lunes, 10 de febrero de 2020

1980-81 (I)


La década de los 70 terminó, tanto en la Isla como en los States, España y en general todo el occidente moderno, con la sensación de estar viviendo una especie de Renacimiento: la sucesión de músicos impetuosos que comenzaron a surgir en el negocio a partir del 76/77 recordaba en cierto modo a la oleada que se había producido diez años antes, y la industria del disco estaba viviendo una de sus mejores épocas. Se puede matizar esta última circunstancia recordando que por entonces ya había un fondo de catálogo bastante respetable, que la reedición de los veteranos del rock, la psicodelia y el progresivo también cuentan en la cifra final, pero aun así el panorama era ilusionante. Además ese fondo significa un costo de relanzamiento mucho menor que el de una obra nueva, con lo cual aumentan los márgenes de beneficio y hacen más competitivos a los sellos grandes, cuyo único enemigo a la vista es alguna posible genialidad sorpresiva que surja gracias a la estrategia casera del "Háztelo tú mismo". Esa estrategia ya estaba actuando como acicate para que comenzasen a arriesgarse en propuestas impensables muy poco antes, y en cualquier caso la proliferación de pequeñas marcas independientes garantizaba que casi cualquier ocurrencia que se le pasase por la cabeza a un músico podía llegar al vinilo; la distribución era otra cosa, claro, pero hasta los bares con pretensiones de modernidad tenían expositores con las grabaciones más peregrinas. Y donde haya un bar de ese tipo, seguro que hay algún ojeador cerca.   

Por lo tanto, en lo referente a la industria, estamos en un verdadero oasis. Y la mejor prueba es la cantidad de dinero que los sellos se están gastando en videoclips, el refuerzo publicitario para televisión que comenzó a generalizarse a finales de los 70 y que ahora ya constituye una nueva disciplina artística: de aquel "Paperback writer" que los Beatles habían "representado" casi estáticos al despliegue de medios que se ve ahora, hay un mundo. Incluso algunos directores de cine se apuntan a la moda; en parte por el dinero, pero también porque da un prestigio adicional y porque la cinta magnética permite trucos de laboratorio más ocurrentes y a menor precio que el formato cinematográfico. En aquella época, si tu canción para single no tenía el correspondiente vídeo fastuoso no eras nadie, aunque por supuesto los grupos rockeros y concienciados solían buscar la "pureza" de un aparente directo con pretensiones esteticistas, y el "London calling" de los Clash es un buen ejemplo. Así que, entre los delirios del director de turno, el gasto en material y horas de trabajo más la tarifa -legal o encubierta- que cobran las televisiones por exhibir el vídeo, la factura se dispara. Muchas veces ese capricho llevará a los sellos a asumir pérdidas, especialmente en el negocio del pop estándar, porque la aparición de los reproductores de vídeo caseros hace que cada vez más aficionados graben las canciones de moda que las televisiones emiten con bastante frecuencia, evitándose comprar el disco. Ya saben, moda es lo que pasa de moda; clásico lo que permanece. La realidad es muy tozuda, y esa visión del negocio a veces falla.

La creatividad, de momento, no parece resentirse aunque ese concepto de "todo a lo grande" que afecta a los sellos parece afectar también a algunos artistas, y no precisamente a los que ya tienen un nombre sino a muchos recién llegados: las exhibiciones de los Nuevos Románticos en los bares de moda dan vergüenza ajena (aquella imagen del glamuroso Steve Strange llegando a un club montado en camello es para mear y no echar gota). El florecimiento de los sintetizadores está directamente relacionado con esa efervescencia, ya que ese tipo de sonido se identifica con el futuro inmediato: donde hay un grupo que usa teclados electrónicos suele haber detrás una nube de peluqueros, esteticistas y diseñadores de ropa. Lo curioso del asunto es que la mayor parte de esa gente surge como derivación de los postulados que había comenzado a esparcir el punk... Claro que, por resumir, tras esos postulados están personajes como Malcolm McLaren, perfectamente capaces de venderte una idea y su contraria. Coge el dinero y corre. Esa es una de las razones por las que muchos grupos punk continentales resultarán patéticos con sus proclamas revolucionarias: en la esencia del punk isleño está el nihilismo, no la revolución. Y tampoco resulta extraño que poco después alguien más serio como Paul Weller defina a esos poppies electrónicos como "los grupos de Margaret Thatcher". 

En cualquier caso, lo que sí va quedando claro es que la oferta y la demanda se están atomizando: si en los 60, tras el beat, hubo una época mayoritariamente pop que llegó casi hasta finales de la década y luego fue sustituida por el rock -en sus variantes hard o progresivo-, desde 1977 tanto el rock clásico como la new wave y el punk se han ido ramificando y seguirán haciéndolo hasta el delirio. El rock ya constituye un sector al margen de los demás (porque incluso el punk se considera parte del pop), y en ese mundo se multiplicarán las infinitas variaciones del heavy metal, en su mayoría. Del punk nacen los siniestros y los góticos, para empezar (el gótico también llegará al rock duro); la new wave, además de los militantes electrónicos de todo pelaje, extiende sus "competencias" incluyendo un revival mod que rescata al Northern Soul o el reggae, por poner dos ejemplos. Y todo esto sería magnífico si, como pasaba antes, los aficionados a un estilo sintiesen también algún interés por los demás, pero la situación es más bien la contraria: cuantos más subgéneros aparecen, más se radicalizan sus seguidores. Algo no está funcionando como debiera... 

Pero no adelantemos acontecimientos: eso que ahora los modernos llaman "hacer spoilers" está muy mal visto, y además no vale la pena. Sigamos viviendo el momento, mantengamos la esperanza... aunque la Historia nos enseña que los ciclos más brillantes nunca sobrepasan los cinco años, y ya van tres.



14 comentarios:

  1. Muy buen texto. Así da gusto comenzar nueva década. Te parecerá una tontería, pero me ha llamado la atención eso de que las primeras emisiones televisivas de videoclips afectasen en la venta de discos. En cualquier caso, es interesante la historia de los formatos musicales - extensible a los audiovisuales en general - y de cómo han ido cambiando la experiencia del aficionado, tanto del casual como del melómano. No es de extrañar, por tanto, que teniendo la oportunidad de conseguir singles gratis a través de la TV en los primeros años ochenta, hubiese quien se lanzase de cabeza, aún a pesar de perder en calidad de sonido. Si los nuevos románticos hubiesen conocido internet...

    Interesante lo que cuentas de la evolución de los géneros musicales y el surgimiento de burbujas super-especializadas. Creo que comparto, en parte, tu opinión negativa de ese fenómeno de encapsulamiento, aunque por otro lado es comprensible, pues ese éxito de la industria que comentas, con su mayor oferta, compartimentó el mercado. Lo malo es que ese encapsulamiento afecte artísticamente. Algunos géneros se definieron en negativo, por diferenciarse de otros: el rock con el pop, sin ir más lejos. Realmente, nada nuevo bajo el sol. No me atrevo a valorarlo de manera muy estricta, al menos hablando en general. Me intento quedar con lo bueno de aquello: más diversidad de oferta, más para elegir. Me callo ya.

    Muy apropiada esa foto que has dejado, con el Space Invaders. Los ochenta me parecen marcados por esa influencia espacial (con Alien, Star Wars, Blade runner... en la gran pantalla) y apariencia de futuro en todo lo que se hacía. (He resumido el anterior comentario, porque se me fue la mano con el teclado. Perdona por el rollo).

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    1. Hola Raúl. El asunto de los videoclips tiene su antecedente en los radiocassettes: los de mi quinta ya grabábamos programas musicales enteros, e incluso las canciones que salían en los 40 (los de antes, que tenían bastante más nivel).Luego ya veríamos si los comprábamos o no, pero era un sistema muy socorrido. En los 80 y 90 la cosa se concentra más en los singles de moda, que teniendo en cuenta esas épocas ya sabías que te iban a aburrir pronto. Y a partir de ahí, claro, Internet.

      En cuanto a la "hiper"especialización, yo creo que tienen más culpa los músicos que los sellos. Es una clara señal de decadencia: los Beatles, Doors, Byrds, Who, etc, no tenían un claro "sector de clientela" porque su calidad era tan grande que trascendían géneros. En nuestra juventud los mismos aficionados comprábamos discos de los Creedence como de Donovan, de King Crimson como de Aretha Franklin. Pero claro, ese tipo de monstruos ya no existe hoy en día. En los años 80 se consagra el reinado de lo pequeño, tras la caída del asteroide a mediados de la década anterior. Y la única manera de sobrevivir es especializarse en un estilo y buscar clientela para ese único estilo, además de la cobertura periodística necesaria: ser un especialista en heavy metal gótico doom del 94 (preferiblemente en otoño/invierno) es lo más. No sé si me explico...

      En fin. Ah,sí, la foto: es el estratosférico Steve Strange bajando al planeta Tierra y comunicándose con sus congéneres. ¿Aque está mono, con esos ojos pintados a spray?

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    2. Y hoy, parece ser, ha triunfado el streaming (spotify), que ha dado una estocada mortal al mercado del disco; a mi, personalmente, no me aporta nada ese medio, y más aún pudiendo conseguir fácilmente discos en formato digital, pero no puede negarse su éxito. Por otro lado, y sin que haga falta caer en romanticismos ni nostalgias mal entendidas, ¿no crees que, en cierta forma, la facilidad actual para acceder al material ha cambiado la forma de valorar la experiencia de escuchar música? Antes te comprabas un disco (en el formato que sea), que te costaba dinero o un mínimo esfuerzo y dedicabas mucho tiempo a exprimirlo a conciencia. Ahora, la red, aún con sus innegables ventajas (que no niego en absoluto), promueve el consumo rápido de contenido, e incluso la falta de concentración; ya no cuesta más que un pequeño movimiento del dedo cambiar rápidamente de canción, si una nos aburre.

      Sobre la super-especialización, creo también que los grupos tienen buena parte de responsabilidad, aunque yo no se la restaría tampoco ni a los sellos ni a la prensa: todo forma parte del negocio. Un grupo, sea bueno o malo, tiene derecho a intentar entrar en la escena; otra cosa es que la crítica y el mercado se lo permitan. Peor que la especialización me parece, como simple ejemplo, la mediocridad del teen-pop en los noventa, esos productos pre-cocinados para microondas. Del arrollador éxito del reggaetón barato y el trap prefiero no hablar... Frente a estos fenómenos, la verdad, que haya escenas minúsculas de algún subgénero del metal o psychobilly por ahí sueltas para una pequeña base de fans me parece el menor de los problemas. Es más, en mi humilde opinión, en nuestro siglo han hecho ya cosas interesantes en cuanto a mezcla de géneros y creatividad en el rock y el metal. Lo que es innegable es que las etiquetas se han vuelto ridículas (no soporto el término 'indie'), y que la demanda está muy compartimentada. 'El reinado de lo pequeño'. No puedo quitarte la razón en nada que hayas dicho al respecto.

      Sobre la importancia de prensa y medios en los ochenta, como mera anécdota, Juanma Suárez (cantante y bajista de Eskorbuto) contaba en su última entrevista (1992) que uno de los grupos que más le gustaban eran 'Parálisis Permanente', pero que en su opinión - sin por ello menospreciarles - jamás habrían sido ni la mitad de conocidos si no hubiera sido por el trabajo de Jesús Ordovás.



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    3. El streaming puede tener su interés para escuchar por encima un disco que no se conoce, para hacerse una idea, y nada más. Supongo que si una música te gusta querrás tenerla en casa, en el formato que sea,pero a tu disposición. Y esta idea del consumo rápido es precisamente uno de los males de la situación actual. Tú lo has dicho: antes te sentabas, ponías el disco y te entregabas a él, percibías sus matices... Ahora es el sistema del tanteo: una canción tras otra, a toda velocidad, y a ver si acabo pronto. Lo cual,por otra parte, demuestra que verdaderos aficionados a la música hay muy pocos; y menos que habrá, en una época tan "líquida" como esta. Y desde luego,la literatura o el buen cine tienen el mismo problema, la dispersión mental. Tanta pantalla, tanta facilidad, tanta levedad no pueden llevarnos a nada consistente.

      Y otra consecuencia de esa levedad, de ese desprecio inconsciente por la obra, es la banalización de los estilos: el reggaeton, el trap, lo que venga luego. Y sí, el término "indie", a día de hoy, es una farsa comercial. "Independientes" eran los sellos pequeños, caseros, que surgieron entre los 70/80 a la sombra del "Háztelo tú mismo"; los "indies", es decir,la segunda generación, ya eran un poquito más sofisticados pero seguían siendo alternativa a los sellos grandes. Y lo de ahora no es más que una etiqueta comercial, como llamar rhythm'n'blues a lo que hace Rihanna,por decir algo.

      Parálisis, como muchos otros de la época, le deben mucho a Ordovás y compañía, de acuerdo; pero tenían algo que ofrecer, y de eso se trata.

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  2. El vídeo mató a la estrella de la radio pero no todo es culpa de MTV ahora convertido en un canal de mierda para adolescentes. La música está en proceso de cambio permanente. Si viene de los music halls, bailes de verbena, cabarets y salas de teatro y luego encontró un sitio en la naciente radio cuando poseer un gramófono era un artículo de lujo; luego en la postguerra desarrolló la industria fonográfica en diversos formatos par llegar a donde estamos ahora, donde todo está instalado en una nube, donde la música es audio, vídeo y directo. Lo bueno es que seguirá evolucionando, incluso a nuestra costa y su soporte quizas desaparezca, como han desaparecido aquellos enormes manotretos donde escuchábamos nuestra música. ¿Cualquier tiempo pasado fue mejor? Puede, pero es pasado.

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    1. Ya, la MTV era solo un atisbo de lo que venía. En cuanto al cambio permanente, me parece muy bien. Y el baile de soportes, también. Aunque al menos en eso vamos mejorando: el CD a día de hoy es un artefacto sin lógica ya, sustituido por la extrema portabilidad del lápiz USB. Y para los que quieran seguir escuchando música en un aparato como dios manda (y en consecuencia con la actitud y la calidad de sonido correspondiente), el vinilo ha vuelto.

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  3. Hola Rick.
    Preparado para la nueva época, la del renacimiento, como bien dices.
    Intentaré no picarme ninguna clase.
    Saludos
    Jose

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    1. Mmmm... Renacimiento.... eso, como digo arriba, comenzó sobre el 76/77. Ya falta poco para que comience la bajada. Pero de momento sí, aún nos quedan dos o tres años de disfrute.

      A los veteranos como tú se os permite hacer pellas de vez en cuando, que ya sé que no todo el temario es de tu gusto...

      Saludos mil...

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  4. Buena puesta en antecedentes. Recuerdo esa sensación de que algo nuevo iba a surgir, de que empezaba una década decisiva. Los vídeos también hicieron que consumiéramos la música de otra manera, muchas canciones valían por el soporte visual más que por el sonoro. Y los sientes, que eran la vanguardia, como bien dices, no lejos de algún peluquero. Nada, que empiece la fiesta.

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    1. Sí, existía esa sensación en el tránsito de una década a otra. Luego ya, especialmente los de mi edad, comenzamos a desengancharnos porque cada nueva oferta que surgía se alejaba más de nuestro criterio, pero en fin, es ley de vida, supongo. Ser moderno toda la vida es muy cansado. Y no es cierto, además.

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  5. Excelente introducción a la "cosa" que nos espera. Dos apuntes, para no enrollarme, que se me ocurren ahora. Una década de los 80, tradicionalmente denostada (pienso que sin mucha razón...). Referida a las Islas, ya que hablas de los Nuevo Románticos. Recuerdo un concierto de Classic Nouveaux, adscritos a esa moda, lleno absoluto en Rock-Ola, vs bandas de la misma época como Au Pairs y Gang of Four. La primera, reivindicando la libertad sexual sin tapujos, la segunda, expresando su filosofía marxista, ambas envueltas en un sonido atractivo. Aunque la moda se impuso también hubo una potente corriente alternativa y reivindicativa que culminaría, al final de esa década y principios de la siguiente, con las marchas Anti-PollTax de Thatcher.
    Saludos,

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  6. Hola, Javier. El asunto de los 80 y su "denostación" da para muchos folios, pero deberíamos resumirlo diciendo que para los que andábamos cerca de la treintena ciertas novedades resultaban indigestas. Una buena parte de los más jóvenes en cambio consideran que es la más brillante, así que... Hay para todos los gustos.

    Saludos mil...

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  7. Muy buena introducción a la década. A mí me pasó lo mismo que comentas a Chafardero: “Sí, existía esa sensación en el tránsito de una década a otra. Luego ya, especialmente los de mi edad, comenzamos a desengancharnos porque cada nueva oferta que surgía se alejaba más de nuestro criterio, pero en fin, es ley de vida, supongo…”

    Veremos qué partido le sacas a esta época. Tomaremos nota. Todavía a tela que cortar. Y todos los días se aprende algo.

    Saludossssssssssss

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    1. Hola, Bab. Ya veo que has adoptado el sistema de "coche escoba", lo cual está muy bien porque mantiene el "aura" de las entradas un ratito más. Y sí, sospecho que nuestra actitud ante el paso de los años va a ser bastante parecida. Pero bueno, todavía queda una época bastante decente.

      Saludos mil..

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