lunes, 14 de junio de 2021

Estados Unidos: los primeros 80's (XXI)

Ya estamos otra vez en las orillas del Atlántico, falta poco para volver a casa. Pero nos queda una última noche de fiesta en Nueva York antes de coger el avión; y esa noche se la vamos a dedicar a los Fleshtones, que son tan queridos o más aún en Europa que en su propia ciudad. Son el grupo ideal para divertirse y también la demostración de que una buena mezcla de garaje con pop, rockabilly, surf y muchas cosas más tal vez no sea muy vanguardista (es un grupo que suena más a los 60 que cualquier otra época), pero precisamente esa mezcla -que ellos bautizaron como "Super rock"- los hace intemporales. A veces se quejan de un trato condescendiente por parte de la prensa, que por lo general no los ha tomado muy en serio, y además los grupos de baile no suelen conseguir grandes ventas porque su negocio está en el directo: no se busca la exquisitez compositiva, sino que transmitan alegría y ganas de juerga. Y en consecuencia no se harán millonarios, pero disfrutan del cariño de la parroquia en cualquier punto del planeta; por ejemplo, ni ellos mismos recuerdan cuántas veces ni en cuántos lugares de España han estado.

Teniendo en cuenta sus gustos musicales resulta lógico que sus orígenes vayan en paralelo con la new wave, esa época en la que se actualizan los estilos de toda la vida: los Fleshtones nacen sobre 1976 como resultado de la unión de unos cuantos muchachos vecinos del barrio de Queens. Más o menos por entonces se pone de moda el CBGB, que será uno de sus locales de referencia y en el que llegan a tocar con la mayoría de las luminarias del momento. Entre esas luminarias están los Suicide, que graban en el pequeño sello Red Star, uno de los primeros independientes yankis, propiedad del legendario Marty Thau, y a quien recomiendan el grupo. Como era de esperar teniendo en cuenta las hechuras del personaje, este se encariña con ellos y les produce un primer single que se publica en 1979. Y para entonces la formación de los Fleshtones será fija ya para mucho tiempo: Peter Zaremba, personaje de flequillo icónico, es su cantante frontman y compositor principal junto al guitarrista y segunda voz Keith Streng; Bill Milhizer es el batería, y Jan Pakulski el bajista. Los tres primeros siguen juntos aún hoy, mientras que Pakulski se marchará a mediados de los 80. Y este es el single: todas las virtudes del grupo están ya presentes aquí.


Sin embargo las cosas se tuercen: el grupo había grabado material suficiente para que Thau publicase un Lp, pero su sello es demasiado reducido y necesita un distribuidor, cosa que no consigue (por entonces ningún sello de tamaño medio les ve futuro). En consecuencia esas canciones quedarán archivadas hasta tres años después, cuando al rebufo de una creciente popularidad del grupo el sello Roir las distribuya bajo el título de "Blast off". Ahí se incluyen las dos canciones del single (y otras que se regrabarán luego), y aunque el sonido sea pobre es suficiente para demostrar su dominio de los estilos tradicionales y su gancho para crear ritmos bailables, de esos que te impiden quedarte quieto. Pero no les gusta que les llamen "revivalistas" y con razón, ya que saben darle un toque tan clásico como actual, muy de la época. El caso es que, compuestos y sin novia tras aquel single, agradeciendo a Thau su empeño han de buscar un sello más amplio; y parece que han tenido suerte, ya que esta vez dan con el señor Copeland III, el de IRS, donde debutan a mediados de 1980 con "Up front", un ep en el que tienen el apoyo de un dúo de saxos y donde se incluye una de sus futuras clásicas: "The girl from Baltimore". Aquí la tienen, acompañada de una de aquellas canciones del fallido "Blast off".


A efectos de ventas, sus mejor época empieza con ese ep que va seguido a principios de 1982 por "Roman gods", su primer disco grande y uno de los más populares en la carrera del grupo. Y aquí ya demuestran plenamente por qué el término "revivalismo" puede servir para grupos más ceñidos a un único estilo, pero no para ellos: hay una gran amplitud de ritmos que los conforma como grupo de baile, como pueden serlo los B-52's a otra escala, pero que como ellos tienen su propio carácter personal e intransferible, como se decía antes: no suele ser muy frecuente encontrar en un mismo disco canciones tan dispares como "The dreg", ese arranque con espíritu casi "cinematográfico", seguida por una canción tan de garaje pop sesentero como "I've gotta change my life" o luego "Stop fooling around", o ese ritmo endiablado en "R-i-g-h-t-s", e incluso el buen gusto que demuestran en su versión de "Ride your pony", haciendo suya una perla tradicional del r&b, algo supuestamente inesperado en un grupo como este. Así que podemos admitir que son una banda de garaje rock/pop, que actualizan estilos tradicionales y todo lo que ustedes quieran, pero no son un simple banda de baile y nada más; como no lo son los B'52's, como no lo son los Flamin' Groovies y algunos otros. Parece que solo puede reconocerse valía a los grupos "serios", vanguardistas, atormentados, con letras tremebundas...


En verano del 83 llega "Hexbreaker!", que junto con el anterior forma la pareja de discos más recordada de los Fleshtones. De todos modos conste que hablar de un supuesto "exito en ventas" es muy exagerado, ya que la cosa no pasó de rozar las zonas bajas de las grandes listas, pero si funcionó muy bien la importación, por ejemplo: en España ya eran uno de los grupos más apreciados en el mercado "alternativo". Y aunque quizá no tenga la tremenda variedad de ritmos que sorprendía en su debut, dan la impresión de ser más compactos, de haber adquirido la destreza que solo dan las actuaciones continuas, y de que su ejecución, además de ser técnicamente muy buena suena muy bien ensamblada. Y por supuesto hay suficientes piezas con gancho como para no dejar pasar este disco: basta citar, por ejemplo, "What's so new (about you)", "Screamin' skull" o "Legend of a wheelman", que son solo tres, van seguidas y cada una representa un estilo distinto. Con los Fleshtones nunca hace falta rebuscar en el listado de canciones, salen solas. Que por cierto, la leyenda del conductor es una magnífica instrumental surf compuesta por el saxofonista y armónica Gordon Spaeth, que no siempre figuraba como miembro oficial del grupo pero estuvo con ellos durante muchos años, hasta que tuvo que abandonarlos por problemas de salud física y mental: este es también un homenaje a él. 


A partir de ahí la carrera de los Fleshtones es casi un no parar. Además de regrabar "American beat" para "Despedida de soltero", la película de Tom Hanks, el sello IRS le propone a Zaremba presentar un programa sobre nuevas grupos en la MTV, cosa que hará hasta 1987. Hay por medio un disco en directo en París, y a finales de la década estarán probando nuevos bajistas hasta que en 1991 se consolide Ken Fox definitivamente. Por esas épocas (y otras cuantas) tendrán también que buscar nuevos sellos discográfico, ya que su tremenda popularidad en directo nunca se ha correspondido con las ventas, pero ya están mentalizados. Y por ahí siguen, de fiesta en fiesta, pinchando incluso en algunos bailes, habiendo participado en la banda sonora de "I was a teenage zombie", la película esa de miedo tan famosa... En fin, que le dan a todo.


Y aquí termina nuestro viaje por los primeros 80 yankis. Espero que se hayan divertido en este paseo; y como es lógico, ya que hablamos de fiestas, dentro de unos días haremos una en este local para celebrar la vuelta a casa. No se preocupen por la mascarilla, que aquí somos muy modernos y no es necesaria.





lunes, 7 de junio de 2021

Estados Unidos: los primeros 80's (XX)

Una vez concluido nuestro paseo por la costa del Pacífico echamos un vistazo al interior del país antes de volver al otro lado, y lo que vemos no es muy estimulante. Da la impresión de que, entre los grupos que ya se habían hecho un nombre a finales de la década anterior y los que hemos visto hasta ahora, el grueso de la oferta se reparte entre Nueva York y California; es decir, entre los dos extremos del mapa, salvo notables excepciones como REM o Wipers (que también están en sus extremos respectivos, curiosamente). Y cuando ya, resignados, nos encaminábamos a la cornisa atlántica, vemos que hay unos muchachos allá en Wisconsin que nos están haciendo gestos. Así que nos fijamos mejor y... ¡Oh, vaya, pero si son los Violent Femmes! 

Ya con ese nombre forzosamente caen bien, aunque años después nos enteremos de que "femme", en su zona, es sinónimo de pelele, mequetrefe o algo así. Los Violent Femmes son un trío de Milwaukee integrado por el guitarrista y compositor Gordon Gano junto al bajista Brian Ritchie y el batería Victor De Lorenzo; la voz principal es la de Gano, acompañado frecuentemente por los otros dos, que inicialmente eran un dúo folkie. El trío queda constituido en 1981, y el destino les hace un guiño un día de Agosto: los Pretenders actúan en su ciudad y los Femmes, que suelen tocar en la calle, se colocan frente al edificio donde tiene lugar el evento; James Honeyman-Scott pasa por allí, le gusta lo que oye y convence a su novia Cristinita para que los invite a subir al escenario a modo de teloneros. Es un simple "recital" acústico, pero sorprende la madurez que demuestran; sobre todo Gano, que con solo dieciocho años (es el más joven, justo entonces terminaba el instituto) tiene ya un repertorio muy amplio. El caso es que se han ganado a media ciudad y además consiguen actuar en algunos locales de fuera de su estado, como el CBGB. Eso refuerza su autoestima, tanto como para que De Lorenzo le pida a su padre un préstamo de diez mil dólares: los del sello Slash han leído una crítica de su actuación en Nueva York y están interesados, pero los gastos de grabación se los pagará el trío. Y así, a mediados de 1982, comienzan a grabar en un estudio barato lo que será su primer disco grande. 

En la primavera del 83 llega a las tiendas ese disco, de título homónimo, y es toda una revolución... a tamaño "alternativo", claro. La primera impresión es la de que nos hallamos ante un grupo de estilo folk punk, como afirma toda la prensa al unísono, y también se perciben influencias directas de Jonathan Richman (que por extensión nos llevaría a Lou Reed). Aunque al parecer Gano pensaba más bien en un estilo Dream Syndicate cuando empezó. Pero tampoco es una idea que desentone, puesto que los Syndicate nos llevan a la Velvet y vuelta a empezar; ah, y recordemos que Richman es fiel seguidor de la aparente simplicidad de los neoyorkinos. Aparente simplicidad y contundencia serían entonces dos de las características de los Femmes, aunque esa imagen está un poco desenfocada: en lo literario se acercan bastante más a la crudeza, a la inteligente malicia de Reed -o los Syndicate, o incluso a la tradición de los blues rurales de mucho tiempo antes- que a la alegría de vivir que suele mostrar Richman, y en lo musical no se les puede despachar con un simple "accoustic punk", y a otra cosa. Además, si comenzaron con instrumentos acústicos muy dispares fue exclusivamente porque actuaban en la calle: en el estudio hay guitarras y bajos eléctricos (de hecho su primer single es un cruce entre new wave y rock and roll, aunque esas dos canciones no se incluyen luego en el Lp)... e incluso algunos artefactos acústicos como el xilofón no son muy frecuentes en un grupo actual, ¿verdad? El caso es que ese disco, una de las mayores luminarias de la década (hasta en España se escuchaba con regularidad en los bares modernillos), se ha convertido con el paso del tiempo en una sucesión de piezas clásicas.



La inercia que provoca ese disco, que en su momento tuvo unas ventas regulares (de nuevo mayores en Europa que en su país), lo lleva al platino casi diez años después, lo que indica una clara permanencia. Pero ya entonces, solo con las críticas entusiasmadas de la mayoría de la prensa, les fue suficiente para comenzar una serie de giras por medio mundo y casi al mismo tiempo preparar su segundo disco, que llegó en verano de 1984 con el título de "Hallowed ground". Y llama la atención que en su mayoría esté compuesto de canciones que pertenecen a la misma época que las del primero, es decir, los últimos días de Gano en el instituto, ya que su espíritu es distinto. Parece evidente que esa selección se había hecho con total consciencia, como tratando de demostrar una evolución, en la que se incluye un cierto tono "espiritual", religioso, en las letras, que va en paralelo con otras de tono sangriento, casi apocalíptico (la crítica creyó que las alusiones religiosas era una ironía, pero no: Gano era creyente y las había escrito en serio. Eso le enfrentó a los otros dos, ateos y partidarios de evitar ese tipo de asuntos). En consecuencia el disco resulta un poco más sombrío, pero olvidemos las letras: aquí hay un rango muy amplio que va desde el country semi clásico de "Country death song" hasta los rasgos casi experimentales de "Never tell", una verdadera exhibición, y vuelta a los ritmos tradicionales actualizados como en "Sweet misery blues". Como era de temer, la mayor parte de la crítica empleó más espacio en comentar la literatura que la música, y el disco quedó un tanto relegado por mucho tiempo. Por otra parte los sentimientos religiosos, más radicalizados en Estados Unidos que en Europa, acabaron de estigmatizarlo, aunque tampoco aquí alcanzó el reconocimiento que merecía. Por suerte el tiempo va poniendo las cosas en su sitio y a día de hoy ya se le reconoce su valor: con otro tono, casi está a la altura del primero.


Los Femmes vuelven al estudio a mediados del 85, y al parecer Slash tiene planes para hacerlos más "asequibles" al gran público. Como consecuencia les impone un nuevo productor: se despiden por un tiempo de Mark Van Hecke, que dirigió los dos primeros, para trabajar con Jerry Harrison, conciudadano suyo y miembro de los Talking Heads (curiosamente, su primer grupo había sido los Modern Lovers de Richman). Y el resultado es "The blind leading the naked", un disco que consigue resultados contradictorios: es verdad que alcanza varias de las listas convencionales (en puestos bastante discretos), e incluso algunas críticas alaban su esfuerzo por acercarse al gran público, pero la mayor parte de sus fans tradicionales se sienten desilusionados. No hay cambios radicales de estilo, pero el conjunto suena más compacto, más "animado", con arreglos que incluyen nuevos instrumentos: ese saxo en "I held her in my arms", con ese rimo, casi nos recuerda a Springsteen. A veces el problema es ese, que sin ser un mal disco parece sobreproducido, y las culpas las lleva Harrison: "Los de Slash lo eligieron simplemente porque era de Milwaukee; nunca le gusto nuestro estilo, y supongo que lo que quería era hacernos más normales, o algo así". En fin, que el resultado es un tanto conflictivo, aunque a mí no me parece tan horrible: se puede discutir qué lógica tiene una versión de T. Rex por medio -aunque está bastante bien hecha- y es verdad que no hay comparación con su debut (ningún otro disco de los Femmes llegará nunca a esa altura), pero es un disco decente y la producción no destroza las canciones como a veces se ha dicho. Ese tipo de comentarios suele proceder de los sectores elitistas, que han de mantener siempre una imagen...


En parte por el mal ambiente generado por las circunstancias de este disco y también porque querían probar ideas nuevas en solitario, los Femmes se van dando respiros que concluyen en una breve separación oficial. Vuelven en 1988 publicando "3", que es al mismo tiempo un viaje al pasado y también una demostración de que la madurez les hace más previsibles: es otro disco bueno, pero sin alardes. Y a partir de ahí han estado yendo y viniendo hasta ahora mismo con algunos discos por medio, simplemente discretos. Son la clara imagen de grupo que ha de luchar siempre contra la leyenda de su insuperable primer disco, una maldición que persigue a muchos músicos. Y creo que una buena despedida, por los viejos tiempos, será hacer los honores a aquel single primerizo que ya nadie recuerda: