lunes, 10 de febrero de 2014

1971 (XIII)


Hoy nos visitan otros dos señores muy respetados aquí: Kevin Ayers y Cat Stevens. Kevin, orgullo de la escuela de Canterbury, es asiduo casi desde que se abrió este local, allá por la época de Wilde Flowers y luego con Soft Machine; su trayectoria en solitario, que comenzó en 1969, sigue llenándonos de alegría. El Gato en cambio es un “fichaje” del año pasado, ya que su carrera estelar, su madurez, es la consecuencia directa de la tuberculosis que lo tuvo postrado durante el tránsito de una década a la siguiente: antes de esa enfermedad, cuando era un cantautor folk-pop, solo destacan algunas canciones sueltas. Pero está claro que últimamente anda fuerte, muy fuerte. 

Kevin es un bohemio que prefiere tener tiempo para vivir antes que acumular dinero en giras muy prolongadas, que lo cansan. Por otra parte su estilo musical es mucho más ajustado al estudio, con una gran cantidad de arreglos que en directo pierden encanto o son imposibles de transcribir: teniendo en cuenta que sus canciones andan entre la psicodelia y el ensueño, su circuito de actuaciones cuadraría más en teatros, con la gente correctamente sentada y silenciosa, que en el bullicioso ambiente rockero. Como consecuencia, The Whole World, el grupo que le acompañó el año pasado, se disuelve: la mayor parte de ellos ya están trabajando en otros proyectos, aunque colaboran en su nuevo disco, el tercero de su carrera. Se llama “Whatevershebringswesing” y llega a las tiendas a finales de este año. Los comentaristas suelen considerarlo como su mejor obra, pero los fans opinamos que tanto los dos anteriores como los dos siguientes están a su altura. Para nosotros la cosa es más simple, no necesitamos destacar uno: Kevin sigue en estado de gracia desde que abandonó a los Machine. Porque su estilo es muy personal, y de nuevo estamos ante una colección de canciones, más o menos extrañas pero siempre exquisitas en su rareza, con las que empatizamos inmediatamente. Nosotros, digo. Sus fans. Los demás, allá ellos. 

Solo con el comienzo de “There is loving/Among us” ya nos sentimos transportados de nuevo al mundo de Alicia y sus amigos: la entrada podría ser la banda sonora de una tira clásica de dibujos animados, con ese juego de cuerdas y por el medio algunas escalas de viento que nos recuerdan a Pink Floyd en “Atom heart mother”. Siempre hay espacios reservados para la melancolía, tan clásica en Kevin, como sucede con “Margaret” o la que da título al disco, y por supuesto las piezas deconstruidas al estilo de las que había creado en los antiguos Soft Machine: “Song from the bottom of a well” es un buen ejemplo, mientras que “Lullaby” tiene un aire a los King Crimson de esta misma época. Por tener, tenemos incluso una canción para la discordia: “Champagne cowboy blues”, compuesta a trozos -que no a medias- entre Kevin y Mike Oldfield, su guitarrista y bajo. La melodía suena a Kevin, pero muchos sonidos de cuerda anticipan lo que hará Oldfield luego. Y los fans de este último la reivindican como suya, apoyados en una declaración del interesado afirmando que Kevin se había limitado a componer la letra. Nunca lo sabremos, pero nuestro amigo insiste en que acabó harto de Oldfield porque tanto en estudio como en directo solía ir a su bola, tocando escalas que no estaban en el menú, y que luego descubrió la razón: a lo tonto, había ido organizando las líneas maestras de “Tubular bells”, el disco con el que comenzará su carrera en solitario. Pero el paso del tiempo suaviza los mosqueos, ya que no será este el último disco de Kevin en el que participe Mike. Y he dejado para el final una clásica entre las clásicas: “Stranger in blue suede shoes” (“ah, bueno”: me sé de más de uno que, aliviado, estará pensado esto ahora). Sí, claro, cómo no. La estrella del disco, al menos a efectos de popularidad: fue uno de sus singles más vendidos, junto con “May I”. Es un ejemplo de la particular idea que mister Ayers tiene sobre el rock and roll, con su tono medio derrengado, las cuerdas rasgueando, ese teclado en plan honky tonk, esa voz burlona… una delicia, vamos. Una de esas canciones que solo se le pueden ocurrir a él. 

Cat Stevens tiene puntos de similitud con Kevin: tampoco le cuadran mucho las grandes giras ni los ambientes populosos, porque su música es un manjar digno de ser paladeado con delectación, tranquilidad y silencio. La tuberculosis cambió su carácter, que ahora es introvertido pero mucho más enérgico: sus canciones pueden ser muy populares, masivas incluso, sin necesidad de doblegarse ante las exigencias de la industria. Es la pura belleza la que consigue abrirse paso en las listas de ventas, aunque el mercado esté supuestamente en manos de los rockeros. En este principio de década, tan oscuro y al parecer dominado por ese género, es curioso que personajes como él, Kevin, Elton o Bowie se mantengan a flote… ¿la venganza del pop, que se ha hecho adulto y ahora busca la exquisitez? Podría ser. Lo que está claro es que no todo el mundo comulga con el nuevo disco de los jevis de turno, y eso es un alivio. 

Parecía muy difícil superar el nivel que el Gato demostró en sus dos primeros discos, publicados el año pasado, pero ya ven: de pronto, en otoño -como debe ser- nos encontramos con “Teaser and the firecat”, el tercero. Y aquí vale lo mismo que dije con Kevin, ya que “el mejor disco de Cat Stevens” no existe. ¿Qué criterio podemos usar para destacar uno u otro? Porque si es el más vendido, yo creo que se debe a la inercia provocada por los dos anteriores: el próximo venderá más aún, y no es mejor ni peor. Así que olvidémonos de las listas y oigamos “The wind”, la primera, cortita, simple, solo voz y cuerdas. A continuación “Rubylove”, con esos rasgueos, esos coros, cantando en inglés y en griego; y luego la vuelta a la simplicidad con “If I laugh”, y luego… bah, no tiene ningún sentido comentar canciones como estas: hay que oirlas y dejarse llevar por la emoción. Por decir algo, diré que su versión de la gaélica “Bunessan”, que él convierte en “Morning has broken”, fue uno de sus mayores éxitos en single; y no menos lo fue “Moonshadow”, inspirada por una noche de vacaciones españolas en la que vio la luna con ese imponente tamaño que luce a veces en Andalucía. Snif… gracias, Cat, por la parte que nos toca. 

En fin, habrá que bajar de la ensoñación y volver a la realidad. Pero que el hechizo dure otro poco más: prisa no hay.

14 comentarios:

  1. De acuerdo contigo en todo, Rick. Estos dos tipos han llenado muchas tardes y noches en los años 70. Bueno, concretamente el disco “Whatevershebringswesing” de Kevin no lo conseguí hasta mucho más tarde, pero valió la pena. Le he seguido hasta su último disco publicado y es verdad que no defrauda nunca. Me encanta ese tema que nombras "“May I”. Si vas conociendo los gustos de tus parroquianos, ya sabrás que Kevin Ayers y Robert Wyatt son dos debilidades mías desde los tiempos de Soft Machine.

    Y Cat Stevens es otro que tal baila. Para mi es un gran compositor de canciones redondas. Y si encima las canta con esa voz tan particular, miel sobre hojuelas. Para qué citar temas, es cierto, todas las canciones de esos dos discos (que ahora mismo tengo encima de la mesa) me parecen buenísimas. Está sonando Moonshadow ...que quieres que te diga. Y si hablamos de Tea for the Tillerman del año anterior, pues más de lo mismo (Sad Lisa mmmm)

    Voy tomando nota de la cantidad de información que facilitas; hay cosas que se me escapaban y otras que había olvidado.

    Saludosssssssssssssssssssss

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    1. Se trata de dos personajes que nos han acompañado desde que éramos jovencitos, y es posible que seamos un tanto parciales al hablar de ellos; pero ya sabe, "ande yo caliente y ríase la gente". En cuanto a "May I", la cosa también está clara: es la canción más recordada de Kevin. Y sí, ya me he dado cuenta de su debilidad suya por él y por Robert, señor Babelain; comparto esa debilidad a medias, porque en el caso de Wyatt y aunque me gustan mucho sus dos primeros discos en solitario, luego hay veces en que suena tan "personal", por decirlo así, que me pierdo un poco.

      Cat en cambio creo que le gusta a cualquiera: su sencillez es su arma. Cuando un músico es capaz de esa simpleza y al mismo tiempo tiene el don de las melodías redondas, es imbatible. En aquella época teníamos un baremo infalible: si también le gusta a las chicas es que es muy bueno. Ya ve lo machistas que éramos....

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  2. Se me olvido rellenar la casilla de "Avisarme".

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  3. Hola Rick:
    De Kevin Ayers, decir que en su tiempo no me mataba y ahora, supongo que tampoco, son de esta gente que te da pereza ponerte a escuchar, o sea que hace la tira que no lo escucho.
    Lo de Cat Stevens, es curioso, en su época se oía con agrado y ahora lo mismo, tiene grandes canciones, como algunas de las que hay en este, y lo mejor, creo es que nunca ha ido de super estrella y ha ido a lo suyo. Este "teaser and the firecat", es sin duda uno de los clásicos setenteros. Canciones como el "Mourning has broken" que en su tiempo llegó a empacharnos de tanto oirla, con el paso de los años, se ha digerido y se vuelve a escuchar con place, lo mismo de "Moonshadow".
    Bueno, otra vez tengo disco para escuchar esta noche en la cama.
    Hasta la próxima.
    Jose

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    1. Muy buenas, don José. No tengo nada que objetar a su desdén por Kevin, aunque pienso que debería darle una oportunidad: gente como él no hay mucha.

      Y en cuanto a Cat, ya digo, todos estamos de acuerdo. Es verdad que nunca ha querido ir de estrella, y eso resalta su grandeza. Luego también es cierto que por la "sobreexposición" que hubo en aquella época llegó un momento en que sus canciones llegaron a hacerse pesadas, como le pasó a la escalera al cielo de los zepelines o los sultanes de sweing de los Straits, pero eso ya pasó: vueltas a oir ahora sus canciones, suenan frescas de nuevo.


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  4. El disco del Kevin comienza peor de lo que termina. La entrada es pretenciosa a más no poder, luego viene algún tema que ataca los nervios, y solo el que da título al disco y Stranger in blue suede shoes tienen un pase. Tiene razón cuando dice que a ratos recuerda la banda sonora de alguna peli, como música de énfasis tendría un pase, pero poco más.
    Y después del chaparrón anterior cualquiera que oyera lo tendría más fácil, y si encima son sencillas canciones despojadas de pegotes orquestales, mejor que mejor. Cat Stevens firma un disco precioso, cercano e intimista, y con más verdad que muchos de sus coetáneos.

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    1. No se preocupe por el chaparrón, señor Chafardero: ya sé que su tolerancia a las músicas de este tipo es muy baja, y como le he dicho a don José cada uno es cada uno. No problem.

      Muy cierto lo de Cat: la verdad viene directamente de la simplicidad, y esa es su grandeza.

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  5. Mu güenas, maejtro.

    Sigue usted dándonos razones para añorar aquella época; que yo conocí un poco después: en el 71 tenía trece años hasta julio.

    Kevin. La que usted dice, sí me recuerda a Pink Floyd, y no solo el viento; también a veces el bajo. La otra que menciona, también parece más de Oldfield que de él. Pero esa voz es espectacular. Siempre parece haber ido por libre y corriendo riesgos, pero eso no le hace eludir la búsqueda de la preciosidad. Y, como usted bien supone, Stranger in blue suede shoes y May I me acompañarán hasta que me muera.

    Cat. Otra voz personalísima. ¿Soy un viejo cascarrabias o es verdad que entonces cada músico tenía su propia personalidad? Incluyendo la voz, claro. Yo conocí a este músico después de un par de enfermedades que me encamaron algunos meses; una de ellas tuberculosis. Me gusta mucho más Tea for the Tillerman, y el que nos ocupa ha sido demasiado machacado. Había dejado de oírlo por eso, pero he vuelto hoy a él y es un disco impresionante, que ha resistido el paso del tiempo con solvencia insultante.

    Salud.

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    1. Mu güenas, estimado teleósteo.

      La voz de Kevin, más que espectacular, es cercana, calorífera. No es una potencia como la que puede tener un Joe Cocker, digamos, pero esos matices cálidos desarman al más pintado. Y a la más pintada, no digamos. Sabía que esas dos canciones son muy de su gusto, pero eso es completamente normal: a mí me pasa algo parecido.

      Y Cat... tiene usted razón: en aquella época cada músico tenía su propia personalidad. No como ahora, que son fotocopias de fotocopias, sin carácter, sin un estilo definido. Ahora, por cada estilo hay cincuenta fulanos que suenan casi indistinguibles. Siento lo de su tuberculosis juvenil, que no sé si le sirvió para tanto como la que sufrió el Gato. Pero en fin, supongo que algo sacaría en limpio.... o no.

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  6. He entrado en el Spotify como supongo que algunos de tus comentaristas y he puesto ese whatevershebringswesing sin prejuicios previos, sin pensar si me sonaban los temas o no y con la pequeña ventaja, creo yo, de que no frecuenté a Kevin Ayers en mis años mozos cosa que no pasa con Cat Stevens. Me parece un disco tremendamente bueno y al contrario de lo que dice el amigo Chafardero creo que no baja el nivel en ningún momento, si acaso crece para llegar un final donde se justifica el camino recorrido, tan variado y la mismo tan coherente. Revoletea Pink Floyd sobre el escenario pero el estilo de de Ayers rehuye comparaciones. Comprendo a Mike, tenía un buen sitio a donde agarrarse.
    Es una desgracia que hayamos perdido a Cat Stevens y no por el tema religioso que me da igual si no por aquella intensidad musical que tanta vida nos ha dado en los buenos y en los malos momentos. Aquellos discos, en especial éste y el del 70, Tea For The Tillerman, son obras que han quedado enmarcadas y debieron ser una losa demasiado pesada de llevar para el propio cantante. No me extrañaría que se hiciese islamista por las mismas razones por las que Bob Dylan se hizo católico, había llegado tan lejos que era necesario encontrar una vía de escape.
    Salud

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    1. Me alegro de que le haya gustado este disco de Kevin, herr doktor. Tal vez no sea un asunto de mayor o menor nivel, sino más bien de empatía: como ya dije alguna vez, hay músicos tal vez demasiado personales, y eso limita sus posibilidades de acceso a la gran mayoría de oyentes. Este es el caso que nos ocupa, precisamente: sus seguidores no somos legión, pero tampoco nos andamos con medias tintas.

      Y sí, la conversión de Cat fue una gran pèrdida. Aunque también hay que reconocer que su momento más brillante había pasado: a partir de su quinto disco la cosa decae bastante, ya queda poco de su brillantez original. Era muy difícil mantener ese nivel por mucho tiempo, supongo.

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  7. Entramos en terrenos que me son algo mas familiares, el huidizo, curioso y díscolo Lord Jones... me interesa Kevin, aunque no termino de pillarle el punto (me pasa mucho y con muchos, pero soy insistente) ¿Demasiado ecléctico?¿Simple? ¿complicado? ¿acaso nihilista? ¿etílico?...no sabría decirle, su trabajo me hipnotiza y me desespera (tal vez por que son bastante complicadas de ubicar en el tiempo). El amigo felino es harina de otro costal,me gusta bastante su rollo tan "familiar" y cercano, y aunque estoy de acuerdo en que en ambos caso no existe eso de "el mejor disco de", a este “Teaser and the firecat” le tengo especial cariño (me gustaba con 15 años y me sigue gustando ahora), sus cuatro primeros discos son para reivindicar toda una carrera. Luego Stevens dijo un par de chorradas peligrosas, pero el hombre parece que se quedó en paz consigo mismo, su nueva "segunda" vida le fue bien. la portada de Teaser, como maquinaria evocadora, promete ese azul de cielo nocturno, una la luna blanquísima, y las ramas del arbol que asoman por encima de la valla. Esa luna y esa rama, movida por un viento invisible, son lo que tiembla en sus mejores canciones, la voz de Stevens, pero también la segunda guitarra de Alun Davis, delicada como el encaje de una telaraña....(Stevens hace brotar mi prosa, que le vamos a hacer)

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    1. Bueno, don Sebas, tampoco hace falta desesperarse. No se preocupe, hombre: limítese a oir de vez en cuando una o dos canciones de Kevin y deje que el tiempo fluya. La insistencia, en estos casos, debe limitarse al no olvido.

      Y el Gato, como era de esperar, le gusta a usted y a todos los que han pasado por aquí. Es lógico, y al mismo tiempo revelador: la sencillez es un arma imbatible. Luego ya el asunto de la conversión es cosa suya, aunque me gustaría aclarar que esas "chorradas", como usted dice, fueron en muchas ocasiones tergiversadas por la prensa americana e isleña. A día de hoy sigue sin estar muy claro qué dijo y qué no dijo. Pero en su ánimo nunca estuvo llegar a los extremos que algunos plumíferos amarillos sugirieron.

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