A veces da la impresión de que aquella vuelta al pasado que comenzó a finales de los años 70 fue privilegio exclusivo de los mods y la música negra, pero no es así: también los rockers, los teddy boys, tuvieron su protagonismo aunque, al menos en los primeros momentos, fue bastante débil y hasta cierto punto "acomplejado" por el dominio aplastante del otro bando, tanto en la prensa como en los locales de baile. Por otra parte, hay una serie de prejuicios que siguen vigentes en ese momento: la historia del antagonismo entre mods y rockers, por lo general contada desde la perspectiva de los primeros, atribuye a los otros un carácter montuno, producto de unas mentes estrechas e ignorantes, además de estar pasados de moda. Para los mods y la prensa afín, los rockers son sujetos de pelo grasiento que a duras penas saben leer y escribir, y que son incapaces de ir más allá de las cancioncillas rancias del rockabilly con sus ídolos acartonados: Eddie Cochran, Gene Vincent, ese tipo de elementos (la propia palabra "rockabilly" había nacido en los States como un insulto hacia los rockeros del sur del país: un rockabilly es un hillbilly -es decir, un montañés- aficionado a esa música). Y esa situación no se equilibró hasta que un día, de buenas a primeras, se planta en la Isla un trío de músicos yanquis al que un colega les ha contado algo sobre un revival allí (tal vez por los ecos de algunas bandas surgidas años antes, en la época del glam, el relativo éxito de los Matchbox y poco más). Ese trío son, evidentemente, los Stray Cats; y, al igual que Hendrix, fue en la Isla donde cimentaron su carrera.
lunes, 30 de noviembre de 2020
1980-81 (XIX)
Brian Setzer (voz y guitarra), Leon Drucker (Lee Rocker para la posteridad: contrabajo) y James McDonnell (Slim Jim Phantom a partir de ahora; es el batería) son tres muchachos de Long Island que tienen una preparación musical bastante notable. En concreto, Setzer y McDonnell comenzaron practicando música de jazz, mientras que Drucker tiene formación clásica por su padre, clarinetista en la Filarmónica de Nueva York. O sea, que paletos no son. A mediados del 79, con veinte años, Setzer se había pasado al rockabilly y junto a su hermano tocaba en una banda llamada Tomcats -otro nombre clásico para ese tipo de música- hasta que conoce a los otros dos y deciden crear un nuevo grupo: los Stray Cats. Durante ese período cambiaban de nombre con frecuencia para poder tocar de nuevo en locales donde ya lo habían hecho, pero casi siempre el "Cats" seguía presente para que los posibles fans del grupo los reconociesen (era una táctica muy frecuente tanto en los States como en la Isla). Para entonces ya tenían un aspecto que demostraba claramente cuál era su estilo; y eso es un arma de doble filo, porque según el tiempo y el lugar donde uno esté puede beneficiarle o no. Y parece evidente que el estado de Nueva York no es buen sitio para ellos, que sobreviven a duras penas tocando en el CBGB junto a otros compañeros de fatigas como Robert Gordon, hasta que poco después, enardecidos por un amigo que les habla maravillas sobre la Isla y la nueva afición por las músicas "vintage" que se vive allí, deciden ir a ver qué pasa.
Llegaron en el verano de 1980, y a pesar de que el revival era en realidad un pastel cuya mayor parte se llevaban los estilos negros -o tal vez por eso mismo- no les costó mucho destacar. Por puro contraste, sus magníficos tupés, junto a su vestimenta, resultaban lo más rompedor del momento; pero además de su profundo conocimiento del género eran unos músicos de categoría, y pronto comenzaron a demostrarlo en las primeras actuaciones que consiguieron en Londres. Por otra parte se sentían a gusto en el ambiente punk de la época, y era fácil verlos en las actuaciones de los Clash o Siouxsie, por ejemplo. Del mismo modo, en las suyas comenzaron a verse algunas divinidades isleñas como los Stones o los Who (junto a los mismos Clash o los Pistols), y no tardan en tener ofertas para grabar: Dave Edmunds, uno de los mayores defensores de esos ritmos en la Isla, los ficha para Arista y se convierte en su productor. Antes de que termine el año ya los tiene grabando su primer Lp. que se publica en Febrero del 81 con título homónimo y en el que se demuestra la brillantez de su ejecución y el acierto de tener a Edmunds al mando, aunque compartiendo la dirección con el trío: el sonido es muy parecido al que utiliza en sus propios discos, con un eco de local pequeño, y tanto las cuerdas como la percusión suenan sin mucho artificio, directos, al estilo de los viejos estudios (hay un vago aroma a Sun Records, por ejemplo). Pero la cosa no es tan simple, porque recrear el estilo de los años 50, sin más, no tendría sentido. A medida que van sonando las canciones se nota la época en la que viven, y el mejor ejemplo es comparar la versión del "Jeannie Jeannie Jeannie" que había hecho su adorado Cochran casi treinta años antes con la que hacen ellos: el piano ya no está, y en su lugar tanto los instrumentos como la voz suenan enérgicos, casi agresivos, muy en la onda post punk que se vive en la Isla (aunque tal vez resulta un poco más contenida la que hacen de "Double talkin' baby" de Vincent). La evidencia es mayor en piezas propias como "Storm the embassy", donde ya directamente queda claro que no es solo la época sino también el país: esa canción la podrían haber hecho varios grupos isleños del momento, sin relación con el rock and roll tradicional. Curiosamente, al igual que las grupos revival del "otro bando", también ellos utilizan la táctica de los dos públicos: las piezas más clásicas como "Rock this town" o "Runaway boys" son las que se eligen para los singles. Y tanto el Lp como los singles habitan cómodamente en el top 10. Por entonces en Estados Unidos no se publicó ni una sola canción, señal de que habían hecho bien en venir aquí.
Poco después los Stones se los llevan como teloneros en su nueva gira estadounidense, lo que constituye una magnífica carta de presentación del trío ante sus compatriotas; sin embargo, de momento su discografía allí sigue en blanco. Y antes de que termine el año 81 se publica "Gonna ball", el segundo Lp, que marca el inicio de su decadencia en la Isla. Si se escucha este disco en serio resulta difícil entender por qué no pasó del top 50, pero hay circunstancias que pueden explicarlo en parte. Para empezar, la producción impecable de Edmunds en el primer disco se sustituye ahora por el propio grupo ayudado por el ingeniero de sonido Hein Hoven, que hasta ese momento no había ejercido como productor: da la sensación de que Arista quiere recortar gastos. Tampoco parece muy afortunada la idea de abandonar Londres para ir a grabar el disco a Jamaica: ¿era más barato? ¿Quería Arista que se contagiasen del espíritu reggae? Y para redondear la tormenta perfecta está la prensa musical; que si ya los tenía enfilados por ser unos yanquis nostálgicos de la América profunda o algo así, ahora no les perdona que intenten salirse -a medias- del cliché al que se supone que pertenecen. Pero dejando todas estas consideraciones aparte, el disco, sin llegar a la altura del primero, mereció mejor suerte. El arranque es muy clásico, con una respetuosa actualización del "Your baby blue eyes" de Burnette, para seguir luego con "Little Miss Prissy", una pieza propia que fusiona muy bien el espíritu del rock and roll tradicional con un lucimiento de guitarra de estilo casi de los 70. Hay momentos jazzy que tal vez no hayan sido muy del gusto de los fans más ortodoxos, como "(She'll stay just) One more day" o baladas "demasiado" elegantes como "Lonely summer nights", e incluso algún acercamiento al blues -"You don't believe me"- y en conjunto tal vez el problema sea ese: los Cats están madurando y la mayor parte de las canciones se inspiran en más de una escuela. Por supuesto, hoy en día se le valora casi como se merece.
A pesar de las ventas decepcionantes del aquel segundo disco, en Estados Unidos ya comenzaba a haber un buen puñado de fans que estaba comprando los dos a través de la importación, y la gira con los Stones los había reforzado. En consecuencia, la EMI yanki publica en Junio del 82 una recopilación de los dos discos británicos al mismo tiempo que vuelven de gira allí, esta vez como estrellas. Poco después, dolidos con la prensa y el público isleño, abandonan las brumas para recuperar la residencia en su país, donde ya están ascendiendo como la espuma en términos de popularidad. En verano del 83 habrá nuevo disco (grabado en Londres y con Edmunds), bastante acomodaticio salvo por dos o tres canciones: en la Isla no llegan al top 50, en los States alcanzan el 15. Poco después Setzer, cansado, anuncia la disolución del grupo, que por supuesto vivirá más de una resurrección a partir de entonces. Pero lo que cuenta, además de aquel brillante comienzo, es el influjo que han ejercido en muchos músicos y aficionados de todo el mundo, restableciendo la dignidad de un estilo que tiene tanto derecho como cualquier otro a seguir presente en el recuerdo.
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1980-81
lunes, 23 de noviembre de 2020
1980-81 (XVIII)
Seguimos en Birmingham. La ola revival que surgió en la década anterior impulsada por la new wave es muy amplia, y abarca prácticamente todos los estilos que tienen alguna conexión con el submundo mod de los años 60. Y si el ska o el reggae vivieron una segunda juventud, algo parecido le sucedió al soul o, para ser más exactos, a esa especie de serie B que floreció en las discotecas de la Isla bajo el nombre de northern soul. En realidad esa moda había sido el último clavo al que se agarraron los muchachos de la Lambretta cuando vieron que su mundo se desmoronaba, asfixiado primero por la psicodelia y luego por el reinado del rock de los 60/70. Pero con la aparición a finales del 73 del doble "Quadrophenia" comenzó a nacer un creciente interés de la nueva generación por aquel tiempo mítico, un interés que se demostraba por las continuas reediciones de ese disco; y cuando llegó el estreno de la película en el 79, los Jam -la reencarnación más notable de aquel espíritu- ya estaban en su apogeo. Lo cierto es que pocos músicos de esa onda tuvieron la altura creativa de un Paul Weller, pero sí hubo algunos grupillos que lograron revivir por un tiempo la magia de alguno de aquellos estilos. Y, dentro del sector del northern soul, pienso que el disco más brillante que surgió en esta nueva época es el debut de Kevin Rowland y sus Dexys Midnight Runners. Sí, el nombre del grupo ya lo dice todo: la dexedrina era uno de los "aditivos" más apreciados por la parroquia mod. Luego Rowland cambió de estilo y volvió a tener suerte; a partir de ahí hubo unos cuantos cambios más, ya no tan afortunados. Pero en cualquier caso estamos ante un personaje inusual, y como los personajes inusuales son una de nuestras debilidades, aquí lo tenemos.
La historia comienza sobre 1978, cuando a raíz de la disolución de los Killjoys (un pequeño grupo punk con un único single grabado el año anterior) dos de sus miembros deciden crear una banda al viejo estilo, con metales y todo. Los dos se llaman Kevin: Rowland y Archer; también los dos son cantantes y guitarristas, aunque por lo general el primero suele ser la voz principal y el segundo se concentra en la guitarra. Rowland, personaje complejo y con tics un tanto autoritarios, decide que para evitar confusiones convendría que Archer usase un apodo en vez de su nombre: Archer, indiferente, decide adoptar un "Al" y asunto arreglado. El bajista lo pone Archer: se trata de Pete Williams, que había sido compañero suyo en otro pequeño grupo de tiempo antes. Y el resto del personal se va reclutando a base de anuncios en los periódicos: Pete Saunders será el teclista; en la batería, tras algunos cambios, se consolida Andy Growcott. Los otros tres son la sección de viento, encabezada por el veterano saxofonista Geoff Blythe (ex de la banda del gran Geno Washington); Steve Spooner es el saxo alto y Jim Paterson el del trombón.
Desde el principio destaca la gran compenetración de los músicos -Rowland exigía dedicación completa, nada de pluriempleos- y el gusto por las piezas soul clásicas de los años 60, cuyas figuras más representativas están en los sellos Stax/Atlantic. En el 79 ya son una banda destacada en la ciudad y viajan como teloneros en las giras del sello Two Tone; los Specials, la banda estrella del sello por entonces, suelen vestir de modo muy distintivo, y Rowland decide que su grupo también usará una vestimenta característica. Así, en Enero de 1980, cuando presentan su primer single grabado en un diminuto sello creado por su manager Bernard Rhodes (que lo era también de los Clash, Specials y unos cuantos más), presentan también su "uniforme", que el propio Rowland reconoce inspirado en el look de los tipos patibularios que pueblan "Malas calles", la película de Scorsese. Ambas caras está compuestas por él, y en concreto "Dance stance", la A, es hasta cierto punto la reivindicación de una serie de escritores y poetas irlandeses a los que él admira: Rowland, hijo de irlandeses, había vivido unos años en aquella isla durante su adolescencia, y esa época ha quedado en su memoria para resurgir dentro de un tiempo en su carrera. Pero de momento ni ese hecho ni esa letra cuadran mucho con la canción, que es northern soul total; la B en cambio se acerca más a las baladas blancas con apoyo de metales que suelen tener al frente a una voz entre dolida y amanerada, de crooner; y esa es una influencia que Rowland toma de personajes como Bryan Ferry.
El single, a pesar de la escasa publicidad, se escuchó bastante en Radio One y consiguió llegar al top 40, lo cual es un relativo éxito. De todos modos a Rowland no le gustó la producción que había hecho Rhodes y lo despide, fichando a continuación con EMI, que ya había distribuido su debut y les asigna como productor a Pete Wingfield, un músico veterano que domina todo el arco que va desde el soul al blues. Los Dexys se estrenan en su nuevo sello con un homenaje a Geno Washington que llega al número uno y los convierte en la nueva sensación de la Isla: Washington, al que Rowland adora por haberlo visto en directo cuando era casi un niño, había sido el prototipo del mito northern, el clásico cantante de segunda fila en su país pero una estrella en las discotecas británicas. Por supuesto no tardan en tener preparado el repertorio para su primer Lp, que llega en verano: "Searching for the young soul rebels", que así se llama, incluye además de "Geno" las dos canciones de su primer single, regrabadas. Pero para que quede claro el rechazo de Rowland al trabajo anterior de Rhodes, el disco se abre con "Dance stance" ahora bajo el título de "Burn it down", que Rowland hubiera preferido: él y sus colegas están escuchando la onda corta, y moviendo el dial surge una marcha, voces, Deep Purple, los Pistols y otros, hasta que parece hartarse y la apaga pronunciando esa frase que da entrada a la canción. Y desde luego tanto en esas tres regrabaciones como en el resto del material se nota la categoría de Wingfield, que permite a Rowland llegar casi al falsete por momentos. Indudablemente este sonido tiene mucha más fuerza, y por otra parte el material es muy bueno. La portada es otra muestra de la querencia irlandesa de Rowland: en ella se ve a un muchacho cargando con sus pobres pertenencias, lo poco que le queda tras abandonar su casa, que ha sido incendiada por una pandilla de protestantes extremistas en Belfast, en los años de plomo de Irlanda del Norte. Tal vez las dos piezas más recordadas sean "Geno", la que los lanzó a la fama, y "There, there, my dear", que se publicó también en single y es vitamina pura:
A finales de 1980, la situación de la banda era un tanto esquizofrénica: el disco se vendía muy bien -llegó al top 10- y las giras eran continuas, pero la mayoría de la plantilla estaba descontenta con el jefe y tenían en contra a una parte de la prensa, que consideraba que tanto el repertorio como el aspecto de los Dexys andaba cerca de la impostura, era poco creíble, y menos con algunas de las letras de Rowland, a veces pretenciosas, que no cuadraban mucho con la "humanidad básica" que se le presupone al soul (a cambio Rowland, que llevaba muy mal las críticas, no se relacionaba con la prensa). Las broncas afectan incluso a su sello, que abandonan de malos modos para pasarse a Mercury. Entre unas cosas y otras hay convulsiones frecuentes entre el 80 y el 81, hasta que de la formación inicial solo queda Rowland: Paterson accede a participar en el próximo disco, pero no como miembro formal. Así que de nuevo tenemos un grupo de nombres que no voy a reseñar porque son bastantes (en la grabación llegan a participar hasta quince músicos) y porque, como siempre, su presencia será volátil. Lo que cuenta es que Rowland ha estado rediseñando el espíritu del grupo, tanto en su música como en su imagen; y aunque gran parte de su nuevo repertorio mantiene aún el tono northern del primer disco, los Dexys que entran a grabar el segundo parecen andar en tránsito hacia el soul pop con influencias célticas, con violines y todo (incluso algunos músicos del grupo son rebautizados con nombres muy de allí), mientras que el look ha cambiado radicalmente y ahora son un grupo circunspecto de perroflautas. Y vuelve a acertar, porque "Come on Eileen", el single estrella, fue número uno en media Europa (y el single más vendido de la Isla en 1982), mientras que "Too-rye-ay", el Lp, no bajó del top 10.
A partir de ahí comienza la cuesta abajo: hay una época enfebrecida de giras por medio mundo en las que tanto Rowland como algunos de sus empleados comienzan a abusar de las sustancias ilegales, mientras las broncas y los cambios de personal son frecuentes. Entre unas cosas y otras el tiempo pasa, y su nuevo disco no llegará hasta otoño del 85; esta vez se trata de un grupo de personas ya maduras, perfectamente trajeadas, que hace música también para personas maduras. Las canciones se alargan y la influencia más evidente en gran parte del material es Van Morrison, pero sin chispa. La cosa no funcionó, y Rowland decide dejarlo; rescató la marca años después, pero como siempre lo que cuenta aquí es su época brillante, y al menos esos dos primeros discos lo son. El resto irá a gustos, pero tengo que reconocer que Rowland, así en abstracto, me acaba cansando. Mala suerte.
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