lunes, 26 de octubre de 2020

1980-81 (XIV)

Los Pretenders, claro que sí. No podían faltar en un local como este. Con el paso del tiempo parece que se ha difuminado un poco la memoria de su embrujo, ya que su época más brillante fue corta; luego, como suele suceder, llegó la mucho más amplia fase de rentabilización de aquella memoria. Es una banda atípica por varias razones: no solamente porque su líder, compositora principal, cantante y guitarra rítmica es una mujer -algo infrecuente por entonces, y aún ahora- sino también porque esa mujer es una yanqui con espíritu británico, una especie de heredera de los antiguos músicos americanos de garaje que vieron la luz gracias a la famosa Invasión de quince años antes. La adorable Chrissie Hynde es además una mujer guerrera, de carácter fuerte, con ideas originales (discutibles o no es otro asunto) sobre muchos aspectos de la vida; pero en el que nos incumbe es una fuente de conocimiento sobre la música isleña. Y ese conocimiento, actualizado por el ambiente punk y new wave de finales de los 70, le dio la inspiración necesaria para crear al menos dos de los discos más memorables de aquellos tiempos. Dos discos británicos, por supuesto. 

Tal vez esa sucesión de rarezas se deba, en parte, a que la señorita Hynde nació en Akron, Ohio. Es una ciudad industrial que destaca por ser uno de los principales centros de fabricación de neumáticos en Estados Unidos; pero también porque allí surgen músicos un tanto extraños, como aquella banda de marcianos electrónicos llamada Devo, o, mucho después, fuera de época, unos fanáticos del blues rock como los Black Keys. El caso es que ya en la escuela la pequeña Chrissie suspiraba embelesada con algunos nombres fantásticos como Kinks, Beatles, Rolling Stones... Incluso sus bandas americanas preferidas, como los Stooges o la Velvet, eran más valoradas en la Isla. Y cuando a los doce años le pidieron que hiciese un poema basado en su palabra favorita, resulta que esa palabra era "Inglaterra". Evidentemente, su futuro estaba allí. Pero no le resultó tan fácil. El primer viaje, con veintiún años, fue en 1973; justo por entonces terminaba una época gloriosa, y comprendió que su idea de la Isla estaba un poco desfasada. Después de unos cuantos trabajos dispares, incluyendo unos cuantos artículos en el New Musical Express o como dependienta en la tienda de Malcolm McLaren, la desilusión la devolvió a su país: aún no era el momento. 

Pero la cabra tira al monte, y no tardó mucho en intentarlo de nuevo. Tras un breve paso por París, a finales del 75 está de vuelta en la Isla. Ya era conocida en el naciente mundillo punk gracias a la tienda de McLaren, e incluso llegó a participar en los comienzos de los Clash o los Damned (además de intentar enseñarle a tocar la guitarra a Johnny Rotten). Con ese bagaje comienza a elaborar maquetas que Dave Hill, su mánager, va presentando en los sellos al mismo tiempo que le busca músicos estables y por fin, tres años después de su segunda llegada, ha conseguido una agrupación compuesta por James Honeyman-Scott como guitarra solista, Pete Farndon al bajo y Martin Chambers en la batería; curiosamente, los tres eran amigos y originarios de Hereford. Ella es la cantante, guitarra rítmica y compositora principal; decide bautizar al grupo como Pretenders en honor a "The great pretender", la clásica de los Platters que era además la canción preferida de un antiguo novio suyo. Un chico afortunado: teniendo en cuenta la cantidad de novios que ha tenido doña Cristina, este consiguió, aunque fuese indirectamente, aunque no sepamos su nombre, pasar a la posteridad. La primera grabación es otro homenaje, esta vez de doña Cristina a los Kinks, uno de sus mayores ídolos: "Stop your sobbing", la perfecta demostración de que ya tenían un estilo, porque quien no conozca la versión original nunca diría que es de los Kinks (y es fácil reconocer en esas guitarras la influencia de los Byrds). El single se publica a principios del 79; para redondear la fantasía se ha grabado en un estudio del sello Pye y la produce Nick Lowe (aunque luego se marchó diciendo que no les veía futuro). ¿Se puede pedir más?




Después de otros dos singles -"Brass in pocket", el tercero, alcanza el trono en las listas de ventas- termina el año con la publicación de "Pretenders", el primer Lp, que en parte es una recopilación de los discos pequeños. Para entonces el público ya se ha rendido al encanto de Cristina y sus colegas, porque ese encanto es doble: dejando aparte la mítica estampa de una mujer felina con una voz esplendorosa y que demuestra claramente que ha nacido para esto, su capacidad compositiva es notable; y además sus compañeros son tres músicos brillantes que han tenido que adaptar su estilo al de ella ("tenía una digitación extraña, y costaba acostumbrarse a su tempo", decían ellos). Tras la espantada de Lowe los produce el gran Chris Thomas, pero tanto uno como el otro utilizan muy bien el leve sonido de eco que da el estudio para redondear una mezcla exquisita y original de los ritmos rockeros con las melodías pop y un "aliño" entre punk y new wave que le da una gran frescura a las canciones. La colección de maravillas empieza con "Precious", perfecta síntesis de todo lo que Hynde representa: contundencia, orgullo, excelentes escalas melódicas, sensualidad vocal... Y de ahí hasta el remate con la melancólica y arrebatadora "Mystery achievement", un cruce entre base rítmica que por momentos parece de la Motown, un efluvio de guitarras envolvente y esa voz de tono dramático presidiendo el conjunto. Las letras, muy a flor de piel, son una especie de resumen de las vivencias que puede llevar encima alguien como ella, tan vivida; guardan relación en algunos casos con Farndon, que por entonces era su pareja. El disco fue número uno en la Isla y top 5 en media Europa. Y por supuesto, uno de los más memorables de esta nueva década.




Como era de esperar por su condición de nueva maravilla británica, el año 80 es una sucesión de giras por medio mundo, y solo se publican algunos singles procedentes del primer disco. Hay que esperar hasta la primavera del 81 para ver un avance del segundo, y ese avance es un Ep que constituye toda una revelación: "The talk of the town", una de las canciones más hermosas en la historia del rock/new wave, o el gancho irresistible de "Message of love" ya son suficientes para hacerse una idea de lo que está por venir. Y por fin, a finales del verano, llega "Pretenders II"; un título con el que suponemos que se quiere dar una imagen de continuidad. Y esa continuidad está clara, porque el estilo y la talla de las canciones es similar al anterior, además de que solo hay ligeros retoques en la producción, de nuevo a cargo de Thomas. Quizá, en conjunto, se nota que el tiempo ha hecho madurar tanto a Hynde como a sus muchachos, y las canciones suenan un poco más atemperadas pero al mismo tiempo más completas. En cualquier caso, no se ha perdido ni un gramo del encanto que poseen; es más, si no hubiésemos escuchado estos dos discos hasta ahora, podríamos imaginarlos como un doble. Además de las dos canciones ya conocidas, se establece el paralelismo en el arranque con "The adultress", otra exhibición de poderío junto a "Bad boys get spanked", que la sigue; pero de nuevo se mantiene un equilibrio exquisito junto a melodías casi ensoñadoras como "Birds of paradise" o "The english roses", además de la versión de "I go to sleep" -que de nuevo parece de Hynde, aunque de nuevo sean los Kinks-. Y por supuesto vuelven a dar esa imagen de poderío para crear mixturas perfectas entre ritmo y melodía: "Message of love" y "Day after day", por no extenderme. Fue otro éxito, aunque no tanto como su primer disco: un top 10. Supongo que a sus seguidores más cañeros les desagradó tanta elegancia, porque otra explicación no se me ocurre.



Pero más o menos por entonces se acumulaban ya los problemas: el éxito casi repentino y las giras interminables desbordaban a Hynde, que se estaba agobiando por no tener tiempo para escribir ni siquiera para descansar; mientras, Farndon y Scott se entregaban al alcohol y otras substancias con demasiada alegría. Hynde, que había dejado a Farndon y durante un tiempo estuvo con Scott, comenzaba a sentirse como "la perra del rock'n'roll", en sus propias palabras, y sentía que su vida no iba hacia ninguna parte. Los acontecimientos se aceleraron en el 82: en Junio hubo que echar a Farndon por su excesiva dependencia de la heroína, y solo dos días después de esa decisión muere Scott en un episodio de intolerancia a la cocaína (Farndon morirá en el 83 por una sobredosis). Es de suponer la conmoción que el hecho causó en nuestra amiga, que por otra parte estaba embarazada de su primer hijo. Poco después, junto a Chambers y músicos nuevos, volvió a las grabaciones y las giras, pero ya no fue lo mismo: la discografía de Pretenders a partir de entonces es más melódica, más "amable", e incluso las canciones con ritmo son contenidas. Pero entre unas cosas y otras, con interrupciones y altibajos, Chrissie y sus empleados actuales siguen grabando y haciendo giras. Incluso se dice que su último disco, de este mismo año, es bueno. No sé. Tendré que escucharlo...


lunes, 19 de octubre de 2020

1980-81 (XIII)

Por lo que vamos viendo hasta ahora parece que la oscuridad, la melancolía, la tristeza, son aspectos que hermanan a Liverpool y Manchester en esta época (los 60 eran otra cosa, claro). Probablemente se deba, además de la crisis industrial, a que son dos ciudades demasiado al norte como para disfrutar del buen tiempo. Hay sin embargo una diferencia: ese vago interés por la psicodelia de Echo & The Bunnymen no se corresponde con las bandas al uso en Manchester, como Joy Division o Magazine. No está muy claro de dónde proviene esa tendencia, si recordamos que los grupos yankis preferidos de los Bunnymen -Velvet o Television- no son precisamente de ese palo. Pero si el interés de McCulloch y los suyos está centrado exclusivamente en el tipo de sonido ambiental que buscan, Julian Cope en cambio hace de la psicodelia una forma de vida: ególatra como su antiguo compañero en Los Tres Cruciales (y con quien ha tenido varias broncas), de difícil convivencia y frecuente comportamiento despótico hacia sus colegas de grupo, es además un tanto excesivo -excéntrico más bien- y puede bordear la genialidad o el desastre con la misma ligereza. Pero con el paso del tiempo se fue convirtiendo en un personaje que trasciende de lo meramente musical y lo mismo publica un tratado sobre arqueología o la cultura neolítica como declara su abierta afición por el ocultismo ("Chamán cósmico", le llaman los de Allmusic). Además es un experto en el rock alemán y ha escrito varios libros sobre ello, la psicodelia y las músicas underground, y dirige una página muy florida en internet. Como ven ustedes, el ácido a veces vuelve a la gente hiperactiva.

Cope es un galés que fue a parar a Liverpool por estudios pero que pronto se adaptó al ambiente local, y su fugaz militancia "crucial" solo es una de las muchas que profesó en sus primeros dos años allí. El caso es que, más o menos en la misma época que su ahora rival McCulloch, Cope organiza una formación aparentemente estable a la que bautiza como The Teardrop Explodes, en la que él es el frontman y bajista. Como era de esperar fichan también por el sello Zoo, que en Febrero de 1979 les publica un primer single. Antes de que acabe el año llega el segundo, y con él la confirmación de dos cosas: son la nueva gran promesa de Liverpool, y son también un avispero en el que ya ha habido varios cambios de plantilla, por lo general relacionados con el carácter inestable de Cope (que no se debe a las sustancias químicas: esa afición llegará más tarde). Siguiendo las similitudes con los Bunnymen, pronto se despiden de Zoo para dar el salto a un sello grande -Mercury- publicando un tercer y último single en el de su ciudad a principios del 80. Las tres canciones que ocupaban la cara A de esos singles serán regrabadas para su primer Lp, pero especialmente las dos primeras resultan muy clarificadoras sobre la esencia inicial del grupo, sin la producción un tanto recargada que tuvieron luego (en la línea de los Bunnymen, ya que comparten producción): "Sleeping gas" y "Bouncing babies" ya nos muestran esa personalísima forma de cantar de Cope, a veces cercana al fraseo, a veces arenga; como bajista no es gran cosa, pero irá mejorando con el tiempo. En la batería está el bastante solvente Gary Dwyer, el único que aguantará al lado de Cope de principio a fin del grupo; el guitarra es Michael Finkler, que se irá pronto, lo mismo que el teclista Paul Simpson. Y, entre otras cosas, me da la impresión de que hay una lejana influencia de los Talking Heads que se perderá luego, cuando lleguen al disco grande.




La llegada del disco grande tiene lugar en el otoño de 1980, y para entonces hay una formación relativamente estable: junto a Cope y Dwyer están David Balfe en los teclados y Allan Gill como guitarrista, aunque este llega a mitad de grabación y buena parte del material cuenta aún con la participación de Finkler. Ese cambio tiene su parte oscura, ya que Finkler fue despedido para meter a Gill, que era amigo de Balfe; y Balfe, a su vez, había estado conspirando desde los orígenes del grupo para entrar aprovechando su posición como socio de Zoo junto a Bill Drummond (ambos habían tocado en pequeños grupos de la ciudad antes de trabajar como empresarios discográficos). Esa cacicada, porque no puede llamarse de otro modo, cimentó la mala fama de Cope entre sus conciudadanos. Curiosamente será Gill quien introduzca a Cope en el proceloso mundo alucinógeno, dando un vuelco total al futuro del grupo y a la personalidad del propio Cope. Pero no olvidemos que por medio hay un disco: "Kilimanjaro", que así se llama, se grabó ya en un ambiente bastante "distorsionado" aunque sin llegar a alterar completamente la esencia de un material que ya estaba escrito por entonces (y casi la mitad son regrabaciones de gran parte de las piezas contenidas en los singles). Además los productores (Drummond y Balfe, como en el caso de los Bunnymen) tienen un estilo bastante definido, que en cierto modo aproxima el sonido de ese disco al de la banda rival. Pero se nota la diferencia de carácter, aunque comparten esa carga épica que parece caracterizar a los nuevos grupos de Liverpool, y la entrada con "Ha ha, I'm drowning" es una buena síntesis. La letra es casi trivial, son las quejas de un amante un tanto despechado, mientras a su alrededor la música parece evocar algún hecho de tinte grandioso, con ese sonido de trompetas y esas guitarras rasposas con apoyo de teclados: el conjunto sugiere un trasfondo irónico. Por otra parte las regrabaciones de sus primeras canciones, como "Sleeping gas", tal vez pierden un poco de la frescura que tenían en los singles pero siguen sonando cercanas y con un regusto poppy, a pesar de los arreglos casi orquestales que lucen por momentos. En resumen hay un tono más cálido que el de los Bunnymen, y aunque no llegaron tan alto como ellos (rozaron el top 20) tuvieron desde el principio la misma popularidad; reforzada a principios del 81 con el single "Reward", un top 10 que se incluirá en las sucesivas reediciones del primer Lp.




Pero ni Balfe ni Gill llegaron siquiera a celebrar las navidades del 80 en compañía de Cope y Dwyer: el primero volvió a su tareas de productor y manager después de varias broncas con el divo, mientras que Gill prefirió volver a su antiguo grupo de corte electrónico diciendo que no le iba la vida de giras permanentes. El puesto de guitarra quedará en manos de Troy Tate, con apoyo de otros músicos acompañantes para cubrir las actuaciones y la presencia oficial de Balfe en la grabación del segundo disco: "Wilder", que tras muchas convulsiones internas, fases erráticas del ahora alucinado Cope y giras por medio mundo llega a las tiendas a finales de 1981, un año muy brillante para ellos tanto en su país como en Estados Unidos y Japón, a pesar de que daba la impresión de que todo podía saltar por los aires en el momento menos pensado. "Wilder" representa un cambio de planteamiento de Cope en muchos aspectos: en primer lugar es ahora el único compositor, y además abandona el bajo para concentrarse en su voz; por otra parte la variedad de estilos se amplía, y en consecuencia se aleja de una supuesta "escuela de Liverpool" que hasta ese momento los hermanaba con los Bunnymen. El papel de Balfe aquí resulta crucial, pero no como productor (para dar un vuelco al sonido se elige al polifacético Clive Langer) sino por su trabajo en los teclados y su influencia sobre Cope para dar un giro electrónico a muchas de las canciones, aunque la relación entre ellos ya era bastante mala. En consecuencia, hay momentos en los que parece que estemos ante otro grupo; y tanto cambio no fue bien recibido por su fans, que en buena parte los abandonaron. Sin embargo, y aunque a veces da la impresión de no tener una línea definida, en ese batiburrillo de estilos destaca el valor de unas cuantas canciones como "The culture bunker", "Passionate friend" o "Colour fly away", por ejemplo. Ese cruce de pop con sonidos electrónicos, percusiones muy marcadas y vientos es cuando menos original, pero también se acercan por momentos al estilo ambient que se pondrá de moda dentro de poco: "Tiny children" o "The great dominions" están ya casi en ese mundo. Y como suele suceder en estos casos, es un disco más apreciado ahora que cuando se publicó.



El año 82 es ya un caos en el que a duras penas van completando las giras contratadas tiempo antes. Hay una sucesión de enfrentamientos entre los miembros de la banda, originados en gran parte por la postura inflexible de Cope, que busca una mixtura entre pop y psicodelia de todos los colores incluido el oscuro (el alucinado Roky Erickson, líder de los 13th Floor Elevators, es ahora uno de sus ídolos); pero tampoco Balfe está dispuesto a renunciar a sus querencias electrónicas, y el ambiente se va enrareciendo cada vez más. A mitad del año comienzan las sesiones de grabación para un futuro tercer Lp que nunca llegó completarse: la publicación en 1990 de "Everybody wants to shag..." recoge todas esas grabaciones, en las que es fácil percibir la falta de una dirección clara. Finalmente el grupo desaparece a principios de 1983, pasando casi a continuación a convertirse en un nombre de culto, y luego Cope comenzará una carrera en solitario de la que por supuesto tendremos noticias aquí. Por último: la carrera de Pete Wylie, el otro Crucial del trío, ha sido bastante oscura. Creó el grupo Wha! Heat, cuyo nombre iba modificando cada poco tiempo; sus primeras grabaciones (algunos singles y un Lp) son realmente interesantes aunque un poco a la sombra del estilo Cope, y luego se pasó a un pop de tintes casi comerciales a juego con la época. Hizo algunos discos más, muy espaciados, y creo que todavía sigue en activo. Así que estas son las noticias más importantes en Liverpool, de momento. Seguiremos informando.