Aunque Donovan tiene ya un prestigio ganado por haber sido el primer cantautor hippie folk británico, en lo relativo a la publicación de su obra está pasando por una situación un tanto rocambolesca. Debido a un largo enfrentamiento legal entre el sello PYE, que fue su primer distribuidor, y Columbia, que lo distribuye en Estados Unidos bajo el subsello Epic, su producción discográfica llega tarde y mal a la Isla. Lo cual hace recomendable concentrarse en la discografía estadounidense al menos hasta principios de la década de los 70, cuando este problema quedará resuelto. Así pues, ya el año pasado tomamos la decisión de fijarnos brevemente en los singles isleños y recurrir a Epic cuando se trata de los Lps. Por otra parte, que un sello yanqui se interese tanto por la carrera de un músico británico es bastante esclarecedor: Donovan no solo ha conseguido ser popular en la Isla y Europa, sino que es también un referente para la juventud más inquieta de los Estados Unidos.
La primera publicación de 1967 es el Lp “Mellow yellow”, que se distribuye prácticamente en todo el mundo salvo en la Isla. Dejando aparte la canción que lo abre, le da título y que ya había sido publicada en single, se nota que su situación personal está influyendo en su estilo. Hay que recordar que el enfrentamiento discográfico que lo condiciona en esta época ha llegado a ser tan duro que incluso hubo un momento en el que esa disputa llegó a amenazar su carrera. Y esos problemas legales se solapan con los que le han llevado a visitar brevemente los calabozos isleños por su afición a las substancias ilegales: Donovan, que cumplirá 20 años en mayo de este año, se está haciendo mayor a toda velocidad por culpa de las preocupaciones. “Writer in the sun”, la segunda canción del disco, lo refleja bastante bien cuando dice “Los días de vino y rosas ya me quedan lejos… Y me siento aquí, el escritor retirado, al sol”. Es una especie de balada barroca, casi cameral, con una tremenda carga melancólica. Y traten de lo que traten las letras, que hasta ahora solían ser bastante infantiles, aquí mejoran mucho, lo cual cuadra bastante con esa madurez sobrevenida tan velozmente: las descripciones psicodélicas de algunas, como en el folk casi minimalista de “Sun and foam”, tienen mucho más peso literario ahora. En lo puramente musical vemos que de nuevo recurre a estructuras jazzísticas, como en “The observation” y “Bleak City woman”, que le sigue; incluso “House of Jansch”, mas cercana al folk hippie, tiene un vago componente de ese tono. La mayor simplicidad folkie llega con la hermosa “Young girl blues”, solo voz y acústica, para volver a esa extraña pero cautivadora mezcla que suele hacer Donovan cuando se acerca al folk rock psicodélico (y de nuevo el jazz anda cerca) en piezas como “Museum” o Sunny south Kensington”. En general hay un equilibrio entre intimismo, melodía y arreglos que hacen de este disco uno de los más equilibrados de su carrera. Y un top 15 con este tipo de exquisiteces es un verdadero éxito. Estados Unidos le está devolviendo la sonrisa al taciturno Donovan.
Durante este año solamente se publican dos singles. El primero, publicado en Estados Unidos ya en enero, lleva en la cara A “Epistle to Dippy”. Se trata de una de esas baladas anfetamínicas tan suyas, con apoyo orquestal y un claro trasfondo psicodélico, que por otra parte incluye un mensaje antibelicista bajo el formato de dedicatoria a un antiguo amigo suyo. En la cara B nos encontramos de nuevo al Donovan jazzero con la magnífica “Preachin’ love”, una pieza ejecutada muy al estilo clásico y en la que parte de la línea melódica recuerda a “Mellow yellow”; una canción que por cierto aparece por fin en single en la Isla dos o tres semanas después. Y en verano tenemos “There is a mountain”, que saldrá en el mercado británico dos meses después. Dejando aparte su letra hippy de origen budista, musicalmente es un curioso cruce entre folk jazz y música latina realmente encantador que llegó al top 10. La cara B contiene “San and foam”, la otra única pieza procedente del Lp anterior que les fue dado escuchar a los británicos que no lo compraron por vía importación.
En diciembre vemos otra de esas extrañas piruetas discográficas a las que ya nos tiene acostumbrado el culebrón que está viviendo la carrera de Donovan: en Estados Unidos se publican al mismo tiempo dos discos grandes que poco después podrán ser adquiridos también juntos en box set. La razón fue que en un principio Epic no tenía muy claro si ese formato sería comercialmente viable; pero en vista de que por separado estaban vendiendo bastante bien desde el primer día, finalmente se decidió publicarlo también como doble. Esa misma estrategia de tanteo se usó en los demás países salvo en la Isla, donde PYE ya solo publicará el box set, aunque medio año más tarde. De todos modos la idea original también tenía su lógica, ya que tanto en lo musical como en lo literario hay grandes diferencias entre ambos, como veremos. Con el paso del tiempo se impuso la segunda opción, entre otras cosas porque ese formato se presenta con todo lujo incluyendo una carpeta con doce hojas de colores, a tamaño folio, en las que vienen varias letras junto con unos dibujos representativos de cada una; de hecho la mayor de las objeciones que había puesto Clive Davis, el jefe, a su publicación, fue el coste inusual del trabajo de imprenta. Su título genérico es “A gift from a flower to a garden” y anduvo por el top 15 de medio mundo. Así que ahora vayamos al contenido de cada uno de los discos…
Empezaremos por el segundo, que sin embargo fue concebido en primer lugar. Se titula “For little ones” y es una colección de piezas eminentemente acústicas (voz, cuerdas e instrumentos de viento), de tono folkie, algunas de ellas tomando inspiración en las letras para canciones infantiles -de ahí el título-. Tanta sencillez asustó a Mickie Most, su productor, que como suele pasar con este tipo de personajes está más pendiente de los resultados comerciales que de la expresividad de sus pupilos, y tras una discusión que no lleva a ninguna parte Donovan decide producir este disco personalmente. Aquí tenemos, entre otras cosas, la demostración de su dominio técnico de la guitarra acústica e incluso el banjo; pero también de que sabe “rellenar” una canción con muy pocos elementos y darle formas exquisitas, al margen de la evolución que está llevando su carrera en ese momento. El resultado es encantador; está claro que el ambiente hippie de la época influyó en la popularidad de este disco, pero aun así hay que reconocer la radiante belleza de muchas de estas piezas cortas, simples, casi minimalistas, pero evocadoras y que a un músico como Donovan le cuadran como anillo al dedo. Incluso cuadran las letras, que por su espíritu vuelven aquí a esa sencillez un tanto afectada que lastró los principios de su carrera pero que aquí tienen una lógica. De hecho todo el ambiente que rodea a esta docena de canciones viene siendo como un homenaje a sus primeros años, un recordatorio de cómo Donovan comenzó siendo un cantautor folk que consiguió en poco tiempo superar su inicial dependencia del modelo Dylan para crearse su propio mundo.
Y el segundo disco, que en el box set figura en primer lugar, es “Wear your love like heaven”. Esta es la vuelta al momento artístico en el que Donovan se encuentra por entonces, y continúa el camino iniciado a partir de 1966. De nuevo estamos ante una colección de piezas que van muy trabajadas, con magníficos arreglos y ese cruce entre pop, folk, psicodelia y jazz que hace tan personal su estilo; ayudado por Micky Most, que aquí vuelve a dirigir la producción. Ya la canción que abre el disco y le da título es una exquisitez cuya hipnótica melodía de tono jazzy va apoyada por una ligera percusión pero, sobre todo, por ese órgano Hammond y el vibráfono, que le dan una sonoridad fantástica.”Mad John’s escape”, la siguiente, podría haber figurado en “Mellow yellow”, con ese espíritu de single con estribillo pegajoso; “Sun” es una nueva demostración de lo bien que sabe crear ambientes jazzy desde la melodía hasta la escala rítmica; el arpicordio le da a “There was a time” el toque de distinción que la convierte en una magnífica representante del pop de esos años, entre folk y barroco. La cara B comienza con “Oh Gosh”, otra exhibición de folk jazz, destacando esa línea de bajo y la flauta apoyada por los teclados. Hasta el music hall se encuentra representado aquí, en los coros de la etérea “Little boy in Corduroy”. Hay una historia curiosa que da origen a “Under the greenwood tree”, la siguiente: Sir Laurence Olivier le solicitó algunas melodías para acompañar su adaptación teatral de “As you like it” de Shakespeare, y Donovan añade además un guiño a Alicia en el Pais de las Maravillas cerrando la letra de esta canción con el verso “¿Quieres, no quieres unirte al baile? Los tonos infantiles surgen de nuevo en “The land that doesn’t have to be”, apoyada por ese órgano juguetón. Y el cierre llega con toda su majestad gracias a “Someone singing”, precedida por el sonido ambiental de olas y gaviotas que dan paso a una canción casi marcial, con arreglos orquestales y un vago tono blues en la melodía. El conjunto es, para mí, otro de esos momentos mágicos en su carrera.
La psicodelia seguirá impregnando en mayor o menor medida gran parte de la obra de Donovan a lo largo de toda su carrera, al margen de las modas. Lo cual tiene su mérito y demuestra que ese estilo, como cualquier otro, puede formar parte de la personalidad de cualquier músico si este tiene la formación suficiente para no quedarse encerrado en él. Y lo ha demostrado muchas veces.





A Donovan lo conozco básicamente de otras entradas de tu blog. The observation es una delicia, melodía zigzagueante apoyada en una sofisticada base rítmica. Museum también mantiene ese aire jazz que le aporta ligereza. En Preachin’ love además se acompaña de saxo para lograr un tema redondo. Los temas del doble disco inciden en la gracia de las melodías, y la ligereza y elegancia de la instrumentación. Y su voz y fraseo son muy buenos. Me lo apunto a ver si profundizo un poco más en su obra.
ResponderEliminarIndependientemente de que guste más o menos su estilo, no se puede negar que el tratamiento de las canciones y los arreglos de Donovan están siempre muy cuidados. Además le gusta buscar sonidos nuevos, sorpresas y cruces entre géneros, lo cual lo hace muy entretenido, por decirlo así. Creo que en España nunca ha sido suficientemente valorado. La gente se acuerda de dos o tres singles y poco más.
EliminarDesconozco el nivel de responsabilidad de Donovan en sus producciones pero indudablemente el trabajo musical y las mezclas son de gran calidad. Su voz no me fascina y obviando el contenido de las letras es muy irregular. Creo que la imagen hippie y todo ese rollo es un producto del marketing al querer ubicarlo como el "Dylan británico" o algo semejante.
ResponderEliminarLa producción solía ir a nombre de Mickie Most, pero en la práctica se "negociaba" entre él y Donovan. El asunto de las letras es a veces su punto más débil, aunque en esta época ha mejorado bastante con respecto a sus primeros tiempos. En cuanto al "Dylan británico", algo que le afectó también en los primeros años, en esta época ya está superado totalmente. Es más: diría que salvo los discos "sagrados" del Dylan de 1965/66, por lo general el trabajo de estudio de Donovan es superior. A Dylan le daba pereza.
EliminarBuen repaso a esta época de Donovan. Conozco mejor su primera época; la descubrí cuando salió y me impactó. Los discos que comentas aquí los conocí más tarde, y me parecen mucho más trabajados y variados que los anteriores. Le he dado un repaso a estas canciones y no me arrepiento de haberlo hecho. Siempre viene bien conocer detalles que pasan desapercibidos, y aquí se pueden repasar de un tirón. Se agradece.
ResponderEliminarSaludos.
Como le decía a Chafardero, la trayectoria de los discos de Donovan en España fue bastante irregular, y la mayoría de los aficionados solo conocía singles sueltos (yo mismo no tuve más que tres o cuatro singles y un Lp hasta casi los años 80). Es de esos músicos que hay que ir a por él, ya que la distribuidora española española no te lo ponía fácil. Sigo pensando que está bastante infravalorado, al menos aquí.
EliminarSaludos mil.
¡Que delicia escuchar ahora a Donovan!, las canciones que has elegido suenan especialmente amables y cálidas, sin desmerecer las aportaciones en la producción de las mismas (bien sean de Most oi propias del artista escocés) que las conducen tanto por estilos folk, psicodélicos, jazzy o latinos...y, además, con esa levedad (lo llamas a veces como minimalista) de duración que no necesita más tiempo.
ResponderEliminarLo he pasado francamente bien escuchándolas.
Yo también, como Bab, soy de la primera época de Donovan, sus Lps "Sunshine Superman" y "The Hurdy Gurdy Man" fueron los que marcaron mi conocimiento previo del músico, hasta el "Essence To Essence", ya en los 70, con el que finalizé mi andadura con él.
Estoy de acuerdo contigo, ya fuera del contexto e influencia dylanita y, también, ajeno al entorno "gurus indúes" que propició junto a Beatles y algún miembro de Beach Boys, Donovan gana muchos enteros.
Saludos,
Hola, Javier. Es verdad que una de las características principales en toda la obra de Donovan es la calidez, algo que debería hacer su obra más accesible. Sin embargo, es España nunca tuvo la consideración que merecía. Esa mixtura de estilos, tan bien llevada, hace que su música no pase de moda aunque se le asocie con aquella época tan concreta.
Eliminar"Hurdy gurdy man" todavía no ha salido aquí, porque pertenece al año que viene, al 68. Por eso digo a veces que Donovan mantuvo casi siempre una especie de fidelidad a la psicodelia que no cansaba, justo por esa gran mixtura de la que hablaba antes. Esa canción en concreto, uno de los momentos precisamente más psicodélicos de su carrera, sale en un momento en el que ese estilo ya va de capa caída, y aun así alcanza el top 5. Entre los no muy fans, es de las más conocidas. O sea, que va fuera de tiempo y le da igual.
Saludos mil.