lunes, 21 de octubre de 2019

1975-80: la nueva España (XIII)

Esa sensación de burbujeo primario que se percibe tanto en el Rastro como en algunas publicaciones alternativas comienza a afectar a un número creciente de ciudadanos muy jóvenes: a finales del 77, cuando el Zurdo y Alaska están organizando su primer grupo musical, hay ya otros cuantos muchachos con intenciones parecidas. Y justo por entonces surge un colectivo que inicialmente es, por decirlo así, una corriente de opinión escrita: los Corazones Automáticos. En esencia está formado por los hermanos Santiago y Luis Auserón junto a Montse Cuní y Caty François; los cuatro son universitarios, y aunque tienen querencias intelectuales también se sienten atraídos por la nueva ola. Comienzan a escribir artículos bastante radicales en Disco Expres atacando frontalmente el espíritu del "rollo" urbano y progresivo, al que definen como "Rollo macabeo", ganándose por lo tanto las iras de ese sector. La situación se encrespa en 1978 a raíz del cuarto festival Canet Rock (que sería el último por muchos años): ante la evidente caída de popularidad que se había producido en los dos anteriores, la organización decide incluir grupos extranjeros, desde Blondie o Ultravox hasta Tequila (madrileños, o sea, extranjeros). Pero gran parte del público muestra su desagrado por esta tendencia modernilla, cuando lo que unos querían era seguir escuchando únicamente a sus patrióticos grupos layetanos mientras que otro sector apostaba por el rock "serio y auténtico"; además, a nivel organizativo y de control, fue un desastre. Así, los Corazones Automáticos se despachan a gusto con su famoso manifiesto de septiembre, en el que decían lindezas como estas: 

"Para nosotros, Canet 78 era más que un concierto o una velada costera. Podía haber sido el inicio de un cambio de nivel en nuestro ambiente. Estábamos soñando: tanta cosa buena, de golpe, no podía ser (...) El fracaso de Canet lo provocaron o permitieron nenes que igual se hubieran acercado a vociferar guarrerías irreales a las contorsionistas de un circo ambulante, horterillas embelesados por una idea desustanciada de "la marcha", concienzudos muchachos conocedores del papel de la música joven en el desarrollo de los pueblos de España, jipis tardíos, cansados, decadentes (...) Creemos tener una idea de lo que hubiese contentado al pavoroso público de Canet: ¿jazz rock sinfónico dignamente enraizado en corrientes autóctonas, serenos aires provincianos de burguesía culta y dominguera? Rollo macabeo, ¿no es eso? ¿O bien "caña", es decir, "yonibigudes" y "yanpinyacflás" abrumadores? No, por Dios, que ya tenemos a Tequila (woauaW).
La verdadera grandeza del pop está en el hecho de que no quiere morir con sus propios mitos. Su fuerza es la aventura cotidiana, un ejercicio difícil, un programa sin metas; la práctica misma de los ritmos vitales y sus misteriosas variaciones (...) Aquella oscura noche sentimos, de nuevo, la asfixia de estar entre gentes encerradas en sus formas de conciencia (...) No pueden hacer nada, mientras no instituyamos nuestros propios mitos. En España, el pop que aún no ha nacido sufre de esa debilidad de querer ser..." 

En resumen, dejando aparte ese tono cercano a la petulancia y un tanto pedantuelo, aquello venía siendo un ataque frontal contra casi todo lo establecido; y como es lógico el contraataque por parte de los "implicados" no se hizo esperar. Sin embargo ellos ya estaban planeando su segunda fase, que consistía en un colectivo mayor y de intereses más amplios, desde la escritura o el teatro hasta la música. Y aquí surge Herminio Molero: se trata de un personaje "multimedia" que comenzó como teclista en el grupo Araxes II, protagoniza algunos anuncios televisivos y alterna esa actividad con la pintura, escribe de vez en cuando y planea crear una nueva banda con tendencias más actuales, cercanas al pop electrónico de unos Roxy Music, por ejemplo. Tiene un local que utiliza para ensayar y en el que da acogida a los Corazones Automáticos más algunos ex miembros de Kaka de Luxe y otras cuantas almas inquietas. La mayoría no sabe tocar ningún instrumento salvo Enrique Sierra, que ha vuelto de la mili, se ha despojado de su "Sir Henry" y domina la guitarra ya con maestría; otros, como los hermanos Auserón, comienzan a ejercitarse. El nuevo colectivo se bautiza como "Orquesta Futurama", y en teoría iba a suministrar fondos musicales a algunas exposiciones pictóricas y lecturas poéticas, pero al final no llega a nada: hay demasiada gente y algunos tienen ya otras ideas. Y esos algunos y esas ideas se concretan a mediados de 1979: Molero reúne a los hermanos Auserón, Enrique Sierra y el "batería electrónico" Javier Perez Grueso, organiza su soñado grupo y tras unos cuantos ensayos lo presenta en octubre con el nombre de Radio Futura. Palabras mayores. Aunque tendremos que esperar a los años 80, que es el escenario temporal de su reinado, para que visiten este tugurio.


Y mientras tanto, ¿qué fue del Zurdo?, se preguntarán ustedes. Hagamos memoria: Márquez abandona Kaka de Luxe a mediados del 78, bautiza su nuevo grupo como "Rudy Soplapollas y Los Obtusos" (hay otros nombres igual de ocurrentes con los que se presentarán en algún local) y en la primavera del 79 se nos informa de una "recreación" con el nombre definitivo de Paraíso. Junto a él, que compone y canta, estuvo en los primeros tiempos Carlos Berlanga; luego se verá que Alaska y su amigo Canut van más con su estilo, pero en ese momento le atrajo la oferta creativa de Márquez. En cualquier caso, no duró mucho ahí: su presencia en el plantel de los Obtusos terminó con una de las incontables broncas internas de aquella troupe. Porque una vez más el trasiego de músicos o cosa parecida será constante, llegándose a contabilizar casi una veintena en menos de tres años (lo que duró Paraíso), aunque nos conviene retener al menos dos nombres: el guitarrista Antonio Zancajo, veterano ya de varias bandas madrileñas, y el teclista Antonio Gil, que por el contrario es un adolescente pero tal vez por su nacimiento e infancia en Suiza tiene ya un criterio muy ordenado, un buen dominio del instrumento y una excelente formación musical. Los gustos de estos personajes -y gran parte de los demás- oscilan entre Estados Unidos y la Isla, entre la new wave y el punk, y por lo tanto sus influencias son tan amplias como actuales: desde los B-52's o Jonathan Richman hasta los Pistols o los Ramones pueden ustedes imaginar lo que quieran. 

El repertorio de Paraíso, como en el caso de Kaka de Luxe, es una mezcla de versiones heterodoxas como el "Mongoloid" de los Devo junto a piezas propias entra las que ya figura "Para ti", la canción que los ha de marcar por los siglos de los siglos. Y su presentación en el Teatro Martín a finales de marzo casi los consagra, ya que en términos generales la cosa salió bastante bien: tuvieron de su parte a casi todos los comentaristas modernos (empezando por Ordovás, claro). Pocos días después actúan como teloneros de Sniff 'n'The Tears, y fueron tan aclamados o más que los británicos. A ese ritmo lo siguiente era grabar una maqueta (financiada por Rafael Abitbol, que la radió con profusión en su programa de Onda Dos), y poco después participan en el II Festival San Isidro Rock; donde quedan segundos, como Kaka de Luxe el año anterior... y también como ellos, ¡tras Wyoming! Ese festival no tiene su disco correspondiente, pero aquí les dejo dos muestras de aquellos primeros tiempos: su versión del mongoloide y "Sé una chica de hoy", origen de sus "desencuentros" con Ramoncín e incluso con sus antiguos colegas de Kaka de Luxe:



Comenzaba la nueva década. Abitbol, además de pagar aquella sesión de maquetas y jalearlos en Onda Dos, hizo correr el bulo de que el sello isleño Chiswick andaba tras ellos, con la intención de que alguno de los españoles se diese por enterado. Sin embargo solo Zafiro se dedicaba por entonces a pescar en el panorama nacional, y en Zafiro cayeron. Y digo "cayeron" porque la cosa fue mal desde el principio: sin demasiada confianza en ellos propone grabar un single, "a ver qué pasa", y les asigna como productor a Luis Soler, un rockero de la escuela clásica (segundo de a bordo de Romero en Chapa), que no sabe cómo encauzar aquello. Por suerte, el benéfico Manolo Tena tenía bastante predicamento en el sello, lo que le autorizaba para "manejar" las mesas de mezclas a escondidas, sin que oficialmente nadie supiese nada; incluso los pocos directos decentes que hizo Paraíso (que ni siquiera tenía el equipo necesario) fueron aquellos en los que utilizaron la mesa de Cucharada (fueron teloneros suyos más de una vez), y el propio Zurdo reconoce que si las grabaciones salieron medio bien fue gracias a él. De esas grabaciones se publican dos piezas: "Para ti" en la cara A y "Estrella de la radio" en la B. La primera, una balada pop que se convierte en una de las canciones definitivas en la historia musical de nuestro país, establece el renacimiento de ese estilo con una melodía que según el Zurdo le viene dada por su devoción hacia Jonathan Richman y los Modern Lovers, pero a cuya altura no suele llegar el señor Richman ni de coña (y eso que le tengo cariño): esa especie de balada generacional adolescente, esa esencia del pop que consiste en la emoción y toca la fibra sensible de todo aquel que tenga sentimientos; más aún en aquella época de cambios radicales, pero siempre que vivamos en "tiempos asesinos". Y "Estrella de la radio", un pop rock vitaminado aunque perdió parte de su fuerza en el paso de la maqueta al single, es una ironía sobre algunos locutores musicales pretendidamente modernos. Aquí tenemos las dos, como debe ser:



Pero justo ahí comienza el lento fin de Paraíso, causado por la situación interna del grupo y las maniobras de Zafiro. El sello parece complacido con el embrujo de "Para ti"; tanto, que piensa en la posibilidad de presentar la canción en el festival de Benidorm. Por lo tanto tiene que demorar la publicación del single hasta esa fecha, ya que la novedad es una de las cláusulas para concurrir a cualquier festival de ese tipo. Pero ni el Zurdo ni nadie es capaz de mantener un criterio único; y ese descontrol, que llega incluso a enfrentamientos personales, hace que una maqueta caiga en las manos del señor Abitbol, a quien por supuesto le falta tiempo para radiarla. Ahí terminan las ilusiones de Zafiro, que nunca confió demasiado en ellos y que suspende la grabación de nuevo material: estaba planeado un disco grande, pero ya no lo veremos. Las actuaciones, escasas y caóticas, acaban por dinamitar al grupo, que anuncia su disolución en la primavera del 81; casi dos años después, Carlos Tena consigue publicar un Ep con cuatro canciones que habían tocado en "Popgrama" (entre ellas la inolvidable "Makoki"), y eso es todo. Paraiso desaparece, pero el Zurdo, Zancajo y Gil crearán La Mode, otro nombre mítico para la nueva década.



Y aquí termina nuestro viaje a Madrid, que en estos momentos es el faro de las Españas, por decirlo en plan fino. La tremenda vitalidad que nace de esa mezcla de estilos y procedencias es su mayor atractivo, pero además ha contado hasta este momento con una ventaja única: sus emisoras de radio "alternativas", pequeñas pero cuasi independientes, de las que Onda Dos es la más destacada. Lo malo es que su potencia no va más allá de la provincia, y por eso Madrid se realimenta día a día, se fortalece, mientras la periferia ha quedado descolgada. Pero también eso va a cambiar: si en 1967 la achacosa BBC había sabido atraer al enemigo fichando a los mejores elementos de las radios piratas para crear la dionisíaca Radio One, algo parecido hace Radio Nacional de España en 1979 "saqueando" Onda Dos. En Julio comienza a emitir Radio 3, que como decía una de sus primeras cuñas "la mejor radio del mundo es": Ordovás, Abitbol o García Pelayo se unen a otros monstruos como Manrique o Tena para crear una emisora pública (y no solo musical) que por fin nos hace sentir orgullosos de vivir aquí. En los 80 casi toda España podrá presumir de estar completamente al día. 

Pero eso será en los 80. De momento nos toca dar una vuelta por ahí fuera y comprobar que, efectivamente, están necesitando Radio 3 como el comer. Primer destino, Barcelona...


lunes, 14 de octubre de 2019

1975-80: la nueva España (XII)


Sí señor, el futuro ya está aquí. Mientras el rock urbano vive su momento de apogeo, mientras Ramoncín o Tequila se asientan como sólida competencia a ese mercado, hay una nueva opción que está surgiendo casi sin que la ciudad se entere. Una nube de muchachos muy jóvenes, la mayoría nacidos entre finales de los años 50 y principios de los 60, suele merodear por el Rastro -al que han convertido en su punto de encuentro, casi su hábitat natural- y tomarse luego las cañas todos juntos arriba, en La Bobia. Unos dibujan o escriben en fanzines cuya vida no suele ser muy larga, mientras que otros comienzan el aprendizaje de algún instrumento musical. Muchos de ellos proceden de la clase media/alta, es decir, son niños bien (un pecado que los rockeros urbanos les echarán en cara con frecuencia); algunos de los que participan en los fanzines tienen una formación cultural bastante elevada para su edad, del mismo modo que quienes se inclinan por la música parecen cansados del rock machote y escuchan discos "demasiado modernos", poco frecuentes aquí: la nueva ola británica, el punk, los grupos neoyorkinos... En cierto modo recuerdan a aquellos primeros músicos españoles como los Estudiantes, Pekenikes, etc, que precisamente comenzaron su carrera cuando estos estaban naciendo y que gracias al dinero de sus padres podían conseguir una música que en su mayoría no llegaba a nuestro país o era minoritaria.

A mediados de 1977 dos de los asiduos al Rastro son Alaska y El Zurdo, a quienes ya conocemos por haber fundado el colectivo Premamá y abandonar Lacochu para crear La Liviandad Del Imperdible. Ya en los tiempos de Premamá les rondaba la idea de crear un grupo, pero de momento no han conseguido músicos para ello; así que aprovechan su nuevo fanzine para insertar un anuncio pidiendo voluntarios, entre algunos artículos sobre el naciente punk, la adoración de ambos por Vainica Doble o la particular visión política del Zurdo, que por entonces se declara falangista (de la Falange Auténtica; o sea, "más cerca de Garibaldi que de Mussolini", como decía Ramiro Ledesma). La Liviandad no duró mucho, ya que pronto encontraron a un guitarrista que además sabía tocar: Enrique Sierra, con una pequeña trayectoria a sus espaldas por haber militado en un grupillo llamado Vibraciones. A Sierra, que será conocido aquí como Sir Henry, le siguen dos "hallazgos" que hace el trío en el Rastro: Carlos Berlanga (el hijo del cineasta adopta el sobrenombre de I Nepto) y su amigo Nacho Canut (el más serio: no quiere apodos). Canut está aprendiendo a tocar el bajo, mientras Berlanga hace algunos coros y Sir Henry trata de enseñarle a Alaska los rudimentos de la guitarra. Entra luego Manolo Campoamor, que procede también del mundo de los fanzines y al que alguien presta una batería hasta que llega Pablo Martínez, un batería oficial. Aún seguirá llegando gente (por momentos fueron casi una docena), pero esta es en esencia la formación más o menos estable de un grupo que después de algunas dudas se bautiza como "Kaka de Luxe".

Y ahora entra en escena Jesús Ordovás, sobre quien ya toca ir ampliando un poco la información: se trata de un periodista y locutor radiofónico que, como Vicente Romero en el mundo del rock urbano, será uno de los protagonistas principales en el advenimiento de la nueva ola. Ordovás fue el primer escritor de literatura musical "pop" en España con su libro sobre Bob Dylan, publicado ya en 1971, y en estos tiempos forma parte de la plantilla de Onda Dos además de escribir en Disco Expres. Tiene la saludable costumbre de pasear por el Rastro buscando discos viejos, y un día se encuentra con Alaska y compañía, que están vendiendo su fanzine. Así se entera del proyecto musical que se traen entre manos, y le encanta tanto la actitud como la pinta de los personajes: casi ninguno sabe tocar, pero le echan un morro impresionante. La mayor parte de lo que "interpretan" son versiones de los Ramones y han escrito ya tres o cuatro canciones cuyos ritmos son cercanos al pop rock naif, con estribillos que podrían resultar pegajosos. Las letras participan de ese mismo espíritu infantil, aunque con una buena carga de ironía y una festiva mala leche que los hace encantadores: después de verlos actuar en dos o tres locales, a principios de 1978 escribe su primera columna laudatoria en Disco Expres. Porque Ordovás está cambiando de criterio, y si en un principio apoyó al rock urbano ahora comienza a darse cuenta de que ese estilo no tiene mucho futuro; tal vez esta tropa de niñatos, sin complejos, desafiantes, totalmente al día sobre la actualidad musical tanto en la Isla como en Estados Unidos, acaben creando una alternativa a ese "más de lo mismo" que en el fondo es la enfermedad congénita que aqueja a los rockeros "auténticos". En consecuencia acabará entrando en la lista negra de traidores, cosa que a esas alturas comienza a ser casi un honor; también fue uno de los que popularizó luego el término "Movida" para bien y para mal, pero no se puede ser perfecto.

Sin embargo no tiene intención de convertirse en productor, que parece ser otra de las afecciones en boga por entonces, y lo único que se le ocurre para apoyar a los Kaka es ponerlos en contacto con Vicente Romero, como había hecho con Tequila. Romero los reclutará para Chapa, pero evidentemente aquello no podía salir bien (aunque años más tarde presumiese de haberlos lanzado él): "como espectáculo circense me parecieron geniales; como grupo musical, lamentable". Porque nadie niega que tocando eran un desastre, pero un "grupo musical" tiene que ofrecer más cosas, y él mismo reconocía que "tenían mucha gracia, que era lo que le había venido faltando al rock español en los últimos años". De todos modos, y aunque "presionado" por Ordovás, lo primero que hizo fue colocarlos en el famoso San Isidro Rock: allí alcanzan el segundo puesto, tras Paracelso, gracias a "Pero qué público más tonto tengo", una canción provocativa, punki de verdad ("Ya no os aguanto / cada vez que os veo/ vomito en alto el asco que me dais") que en teoría no debiera ser muy bien recibida por el respetable, pero que si mostraba bien a las claras la actitud del grupo también dejó claro que la mayoría de los asistentes tenían el criterio suficiente como para disfrutar de la sorna que empleaban esta tropa de niñatos. Había en el ambiente mucha más ansia de juerga, más irreverencia de la que el propio Vicente Romero esperaba. Aquello era una señal; no se sabe muy bien de qué, pero lo era. Y por supuesto se incluye en el recopilatorio de marras.

Casi forzado por la inesperada situación, Romero les produce un Ep donde se incluyen otras cuatro canciones de su escaso repertorio: "Rosario / Toca el pito" en la cara A junto a "Viva el metro" y "La pluma eléctrica" en la B. La voz principal es la del Zurdo, mientras los demás hacen lo que pueden con los instrumentos, y por lo general figuran escritas a nombre de todos aunque se sabe quién es el inspirador de cada una. En lo musical su estilo es un cruce entre rock and roll y pop con su ya característico tonillo punki; resulta una mezcla casi infantil pero con una carga de saludable insania, oxímoron que define a toda aquella época y que se extiende a las letras. Por entonces (verano del 78) no hay nadie en Madrid ni en el resto del estado español que llegue a tal grado de inconsciencia, aunque si miramos hacia atrás tal vez un cruce entre los Cheyenes y Micky con los Tonys hubiera creado algo vagamente parecido. El caso es que, salvo Onda Dos y algún francotirador más, las emisoras no se atreven a radiar el disco -algunas, ni se enteran de que ha sido publicado- y solamente los amigos del grupo más los heroicos asistentes a aquel San Isidro Rock van a comprarlo. En consecuencia, pronto desaparece de la circulación; aunque a partir de ahí hubo un considerable tráfico de cintas caseras que mantuvieron su recuerdo hasta que llegó su primera resurrección en 1982, cuando se reedita incluyendo el primer single de Paraiso, y al año siguiente en un lp que contiene el ep original más la canción del San Isidro Rock y todas las maquetas que habían grabado.


Pero ya en aquel verano había dos tendencias casi antagonistas: Alaska era claramente partidaria de la frivolidad y el petardeo, mientras que el Zurdo buscaba algo más. Y en otoño se marchó para formar su propio grupo; por entonces era muy fan de Ian Dury y sus Blockheads, así que decide bautizarlo como "Rudy Soplapollas y Los Obtusos" hasta que en la primavera del 79 se conviertan definitivamente en Paraíso... Pero aún no hemos llegado ahí: Kaka de Luxe siguen viviendo a salto de mata, con escasas actuaciones en los lugares más inverosímiles y una cierta sensación de cansancio. El panorama se complica con la marcha de Canut y Sierra a la mili, que fue cubierta a medias por Bernardo Bonezzi (amigo de Alaska, futuro líder de los Zombies) y los hermanos Urquijo. Pero antes de que termine el año 78 se anuncia la disolución: el último concierto, junto a otros cuantos colegas, se organiza "a beneficio de los huérfanos de Sid Vicious". El humor, que no falte. A principios del 79 se presentará un nuevo grupo: Alaska y los Pegamoides, que necesitarán todo el año para ir asentándose entre una sucesión de entradas y salidas de personal hasta convertirse en uno de los primeros nombres exitosos de los años 80 y de esa "Movida" que según algunos está sustituyendo a la nueva ola madrileña. Pero ese también es otro asunto que será tratado cuando lleguemos a la década en cuestión. Ya solo nos queda despedir a estos muchachos, y creo que lo más indicado será hacerlo con una de las primeras composiciones de Alaska: "La tentación", cuya letra tan escabrosa como hilarante aumenta su contundencia al estar cantada por un varón (o sea, el Zurdo) en tono de balada, que en sus últimas estrofas es un lamento a las alturas a medio camino entre el Delta del Mississippi y la canción italiana al estilo San Remo. Es una buena muestra de su descaro (verano del 78, recuerden: aún no hacía tres años de la muerte de Franco), que al mismo tiempo nos da esa sensación de libertad y falta de respeto por las convenciones añejas que tanta falta hacía. Iban por delante de todos los demás, por eso fueron tan necesarios.