martes, 17 de enero de 2012

Freakbeat (I)


Creo que ya hemos hablado alguna vez de lo arbitrarias que pueden llegar a ser las etiquetas. Su utilidad es puramente comercial: los rockeros, en aquella caja; los punkis en esta otra. Y poco más. Lo que tan pomposamente solemos definir como "géneros" es una colección de categorías muy volubles: a un grupo como los Who, por ejemplo, ya lo he visto clasificado como banda de garaje, mod, r'n'b, art rock, pop-rock... y ya no es la primera vez que veo su primera época definida también como freakbeat.

Desengañémonos, señores: las etiquetas no fueron suministradas por Dios a Moisés en el monte Sinaí. Muy al contrario, suelen ser creadas por algún astuto zorro del marketing para colocar en el espacio visible a nuevos grupos con "nuevos" sonidos, o a un paquete de canciones que se rescatan de los archivos para revender a los aficionados que buscan entre las telarañas del tiempo. Y esta última opción ha dado a luz unas cuantas denominaciones comerciales: nunca en mi vida he visto tanta etiqueta como ahora. Aunque hay veces en que tienen su lógica, como muy bien entendió Alan Freed: a principios de los años 50 el término "rhythm'n'blues" solo era aplicable a una parte del mercado estrictamente negro, y al rockabilly le pasaba lo mismo por la otra banda. Se hizo necesario buscar un nombre que definiese a aquella música infernal que tenía puntos en común con ambas raíces, que unía dos razas en su frenesí: el rock'n'roll había nacido, y en este caso no hay nada que objetar. Pero el mercado crecía, se iba ramificando, y en los años 60 hubo que inventar más etiquetas para los nuevos géneros o subgéneros que se desarrollaban como la hiedra. Y fue en esa época cuando comenzó a reinar el descontrol.

Una de esas etiquetas arbitrarias es la de "garaje". Desde finales de los años 50, influidos primero por el rock and roll, la música surf y luego la invasión británica, surgieron grupos como setas por todo el mapa de Estados Unidos y Canadá: se trataba en su mayoría de pandillas de chavales aficionados al rock que intentaron hacerse un hueco en el mercado con unas cuantas "ideas luminosas" que a veces lo eran y a veces no. Algunas triunfaron, pero la mayoría no pasó de uno o dos singles y algunas actuaciones en su zona que tal vez sean de grato recuerdo para ellos, sus amigos y poco más. Bien, pues a esa maraña de grupitos se le adjudicó el nombre de "bandas punk" (o sea: una porquería de bandas), y la versión de "Louie, Louie" por los Kingsmen está considerada como la pieza prototipo de ese género. Pero luego llegó el rock "serio", y el término pasó a mejor vida hasta que en 1970 fue rescatado por Dave Marsh (un afamado escritor musical) para definir la obra de Question Mark and the Mysterians: un clásico grupo punk de los años 60, dijo.

Y aquí entra en escena Lenny Kaye, guitarrista de Patti Smith y columnista en publicaciones de rock, entre otras muchas cosas. De Lenny ya hemos dicho, en la cita sobre los MC5, que popularizó el término "punk rock": tras leer el comentario de Marsh y comprobar que otros compañeros suyos en la revista Creem lo usaban también, decidió que esa era una buena etiqueta para definir lo que muchos grupos neoyorquinos estaban haciendo a principios de los años 70, y la idea hizo fortuna. Pero creó también un problema: cuando comenzó a publicar la legendaria serie "Nuggets", en la que se rescatan cientos de pequeñas bandas de los años 60 -es decir, las antiguas bandas "punk"-, resultó evidente que no cuadraba mezclar en las tiendas a esas bandas con las nuevas, meterlas en la misma caja. Y entonces se recurrió a una etiqueta alternativa que también se había usado en los años 60: garage rock. Así, las nuevas bandas punk se consideran desde entonces hijas de las antiguas bandas de garaje, y todo arreglado.


Bueno. Pero a mí me entra una duda, y supongo que a ustedes también: entonces… las bandas rockeras como los Stooges (ahora llamadas "protopunk"), o los Velvet, o los GFR, o cualquier otra (sea rock o pop, o lo que les venga en gana)… ¿dónde empezaron a tocar? ¿Aparecieron sobre un escenario, sin más?, ¿ensayaban en una nave industrial, en las arenas del desierto, dónde? Pues en un garaje, seguramente. Y por esa lógica, la mayor parte de las bandas de rock (por no extendernos) deberían ser consideradas "de garaje", ¿verdad? Pero no es así: las bandas grandes están en otros compartimentos.

Ah. Las bandas grandes. O sea, que esa definición original de "punk" para las pequeñas era más ajustada a la Filología que la de "garaje", ¿eh? Y por pura necesidad comercial se cambió la etiqueta: acabáramos.


Así que ya ven, todo es un fingimiento. Bueno, pues los isleños también tuvieron su época "de garaje", también hubo allí cientos de grupitos a los que hoy nadie recuerda. Y cuando comenzó la época nostálgica, a principios de los años 80, las casas discográficas de la Isla se aprestaron a desempolvar sus archivos en vista del éxito de los americanos con los suyos. Pero no quisieron llamar "garage" a esas piezas: los hijos de la Gran Bretaña, siempre tan solventes, no podían rebajarse a bautizar a sus compatriotas caídos en los años 60 con un término americano, no señor; y por otra parte la esencia pop del beat lo aleja un poco de ese espíritu, así que otro comentarista musical, británico por supuesto, se puso manos a la obra para crear uno nuevo: se trata de Phil Smee, que además es un notable coleccionista, diseñador y factótum de Bam-Caruso, el sello que ha rescatado gran parte de las joyas perdidas. Fue el bueno de Smee quien se sacó de la manga la luminosa etiqueta "Freakbeat", que desde 1984 (año en que comienza la publicación de la serie "Rubble") nos hace babear a algunos. Ah, y en esa serie comenzaron a aparecer también algunos grupos no británicos, con lo cual el término trasciende la Isla para hacerse mundial.  

Como es lógico, las casas grandes vieron el éxito de Bam-Caruso y se pusieron a buscar como locas entre su viejo arsenal "basura": gracias a eso tenemos hoy en el mercado la grabación directa de las cintas de gran parte de las piezas que originariamente fueron publicadas en condiciones defectuosas. Y esto es todo. El "freakbeat", como el "garage", va desde el pop hasta la psicodelia; lo cual nos lleva a situaciones tan curiosas como que algunas canciones aparezcan tanto en recopilatorios psicodélicos como freakbeat o incluso "british garage" (otra más). Ya digo que, de no ser por esa necesidad compulsiva de la industria por diferenciar los discos en la tienda, estas etiquetas no existirían. Pero también hay que reconocer que ese juego nos permite orientarnos un poco ante lo que no conocemos... y luego ya lo llamaremos nosotros como queramos. El caso es dar el grito de júbilo cada vez que se descubre uno de esos pequeños diamantes olvidados. Y muchas veces preguntarse cómo es posible que tal canción o tal otra no hubiesen arrasado en aquella época.

Y claro, ya se pueden imaginar que, al igual que la psicodelia o el Northern soul, esto es un "género" de singles. Así que el próximo día oiremos algunos: pueden ir preparando las orejas, si quieren.




martes, 10 de enero de 2012

¿Payola? No, gracias.


"Nadie habla de payola, pero si quieres asegurarte un éxito en Estados Unidos ya puedes ir preparando cien mil dólares en billetes de cien".
(Iggy Pop. Años 70)

Empecemos por donde hay que empezar: el origen idiomático del sufijo -ola. En latín se utilizaba frecuentemente para formar diminutivos, y ese matiz fue aprovechado por el "creativo de marketing" que lo trasladó al inglés a finales del siglo XIX; dándole un tono familiar, cariñoso, fue asumido por el slang industrial y empezó a usarse en el mundo de las innovaciones relacionadas con los artefactos musicales. Así, el primer ingenio del que se tiene noticia con ese añadido es la pianola. Luego la compañía Victor (futuro gigante RCA) creó en 1925 la Victrola; en los años 30 apareció la motorola (la primera radio para automóvil), la gramola, la rockola o sinfonola, y así sucesivamente. Ah, y en homenaje a todo ello Jeff Beck publicó un disco titulado "Beck-Ola". En resumen, estamos ante una verdadera oleada musical.

Bien. Y ahora vamos con Alan Freed, que es ese señor tan simpático que ven ustedes en la foto: fue el disc-jockey americano más famoso de los años 50, y bajo el apodo de "Moondog" iluminó el nacimiento del rock and roll ("El padre del r'n'r", le llaman). Como muchos otros profesionales del ramo se trataba de un músico frustrado, aunque en este caso fue por culpa de sus frecuentes infecciones de oído; lo cual no le impidió convertirse en DJ de la radio militar americana en la II Guerra Mundial. Y a la vuelta comenzó su paseo por un ramillete de emisoras que lo fue haciendo famoso por su exquisito gusto para las canciones con gancho en cualquier tipo de géneros, desde el pop hasta el jazz. Pero su debilidad especial era el rhythm'n'blues (por entonces llamada "música racial"), que él consideraba como el ritmo del futuro -y tenía razón, como ya hemos ido viendo.

El caso es que para 1952 su fama era casi nacional, y esto le animó a organizar audiciones en vivo para que sus oyentes bailasen al ritmo que él pinchaba, alternadas con actuaciones de estrellas del momento (los llamados "act-shows"): sí señores, Alan es también el padre de las discotecas. Y la Historia considera que uno de esos bailes, el "Moondog Coronation Ball", celebrado en Cleveland ese año, es el primer concierto de rock'n'roll. Ahí queda eso. Por cierto, el término "rock and roll" fue acuñado también por él, partiendo de un concepto que ya se usaba en el lenguaje marinero. La fama de Freed llegó a tal nivel que incluso fue invitado por emisoras europeas como Radio Luxemburgo para "actuar" en ellas; y todo habría seguido sobre ruedas de no ser porque…

En 1958, con el rock'n'roll todavía en la cumbre, las grandes compañías eran presa de un fuerte resentimiento. Y ello se debía a que buena parte del dinero -salvo excepciones como la RCA, que ya a finales del 55 se había apresurado a comprarle los derechos de Elvis a la Sun- se lo estaban llevando las casas pequeñas: la misma Sun en el caso del rockabilly blanco y preferentemente la Chess con los negros. Aunque lo peor era la fuerte influencia de los sectores "ultras", que habían definido a esa música como un agente de Satán para corromper a la juventud americana, comenzó a hacerse insoportable. En resumen: aquel género no era bienvenido por las altas instancias. Y buscaron una cabeza de turco para hundir la imagen del rock'n'roll, y esa cabeza fue la de Freed.

El plan resultó ser perfecto, porque el propio Freed se lo puso en bandeja: figuraba como co-escritor (ficticio) en algunas piezas de la época -lo cual significaba cobro por derechos de autor-, y era evidente que las radiaba con más frecuencia que otras. Pero lo peor fue que se consiguió demostrar que aceptaba sobornos de algunas casas discográficas para radiar sus discos: pay-ola, dijeron. Y fueron a por él. Entre 1959 y 1960 fue despedido y privado de todos sus programas. Y en 1960 la payola se declaró ilegal (o sea, que antes no lo era). Intentó más tarde rehacerse en varias emisoras pequeñas hasta su muerte en 1965, por causa del alcoholismo en el que acabó sumido: así terminaba la historia de un personaje indispensable en la vida de millones de personas de su tiempo.

Así que ya saben: la payola no existe. Los Cuarenta no existen. Nadie soborna a nadie en este negocio, ese rumor de que circulan sobres con dinero dentro no pasa de ser una burda leyenda urbana: todo el mundo sabe que eso es ilegal. Y tampoco existe la "sexola", qué va. Además, los críticos musicales no son los únicos sospechosos, ¿eh? Porque sin ir más lejos, en España, allá por los años 20/30, se le dio un nuevo y jocoso significado a un temible adjetivo de toda la vida: si tienen ustedes algún amigo aficionado al mundo taurino, pregúntenle qué es un crítico "sobrecogedor". Ya verán lo que les dice.

Ah, por cierto: el grupo con el que Alan intentó desarrollar una carrera musical en su juventud (antes de las molestas infecciones de oído) se llamaba "Los Sultanes del Swing". Seguro que ese nombre les suena.