lunes, 8 de noviembre de 2021

España en los años 80 (XI)

Que en la "Movida madrileña" hayan convivido en sus inicios gentes tan diversas como Parálisis Permanente, La Mode o el Aviador Dro significa que, dejando aparte los estilos musicales de cada cual, por encima de todo había un espíritu de colectividad, de pertenencia a una especie de secta al margen del mainstream. Pero eso implicaba también que había un cierto elitismo de clase, por decirlo así: los que habiendo surgido de dicha colectividad intentaron alcanzar las listas de éxitos con un estilo más tradicional, más estándar, eran frecuentemente demonizados. Y si ese estilo resultaba un tanto melódico de más, melancólico, sentimental incluso, la cosa se ponía peor. El asunto llegó a adquirir tintes de confrontación, no necesariamente violenta pero sí con un cierto tono de sarcasmo o desprecio que con frecuencia era recíproco. Y esa confrontación se simboliza en la existencia de dos bandos muy definidos: Las Hornadas Irritantes vs. Los del Pop Baboso. Los primeros, supuestamente los guais, eran gente muy simpática y gamberra cuyos estilos musicales andaban entre el punk pop, el rock contrahecho -a veces con ínfulas vanguardistas- y unas gotas de anarquía, mientras los otros solían ser buenos músicos con tendencia a la rama pop de la new wave, con arreglos cuidados, voces sentidas y gusto por la perfección de conjunto. Ni que decir tiene que las Hornadas gozaban de mayor popularidad entre el personal nocturno de los garitos de Malasaña, pero los otros sonaban mejor y vendieron bastante más. Y ambos bandos tenían su parte de razón: los músicos de las Hornadas por lo general no eran ninguna maravilla, por mucha gracia que nos hiciesen, mientras que los otros un poco babosos sí que resultaban a veces. Con frecuencia se incluía en uno u otro bando a músicos que pronto demostraron ir completamente a su aire, así que, con el paso de los años, el listado más o menos "canónico" fue aligerándose y hoy en día es muy fácil distinguir con claridad a unos de otros citando a los dos más representativos de cada bando: hoy, por el sector de los "babosos" nos visitan Los Secretos.

Recordarán ustedes que aquel concierto celebrado en Febrero de 1980, que agrupó a un buen número de los nuevos músicos madrileños y que se considera hoy en día como el acta fundacional de "la Movida", tuvo como motivo principal el homenaje a Canito, batería del grupo Tos, muerto en accidente de tráfico poco antes. En ese grupo militaban junto a él los hermanos Urquijo: Álvaro y Javier como guitarristas y Enrique al bajo. Por lo tanto podría parecer que pertenecían a esa supuesta élite modernilla, pero ya por entonces Alaska dijo que en aquella reunión había mucha gente distinta, no necesariamente unida por más vínculos que el dolor ante la muerte de un amigo. Y así era: los Urquijo venían de otro ambiente, tenían vocación profesional y desde pequeños habían sentido fascinación por los instrumentos musicales además de disfrutar de la buena colección de discos que tenía su padre, un ingeniero que por su trayectoria laboral casi nunca estaba en casa. Tras la muerte de Canito deciden cambiar el nombre del grupo y pasan a ser Los Secretos. Buscan nuevo batería y dan con uno que además también compone y tiene buena voz: Pedro Díaz. Las voces principales suelen ser las de Enrique y Pedro, y todos componen salvo Javier. Su buena técnica y algunas canciones con gancho que ya habían perfilado en su antiguo grupo (que no grabó nada oficial, aunque luego se publicaron algunas maquetas) interesan a algunos sellos muy pronto, lo cual les permite elegir. Y se deciden por Polydor.

Su discografía comienza con un Ep de cuatro canciones publicado a finales de ese mismo año, en el que ya figuran dos de las que cimentarán su leyenda: "Déjame" y "Sobre un vidrio mojado". La primera es propia y ya era fija en el repertorio de Tos, mientras que la segunda es una versión de los uruguayos Kano y los Bulldogs, de diez años antes: se la había recomendado Juan de Pablos, que supo ver lo bien que podía sentarles esa melodía. "Déjame" se convirtió al momento en una especie de santo y seña del grupo, tal vez la canción más recordada de toda su carrera, aunque la otra no le va a zaga porque, con pequeños cambios y haciéndola más ligera, más "aérea", por decirlo así, consiguieron hacerla suya. Los Secretos pasan a ser preferencia destacada entre las emisoras, discotecas y bares modernos del país, y la tirada se vende a toda velocidad; lo cual ilusiona al sello, que les urge a grabar inmediatamente un Lp mientras que intenta hacer caja de nuevo lanzando un single con "Déjame" en la cara A (aunque la mayor parte de los fans ya tenían el Ep, y no picaron). Esas prisas, que se substancian por contrato en la publicación de un Lp anual, acabarán volviéndose contra el grupo, pero de momento la cosa va viento en popa: solo tres meses después, en la primavera del 81, llega el primero de esos discos grandes, homónimo, confirmando que había nacido una estrella. Se incluyen las tres mejores canciones de aquel ep, y el resto del material es de igual categoría; casi todas pertenecen a la época de Tos y gracias a eso ya estaban muy rodadas, así que no necesitaron mucho tiempo para grabar. Por otra parte dignifican a aquel primer grupo, cuyo nombre no ha quedado impreso en la funda de ningún disco por culpa de una tragedia (este va dedicado a Canito, de quien se incluyen dos canciones). Y ahora habrá que definir esa música que crearon los Urquijo y sus dos primeros baterías, a ver si así conseguimos entender por qué los modernos les tuvieron tanta manía. La respuesta es, en el fondo, bastante simple: la mayor parte de los grupos de la Movida, el ambiente general de aquella época, estaba influenciado por la new wave británica, algunos grupos germanos electrónicos y el toque cultureta neoyorkino de Talking Heads o Television, mientras que Los Secretos -por resumir- son una banda "californiana", para bien y para mal. Esa Hofner de doce cuerdas, por ejemplo, está ahí por algo: es de segunda mano, aún no tienen dinero para una Rickenbaker, pero ya se les ven las intenciones. Hay un toque new wave y también es verdad que se notan algunas influencias de los Byrds, pero sobre todo de los músicos de la costa oeste en los años 70, desde Tom Petty a los Eagles, la segunda época de los Flamin' Groovies e incluso algunos contemporáneos isleños como Lowe o Costello (que a su vez eran de clara inspiración tradicional americana). O sea, que jugaban en otra liga; ni mejor ni peor, simplemente al margen de la "actualidad" madrileña más moderna. Y eso no se paga con dinero (el disco fue un éxito a nivel nacional), sino con pérdida de "prestigio callejero".  



Las prisas del sello hacen que el grupo entre a grabar su segundo disco con el material muy justito y a medio hacer. Se publica justo un año después que el primero, se titula "Todo sigue igual" y la sensación es de un cierto desencanto. El productor sigue siendo Juan Izaguirre, pero el sonido parece un poco más apagado, involuntariamente a juego con las canciones que contiene. Y no es que sea un mal disco, sino que parece mantener el tipo sin más: hay canciones como la que le da título, "Problemas" o "Ha llegado el fin" que mantienen el nivel, pero otras son un poco redundantes; por no hablar de las letras que, ahora sí, comienzan a resultar ya un tanto lloronas de más. Y no sé lo que opinarán ustedes, pero la versión que hacen de la emocionante "Ráfagas", para mí sobra: no es su estilo, no deberían haberla hecho. Por entonces ya se les notaba muy dolidos con el trato que recibían de la mayor parte de la prensa moderna y en general de los personajes de la Movida (el término "babosos" ya era de uso común), pero desde luego este disco no ayudó a mejorar las cosas. Y tampoco las ventas les acompañaron; es decir, que el mismo público que adoraba su primer disco esta vez no se gastaron el dinero, así que solo pueden echarle la culpa -una parte de ella- a Polydor. Y es lo que acabaron haciendo, tiempo después: les hubiera gustado un ritmo de composición más lento, madurando las melodías y los arreglos (algo que ahora resalta más, por comparación, oyendo de nuevo su primer disco). Por otra parte la verdad es que mucho tiempo libre no tenían, porque gracias al rebufo de aquel primer disco el ritmo de actuaciones era intenso.



Teniendo en cuenta que en 1983 publicarán un nuevo disco -ya saben, el contrato-, hay que ponerse las pilas: Polydor está perdiendo la confianza en ellos y la promoción del segundo ya había sido deficiente, además de tener en contra a la mayor parte de la crítica "entendida". Pero hacen de la necesidad virtud, y en "Algo más" reorientan su carrera haciendo el sonido un poco más denso (aunque con el mismo productor) y acercándose al country; es significativo que "No me imagino", la más "radical", con el protagonismo estelar de un banjo en versiones cantada e instrumental (está presente un grupo de bluegrass), sea justo la elegida para su primer single, intentando que radios y fans de ese formato queden enterados del cambio. La sensación se afianza poco después con "Hoy no" como cara A del segundo, que incluye dobro y todo (la B, con "En el bar" es más clásica pero rockera, evitando ñoñerías). También hay una armónica en "A callejear", versión pasable de una original de los Mamá que no fue publicada en su momento y que se ajusta bastante bien al estilo tradicional de los Secretos. Llama la atención por otra parte el aumento del protagonismo de Eduardo Urquijo, que aquí es el compositor principal con mucha diferencia. la mayor parte de las canciones son exclusivamente suyas; también parece ser idea suya la portada, aunque no le veo mucho sentido. Pero en resumen creo que este disco es mejor que el anterior, con más cuerpo y menos blandenguería; lo cual no les sirvió de mucho, ya que entre la inquina general y el desdén de Polydor resultó ser el menos vendido de los tres. Por otra parte terminaba el contrato con el sello, lo cual ya no estaba claro si era bueno o malo.



La primera época de Los Secretos termina en 1984. Tras unas cuantas actuaciones que los mantienen ocupados durante unos meses llega una nueva tragedia, otro accidente de tráfico que se lleva a Pedro. Por esas fechas Javier, que tenía frecuentes discusiones musicales con Enrique, cada vez más orientado hacia la onda country, se marcha a la mili anunciando que no volverá al grupo (durante muchos años se dedicará a la fotografía). Durante ese año y el siguiente Enrique planea crear uno nuevo, pero al final seguirá en los Secretos junto a su hermano Álvaro y algunos músicos reclutados. Consiguen contrato con Twins y debutan en 1986 con un mini Lp. compuesto casi íntegramente por canciones de Enrique y en el que la influencia Petty/Eagles con tonos fronterizos es muy nítida. Aquí se bifurca el camino de los fans: unos los siguen a muerte y otros los abandonamos. Desde el punto de vista de los Urquijo su decisión fue la correcta, porque es a partir de entonces cuando su carrera despunta: ya es otra época y el público de las grandes giras es muy fan de este tipo de estilos. No hay nada que objetar.



martes, 2 de noviembre de 2021

España en los años 80 (X)

Una de las características comunes a las nuevas olas de los años 80 en los países occidentales es el auge de las músicas electrónicas. Los teclados de ese tipo se convirtieron en acompañantes de gran parte de los grupos de entonces, fuesen siniestros o poppies, y como era de esperar algunos de ellos hicieron de esos instrumentos el apoyo central de su música. La electrónica, que surge ya a mediados de los años 60 gracias a los melotrones, los moog, algunos visionarios como Pierre Henry (el padre de la música concreta) y varios directores de orquesta "reconvertidos", alcanza su mayoría de edad en los 70 con algunos grupos kraut en un variado abanico que va desde el free rock de CAN o NEU! hasta el tecno de Kraftwerk. Luego llegamos a los albores del punk con entidades como el dúo Suicide, y de ahí a la new wave con un buen puñado de grupos tanto isleños como estadounidenses. Todos ellos sirven de inspiración para Servando Carballar, un visionario nacional que ha pasado a la historia (entre otras cosas) por ser el creador y líder de El Aviador Dro y Sus Obreros Especializados, una formación que todavía hoy sigue en activo. Carballar es un laborioso personaje que al mismo tiempo creó uno de los primeros sellos discográficos independientes de España: Discos Radioactivos Organizados, o sea, DRO, que con el tiempo se convirtió en un verdadero poder alternativo a los grandes. Y más cosas: tiendas y distribución de cómics, juegos, etc. O sea, que este señor es todo un mundo alternativo, aunque por supuesto nosotros nos limitaremos a reseñar con brevedad sus comienzos musicales.

Carballar viene de una familia artística: sus padres había creado una "compañía" de títeres y muñecos tradicionales con la que recorrieron medio mundo además de ser estudiosos, entre otras cosas, de filología y teatro clásicos. Y desde pequeño los acompañó con frecuencia en sus giras por Europa y Estados Unidos, así que su gusto por los juegos escénicos es fácil de entender. Ya en el bachillerato comenzó a organizar fanzines, alguno de los cuales llegó a tener un cierto protagonismo, y en 1977/78 (contemporáneo a Kaka de Luxe, por ejemplo) organizó su primer grupo: Alex y los Drugos, es decir, un homenaje a La Naranja Mecánica. Un año más tarde, ya al frente del Aviador Dro (en honor a la pieza futurista de Francesco Balilla), comparte ensayos en el Ateneo de Prosperidad con los De Luxe o Radio Futura, lo cual significa que antes de comenzar la nueva década ya están integrados en ese mundillo artístico madrileño que ha de protagonizar los próximos años. Y parece evidente que la influencia de los Devo es decisiva, ya que él y sus compañeros salen al escenario uniformados como obreros industriales -una idea recurrente en el grupo-, haciendo gestos entre automáticos y espasmódicos muy a juego con una base "filosófica" según la cual ellos son un grupo de mutantes que van desgranando sus ideas en las letras de sus canciones. 

Pero ya saben ustedes que lo que cuenta aquí es el repertorio, así que vamos con su bautizo discográfico: después de algunas maquetas que se escuchan con frecuencia en Radio 3, en verano de 1980 consiguen un tercer puesto en el I Concurso de Rock Ciudad de Madrid (precedidos por dos grupos rockeros a la vieja usanza, lo que acrecienta su "hazaña"), y eso les da la oportunidad de grabar algunas canciones para Movieplay. Dos de ellas se publican poco después en un primer single cuya cara A es "La Chica de plexiglás", y ya en el 81 el segundo viene protagonizado por "La visión" como pieza principal. Entre esas nubes de teclados y cajas de ritmo electrónico hay, además de ritmo, melodía y mucha coña futurista en las letras. Decididamente, son un grupo de tecno pop con garra y muchas posibilidades en las pistas de baile; mutantes electrónicos tal vez, pero sin nada que envidiar a los grupos "normales".



Para entonces son ya un grupo más o menos estable que se enmascara no solo en sus trajes de PVC, sino también nominalmente: Carballar "se llama" Biovac N, y sus acompañantes responden a nombres como Fox Cicloide, Metalina 2, Multiplexor y otros cuantos que van entrando o saliendo. La apatía de Movieplay, que no se preocupó lo más mínimo por la promoción de los dos singles, había quedado atenuada por el "boca a boca", gracias al cual se vendieron bastante bien. Y el paso siguiente es crear su propio sello discográfico: a principios de 1982 y junto con Arco Iris (la teclista Marta Cervera, su compañera), presentan el nuevo disco del grupo bajo la marca DRO. Ese sello resultará ser fundamental en el desarrollo no solamente de la nueva ola, sino de muchos grupos que vinieron luego; su enorme crecimiento fue incluso inesperado para los propios creadores, que años después se desentendieron de él. El disco es un Ep con tres canciones -la portada coloreada a mano y unos cuantos panfletillos explicando el "cuerpo de doctrina" de los Dro- en el que destaca la inolvidable "Nuclear sí", una de las piezas definitorias no solamente del pop electrónico español, sino también de la nueva ola en su conjunto. Porque aquí, además del ritmo casi de medio tiempo pero que resulta venenoso, tenemos una letra tremendamente irónica pero que como era de esperar resulta conflictiva para el sector de oyentes con piel fina: eso de "Nuclear sí, por supuesto / Nuclear sí, cómo no", sentó como un tiro en algunos ambientes. Y definitivamente contribuyó a "encapsular" al grupo como una de las propuestas más radicales y valientes del momento: por entonces habían reunido ya un buen número de "publico enemigo", puesto que los nuevos escandalizados se sumaban a los rockeros auténticos que ya les habían estado arrojando cosas en sus primeros conciertos (en Barcelona la Trapera llegó a boicotearlos); por contra, los fans de la Movida y modernos en general los adoraban. Las otras dos piezas no llegan a su altura, pero sorprende tanto la estructura como la letra de "Varsovia en llamas", que podría recordar los primeros tiempos de los siniestros Parálisis o Gabinete y que confirma el hecho de que en los orígenes de todos estos grupos había muchas ideas compartidas.




En otoño del 82 llega un maxi single titulado "Programa en espiral", que es la destacada en un grupo de cuatro canciones; ya se nota mejor sonido que en los discos anteriores, más nitidez y un airecillo pop muy refrescante. Y el año se cierra con su primer Lp, titulado "Alas sobre el mundo" y una portada casi naif/industrial, casi de tebeo, que le da un tono de encantadora inocencia. La apertura viene a lo grande, con "Brigada de demolición", una de mis preferidas tanto por su ritmo como por su letra, un perfecto resumen de la filosofía del grupo, uno de sus momentos más brillantes. En general se nota que Devo es la base de sus influencias escénicas e "ideológicas", pero en lo estrictamente musical están más cerca de algunos grupos europeos contemporáneos como Ultravox o la mayoría de los alemanes. De todos modos saben darle el toque único, y sobre todo añaden un componente pop en las melodías que se irá perdiendo con el paso del tiempo, cuando los Dro se vayan haciendo más y más electrónico/rítmicos, buscando el sonido de la discoteca contemporánea antes que el de la radio. De todos modos saben nadar y guardar la ropa muy bien, ya que son una de las referencias infaltables en el mítico "Diario pop" de Radio 3, donde conviven sin apuros junto a propuestas tan lejanas a ellos como los poppies tristones pero elegantes, las Hornadas Irritantes o los punkies de toda condición. Qué variedad tan maravillosa, qué tiempos aquellos...


Sin embargo, pronto comienzan a definirse con más claridad las posturas de unos y otros: tras una época de asentamiento, en 1983 El Aviador Dro ya es un grupo con su propio mundo y su propio sector de fans. Su orientación hacia la discoteca de vanguardia queda confirmada con la publicación de dos Lps en el mismo año, dos discos complementarios, de títulos "Tesis" y "Antítesis", de los que algunos ya comenzamos a distanciarnos. Y a partir de ahí seguirán su camino, muy jaleados por un enorme sector de fans, tanto españoles como extranjeros (hay una verdadera liga aparte para este tipo de oferta). Nosotros nos despedimos de ellos con dos pequeñas maravillas que cerraban aquel año 82 tan fructífero: su participación en el legendario Lp colectivo "Navidades radioactivas" y una de las cuñas que durante más tiempo estuvo sonando en "Diario pop", programa en el que era costumbre que algunos grupos, en agradecimiento por su labor divulgativa, colaborasen grabando sintonías para el programa.