lunes, 27 de septiembre de 2021

España en los años 80 (V)

En 1984 Gabinete Caligari ya han superado la categoría de grupo underground de la Movida y están muy cerca de asentarse como uno de los nombres más exitosos del pop nacional. Por otra parte tanto Urrutia como sus colegas pertenecen, como Alaska y los suyos, a un creciente grupo de músicos que ya detestan aquella etiqueta. En concreto Urrutia, que sabe hacer buenas frases, hizo luego una bastante combativa frente a quienes alaban la movida dichosa y al PSOE como supuesto benefactor; pero de rebote también es combativa frente a los músicos del rock urbano, para quienes aquello fue el origen de todos sus males: "Ahora resulta que Tierno fue el padre de la Movida. Ni él ni nadie me ayudaron a comprarme una guitarra". Esa vocación de ir a la contra, de mostrar carácter, los define desde la portada de su primer disco grande: ahí vimos una estética que se va a mantener e incluso radicalizar con el paso del tiempo, y que aun dentro de la élite los incluye inevitablemente en la peligrosa secta de "los amas o los odias".

Sin embargo, estéticas aparte, no hay duda de que el trío se supera con su nuevo disco, un mini Lp de seis canciones que llega a finales de aquel 84. Se titula "Cuatro rosas" y es una exhibición comenzado ya por la canción que lo abre y le da título, dedicada a la inolvidable Janis Joplin. Es una pieza redonda tanto por la letra, un homenaje en toda regla a la diosa y su bebida de cabecera, como por la melodía, un cántico de corte clásico, al margen de modas y épocas, que además lleva unos arreglos de categoría: un fiscornio tocado por Luis Medrano (que había empezado casi veinte años antes en el mundo del jazz y las orquestas) y que puede recordar al pop barroco de los años 60, junto a un clavicordio a cargo de Teresa Verdera, de formación clásica (y pareja por entonces de Urrutia) y el saxo de Ulises Montero, un infaltable en muchas grabaciones de grupos de esta época y que ya había participado en el disco anterior del trío. Como es lógico ha quedado como una de las más representativas de Gabinete, sin discusión. Pero el resto del disco es casi igual de bueno, tanto en material como en arreglos, y da la impresión de hallarnos ante la obra de un grupo con mucha más experiencia y trayectoria de la que parece; incluso piezas como "Tango" tienen un tratamiento pop pero muy sofisticado que hace olvidar ese fondo tradicional. En conjunto tal vez la palabra "sofisticado" sea la más aproximada, y tiene poco que ver con su primer disco: esto es un claro ascenso de categoría. Y las ventas estuvieron a la altura, consiguiendo el primer disco de oro de una independiente (la titularidad es para DRO, que por entonces ya había absorbido a Tres Cipreses).



A principios de 1986 Gabinete presentan "Al calor del amor en un bar", su tercer disco, que en algunas piezas -y repito, solo en algunas- recupera ese conjunto de estilos y actitudes castizas que desagrada a muchos de los que habían comprado "Cuatro rosas". En consecuencia las ventas decayeron bastante, aunque la canción que le da título (un pasodoble de libro, con una letra muy a juego -"Pollo, otro bollo" -) se hizo casi asfixiante en las radios de la época, y otras como "Malditos refranes" -un pop trompetero bastante bien hecho- no le anduvieron muy lejos. Hay también piezas de hechura clásica como "Rey o vasallo" o "Las dos caras del mar", junto a otras que mezclan pop con rock en su justa medida, como "El último tranvía" o la de los refranes. Pero da la sensación, y por supuesto no solo en el caso de este grupo, de que hay un gran número de aficionados que fundamentan su criterio en los singles exclusivamente, porque de otro modo no se entienden estos vaivenes en las cifras de ventas. Insisto en que Gabinete no es precisamente uno de mis grupos favoritos, pero me parece injusto que un disco como este se haya metido en el saco de "lo racial" únicamente por dos o tres canciones (que por otra parte no están mal hechas).  Y tampoco digo que sea su obra más brillante; pero es bastante mejor, por ejemplo, que el primero.



No se sabe si parte de la responsabilidad por ese relativo desaire comercial es de DRO, tal vez sin la dimensión necesaria como para afrontar la cobertura de una banda con pretensiones, pero en todo caso Gabinete fichan por EMI; ahí debutan con esa nueva exquisitez pseudoclásica que es "Camino Soria", a mediados del 87. Es decir, abandonan el enfoque castizo de su disco anterior y vuelven a ponerse el traje de las grandes ocasiones. De nuevo hay varios estilos, y todos ejecutados con categoría: desde ese momento casi Motown (o Jam, si quieren) que es el homenaje a Ulises Montero, fallecido poco antes, hasta el melancólico acordeón portuario de "Como un pez" o la propia melancolía encarada con una actitud despierta, vivaz, en "La sangre de tu tristeza". Y hay otro momento r'n'b en "Rugido de tigre", y en "La fuerza de la costumbre" tenemos un dolorido pero orgulloso canto al desamor en una especie de balada casi a ritmo de marcha triunfal (estaba reciente la ruptura).., y por supuesto el cierre con la canción que título al disco: el broche de oro, además de su single más popular con el paso del tiempo. Ha entrado como ayudante fijo el uruguayo Esteban Hirschfeld, personaje de larga trayectoria que además de sus teclados contribuirá también con el trío en la composición de las letras. No soy yo muy admirador precisamente de las letras de Gabinete, por muy alabadas que hayan sido, pero es cierto que tienen más categoría que la media. Por otra parte, que según algunos fans este sea "el mejor disco en la historia del pop español" ya me parece excesivo; pero desde luego está entre los grandes, y hasta las ventas lo corroboran (ya saben ustedes que no siempre lo mejor es lo más vendido).



La década termina con la publicación de "Privado", que trata de alcanzar la categoría del anterior y a ratos lo consigue. Por otra parte, esa supuesta vuelta a sus querencias "toreras" de la que tanto se habla yo solo la veo en La Canción de Marras (o sea, la del cha cha chá) y de forma abstracta en el cierre con la casi costumbrista "Tomando el airecico". Por lo demás ya digo, este disco es una digna continuación de "Camino Soria" con pocas modificaciones de estilo: "Palabra de honor" es un pop rock muy bien desarrollado, mientras "Amor de madre" se desarrolla en un ambiente acústico casi intimista, a juego con la letra; contrasta con "Profesional", un agradable rock de medio tiempo con arreglos y coros casi épicos. Luego hay un valle, por decirlo así, de tres canciones que arrancan despacio y van cogiendo bríos, y por fin llega mi preferida en toda la carrera de Gabinete: "Solo se vive una vez". Grandiosa en letra y música, en fondo y forma, en la actitud de Urrutia resumiendo el sentir de la generación de los 80... o de cualquier otra. Y luego, ya saben, La Canción de Marras. Creo que fue mal entendida, o tal vez que la tribu de los progres estaba esperando el momento y aquí vieron el cielo abierto. Sí, es otro pasodoble; sí, la letra podría considerarse machista ya con los criterios de entonces; y claro, si a eso sumamos las descripciones de estilo torero, el destrozo es importante. Ahora que ya ha pasado tiempo, supongo que se podrá decir que, sin ser una maravilla, la canción en sí tiene un pase y la letra denota, como muchas otras veces, un tono de coña muy saludable. Pero todo salió al revés, y mientras media España renegaba de la canción (que por otra parte sufrió una sobreexposición desmesurada), otra media de pronto se volvió fan a muerte del grupo. Esa otra media, por lo general clientes del mainstream de los 40 y cadenas afines, no son amantes fiables, y pronto quedó demostrado.



En resumen: que con ese disco y a pesar de las ventas comienza la decadencia de Gabinete Caligari. También es verdad que con la llegada de los 90 la mayoría de los grupos de la nueva ola ochentera han desaparecido ya, porque los nuevos tiempos no son para florituras; pero "Cien mil vueltas", su disco del 91, mereció mejor suerte. Y a partir de ahí ya todo dio igual: "Gabinetíssimo" (95) y "Subid la música" (98) yo creo que sobran, y el grupo se dio de baja poco después. Para entonces mucha gente ni se enteró, pero habían aguantado diez años más que la media.



lunes, 20 de septiembre de 2021

España en los años 80 (IV)

La onda siniestra española alcanza su mayoría de edad en los comienzos de 1982, gracias a aquel Ep compartido entre Parálisis Permanente y Gabinete Caligari; en ese momento ambos grupos muestran una gran identificación con el afterpunk oscuro, y por lo tanto son los dos grandes introductores de ese estilo aquí. Sin embargo ya desde el principio se nota una querencia distinta en unos y otros: por resumir, podríamos imaginarnos a Parálisis como herederos del cruce entre Siouxsie y los Cure mientras que Gabinete, con un criterio más amplio y partiendo de los mismos Cure, llegaban por momentos hasta el tono de unos Joy Division... y ya por entonces se percibía a ratos esa tendencia a lucir el espíritu castizo que será luego uno de sus signos distintivos. En muy poco tiempo Gabinete se convertirá en un grupo irreconocible para sus primeros fans, totalmente "reinventado", por decirlo así. Si algo dejaron claro estos muchachos es que su capacidad de metamorfosis era asombrosa. 

Jaime Urrutia (guitarra y voz), Fernando Presas (bajista) y Eduardo Clavo (batería) son tres universitarios que se conocen desde mediados de la década anterior. Juntos o por separado llevan ya encima una buen colección de pequeños grupos hasta que en 1981 Jaime abandona Ejecutivos Agresivos (otro grupo "seminal", como Kaka de Luxe) y vuelve a reunirse con sus colegas tras la liquidación de Ella y los Neumáticos, donde acompañaban a una jovencísima Christina Rosenvinge. Así que, con unos antecedentes tan poppies, resulta chocante que de pronto, en su "puesta de largo" en el Rock Ola, Urrutia suelte aquello de "Buenas noches. Somos Gabinete Caligari, y somos fascistas". Como era de esperar, ha tenido que explicarlo mil veces: "Fue una pura provocación, claro. Entre el personal que había en la sala, una tropa de medio jipis, y la época (verano del 81, poco después de la intentona de Tejero), se me ocurrió que venía bien calentar un poco el ambiente. El rock es provocación, ¿no?". Aunque, también como era de esperar, muchos progres ya se la juraron ese mismo día; como al Aviador Dro cuando presentaron "Nuclear sí", por ejemplo. Parece que ser progre elimina automáticamente la ironía y el sentido del humor... La cosa da que pensar.

Pero a lo que íbamos: en Enero del 82 llega aquel Ep compartido con Parálisis. Había amistad entre ellos, e incluso Urrutia colaboró en varias ocasiones con Benavente y sus secuaces, así que la creación del sello Tres Cipreses es casi una consecuencia lógica teniendo en cuenta su identificación con el ideario isleño. Y las dos canciones de Gabinete son ya un buen indicativo de que posiblemente su espíritu sea el de un grupo "crossover" más que otra cosa: la composición corre a cargo de los tres y, aunque las letras a veces pueden guardar una cierta similitud con las de Parálisis, tanto el estilo melódico -más cercano al pop- como el modo de cantar de Jaime resultan un tanto indefinibles. Aunque Jaime deberá aprender a cantar, eso también: entre que modula malamente y a veces su ansia por elevar el tono lo lleva al desgañite, el aspecto vocal es manifiestamente mejorable. Ya con la primera, "Golpes", demuestran tener un carácter propio, porque la canción tiene un aire vagamente "latino", con una letra entre amorosa y sadomasoquista que le queda muy apropiada. Y "Sombras negras" sí que recuerda a un cruce entre Joy Division y Cure, aunque de nuevo la personalidad de Urrutia le da un aire distintivo. Por no repetir la portada que acompañaba la entrada de los Parálisis, aquí tienen ustedes la que se publicó en las reediciones.



Poco después llega el segundo single, en el que de nuevo demuestran su personalidad "bifronte", por decirlo en fino. Porque en "Olor a carne quemada", la cara A, vemos una exhibición de sadismo casi de tebeo en el que al protagonista se le va la mano y achicharra a su pareja -con un ritmo del estilo Cure cuando no se ponían muy pesados- mientras que en la B, titulada "Cómo perdimos Berlín", Urrutia nos canta una especie de lamento nazi por eso mismo, por perder Berlín; aunque con el tono casi de coña que emplea, nos quedamos con la duda de si no se estará riendo de todo lo que dice. También es cierto que por lo general los comentaristas musicales se toman muy en serio este tipo de letras, y quizá por eso Urrutia emplea ese tonillo. La letra es una colaboración entre el trío y Lars Mertanen, antiguo guitarrista en la banda de la señorita Rosenvinge y ahora en Décima Víctima. Y ya digo, la canción en sí es uno de los momentos en los que mayor similitud veo entre Gabinete y Parálisis, tanto por las cuerdas como por la base rítmica. En conjunto es un single muy destacable, de los mejores de su carrera, y la confirmación de que siniestros sí que son, pero a su aire. Y se agradece ese tono tan parecido a la despreocupación que acaba convirtiendo el tenebrismo en sarcasmo.  



El año 82 se redondea con un single de tres canciones, de las cuales "Gólgota" es una especie de ejercicio de estilo, instrumental, en el que de nuevo hay un acercamiento al estilo Parálisis. Las otras dos en cambio recuerdan el planteamiento de unos Joy Division en sus primeros tiempos, de onda fría pero con un ritmo muy vivo en "La vida es cruel", que comparte la cara B con la pieza instrumental. En la cara A está "Obediencia y nada más", que a mí me produce sensaciones encontradas: la canción en sí es buena, con un ambiente de tipo atmosférico (otro de los atributos de los Division) que le da mucho cuerpo, pero el ansia de Urrutia por llegar a tonos altos nos deja unos cuantos gallos por el camino. Tal vez hubiese quedado mejor en la cara B y "La vida..." en la A, pero tampoco importa mucho. Ah, y la portada redondea la faena, con ese Brian Jones con uniforme nazi: la provocación es clara y afortunadamente una constante en la carrera de este trío. Hacen su entrada en 1983 como uno de los más valorados entre las huestes alternativas madrileñas, así que el salto al disco grande ya comienza a hacerse de rogar. Sin embargo llevan un ritmo de actuaciones bastante nutrido, y su entrada en el estudio no será hasta el otoño.



"Que Dios reparta suerte" es el título de ese esperado primer Lp, que refleja muy bien la transición en la que andan. Y la mejor prueba es ya el arranque con "Tierra de nadie", cuya letra a mí me parece una buena alegoría de su situación en ese momento y cuyo ritmo, muy vivo, despierto, fresco, no se parece ni a lo que han hecho antes ni a lo que harán después. Tal vez por eso es una de mis preferidas de este disco, y yo diría que de este grupo. Sin embargo el personal quería ver otra cosa: según las tendencias de cada uno, aquí de lo que se trataba era de ver cuánto de siniestro y cuánto de racial había en la composición química del disco. Y aunque es verdad que algunas canciones todavía pueden encuadrarse en el estilo anterior del trío, como "Grado 33" (sobre todo esta), "Maquis" o "Héroes de la URSS", el caso es que, casi diluidas en el tono general con que nos obsequian ahora, suenan un tanto ajenas al conjunto... o contaminadas por él, que también puede ser. No sé cómo decirlo; la idea adquiere más peso si recurrimos a la versión que hacen de "Un día en Texas", de sus amigos los Parálisis. Ahí vemos una pieza que en origen es puro afterpunk convertida en una especie de rockabilly vitaminado, más acorde con los estilos tradicionales pero igual de potente. Y luego, ya saben, esas exhibiciones de "rock torero" según bautismo de Patricia Godes o Francisco Umbral, que no está claro, en la canción que da título al disco, "Sangre española" y algunas más; especialmente la primera, con su despliegue de castañuelas y saxo, es la que ha quedado como distintiva, no sé si para bien o para mal. No hay duda de que Gabinete Caligari está entrando en un terreno difuso entre swing, tango y pasodoble en el que ningún grupo español de los últimos veinte años se había atrevido a entrar, y eso demuestra valor. Como consecuencia inmediata la tribu siniestra se va alejando de ellos, pero esa nueva actitud parece causar buena impresión en otros tipos de aficionados.



No queda más remedio que esperar al disco siguiente para ver por dónde piensan seguir su camino, así que la próxima semana volverán por aquí. Sin ser de mis grupos preferidos pienso que los Gabinete, gusten más o menos, desarrollaron su carrera buscando una continua evolución, lo cual les hace más interesantes que la media; tal vez por eso duraron más que la mayoría de sus coetáneos.