena ni gloria y poco después de este single desaparecieron, "animados", como otros muchos, por la desastrosa Philips. Cuya subsidiaria, Vertigo, se apresuró muy poco después a fichar a unos nacientes Black Sabbath.

He reservado el número 12 para una grabación alternativa que supera, si cabe, a la publicada originalmente: "Path through the forest" es la cara A del primero de los dos únicos singles que grabaron The Factory; las cuatro canciones de estos chicos son fabulosas, pero la mejor es esta, de finales de 1968. Tarde ya. Y hace unos años, cuando comenzó la busca y captura de la psicodelia perdida, alguien encontró en un rincón de los estudios MGM, donde fue grabado el primer single, unas cintas con "ruiditos en la jungla" que iban a ser añadidas a la canción pero que no llegaron a serlo para ahorrar gastos en producción. Bien, pues aquí tienen lo que debió haber sido una completa obra de arte. Y seguramente un gran éxito, de haberse publicado a mediados de 1967, porque lo tiene todo.

Llegamos por fin al puesto 12+1, fuera de concurso, que es para los Beatles. Se trata de "Tomorrow never knows". Y dirán ustedes, ¡pero si esa la conoce todo el mundo..! Bueno, tal vez no en esta versión: cuando se publicó "Revolver" por primera vez, en mono, esta pieza era un poquito más desfasada -si cabe- que la definitiva. Con el disco ya en la calle, alguien (el señor Martin o el mismo Lennon) debió de decidir que el día en que se grabó esto tal vez John y los técnicos estuviesen un tanto "eufóricos" de más, con tanto loop y tanta cinta al revés, así que se decidió suavizarla: al mes siguiente ya estaba en las tiendas la versión que ha pasado a la historia. Pero a ver qué les parece la original.

Y con este fantástico desmadre termina la fiesta psicodélica: hay que volver a la cordura y el buen comportamiento. Por mi parte les deseo un feliz año, o que por lo menos no les cause muchos sobresaltos, y dejo aquí el paquetillo con estas y otras cuantas canciones al menos igual de coloridas. A disfrutarlas, y suerte.


lunes, 16 de diciembre de 2024

1966 (XIV)

"Me sentí muy agradecido de que alguien reconociese mi valía, y mi pensamiento era que tal vez sería capaz de dirigir la banda hacia el blues de Chicago, en lugar del tipo de blues jazz que estaban tocando en ese momento".
Eric Clapton 

A John Mayall no le costó mucho establecerse como el nuevo personaje de referencia en el mundo del blues británico, junto con Alexis Korner (que le había convencido para que se trasladase de Manchester a Londres), y desde principios de 1963 se dedicó a “crear magisterio” en la capital, como el propio Korner estaba haciendo desde antes. Los vastos conocimientos que tanto uno como el otro tenían sobre ese género impresionaban a los músicos jóvenes, que procuraban estar a su lado con los oídos muy abiertos, y por lo tanto su influencia es crucial para el nacimiento y desarrollo del British Blues Boom. Ese boom da sus primeros frutos con los Yardbirds y se hace imparable con la secuencia que lleva a Clapton de esa banda a los Bluesbreakers, al mismo tiempo que Jeff Beck queda en la anterior como su sustituto. En los Bluesbreakers, la suma de los conocimientos de Mayall junto a la destreza técnica de su nuevo guitarrista confirman el poderío británico sobre un estilo tan radicalmente americano. Y mientras Beck comienza a fusionarlo con la psicodelia, Clapton coge impulso para hacer pronto lo mismo en Cream. Ambos están de paso, pero esa fusión es un invento suyo y Hendrix será una brillante consecuencia de ese invento. 

En la primavera de 1966, los Bluesbreakers entran a grabar el que será su primer disco en estudio. La intención inicial de Mayall había sido publicar un nuevo directo, y para ello se grabó un set en el club Flamingo a mediados de noviembre del año anterior; pero finalmente tanto Decca como el propio Mayall desecharon la idea porque la calidad de sonido no era buena. En aquel momento eran un cuarteto en el que, junto a Mayall y Clapton (que ya se había ido y vuelto más de una vez), estaba el bajista Jack Bruce y el batería Hughie Flint. Sin embargo Bruce se marcha casi a continuación con destino a la banda de Manfred Mann, y vuelve John McVie en su lugar. Por otra parte Mayall quiere darle más profundidad al sonido, y añade un trío de viento compuesto por dos saxos y trompeta. Teniendo en cuenta que habían pasado cinco meses desde el primer intento de grabación, el material está ya muy rodado y las sesiones duran tres o cuatro días, lo cual favorece además el intento de conseguir toda la frescura posible. Un intento en el que se ven favorecidos por Mike Vernon, que se encarga de la producción: Vernon es un fanático del blues cuyo conocimiento e influencia no son menores que los de Mayall, aunque por su posición (generalmente tras las mesas de mezclas) no sea muy reconocido por el gran público.

El disco llega a las tiendas en pleno verano. Trae el título de “Blues Breakers with Eric Clapton” y causa una enorme conmoción desde el primer momento, más por el tipo de sonido y la destreza de Clapton que por el material en sí (aunque por supuesto está a la altura). El guitarrista alcanza aquí una nueva cumbre en su carrera, demostrando que desde su salida de los Yardbirds ha aprendido mucho, y ese salto que ha dado de la Fender a la Gibson refuerza la densidad y variedad de su sonido. En suma, Clapton se ha hecho mayor y Mayall deja que se luzca, que toque a sus anchas. Hay cuatro piezas compuestas por Mayall, otra a medias entre él y Clapton y seis versiones, de las cuales “All your love” de Otis Rush es la que abre: desde el principio se siente una enorme evolución con respecto al debut de la banda, el año anterior. Y no solamente por el despliegue que hace Clapton sino por todo el conjunto, ya que la sección rítmica ha mejorado mucho, tanto McVie como Flint tienen ya muchos recursos: la mejor prueba es la instrumental “Hideaway”, una clásica de Freddie King que parece adquirir una nueva dimensión. En cuanto a Mayall, dejando aparte lo justita que resulta su voz en algunas piezas, hay que reconocerle una dirección excelente manejando además varios teclados e incluso apoyando con una segunda guitarra en ocasiones. Así el repertorio fluye con una densidad tremenda, y las canciones propias se insertan en el conjunto de forma natural: “Little girl” o “Key to love” -aquí se luce el magnífico apoyo de viento- lo demuestran, por no hablar de “Double crossing time”, la que componen a medias Mayall y Clapton, y que podría pasar por una clásica sin la menor duda. Si a eso sumamos el trabajo que se hace con las versiones, queda claro el dominio del género que tienen estos músicos y cómo saben hacerlo vibrar. Esa famosa frase desganada que se decía a veces, eso de que “el blues se hace aburrido”, queda totalmente fuera de lugar ante discos de este calibre. Incluso alguna pieza un tanto inesperada como el “What’d I say” de Ray Charles, mucho más cercana al r&b, es una exhibición: Mayall se empeñó en grabarla y acertó, a pesar de que Vernon no se lo aconsejaba. Y qué decir de joyas como el “Ramblin’ on my mind”, en la que Mayall convence a Clapton para que le eche valor y la cante él… Y así sucesivamente. Reconozco que en discos como este me puede el alma de hooligan, pero si queda en el mundo algún supuesto aficionado que no lo conozca ya está tardando en ir a por él; entre otras muchas cosas, porque su influencia sobre la escuela del blues rock británico es crucial. Y aunque por supuesto se hizo mucho más popular con el paso del tiempo, en el momento de su publicación llegó a rozar el top 5, lo cual es muy significativo.


Pero no todo son alegrías. Clapton es un culo inquieto al que ya le comienza a sentar muy ajustado el planteamiento más o menos tradicional de Mayall, y ve con envidia el sesgo que están tomando los Yardbirds gracias al trabajo de Jeff Beck; de hecho, ya antes de la grabación del disco con los Bluesbreakers planeaba la creación de un trío junto a Jack Bruce y Ginger Baker. Para ser más exactos, Clapton y Bruce ya lo habían hablado en el breve período en el que coincidieron en la banda de Mayall, pero el problema era Baker: Bruce y él se conocieron en la banda de Graham Bond, donde ya casi desde el principio tuvieron peleas. Ambos eran músicos de fuerte personalidad y obsesión por desarrollar sus ideas; y además, en el caso de Baker la cosa se complicaba por tratarse de un personaje inestable, conflictivo y demasiado dependiente de la heroína. En consecuencia Bruce advirtió a Clapton de que las cosas podrían complicarse, pero este insistió en que Baker era el mejor batería, o el más conveniente para el tipo de música que buscaba, y acabó imponiéndolo ante la resignación del bajista. Todo esto estaba sucediendo en paralelo con las actuaciones de los Bluesbreakers, y de algún modo la prensa consiguió averiguar que Clapton ya estaba ensayando junto a los otros dos. El resultado fue que a mediados de junio -un mes antes de que el Lp se publicase- ya todo el mundo sabía que Clapton, Bruce y Baker acababan de crear un trío llamado La Crema. O sea, el no va más. Fue entonces cuando se enteró también Mayall, porque Clapton no le había dicho nada aún. Y como es lógico, cuando “Bluesbreakers with Eric Clapton” llegó a las tiendas ya no estaba en esa banda. 

En consecuencia, Mayall se ve forzado a buscar inmediatamente un nuevo guitarrista. Y aquí reaparece aquel chaval de dieciocho años llamado Peter Green a quien casi nadie conoce, salvo los que lo habían visto en las actuaciones en que sustituía a Clapton cuando este andaba en sus otros asuntos. Green, que se había ganado el afecto de Mayall, será la nueva maravilla blanca en la historia del blues británico. Y mientras tanto, como era de esperar, surgen algunas grabaciones de la época de Clapton que no habían sido lanzadas aún, pero son muy pocas. De hecho, las dos únicas que conoceremos en ese momento son las que constituyen un single publicado el mes siguiente al Lp y que pertenece al fantasmagórico sello Purdah, que solo consta de cinco referencias, todas ellas de 1966. Pero si a eso sumamos que la funda figura a nombre de “Blue Horizon”, ya tenemos la explicación: se trata de un lanzamiento semi privado que hace Mike Vernon como ensayo publicitario para dar a conocer Blue Horizon, el sello definitivo de su propiedad, que será la mayor y más fiable muestra de blues, tanto británico como de Chicago, producido en la Isla. En ese single, que solo tuvo 500 copias (casi todas repartidas entre los periodistas musicales) y es hoy un artefacto carísimo en las ferias del ramo, vienen “Lonely years” y “Bernard Jenkins”. La primera es obra de Mayall y la segunda de Clapton, pero en ambas se nota que estamos ante un divertimento consistente en honrar el género tradicional: en la de Mayall este emplea su voz y su armónica; le ayuda la guitarra de Clapton, que en la otra -instrumental- acompaña únicamente al piano de Mayall. No en vano el single figura exclusivamente a nombre de ellos dos.


Y con el otoño llega la primera muestra del trabajo de Peter Green. Se trata de un single en el que la cara A contiene “Looking back”: en manos de Johnny “Guitar” Watson, su creador, era un r&b muy agradable, y los arreglos de Mayall junto a Vernon casi la acercan al soul blanco gracias a que potencian mucho la sección de viento. Pero lo más interesante, la prueba del algodón para los fans, es ver qué hace el nuevo guitarrista para no echar de menos a Clapton. Y lo consigue de inmediato, porque el dominio de Green, también con una Gibson pero de otro tipo, es majestuoso. De hecho, en ese mismo instante queda nominado como la nueva esperanza del blues británico, y tanto Mike Vernon como el propio Mayall dan un suspiro de alivio. Por otra parte ese poderío recreando la pieza la convierte en una clásica en el mundillo de las discotecas, y tiene unas cuantas versiones: en España hay una magnífica a cargo de Los Buenos (cuyo organista era Rod Mayall, hermano de John. ¿Tendría eso algo que ver?). La cara B es una versión de “So many roads”, que había popularizado Otis Rush a principios de la década. De nuevo se eleva el protagonismo de los instrumentos de viento, mientras Mayall canta de un modo bastante ajustado al estilo de Rush. Pero también de nuevo el gran protagonista es Green: no resulta fácil luchar al mismo tiempo contra la memoria de Clapton y el poderío del propio Rush, pero esta es una exhibición todavía mayor que la de la cara A y confirma definitivamente que los Bluesbreakers están en una nueva época que no va a envidiar nada de la anterior.


Queda claro entonces que Mayall y su banda han superado con nota el peliagudo examen que tenían por delante con la marcha de Clapton, así que el futuro inmediato está despejado. Y claro, pronto habrá que hablar de las nuevas aventuras de Eric y sus socios de La Crema; pero para eso aún falta un rato, porque quedan algunos veteranos que faltan por visitar este año el bar.