martes, 29 de septiembre de 2009

Syd


Roger Keith Barrett (1946-2006)


La verdad, Syd, es que tú mismo te reirías de esa fecha oficial: 2006. Tú llevabas más de treinta años muerto: desde los 70 estuviste vegetando. Te reirías si fueses consciente de qué es la risa, o de qué es una fecha, de qué es qué. Uno de tus discos en solitario se titulaba "El chiflado se ríe", así que no hace falta más abundamiento en el tema: chiflado. Menudo plan. Las drogas son muy malas, Syd. Y a algunos les sientan peor que a otros; a ti por ejemplo te sentaron fatal. Bueno, qué te voy a decir que no sepas tú, si es que por ahí arriba sabes. Igual aún andas zumbado.

Sí; con ver esa mirada, esa distancia, ya se imagina uno que la tuya es una historia muy triste. Corta y triste. Tú fuiste una de las mayores luminarias de la psicodelia británica, si no la mayor. Tú eres el símbolo de una época e incluso de una clase social, la juventud medioburguesa que en los años 60 tomó el mundo: de buena familia, con estudios, diletante en teatro y poesía, músico de casualidad pero músico al fin... necesitado de nuevas experiencias, de verlo, oírlo, probarlo todo. Y vaya si lo probaste, hasta quedar vacío. Viniste de tu Cambridge natal a Londres a estudiar pintura, pero pronto lo dejaste por la guitarra. Y entonces te encontraste de nuevo con Roger, al que habías conocido en el Instituto, y Roger te presentó a Rick y a Nick, universitarios contraculturales como Roger. Llevaban tiempo intentando formar un grupo, pero el puesto de guitarrista-cantante no lo tenían claro. Y ya digo, apareciste tú, un torbellino de ideas; tantas que hasta les diste el nombre para la banda: te acordaste de los viejos bluesmen Pink Anderson y Floyd Council y en su honor le dijiste a Roger: oye, ¿qué tal si nos llamamos Pink Floyd?

Pues ya está: Pink Floyd. 1967. Llegados a este punto yo creo que ya no hace falta decir nada más. Sólo recordar que la mayor parte de las canciones de su primer LP eran tuyas; que la primera de ellas, "Astronomy domine" es probablemente la más grande de todas las canciones psicodélicas, y mira que hay canciones... que ya antes de eso habíais editado tres singles, de los cuales dos eran tuyos también. Y que, por resumir, teniendo en cuenta que la psicodelia es un género de singles, vuestro LP es uno de los cuatro o cinco que han quedado para la historia. Tú eras la máquina de crear y Roger era el director. Todo iba bien.

Pero tú te exigías cada vez más, necesitabas superarte, convertirte en el ángel de la luz, y eso es muy duro. El LSD era tu alimento, la locura sintetizada, el viaje contínuo, y los viajes son caros: pronto empezaste a tomar tranquilizantes, unas pastillas compensaban los efectos de otras, tú estabas pero no estabas; hubo conciertos en los que, completamente lelo, apagabas la guitarra o te quedabas tocando una sola nota, pensativo, mirando al techo. Tus compañeros, mucho más serios que tú, mucho más profesionales, se desesperaban. Y luego declaras que estás muy interesado en los viajes astrales, y que el LSD es una llave, y etc etc. Claro, Roger y los demás se asustan: el prestigio de la banda en directo anda por los suelos. Así que para cuando te dé la ventolera fichan a David, que te cubre cuando tú deambulas por el escenario, y luego al otro David; y al final ya no aguantan más y un día te dejan tirado y se van a tocar a Southampton sin ti. Era Enero del 68. En ese año salió el segundo LP del grupo y tu participación ya fue pequeña. Tu etapa con los Floyd había acabado.

Luego sacaste dos discos a tu nombre, el primero de ellos con el título de "El chiflado se ríe"; tus antiguos compañeros te ayudaron en la producción, incluso tocaron en casi todas las canciones. Algunas eran buenas, de tu época brillante; otras, sencillamente, eran un coñazo. Tú ya habías comenzado el camino hacia las sombras hacía tiempo, y no volviste. Esos dos discos se vendieron porque eran tuyos, no porque fuesen realmente buenos, pero en fin... y el resto de tu carrera musical es anecdótico: algunas apariciones esporádicas solo o con los Pink Fairies -otra cuadrilla de chiflados-, luego un intento de grabar un tercer disco, que al final quedó en nada, y poco más. Por fin, justito de dinero, te retiraste a vivir en casa de tu madre. Las pocas fotos que hay de ti en los años 80/90 son patéticas: gordo, casi calvo, ido. Que los médicos no se pusiesen de acuerdo en si fue catatonia o psicosis ya da igual: fue el LSD. David asegura que tus derechos de autor se te pagaron siempre, y puede que sea cierto; aunque en tu estado ya no necesitabas mucho.

Y finalmente un cáncer amable te llevó; se llevó tu cuerpo, claro, porque otra cosa no quedaba. Dicen que no te acordabas de nada, que no sabías ni quién eras ni quién habías sido. Terrible. Tus compañeros te dedicaron un disco, deprimente por cierto, aunque a la gente le gusta mucho: se llama "Ojalá estuvieses aquí". Ese título suena un poquito a culpabilidad. Una canción de ese disco se titula "Brilla, diamante loco"...

Que te vaya bien, Syd. Que brilles ahí tanto como aquí. Es lo tuyo. Una pavesa, una chispa, un rayo, todo aquello que sea resplandor fugaz lo fuiste tú.
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Diccionario de urgencia

(George) Roger (Waters): bajista y voz de Pink Floyd. Director de la banda en sus años de oro.
Rick/Richard (Wright): teclista de Pink Floyd. Murió el año pasado, a los 65. Cáncer, también.
(Nicholas Berkeley) Nick (Mason): batería de Pink Floyd.
David (O'List): ex-guitarrista de Nice (la primera banda famosa de Keith Emerson).
David (John) Gilmour: guitarrista de Pink Floyd tras la marcha de Syd.


viernes, 25 de septiembre de 2009

Brian


Brian Samuel Epstein (1934-1967)



No, esta vez no se trata de un músico. O sí. Porque gusto y formación musical tenía. Puede que algunos lo descubran ahora, mirando la foto de arriba y preguntándose quién coño es el tipo ese que está al fondo, detrás de esos cuatro muchachos tan conocidos.

Exactamente: detrás. Brian fue su manager hasta 1967; dicho así, no parece que tenga demasiada importancia. Pero de no ser por él posiblemente nunca habríamos conocido a los Beatles, posiblemente la historia de la música popular iría por otro camino, desde luego no tan luminoso. Él fue tan importante o más que la mayor parte de los músicos que conocemos, porque tuvo el valor de apostar por un grupo al que nadie conocía fuera de Liverpool. Así que un respeto al señor Epstein, cuya trágica vida y muerte quedó oscurecida por el fulgor de los cuatro de delante. Y aunque no tengo necesidad de dar explicaciones (en cristiano: este blog es mío y pongo lo que me da la gana), me gustaría recordar que los muertos de cualquiera no son siempre, o no son solamente, los más queridos sino también los más respetados.

Los Epstein son una familia judía rica, comerciante, propietarios de una gran tienda de muebles e instrumentos musicales en Liverpool cuando nace Brian. El chico, de inquietudes artísticas desde pequeño, comenzó a estudiar Arte Dramático, pero lo dejó cuando su padre lo puso a trabajar en la tienda: era el mayor y prácticamente no podía negarse. Pero también tenía aficiones musicales, y era un poquito rebelde. Así que, a pesar de su formación clásica, también le gustaba oir los sonidos nuevos que se cocían en la ciudad; procuraba estar al tanto de las novedades e incluso escribía una columna en "Mersey Beat", la revista yeyé de Liverpool. Por esa época sus padres abrieron una tienda nueva y allí se fue, de jefe, como debe ser.

Y un día... llega alguien preguntando por "My Bonnie", de Tony Sheridan y los Beatles. ¿My qué..? Pues no, lo siento, ese disco no lo tenemos (Grabado en Alemania, dice... vaya usted a saber). Y la cosa hubiera quedado así de no ser porque, pocos días después, llegó otro preguntando por el mismo disco. Y eso sí que ya no: Brian se informa, es un tío profesional, ¿tocan en la Caverna, dices? Pues allá me voy. Y allá se fue. Y lo que vio no es que le convenciese mucho, pero notó algo; no sé, un feeling diferente, una actitud sobresaliente en estos chicos, alguno ni siquiera sabe tocar, pero qué planta, qué valentía... y habló con ellos: tiene amigos, tiene contactos, les puede lanzar... y ellos, claro, dijeron que sí.

Brian tenía amigos, tenía contactos... pero en su vida había llevado un grupo, ni se lo había planteado siquiera: eso le da más valor aún a su hazaña. Sin saber nada del negocio, lo que sí tuvo claro es que aquellos muchachos tenían futuro si los ponía en buenas manos. Y habló con sus amigos de la Decca, les llevó unas maquetas y dijeron que no: las bandas con guitarra no tienen futuro, Brian. Pues muy bien, me voy a otra, y a otra... y por fin a la EMI. Dio la casualidad de que en un sello subsidiario de EMI, la Parlophone, trabajaba George, un técnico de sonido que al igual que Brian sabía mucho de música clásica pero muy poco de música moderna. Pero los oyó y le dijo: pues sí, estos chicos tienen madera; bueno, hay que echar al batería y traer otro... pero tienes razón Brian, me gustan. Aquí hay algo.

Y ahí comienza la historia de los Beatles. Que ya digo, a lo mejor nunca hubieran sido nada sin Brian: él se encargó de comprar cantidades industriales de "Love me do", su primer single, para que entrase en las listas, y a partir de ahí ya fueron número uno. Él controló su imagen, sus vestidos, sus declaraciones a la prensa, como niños pequeños a los que hay que ir guiando. Él se enamoró de su música y de John... y no es elegante sacar ahora historias sucias a la luz, pero John se aprovechó de él. John no es el santito pacifista que la gente cree.

En fin, vamos a dejar eso. En 1967 los Beatles ya son lo que son, y el contrato de cinco años se acaba; es posible que lleguen a un acuerdo para renovarlo, pero ese grupo ya no necesita niñera... o eso creen ellos. Brian se sienta y se queda pensativo: probablemente ya todo acabó. Ese ensueño. Eres un judío maricón, depresivo, no te quedan más juguetes, las otras bandas a las que dirigiste a partir de los Beatles ya no existen y, en cualquier caso, ninguna fue como ellos. Míralos ahora, en la India, con el guru, con la pandilla de músicos colegas, oyendo las tonterías de un estafador. Ya no tienes poder sobre ellos Brian, vuelan solos, John nunca será tuyo... se acabaron las ilusiones. Mejor quitarte de enmedio que seguir envejeciendo, recorriendo el camino hacia la vejez victoriana que tu apellido preconiza. Muere joven y harás un bonito cadáver.

Y eso hiciste. Y los Beatles siguieron adelante, manejados luego por Allen, un gangster que ya había dirigido a los Stones -bueno, Paul no quería ficharlo pero John insistió-, metiendo la pata hasta las cachas con Apple, con sus filmes pseudo sicodélicos para televisión, con sus tonterías de niños ricos. Menos mal que la música los siguió salvando hasta que apareció Yoko, y luego Linda, y los egos de John y Paul explotaron. Ya no estabas tú para arreglar los problemas, Brian.

Un saludo. O un beso, no sé. 


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Diccionario de urgencia

Tony Sheridan: de nombre real Andrew Esmond Sheridan McGuinnity, fue un rockero británico que consiguió fama en Alemania con unos cuantos discos. En uno de ellos le acompañaron unos jovencísimos Beatles que por casualidad estaban haciendo giras por Hamburgo, donde se curtieron a fondo. De ese LP salió "My bonnie"
La Caverna: local de actuaciones infecto donde los Beatles se hicieron, definitivamente, unos hombres.
George (Martin): ingeniero de sonido que pulió a los Beatles hasta hacer que su sonido fuese el que fue. Sobre la famosa teoría de quién merece ser llamado "el quinto Beatle", si Brian, George o incluso algunos músicos como Billy Preston, yo diría que es una suma de Brian más George.
Pete (Best): primer batería de los Beatles, bastante flojo. Fue sustituído por Ringo Starr a indicación de George Martin, aunque los demás Beatles probablemente ya no necesitaban esa indicación: sabían que Pete no daba la talla antes de que nadie se lo dijese.
John: Lennon
Paul: McCartney
Apple: la famosa casa de discos y otras cosas montada por los Beatles, que fue un desastre comercial.
Allen (Klein): manager americano que dirigió a los Stones y luego a los Beatles a la muerte de Brian. Ya digo, un gangster.
Yoko: Ono
Linda: de apellido Eastman (de la familia Kodak) cambió a McCartney al casarse con Paul.