Esa sensación de burbujeo primario que se percibe tanto en el Rastro como en algunas publicaciones alternativas comienza a afectar a un número creciente de ciudadanos muy jóvenes: a finales del 77, cuando el Zurdo y Alaska están organizando su primer grupo musical, hay ya otros cuantos muchachos con intenciones parecidas. Y justo por entonces surge un colectivo que inicialmente es, por decirlo así, una corriente de opinión escrita: los Corazones Automáticos. En esencia está formado por los hermanos Santiago y Luis Auserón junto a Montse Cuní y Caty François; los cuatro son universitarios, y aunque tienen querencias intelectuales también se sienten atraídos por la nueva ola. Comienzan a escribir artículos bastante radicales en Disco Expres atacando frontalmente el espíritu del "rollo" urbano y progresivo, al que definen como "Rollo macabeo", ganándose por lo tanto las iras de ese sector. La situación se encrespa en 1978 a raíz del cuarto festival Canet Rock (que sería el último por muchos años): ante la evidente caída de popularidad que se había producido en los dos anteriores, la organización decide incluir grupos extranjeros, desde Blondie o Ultravox hasta Tequila (madrileños, o sea, extranjeros). Pero gran parte del público muestra su desagrado por esta tendencia modernilla, cuando lo que unos querían era seguir escuchando únicamente a sus patrióticos grupos layetanos mientras que otro sector apostaba por el rock "serio y auténtico"; además, a nivel organizativo y de control, fue un desastre. Así, los Corazones Automáticos se despachan a gusto con su famoso manifiesto de septiembre, en el que decían lindezas como estas:
"Para nosotros, Canet 78 era más que un concierto o una velada costera. Podía haber sido el inicio de un cambio de nivel en nuestro ambiente. Estábamos soñando: tanta cosa buena, de golpe, no podía ser (...) El fracaso de Canet lo provocaron o permitieron nenes que igual se hubieran acercado a vociferar guarrerías irreales a las contorsionistas de un circo ambulante, horterillas embelesados por una idea desustanciada de "la marcha", concienzudos muchachos conocedores del papel de la música joven en el desarrollo de los pueblos de España, jipis tardíos, cansados, decadentes (...) Creemos tener una idea de lo que hubiese contentado al pavoroso público de Canet: ¿jazz rock sinfónico dignamente enraizado en corrientes autóctonas, serenos aires provincianos de burguesía culta y dominguera? Rollo macabeo, ¿no es eso? ¿O bien "caña", es decir, "yonibigudes" y "yanpinyacflás" abrumadores? No, por Dios, que ya tenemos a Tequila (woauaW).
La verdadera grandeza del pop está en el hecho de que no quiere morir con sus propios mitos. Su fuerza es la aventura cotidiana, un ejercicio difícil, un programa sin metas; la práctica misma de los ritmos vitales y sus misteriosas variaciones (...) Aquella oscura noche sentimos, de nuevo, la asfixia de estar entre gentes encerradas en sus formas de conciencia (...) No pueden hacer nada, mientras no instituyamos nuestros propios mitos. En España, el pop que aún no ha nacido sufre de esa debilidad de querer ser..."
En resumen, dejando aparte ese tono cercano a la petulancia y un tanto pedantuelo, aquello venía siendo un ataque frontal contra casi todo lo establecido; y como es lógico el contraataque por parte de los "implicados" no se hizo esperar. Sin embargo ellos ya estaban planeando su segunda fase, que consistía en un colectivo mayor y de intereses más amplios, desde la escritura o el teatro hasta la música. Y aquí surge Herminio Molero: se trata de un personaje "multimedia" que comenzó como teclista en el grupo Araxes II, protagoniza algunos anuncios televisivos y alterna esa actividad con la pintura, escribe de vez en cuando y planea crear una nueva banda con tendencias más actuales, cercanas al pop electrónico de unos Roxy Music, por ejemplo. Tiene un local que utiliza para ensayar y en el que da acogida a los Corazones Automáticos más algunos ex miembros de Kaka de Luxe y otras cuantas almas inquietas. La mayoría no sabe tocar ningún instrumento salvo Enrique Sierra, que ha vuelto de la mili, se ha despojado de su "Sir Henry" y domina la guitarra ya con maestría; otros, como los hermanos Auserón, comienzan a ejercitarse. El nuevo colectivo se bautiza como "Orquesta Futurama", y en teoría iba a suministrar fondos musicales a algunas exposiciones pictóricas y lecturas poéticas, pero al final no llega a nada: hay demasiada gente y algunos tienen ya otras ideas. Y esos algunos y esas ideas se concretan a mediados de 1979: Molero reúne a los hermanos Auserón, Enrique Sierra y el "batería electrónico" Javier Perez Grueso, organiza su soñado grupo y tras unos cuantos ensayos lo presenta en octubre con el nombre de Radio Futura. Palabras mayores. Aunque tendremos que esperar a los años 80, que es el escenario temporal de su reinado, para que visiten este tugurio.
Y mientras tanto, ¿qué fue del Zurdo?, se preguntarán ustedes. Hagamos memoria: Márquez abandona Kaka de Luxe a mediados del 78, bautiza su nuevo grupo como "Rudy Soplapollas y Los Obtusos" (hay otros nombres igual de ocurrentes con los que se presentarán en algún local) y en la primavera del 79 se nos informa de una "recreación" con el nombre definitivo de Paraíso. Junto a él, que compone y canta, estuvo en los primeros tiempos Carlos Berlanga; luego se verá que Alaska y su amigo Canut van más con su estilo, pero en ese momento le atrajo la oferta creativa de Márquez. En cualquier caso, no duró mucho ahí: su presencia en el plantel de los Obtusos terminó con una de las incontables broncas internas de aquella troupe. Porque una vez más el trasiego de músicos o cosa parecida será constante, llegándose a contabilizar casi una veintena en menos de tres años (lo que duró Paraíso), aunque nos conviene retener al menos dos nombres: el guitarrista Antonio Zancajo, veterano ya de varias bandas madrileñas, y el teclista Antonio Gil, que por el contrario es un adolescente pero tal vez por su nacimiento e infancia en Suiza tiene ya un criterio muy ordenado, un buen dominio del instrumento y una excelente formación musical. Los gustos de estos personajes -y gran parte de los demás- oscilan entre Estados Unidos y la Isla, entre la new wave y el punk, y por lo tanto sus influencias son tan amplias como actuales: desde los B-52's o Jonathan Richman hasta los Pistols o los Ramones pueden ustedes imaginar lo que quieran.
El repertorio de Paraíso, como en el caso de Kaka de Luxe, es una mezcla de versiones heterodoxas como el "Mongoloid" de los Devo junto a piezas propias entra las que ya figura "Para ti", la canción que los ha de marcar por los siglos de los siglos. Y su presentación en el Teatro Martín a finales de marzo casi los consagra, ya que en términos generales la cosa salió bastante bien: tuvieron de su parte a casi todos los comentaristas modernos (empezando por Ordovás, claro). Pocos días después actúan como teloneros de Sniff 'n'The Tears, y fueron tan aclamados o más que los británicos. A ese ritmo lo siguiente era grabar una maqueta (financiada por Rafael Abitbol, que la radió con profusión en su programa de Onda Dos), y poco después participan en el II Festival San Isidro Rock; donde quedan segundos, como Kaka de Luxe el año anterior... y también como ellos, ¡tras Wyoming! Ese festival no tiene su disco correspondiente, pero aquí les dejo dos muestras de aquellos primeros tiempos: su versión del mongoloide y "Sé una chica de hoy", origen de sus "desencuentros" con Ramoncín e incluso con sus antiguos colegas de Kaka de Luxe:
Comenzaba la nueva década. Abitbol, además de pagar aquella sesión de maquetas y jalearlos en Onda Dos, hizo correr el bulo de que el sello isleño Chiswick andaba tras ellos, con la intención de que alguno de los españoles se diese por enterado. Sin embargo solo Zafiro se dedicaba por entonces a pescar en el panorama nacional, y en Zafiro cayeron. Y digo "cayeron" porque la cosa fue mal desde el principio: sin demasiada confianza en ellos propone grabar un single, "a ver qué pasa", y les asigna como productor a Luis Soler, un rockero de la escuela clásica (segundo de a bordo de Romero en Chapa), que no sabe cómo encauzar aquello. Por suerte, el benéfico Manolo Tena tenía bastante predicamento en el sello, lo que le autorizaba para "manejar" las mesas de mezclas a escondidas, sin que oficialmente nadie supiese nada; incluso los pocos directos decentes que hizo Paraíso (que ni siquiera tenía el equipo necesario) fueron aquellos en los que utilizaron la mesa de Cucharada (fueron teloneros suyos más de una vez), y el propio Zurdo reconoce que si las grabaciones salieron medio bien fue gracias a él. De esas grabaciones se publican dos piezas: "Para ti" en la cara A y "Estrella de la radio" en la B. La primera, una balada pop que se convierte en una de las canciones definitivas en la historia musical de nuestro país, establece el renacimiento de ese estilo con una melodía que según el Zurdo le viene dada por su devoción hacia Jonathan Richman y los Modern Lovers, pero a cuya altura no suele llegar el señor Richman ni de coña (y eso que le tengo cariño): esa especie de balada generacional adolescente, esa esencia del pop que consiste en la emoción y toca la fibra sensible de todo aquel que tenga sentimientos; más aún en aquella época de cambios radicales, pero siempre que vivamos en "tiempos asesinos". Y "Estrella de la radio", un pop rock vitaminado aunque perdió parte de su fuerza en el paso de la maqueta al single, es una ironía sobre algunos locutores musicales pretendidamente modernos. Aquí tenemos las dos, como debe ser:
Pero justo ahí comienza el lento fin de Paraíso, causado por la situación interna del grupo y las maniobras de Zafiro. El sello parece complacido con el embrujo de "Para ti"; tanto, que piensa en la posibilidad de presentar la canción en el festival de Benidorm. Por lo tanto tiene que demorar la publicación del single hasta esa fecha, ya que la novedad es una de las cláusulas para concurrir a cualquier festival de ese tipo. Pero ni el Zurdo ni nadie es capaz de mantener un criterio único; y ese descontrol, que llega incluso a enfrentamientos personales, hace que una maqueta caiga en las manos del señor Abitbol, a quien por supuesto le falta tiempo para radiarla. Ahí terminan las ilusiones de Zafiro, que nunca confió demasiado en ellos y que suspende la grabación de nuevo material: estaba planeado un disco grande, pero ya no lo veremos. Las actuaciones, escasas y caóticas, acaban por dinamitar al grupo, que anuncia su disolución en la primavera del 81; casi dos años después, Carlos Tena consigue publicar un Ep con cuatro canciones que habían tocado en "Popgrama" (entre ellas la inolvidable "Makoki"), y eso es todo. Paraiso desaparece, pero el Zurdo, Zancajo y Gil crearán La Mode, otro nombre mítico para la nueva década.
Y aquí termina nuestro viaje a Madrid, que en estos momentos es el faro de las Españas, por decirlo en plan fino. La tremenda vitalidad que nace de esa mezcla de estilos y procedencias es su mayor atractivo, pero además ha contado hasta este momento con una ventaja única: sus emisoras de radio "alternativas", pequeñas pero cuasi independientes, de las que Onda Dos es la más destacada. Lo malo es que su potencia no va más allá de la provincia, y por eso Madrid se realimenta día a día, se fortalece, mientras la periferia ha quedado descolgada. Pero también eso va a cambiar: si en 1967 la achacosa BBC había sabido atraer al enemigo fichando a los mejores elementos de las radios piratas para crear la dionisíaca Radio One, algo parecido hace Radio Nacional de España en 1979 "saqueando" Onda Dos. En Julio comienza a emitir Radio 3, que como decía una de sus primeras cuñas "la mejor radio del mundo es": Ordovás, Abitbol o García Pelayo se unen a otros monstruos como Manrique o Tena para crear una emisora pública (y no solo musical) que por fin nos hace sentir orgullosos de vivir aquí. En los 80 casi toda España podrá presumir de estar completamente al día.
Pero eso será en los 80. De momento nos toca dar una vuelta por ahí fuera y comprobar que, efectivamente, están necesitando Radio 3 como el comer. Primer destino, Barcelona...





