martes, 30 de octubre de 2018

1978/79 (IX)

Terminamos hoy con la lista de músicos veteranos de la new wave, es decir, los que ya conocíamos del bienio anterior. En esta última “revisitación”, la protagonista es la verde Irlanda: tanto los Radiators From Space como los Boomtown Rats tienen ya un disco grande en las tiendas, y a principios de 1978 están preparando el siguiente. 

Los Radiators From Space son considerados oficialmente como la primera banda punk irlandesa, aunque tienen un espíritu más bien equidistante entre la tendencia rockera que los hermana con las británicas como Vibrators o Eddie & The Hot Rods y el garaje. Aquel desgraciado incidente en una actuación en Dublin con un muerto por arma blanca entre el público les causó un perjuicio notable, ya que perdieron unas cuantas giras por “la peligrosidad de la música punk” que estuvo aireando la prensa sensacionalista; por suerte, en poco tiempo consiguieron reivindicarse gracias a “TV tube heart”, su primer disco grande, y el apoyo de gran parte de la crítica junto a pesos pesados como Phil Lynott. A finales del 77, con su nombre simplificado a Radiators (no confundir por tanto con los Radiators yanquis, australianos o cualesquiera otros), comienzan las sesiones de grabación de su segundo disco con Tony Visconti en la producción. Así que la cosa promete. 

Sin embargo esas expectativas se frustran: los singles que llegan como anticipo tienen buenas críticas pero pocas ventas, y sus directos comienzan a despoblarse. Lo que sucede es que tanto los Radiators como Visconti tratan de buscar un sonido más elaborado, mientras que sus nuevas composiciones se acercan más a la new wave que al punk; es decir, que están perdiendo su público de los primeros tiempos sin conseguir recambio. Y en consecuencia la grabación del Lp comienza a ralentizarse hasta tal punto que su publicación llega incluso a ser dudosa. Por fin, en Agosto del 79 llega a las tiendas bajo el título de “Ghostown”, y aunque de nuevo las críticas son buenas no sirve de mucho porque ya están en tierra de nadie. Es un buen disco, que publicado por otro tipo de banda que no estuviese encasillada tal vez hubiese tenido más popularidad, ya que hay un rango muy amplio que va desde el estilo rockabilly a cargo de “Johnny Jukebox” hasta una balada épica del calibre de “Song of the faithful departed”, y por medio grandes momentos al estilo pop rock tan de la época como en “Let’s talk about the weather”, “Confidential” o “Who are the strangers”, además de una brillante utilización de coros e incluso la participación del propio Visconti con algunos instrumentos. Sin embargo la batalla estaba perdida, porque para las mentes “de orden” salirse de la fila es un delito. En 1981, después de algunos singles más, decidieron separarse. Como la mayoría, se reagruparon algunas veces para conciertos aislados e incluso llegaron a grabar dos discos más, irrelevantes. Por cierto: hace diez años, el Irish Times (un veterano de la prensa irlandesa) declaró “Ghostown” como “uno de los tres mejores discos irlandeses de todos los tiempos”. No creo que sea para tanto (¿antes que alguno de Van Morrison o de Rory Gallagher, por ejemplo?), pero algo es. 


Los Boomtown Rats, con Bob Geldof al frente, parten también del rock and roll pero con una clara tendencia hacia el pop y la new wave (e incluso con un vago aroma a pub rock). Entre el carisma de Geldof, que además de cantar compone la mayoría de las letras, y la buena técnica de sus socios, ya con su primer disco grande consiguieron establecerse cómodamente en las listas británicas, apoyados por una ristra de singles bastante exitosos. Y en verano del 78 presentan “A tonic for the troops”, que alcanzará el top 10. No hay grandes diferencias con el primero, aunque su arista punki o su cercanía de pub van perdiéndose a favor de una producción mucho más “invasiva”, por decirlo así. En otras palabras: canciones como “Like clockwork”, “Blind date”, “Can’t stop” o “She’s so modern” podrían haber formado parte de sus primeras grabaciones, pero el sonido es más frondoso. Eso sí, en algunos momentos siguen recordándome a Cockney Rebel, esos momentos en los que se acercan al estilo vodevil como en “Living in an island”, del mismo modo que hay un curioso tono Springsteen en los metales de “Rat trap” (el primer single irlandés en alcanzar el número 1 en Gran Bretaña), o en la cadencia de algunas piezas de corte épico como “(I never loved) Eva Braun”, cuya letra nos confirma que Adolfo solo se quería a sí mismo. En fin, que los Rats están un momento dulce. 


Pero más dulce aún va a ser el año 79, ya que en Junio llega “The fine art of surfacing”, la cumbre de los Rats. Es su disco más vendido, rozando el top 5 en la Isla grande, con parecida popularidad en el resto de Europa aunque no tanto en Estados Unidos… y sí, todos sabemos el porqué: ahí viene “I don’t like mondays”, la canción que los marcará para siempre. A Geldof le gustaba incluir letras de corte social, mientras que en otras había un oscuro humor (la de Hitler, por ejemplo) buscando en conjunto la imagen de simpático pero comprometido escritor de canciones para hits. Y algo de eso hay en “I don’t like Mondays”, el mayor y último en la carrera de la banda: una eficiente balada con piano, con una melodía dramática pero contenida y un buen juego de coros, nos describe la tragedia causada por Brenda Spencer, una muchacha yanqui de dieciséis años que cinco meses antes había entrado en su colegio con un fusil de mira telescópica regalado por su padre en las Navidades, comenzó a disparar y mató al director y un guardia, hiriendo a ocho chicos y un policía; cuando le preguntaron por qué, respondió -sin remordimiento alguno- que no le gustaban los lunes y que su acto había animado el ambiente. La vida de Brenda era un horror, como suele serlo la de este tipo de personajes, pero Geldof se contiene y hace unas cuantas elipsis. En todo caso esa melodía tiene un gancho innegable ya que el single fue éxito incluso en España, donde la mayoría de los oyentes no sabían inglés. Y aunque su popularidad oscurece al resto, “The fine art of surfacing” es un gran disco, igual o incluso mejor, más perfilado y al mismo tiempo con más amplitud de estilos que los anteriores. 

La fama y las giras incesantes que arrancan en esa época hacen que los Rats comiencen a descuidar el trabajo creativo y de estudio, porque a finales de 1980, cuando llega “Mondo bongo”, su nuevo disco grande, nos encontramos con un batiburrillo entre pop facilón, ska y amagos de tecno que a mí por lo menos me aburren, y Visconti no se luce precisamente con ese exceso de agudos en plan posmoderno. El disco fue otro éxito, aunque probablemente debido a la inercia del anterior, y poco después se marcha el guitarrista Gerry Cott; en 1982 se publicará “V Deep”, que confirma la decadencia del grupo, y finalmente “In the long grass”, otro sobrante. Los Rats se dan de baja en 1986, y para entonces Bob Geldof ya es una figura mediática con el mismo rango de santidad que alcanzará Bono tiempo después. Por supuesto hubo reuniones posteriores, ya que ninguno de los implicados tuvo una carrera posterior de relevancia. 




miércoles, 24 de octubre de 2018

1978/79 (VIII)

Una de las estrategias más interesantes que comenzaron a aplicarse en los primeros tiempos del punk y la new wave en general se resume en el lema "Do It Yourself", o sea, hazlo tú mismo: consigue el dinero, vete al estudio de grabación más cercano, graba lo que tengas preparado, haz todas las copias que tu dinero te permita y distribuye el disco (o la cinta) por las tiendas y los bares. Esa opción podía hacer “visibles” a los músicos con más rapidez que al modo tradicional, centrado en la necesidad de buscar sitios donde tocar y presentando maquetas en los sellos: la obra casera tenía suficiente entidad tanto en las tiendas modernas -donde se colocaba junto a los grupos oficiales- como en las emisoras de radio, y si había potencial no solía tardar en surgir algún sello que se interesase. Así comenzaron los Buzzcocks en Manchester (que pronto será un vivero de sellos independientes) a principios del 77 con “Spiral scratch”, un Ep autofinanciado; la jugada les salió redonda porque no solo consiguieron un contrato discográfico en poco tiempo (con United Artists) sino que además han pasado a la historia como los grandes precursores de ese sistema en la Isla. Los tiempos estaban cambiando, otra vez. 

Nacidos el año anterior bajo la dirección compartida de Peter Shelley y Howard Devoto, poco después de grabar aquel Ep casero hubo una crisis que concluyó con la marcha del segundo. En aquel momento, por esa única grabación en común más el hecho de haber compuesto a medias “Orgasm addict”, su primer single oficial, parecían dos músicos de estilo similar y no se entendió esa crisis. La entenderemos dentro de poco, cuando Devoto se presente liderando a Magazine, pero de momento estamos a lo que estamos: con aquellas dos grabaciones los Buzzcocks se convierten en una de las grandes esperanzas del punk pop, un estilo que nace con los Damned y que desdramatiza mucho la actitud rabiosa de unos cuantos colegas suyos como los Pistols y demás familia. Antes de que termine el año ya están grabando su primer Lp, titulado “Another music in a different kitchen”, que se publicará en la primavera del 78. Aunque todavía figuran tres canciones compuestas a medias con Devoto, la mayoría del material pertenece a Shelley con algunas ayudas del guitarra rítmica y segunda voz Steve Diggle. Y queda claro que se bastan y se sobran: este es uno de los discos más brillantes en la historia del género, sin necesidad de incluir aquel single ni “Why do I get?”, otra clásica que será la cara A del siguiente. Porque al menos la mitad de las que figuran en este disco grande también podrían ser singles perfectamente, como “Fast cars”, “No reply” o “Get on your own”, y solamente la tremenda “I don’t mind” compartirá los dos formatos. Así que estos muchachos han montado una fiesta en la que Martin Rushent, su laureado productor, intenta no hacerse notar mucho: son los Buzzcocks, de principio a fin.


Tan solo seis meses después llega “Love bites”, que confirma su estado de gracia. Siendo de estilo similar y con Rushent de nuevo en un discreto segundo plano, el material se defiende por sí solo: simplemente, es tan bueno que no hay sensación de hastío. Sin embargo Shelley (que aquí se confirma como compositor principal) intenta evolucionar hacia un sonido con más colorido y una mayor variedad de matices: la instrumental “Walking distance” se convierte en inevitable para muchos programas en las radios de entonces, cuando no ya en una de sus sintonías para mucho tiempo; e incluso hay un curioso acercamiento a algo parecido al folk rock en la hermosa “Love is lies”, compuesta y cantada por Diggle. Pero por supuesto los fans primerizos del grupo siguen siendo el primer objetivo: “Ever fallen in love”, “Nostalgia”, “Sixteen again” o “E.S.P.” son nuevas clásicas de su repertorio, que en conjunto ya supera la categoría de… los Damned, precisamente (el único grupo con el que podrían compararse). Tenemos entonces una confirmación en su estilo que al mismo tiempo muestra la clara voluntad de enriquecerlo, con lo cual consiguen rozar el top 10; por otra parte una gran cantidad de aficionados que habían pasado por alto el primero vuelven sobre sus pasos y le hacen vivir una segunda juventud en las listas.


“A different kind of tensión”, su tercer disco grande, se publica justo un año después y será el último: los Buzzcocks, que habían establecido una pauta como abanderados del D.I.Y., mantienen su integridad y son fieles a una frase muy Bogart que reverdeció su fama en los tiempos punkis : “Vive deprisa, muere joven y deja un bonito cadáver”. Ese disco completa una trilogía sobresaliente, aunque tal vez no tenga tanto magnetismo como los anteriores. Aquí destaca más la intención de evolucionar que la brillantez de algunas piezas determinadas, como la mayor parte de las que figuran en la cara A especialmente; la B en cambio ya denota un cierto cansancio. Casi al mismo tiempo su sello reúne los singles más brillantes de su carrera y los presenta en un recopilatorio titulado “Singles going steady” que podríamos considerar como un cuarto Lp, ya que la mayoría solo estaban disponibles en ese formato hasta entonces. Y después de algunos singles más, ya no tan destacables, Buzzcocks se dan de baja en 1981. Shelley y Diggle, con carreras en solitario de poco lustre, se han reunido más de una vez junto a otros músicos para algunas giras; pero al igual que sucede con Wire y muchos otros, esa parte de la historia ya no nos hace tanta ilusión. Como es norma aquí, preferimos quedarnos con el grato recuerdo de sus años gloriosos.