lunes, 3 de febrero de 2014

1971 (XII)



A finales de la década pasada asistimos a la resurrección del artista individual, es decir, del músico, cantante o ambas cosas que se anuncia a título propio. Se trata de una opción que había estado oscurecida desde el nacimiento de los Beatles, puesto que con ellos se inauguró una época de dominio mayoritario de los grupos salvo personajes aislados como Hendrix o Mayall y su escuela (y aun esos casos son discutibles). Esta nueva generación viene muy reforzada, ya que a diferencia de los que les precedieron, por lo general intérpretes que trabajaban sobre material de otros aportando su mayor o menor originalidad, los actuales suelen componer su propio repertorio; eso les da una mayor confianza en sí mismos, ya que lógicamente las piezas están ajustadas al estilo de cada uno y potencian su proyección. De los habituales en este tugurio, a los dos que hoy nos visitan les falta poco para adquirir la categoría de estrellas: David Bowie y Elton John. 

David Bowie, tras largos años de indefinición en los que ha pasado por el pop, el folk, la psicodelia e incluso el cabaret, se asienta con “The man who sold the world”, el disco con el que comienza su época dorada. Ya hemos hablado de ese disco, porque se publicó en los States a finales de 1970; sin embargo no aparece en las tiendas de la Isla hasta la primavera de este año, y nuestro amigo sospecha que es más querido al otro lado del océano (donde Mercury le organiza un gran tour publicitario) que en su propia casa, regida por una caduca Philips que parece no tener las ideas claras. Es entonces cuando decide buscar un nuevo sello (recordarán ustedes el famoso patinazo del que les hablé hace poco a cargo de la naciente Chrysalis), una búsqueda que resulta ser breve gracias precisamente a los yankis: la potente RCA se fija en él y compra los derechos de Mercury/Philips, iniciando una relación con David que durará toda la década. Pero aquel tour organizado por Mercury, a principios de 1971, fue decisivo en su carrera: visita la Factory de Andy Warhol y se encuentra con Lou Reed e Iggy Pop, dos perfectos exponentes del rock underground; dos personajes que por la leyenda ganada en la Velvet y los Stooges -bandas que, cada una a su modo, son la expresión más cruda y actualizada del sonido garajero- se han convertido en verdaderos mitos “contraculturales”. Y Bowie, como siempre, toma nota y aprende. 

Pero el resultado de ese aprendizaje no se verá en todo su esplendor hasta el año que viene, porque ahora ya tiene preparado el material para su nuevo disco: “Hunky dory”, que en teoría viene siendo una continuación del anterior… o quizá solo en teoría: no vemos piezas afiladas salvo “Queen bitch”, un rock que puede tener influencias de los Velvet y que Bowie lleva a su estilo, con mucho rasgueo tanto de acústicas como eléctricas (Ronson debió de aburrirse en este disco); pero el resto es una formidable sucesión en tiempo medio de melodías inolvidables, como las legendarias “Changes” -que abre el disco de un modo soberbio- o “Life on Mars?”, que a través de su canto apoyado por el piano se va desarrollando hasta adquirir un tono épico. Hay un reconocimiento hacia uno de sus maestros, “Song for Bob Dylan”, y pasa lo mismo que en el caso de “Queen bitch”, ya que podría recordar al estilo del viejo cascarrabias… pero no: es Bowie (y ahora me viene a la cabeza Ian Hunter: esta canción es buena muestra de la diferencia entre un músico corriente y uno de primera línea). También rinde homenaje a Andy Warhol, uno de sus nuevos y valiosos hallazgos, con la acústica en tono folk pero con ese punto nervioso tan típico en David. Y piezas apoyadas al piano que se convierten casi en himnos, como “Oh! You pretty things”, y una deliciosa cancioncilla pop que dedica a su hijo Zowie con el título de “Kooks”, y… uf… qué bonito es este disco. Ya se distinguen algunos signos de lo que vendrá el año que viene, pero “Hunky dory” es una perla que, me parece, ha quedado un poco olvidada en su larga carrera: por favor, denle un repaso. Y sí, crece la provocación con esa portada tan Marlene Dietrich, con sus poses y sus ropas femeninas, con declaraciones escandalosas de las que luego renegará; pero lo que cuenta, como siempre, es la obra. 

Y otra perla es la que nos presenta Elton John este año: “Madman across the water”, su cuarto disco. En él queda muy equilibrada la herencia mélodica europea -especialmente en la cara A- con las influencias americanas, más notables en la otra pero sin llegar al tono de “Tumbleweed connection”, su obra anterior, lo cual significa que Elton ya tiene un carácter propio. Como siempre, hay un buen lote de músicos participantes, aunque ya habíamos visto el año pasado que Nigel Olsson quedaba fijo como batería oficial para las giras, y a ese nombre añadimos ahora al guitarrista Davey Johnstone (dentro de poco tendremos un cuarteto fijo para mucho tiempo). Pero a lo que íbamos: ya con “Tiny dancer”, la canción que abre el disco, hay que quitarse el sombrero. Es una de esas canciones que solo pueden crearse en estado de gracia, con su exquisita línea de piano inicial, su desarrollo orquestal, los inesperados cambios de escalas vocales… hasta esa guitarra steel queda bien, aunque parezca extraño un sonido tan americano en una pieza tan europea. Y a continuación nos encontramos con “Levon”, que no tiene nada que envidiarle (esta y la anterior fueron las dos caras A de los singles extraidos del disco): corre la leyenda de que fue dedicada a Levon Helm, batería y uno de los miembros fundadores de The Band, aunque la letra no lo sugiere (algunas letras de Bernie resultan casi incomprensibles); y la música podría recordar vagamente a ese grupo, pero de nuevo tenemos una estructura similar a la de “Tiny dancer”: otra delicia llevada en este caso por los compases arrebatadores de los violines y un tono casi airado de la voz en algunos pasajes. Estas dos canciones ya serían suficientes para reivindicar el disco, pero también sobresalen piezas como “Razor face”, la más americana de la cara A (sí, recuerda a The Band). Esa sensación se mantiene en “Holiday Inn”, con unos coros magníficos y deliciosos arreglos de cuerdas; y en general toda la cara B, que de todos modos sigue manteniendo las diferencias gracias a unos arreglos orquestales soberbios. 

En resumen estamos ante un disco exquisito, aunque no haya sido de los más populares de Elton porque, como suele suceder con las obras muy trabajadas, exige dedicación por parte del oyente: aquí no hay éxitos inmediatos, y su densidad puede resultar excesiva para el cliente poppie o el rockero machote. Sin embargo, y aunque en su época tuvo unas ventas poco más que regulares, el paso del tiempo lo ha reivindicado (como a toda su obra de los primeros años, por otra parte). Hay algunas similitudes de carácter con el “Hunky dory”de Bowie: son dos discos casi intimistas, de tono medio, poéticos, y resulta curioso que dos personajes tan relacionados con el naciente glam presenten unas obras tan distantes de aquel sonido. Nos hacen dudar de si había algo más que una pose en ellos, si no sería que aprovecharon únicamente la estética del momento para consolidarse: con todo el cariño que le tengo a ese “subgénero”, he de reconocer que tanto David como Elton están muy por encima de la media. 

Bueno, pues el próximo día seguiremos con otros dos personajes no tan glamurosos -aunque el criterio sobre lo que pueda ser el glamour es muy discutible- pero igual de respetados en este local: a su modo, también son estrellas. 


18 comentarios:

  1. Con Bowie me ha pasado una cosa curiosa. Al principio oía su música con un ojo cerrado y otro abierto, como desconfiando. Pero...poco a poco me fue ganando y me convenció completamente. Ahora oigo casi todos sus discos con admiración y viendo como ha ido adaptándose como un camaleón a cada época. En algunos casos se adelanta incluso. Has nombrado la canción “Changes", que a mi siempre me ha parecido un gran tema y el mejor del disco. Este“Unky Dory" no es de los discos que más aprecio de Bowie, sobre todo sabiendo lo que vendría después.

    De Elton John no opino. Nunca me ha entrado y eso que tenía un compañero de buhardilla en Malasaña que no paraba de poner el Rocket man todo el p. día.

    Saludossssssssssssss

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    1. Me parece que esa sensación que tuvo usted, señor Babelain, la tuvo mucha gente. Hay que recordar que Bowie comienza a hacerse realmente famoso al rebufo del glam, y eso fue un arma de doble filo: por una parte se convirtió en un personaje de moda, pero tal vez por eso mismo no se le tomó en serio hasta un tiempo después, cuando su proyección comienza a notarse en la música de finales de los 70.

      En cuanto a Elton John, bueno, reconozco que yo por entonces andaba muy alejado de este tipo de cosas (la edad, ya sabe), pero “Rocket man” fue precisamente una de las canciones que me hizo meterme en la discografía de este hombre. Aunque pronto me di cuenta de que tenía que ir hacia atrás y no hacia adelante: más o menos por esa época es cuando comienza su conversión en máquina de hacer dinero y termina esa época sutil de la que “Madman…” es uno de los mejores ejemplos.

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  2. Hola Rick:
    Hoy si que no tiro de plantilla, pues me has dado de lleno,
    EL Bowie de los setenta me encantaba y todos sus discos primeros hasta el Young America, que marcó un cambio, pero a pesar del cambio, me siguio gustando, reconozco que es un genio y que se ha paseado por todas las épocas con su sello personal sin encasquillarse en ningún estilo.
    Como se dice por aquí, es un genio y punto pelota.
    De Elton John comentar que este disco, es sin ninguna duda el que mas he escuchado en toda mi vida, todos sus primeros discos me gustan a rabiar, lástima que no siguió el ejemplo de Bowie, y se convirtió en un hortera, para el amigo Bab, decirle que el "Rocket man", a pesar de su éxito, ya marca el camino de la decadencia, y que haga el esfuerzo de oir este "Madman", joya donde las haya.
    Un saludo Rick, y ya se que disco poner para oir esta noche desde la cama.
    jose

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    1. Ah, pues me alegro mucho por coincidir de nuevo con usted, don José. Y además también de lleno, porque pienso igual que usted: la década dorada de David es la de los 70. Luego ya lo que hubo en los 80 es mucho bulto y poca sustancia, no hay más que ver cuáles son las reediciones que realmente siguen triunfando de este señor.

      Y también estoy de acuerdo con su opinión sobre Elton: “Honky chateau”, que es donde viene esa “Rocket man”, ya comienza a flojear. No es que sea un mal disco, pero se nota la intención de popularizarse más. Lo cual no sería malo si no fuese por el precio que pagó, puesto que sus discos a partir de mediados de la década comienzan a ser francamente irritantes.

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  3. Desprecié a Bowie en su momento, salvo tres o cuatro cosas. Evidentemente no podía estar más equivocado. Me parecía que no había inventado nada, en un momento en que creía que se daba la mayor revolución musical de la historia, y que todo él era una estúpida y vacua pose. Inocente de mí. Tal vez tuviera razón y no hubiera inventado nada, y quizás la excesiva pose no me dejara fijarme en la música, pero ahora reconozco que era genial; por ejemplo en este enorme disco.

    Sí que admiré a Elton John ya entonces (uno de los primeros singles que compré, con 15 años, era de él: la genial Rocket Man), pero este disco, aun reconociendo que es muy bueno, no me entusiasmó. Además, un amigo de la época intentaba venderme “Levon” insistentemente, pero sigue sin gustarme. Yo me lo pierdo, claro.

    Salud.

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    1. Imagino, señor Pez, que usted entraba en el grupo que le he dicho a mister Babelain, el de la gente que no se tomó en serio a David por el asunto del glam: es uno de esos casos inversos en los que el bosque no deja ver los árboles. Cuando hay tanta fanfarria alrededor de un personaje tendemos a pensar que no hay nada detrás, y eso fue lo que pasó. Pero por suerte, en este caso sí había. Tal vez no haya inventado nada, pero su capacidad de asimilación y de “restauración”, por decirlo así, lo convierte en un innovador a su manera.

      En cuanto a Elton, qué quiere que le diga. Aunque… ¿por qué no prueba a oir “Madman…” de nuevo, aunque solo sea una vez?

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  4. Ya te he dicho en alguna ocasión que no estoy de acuerdo en esa idea de la desaparición de los cantantes individuales en beneficio de los grupos desde los 60. Creo que eso ocurre en la corriente más estrecha y ortodoxa del rock y más si lo miramos desde un punto de vista excesivamente británico pero en los géneros anejos los ejemplos de artistas individuales se generalizan. Obvio en el folk/rock, en el soul, en el country/rock, en el blues y por supuesto si lo contemplamos desde una perspectiva de género. ¿Acaso las mujeres desparecieron de la música durante 20 años? Pobre, Janis
    Por lo demás todo lo que ha hecho Bowie antes de 1983 es excelso y aunque el grueso de su discografía lo hayamos descubierto mucho años después, temas como ese Life on Mars o ese más desconocido Eight Lin Poems nos acogen con su grandeza.
    Yo también tengo prejuicios con Elton John pero caen derrotados cuando pongo exclusivamente su maravillosa música de aquellos años y me olvido del personaje y de lo que se convirtió.
    Velvet Goldmine la película de Todd Haynes hace un buen retrato de aquellos años y del encuentro Bowie-Iggy y Lou Reed aunque el director presentó a aquellos artistas con nombre ficiticio al no obtener permiso de ellos para poner sus nombres originales.
    Un abrazo.

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    1. Bueno, herr doktor, no digo que hayan desaparecido, pero sí que hubo un bajón muy importante. Por otra parte, centremos la época: estoy citando una resurrección del solista a finales de la década (68/69) tras el dominio de las bandas por el nacimiento de los Beatles (que comienzan a grabar en 1962). Es decir, que ese bajón duró más o menos seis o siete años y no veinte. Y por supuesto estoy hablando exclusivamente de la Isla, que es mi “área de operaciones”: en los States está claro que la cosa fue de otro modo. Solo con el soul o los bluesmen ya tendríamos un buen surtido. O con Janis, Dylan y otros muchos. No hubo en Gran Bretaña personajes equivalentes a esos hasta la resurrección de la que hablo.

      En cuanto a Bowie, creo que coincidimos casi todos: su época dorada son los 70. Ese año 83 que usted pone como tope (“Let’s dance”, el primer disco de David con EMI) es, digamos, la confirmación de un final, pero su disco anterior (“Scary monsters”, el último con la RCA) es de tres años antes; o sea, que lo que tenemos es una década exacta.

      Suscribo eso de “Yo también tengo prejuicios con Elton John”: creo que nos pasa a todos. Por suerte lo descubrimos cuando aún estaba en su mejor momento, ya que de lo contrario es muy posible que la mayoría de los aquí presentes no se hubiera tomado la molestia de ir a ver qué había hecho en sus inicios. Y por desgracia, eso es lo que puede estar pasando con mucha gente joven.

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  5. Hunky Dory es un disco curioso. Tiene muchos temas que solo funcionan dentro del lp; escuchados individualmente pueden rechinar, lo que resulta extraño teniendo en cuenta que es la época más pop (despues de la primerisima) de Bowie y en la que compositivamente más en forma estuvo. Lo pondría en mi Bowie-podio por detras de Ziggy, Station to Station (una debilidad personal) Diamond Dogs y, quizás, Aladdin Sane.

    Respecto a Elton, lo descubrí muy tarde. Me gusta esta primera época pero lo pongo muy por debajo en mi ranking de The Band y Randy Newman. Este disco en concreto creo que solo lo he escuchado una vez o dos, así que no puedo hablar de el. Hablando de Newman: es bien curioso por cierto el como se le ha negado el pan y la sal a Elton John durante muchisimo tiempo. Ya hace bastante tiempo leí en una revista inglesa, si mal no me acuerdo, que este hombre no era más que un mero imitador del américano. Ya tendría mérito cuando la principal influencia del inglés en esos años era The Band y Randy Newman no empezó a sonar como los canadienses hasta Sail Away, editado, si la memoria no me traiciona, en 1972.

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    1. Por cierto, lo de que Hunky Dory es un disco olvidado no lo veo siendo como es un habitual de los listados de los mejores (ponga aquí la cifra que le de la gana) discos de la historia. Ah, y me olvidaba. Muy buen apunte ese del punto de nerviosismo que siempre tiene Bowie. El paroxismo al respecto, para mi, llegó con Young Americans, seguramente el disco con las interpretaciones vocales más agitadas que he escuchado en mi vida. Y ya acabo. Para mi Hunter tiene muchos temas (Roll Away The Stone, The Golden Age of R&R, All The Way From Memphis, When My Mind's Gone o I Wish I Was Your Mother, por ejemplo) que podrían entrar en este disco facilmente. Yo no lo veo tan segundón, no se puede decir lo mismo de cualquiera. Si le doy la razón en que la obsesión con Dylan lo llevo por el mal camino de vez en cuando, pero para mi hay más cosas que rascar en este hombre.

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    2. Muy buenas, don José:

      Interesante observación esa, la de que muchas piezas de este disco solo funcionan como un conjunto: no lo había pensado. La verdad es que a este tipo de discos casi podríamos llamarlos “conceptuales”, si nos olvidamos de las letras y tomamos la música como motivo único. Y sí, tiene usted razón. De todos modos, aunque sea su época más pop, es un pop muy refinado, casi “de cámara”, poco indicado para el single, es decir, para el troceo: solo se publicó como tal “Changes”, aunque “Queen bitch” podría haberlo sido también. Luego ya el asunto del “Bowie-podio” va a gustos, aunque celebro que coincidamos en general (salvo tal vez en “Diamond dogs”, que me aburre un poco) y sobre todo en el particular de “Station to station”: también es una debilidad personal mía, y lo veo superior a la famosa trilogía alemana, para mí bastante sobrevalorada. Pero ya digo, esto son simples opiniones.

      No digo exactamente que “Hunky dory” sea un disco olvidado, pero tal vez aquí haya una diferencia entre los medios y el público en general (lo cual, por otra parte, es bastante frecuente): pocas veces lo he oido citar entre los aficionados, especialmente de un tiempo acá. En cuanto a Hunter, quede claro que lo contrapongo con Bowie precisamente por el asunto de Dylan: si de lo que se trata es de reinterpretar el espíritu del yanqui, es evidente que Bowie hace recreaciones y Hunter poco más que fotocopìas. Otra cosa es cuando Hunter se interpreta a sí mismo: “The golden age…”, sin ir más lejos, es mi favorita de los Hoople; “Roll away the stone” tiene un punto parecido, y “All the way from Memphis” es el típico rock and roll boogie en los que destacaba esta banda. Para mí la cosa baja un poco en las lentas, un tanto sensibleras (dolencia muy típica entre los rockeros machotes), pero bueno: le acepto esas dos si usted añade, por ejemplo, “Rock and roll queen” o “Drivin’ sister”.

      Y su preferencia por The Band o Newman antes que por Elton resume perfectamente esa querencia de la que le hablaba hace poco, en otro comentario suyo: usted tira más por el palo americano y yo por el isleño. O sea, que prefiero a Elton. Lo cual no significa nada, claro. En mi caso, a The Band los oigo muy de vez en cuando y solamente cosas sueltas: salvo “Music from Big Pìnk” y “Cahoots”, poco más. Y Newman me parece un gran letrista y músico, pero más de bandas sonoras que de discos. Es decir, mi problema es que suenan demasiado americanos, demasiado campestres (aunque Newman a veces es más “recitador” que cantante). Y por supuesto, estoy de acuerdo en que eso de que Elton imita a Newman no tiene ni pies ni cabeza. Esos que lo dicen seguramente alaban la obra de Billy Joel, que ese sí es un imitador de Elton… pero claro, como es americano….

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    3. ¡¿Cahoots?! Patidifuso me deja usted. A mi, y a casi todo el mundo, le parece el patinazo más importante en la carrera de los canadienses... Supongo que será una filia de juventud y contra eso ya puede uno argumentar lo que se quiera que no hay nada que hacer.

      Otra discrepancia: A mi Newman no me suena en absoluto campestre, salvo en cosas muy aisladas como Rider in the Rain, que me parece más paródica que otra cosa. Jamás me lo pondría en los cascos para ir a dar un paseo por el campo, aunque quizás si por las afueras de una ciudad como la propia Lugo. En todo caso me parece música de ciudad pequeña, no de gran urbe, pero tampoco de aldea, más de zona residencial con chalecitos y tal que de bloques de edificios o de leiros con los marcos cambiados.

      Y la trilogía germana a ratos es un coñazo. Hay cosas remarcables, pero esos tres discos tienen relleno a punta pala y a mi me aburren bastante salvo cosas sueltas.

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    4. Ah, y Rock & Roll Queen no la incluí porque es un tema de Mick Ralphs, no de Ian Hunter.

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    5. Pues sí señor, Cahoots. Ya, ya sé: el peor disco de The Band, una cacicada de Robertson y todo lo que usted quiera. Podría dejarlo aquí, pero imagino que su estupor merece alguna ampliación:

      Tiene usted razón en un 50%: ese disco fue el primero que tuve de The Band. ¿Por qué? Pues porque en aquella época y en España los discos salían al mercado a voleo, y los anteriores no aparecieron hasta mucho después (mi copia de “Music from Big Pink” es americana, harto ya de esperar a que saliese aquí). Así que bueno, algo de sentimentalismo habrá. Pero también le digo una cosa: sin ser una maravilla, hay una cierta variedad que no lo hace tan monolítico como los otros. Me gusta “Life is a carnival”, con ese tono tan raro entre un bajo que entra casi en plan reggae y luego los metales. Me gusta “Volcano” (que si la llegan a hacer los de Chicago nadie protestaría), me gusta “Smoke signal” (un aire a los alabados Steely Dan) y algunas más. En resumen, ¿qué le pasa a “Cahoots”? Pues que no es ortodoxo, no respeta la sacrosanta línea clásica de The Band, va un poco a su aire. Y como yo no soy muy fan de The Band, entre otras cosas porque me suenan un poco aburridillos, agradezco este “sacrilegio”. Pero en fin, insisto: no soy yo el más indicado para hablar de estos señores.

      ¿Newman? Bueno, generalicé demasiado: dejémoslo en zona de adosados de alto standing. Porque este señor es muy de alto standing, eso está claro. La inteligentsia americana se pirra por él. Demasiado americano para mi gusto, reitero.

      Menos mal, hombre: coincidimos del todo en la trilogía alemana del otro. Algo es algo.

      Y corro a darme golpes de pecho: tiene usted razón, “Rock and roll queen” es de Ralphs. Esto me pasa por hablar de memoria. En fin, no se puede pedir todo: simpatía y exactitud por el mismo precio a veces es mucho. Pero prometo repasar bien los datos antes de escribir nada.

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  6. Bowie y Elthon... palabras mayores... al menos a priori, pero yo nunca he llegado a considerarlos tan importantes como la mayoría, mitificados (sobre todo Bowie) mas por su icónica existencia que por su calidad como músico (cosa que no niego), Hunky Dory, su primera obra maestra mas o menos discutible y donde se comienza a forjar su leyenda con melodías vocales sugerentes y pegadizas, potenciadas con estribillos muy pop ( "Changes," "Quicksand," "Life on Mars?," "Oh! You Pretty Things... impecable, lo dicho). Elthon es un asunto mas complejo, un disco que recuerdo entre la paranoia y la riqueza pop (no se por que esa es mi sensación, escribo esto antes de re-escucharlo), me carga mucho su manera de tocar el piano, (a veces pienso que repite mucho una idea que le ronda tras las gafas), creo que es que no me gusta demasiado, aunque escuchándo Tiny dancer y sobre todo Madman across the water, comienzo a dudar.

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    1. El asunto de la importancia, don Sebas, ya sabe usted que suele ser muy relativo. Pero por una vez, en el caso de Bowie, creo que la tiene: por su vocación de “reciclaje” trasladó muchas enseñanzas de otras épocas o de otros lugares a la Isla: Lou Reed o Iggy Pop se hicieron más populares allí gracias a él. Y por supuesto discos como “Ziggy Stardust” son un referente para muchos músicos que despuntaron luego. Nos gustará más o menos, pero su influencia es innegable.

      Y luego ya Elton es harina de otro costal, pero si conseguimos olvidar sus excesos y la autoparodia en la que cayó después, hemos de reconocer que sus primeros discos eran exquisitos. Un poco densos tal vez, pero ya veo que “Tiny dancer” le ha hecho dudar… y la duda es muy sana.

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  7. Esta semana no he tenido tiempo de escuchar los discos, así que hablaré un poco tirando de memoria.

    De Bowie decir que tanto por motivos sentimentales como artísticos siempre he sido fan. De este disco recuerdo sobre todo Life on Mars que de aquella me parecía el colmo de lo moderno, pero no sé cómo habrá envejecido. Y la portada es una pasada.
    Del pianista truchón mis referencias son de su época de baladista hortera al servicio de Su Majestad. Tendré que creerle cuando afirma que en sus inicios era otra cosa, de hecho algún disco previo por aquí comentado se dejaba oir. Cuando tenga tiempo ya le daré una oportunidad.

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    1. El disco de Bowie es de lo mejorcito de su carrera, señor Chafardero. Y si "Life on Mars?" le gusta, seguro que habrá otras que también, ya que ese tono es en general el que lleva el disco.

      En cuanto a Elton, insisto: su época posterior es un pasteleo total, de acuerdo; pero sus primeros discos son realmente buenos, y debería echarles una oreja. Venga, hombre: si casi todo el mundo aquí ha dicho lo mismo será por algo, ¿no?

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