lunes, 4 de febrero de 2013

1970 (XV)


En nuestra visita a la simpática fauna de Canterbury vimos la cara amable de un género, el progresivo, que no suele prodigarse en sonrisas. Y hoy toca volver a la realidad con Emerson, Lake & Palmer y Gentle Giant: los primeros se hallan encuadrados en el sector sinfónico, mientras que los otros representan el tono medio de muchas bandas que mezclaban varios estilos. Se trata de dos nombres muy reverenciados en su época, aunque la mayoría de crítica y público actuales consideran que el paso del tiempo no les ha sentado nada bien. Yo me limitaré humildemente a reseñar sus orígenes y situación en 1970. No tengo talla suficiente para discernir si son tan valiosos como dicen sus fans o no, y temo que este resquemor me acompañará hasta la tumba. 

Keith Emerson, un virtuoso de los teclados y gran conocedor de la música sinfónica, se encuentra en 1969 ante una situación límite: su banda, The Nice, ha sufrido unas cuantas deserciones. Y los miembros restantes también comienzan a estar hartos de su estilo despótico; aunque de momento transigen, ya que tras unos primeros tiempos de poco éxito su tercer disco ha llegado puesto 3 de las listas isleñas a pesar de la pobre promoción de Immediate, un sello al borde de la quiebra. Cuando esa quiebra se substancia son fichados por Charisma, que involuntariamente certificará el final del grupo: en Otoño graban la Suite de los Cinco Puentes, que será su cuarto disco y primero con el nuevo sello; llegará al puesto número 2 en Junio del 70, el mismo mes de su publicación. Pero para entonces Nice ya no existen. La fecha oficial de su baja, el 30 de Marzo de ese año, en realidad no es más que la última actuación pendiente que tenían. Emerson había comunicado su marcha tiempo antes. 

Porque tiempo antes, a mediados del 69, cuando ya la bronca en Nice comenzaba a hacerse insoportable, coincidieron en algunas actuaciones americanas con King Crimson. Emerson había quedado prendado de la voz y el estilo de Gregg Lake con las cuerdas, tanto en guitarra acústica como en el bajo, y le ofreció unirse a su grupo. Gregg no lo tenía claro e informó a Robert Fripp, que contraatacó con otra oferta: únete tú a nosotros. Pero Emerson no estaba dispuesto a compartir el estrellato con un guitarrista (que por otra parte dirigía una banda de élite y era tanto o más dictatorial que él), y la rechazó. Con lo cual Gregg quedaba entre la espada y la pared. Y finalmente llegó a la conclusión de que más tarde o más temprano abandonaría a los Crimson, porque esa banda era Fripp y solo Fripp: los demás músicos iban y venían, pero las reglas del juego estaban claras. Emerson, al menos en apariencia, le ofrecía un trato de igualdad. Así que decidió aceptar. Emerson, más contento que unas castañuelas, informó a sus compañeros de que en cuanto terminasen las actuaciones pendientes se iría. Ya solo faltaba encontrar un batería solvente, a lo cual se pusieron de inmediato. Ese batería, tras algunos descartes, resultó ser Carl Palmer; al que ya conocemos por sus dubitativos principios en los Craig y que luego pasó fugazmente por la banda de Arthur Brown. Palmer llevaba poco menos de un año trabajando en Atomic Rooster junto a Vincent Crane, otro fugado de esa banda, cuando le llegó la oferta que no podía rechazar: escribir su nombre junto a Emerson y Lake era un indudable ascenso de categoría. Pero no sean ustedes malpensados; porque si el trío se nombra así, en ese orden, es únicamente para respetar la jerarquía del alfabeto. Esto lo recalcaron mucho, los tres. 

Y el nombre del trío es también el título de su primer disco, que ve la luz a principios de otoño, poco después de su apoteósica actuación en Wight. El repertorio sigue la línea trazada en la última época de Nice, es decir, alternar versiones de piezas clásicas con material propio; es decir, la línea trazada por Emerson. Pero ha diseñado un sistema de contrapesos muy inteligente: la contundencia, la fiereza con la que puede llegar a emplearse en los teclados tiene una respuesta equivalente en la percusión, que puede alcanzar esa misma violencia. Y entre esos dos extremos tenemos a Lake con su voz melodiosa, cálida, y sus guitarras: tanto las acústicas como el bajo pueden llegar a tonos ensoñadores. Lo cual, llevado a la práctica, nos enfrenta con dos estilos casi opuestos. Yo, qué quieren que les diga, suelo refugiarme en las dos piezas de Lake: la exquisita “Take a pebble”, a pesar de su duración, está perfectamente equilibrada entre la voz, las cuerdas y un Emerson que, al piano, suele contenerse. Y “Lucky man”, que llegó a ser un gran éxito en single y cierra el LP, lo tiene todo: una estructura melódica muy bella con reminiscencias folk, una batería que me recuerda a King Crimson y hasta un moog que se limita a las líneas justas para no cargarse el conjunto. En el sector “clásico revisitado”, por decirlo así, tenemos el tratamiento casi heavy por momentos que Emerson da al Allegro Barbaro, de Bartók (que ya es intensa en origen) y la un poco más matizada (tal vez por la voz de Lake) “Knife edge”, partiendo del primer movimiento de la Sinfonietta de Janácek. Emerson abre la cara B con su “The three fates”, que a mí me cansa bastante; y no digamos “Tank”, con un inacabable solo de batería. De todos modos, para mi gusto fue su mejor disco. Y gracias a ellos hubo unos cuantos muchachos que, buscando las piezas originales que este trío versionaba en cada una de sus obras, descubrimos a sus creadores: algunos nos gustaron y otros no tanto, pero eso al menos debo reconocérselo. Bueno, eso y la mayor parte de las piezas de Gregg Lake.

En términos comerciales, la carrera de Gentle Giant fue la antítesis de los ELP: mientras a estos se les consideró como “la cumbre del progresivo”, “el futuro de la música sinfónica” y hasta de la raza humana en su camino hacia la simbiosis con Dios (con permiso de los zepelines), los Giant fueron y son un grupo de culto. Es decir, de mucho respeto y pocas ventas. Lo cual es debido tal vez al hecho de que, como otras muchas bandas de la época, siendo músicos magníficos su nivel creativo era discreto: nunca supieron ir por delante de los tiempos, como hacen las grandes. No tenían un carácter propio, reconocible, sino que reciclaban lo ya conocido con mejor o peor fortuna. Llegaron a ser comparados con los Crimson, Yes o Nice… con la diferencia de que todos ellos hacían cosas parecidas antes que los Giant. Y este fue un estigma que ya los tenía marcados desde sus inicios a mediados de los años 60, bajo el nombre de “Simon Dupree & The Big Sound”: su repertorio, aunque tiene algunas perlas aisladas, no es tan grande. Y por cierto, nunca hubo un Simon Dupree. 

Tanto ese grupo sesentero como el nuevo son en esencia la agrupación de los tres hermanos Shulman, que como buenos hijos de un trompetista de jazz aprendieron en primer lugar el dominio de varios instrumentos de viento. Y cuando deciden crear su primer grupo ya casi lo abarcan todo: Phil, el mayor (le lleva casi diez años a los otros dos), se encarga además de todo tipo de teclados; Derek (el supuesto “Simon Dupree”) es la voz principal y ataca el bajo si es necesario; y Ray, el más pequeño, se especializa en el violín aunque también sabe usar todo tipo de guitarras. Hay otros músicos a su lado, claro, pero esa es la base. Y comienzan allá por el 64 haciendo r’n’b y soul, géneros con mucha aceptación en el mercado mod. Aunque cuando llegan a grabar, dos años después, piezas como “I see the light”, una versión que hoy nos puede parecer magnífica, en aquel momento ya comenzaban a sonar desfasadas. De ahí pasan a la psicodelia, y en el 67 consiguen involuntariamente el mayor éxito de su carrera con una canción impuesta por su productor: la melódica, sentimental “Kites”, una pieza de estilo asiático y en la que una actriz china susurra algunas frases -suponemos que en chino- dando contestación a los lamentos de Derek (lo curioso es que esta señorita, aunque de origen chino, ni siquiera había nacido allí, ni conocía el idioma). Esa pieza es hoy en día una clásica entre los fans del género y ayudó a vender su único LP; pero poco más les queda de brillo, ya que el resto de sus singles pasan sin pena ni gloria a pesar de su calidad. 

La banda se disuelve en 1968, pero queda por destacar un curioso episodio ocurrido a finales de ese año: los tres Shulman exclusivamente, bajo el pseudónimo de “The Moles”, graban un extraño single psicodélico (por decir algo), oscuro, cavernoso, con una voz “trucada” que podría recordar a un troglodita tarareando algún cántico de su grey, titulado “We are the moles” (parte 1 y 2). La pieza, teniendo en cuenta el género, era buena; rara, pero buena. Sin embargo su fama obedece a otras razones: publicada en Parlophone, corrió el rumor de que se trataba de los Beatles grabando bajo pseudónimo porque, debido a alguna extraña razón, no querían que apareciese en Apple. Esto era una tontería, claro; pero entre el rumor y que la pieza tiene un vago parecido con el estilo de “I am the walrus”, mucha gente picó hasta que Syd Barrett levantó la liebre. Pero para entonces se habían vendido muchas copias. Los Shulman no volvieron a utilizar ese nombre, que en realidad no es más que una transición antes de presentar la nueva banda que están perfilando: Gentle Giant, con nuevos acompañantes y nueva perspectiva. 

Y a finales de 1970 aparece “Gentle Giant”, su primer LP. Una vez más destaca la gran altura técnica de los tres hermanos, así como del resto de los intervinientes, y el conocimiento musical que atesoran; pero también el hecho de que no hay una línea clara, un estilo que los haga reconocibles. “Giant”, la primera, es brillante, con una buena introducción (puede recordar a Yes o ELP) que da paso a un desarrollo en tono de jazz rock seguido por una fase cuyas teclas (a cargo de un magnífico Kerry Minnear) nos hacen pensar en una interesante mezcla de King Crimson con Caravan. El material de este tipo, denso, fuerte, suele ser cantado por Derek; quien, no sé si queriendo o sin querer, me recuerda a Roger Chapman, la bestia de Family. En cambio, en las delicadezas interviene su hermano Phil: ese es el caso de “Funny ways”, una de mis preferidas, donde el tono lírico y acústico se aparta un poco de las bandas de referencia. Tiene una fuerte carga clásica; y no solamente por el sonido del violonchelo, sino por la propia línea melódica, de tono medieval: una gran canción. Pero pronto volvemos a los recuerdos, porque quien conozca “Alucard”, la siguiente, sabe de lo que estoy hablando: King Crimson, sin la menor duda. En otro tono, pero son ellos. Aun así es una gran pieza, que conste. Y volvemos a la dulzura con “Isn’t it quiet and cold?”, en la que los instrumentos tradicionales apoyan una melodía encantadora. La cara B en cambio tiene poco que destacar: “Nothing at all” tiene unos bonitos juegos de voces; pero de pronto la pieza se encrespa y nos obsequian con un solo de batería que no me cuadra mucho. “Why not”, con el mismo estilo de “Giant”, es pasable, simplemente. Y la última, “The Queen”, no sé a qué viene: un minuto y medio de notas al estilo de las bandas de música militar, primero en plan tradicional y luego rockero. Bueno, como acaba pronto da igual. La sensación que nos queda, y que se mantendrá durante toda la carrera de los Gigantes, es que son buenos pero no excepcionales. Tendrán un buen puñado de seguidores, como los tuvieron Spooky Tooth, Audience, Cressida y tantas otras bandas cuyo problema fue el mismo: un alto nivel técnico pero poca creatividad. 

El panorama de novedades progresivas termina aquí. Los muy escasos grupos que surjan a partir de ahora ya no alcanzan la altura de los precedentes, y por otra parte este género será el primero que comience a mostrar signos de fatiga; salvo en el continente, donde la afición seguirá conservándose por mucho tiempo todavía. Pero los isleños son muy exigentes, hay que estar sorprendiéndolos todos los días. 


11 comentarios:

  1. Por razones anejas a mi voluntad, no puedo hacer los deberes y escuchar de nuevo a estos insignes músicos: hablo de memoria (la poca que me queda). Pero, en algún futuro perfecto, escucharé los temas que recomiendas.

    La existencia de E.L.&P. está justificada, además de por algunas –escasas- joyitas, por alguna de sus portadas. El vinilo era superior también por la superficie que ofrecía a los artistas plásticos.

    Me ocurre lo mismo con Gentle Giant que con Gong. No los entiendo, pero tienen alguna maravilla que me deslumbra.

    “I am the walrus” es algo importante en mi vida de degustador musical.

    Qué gran nivel, como siempre.

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    1. Las portadas de la época, y especialmente las de los grupos progresivos, eran uno de los encantos adicionales que tenían aquellos discos, como usted bien sabe. Y en el caso de E,L & P, estoy convencido de que un porcentaje nada desdeñable de sus ventas se debe a sus lujosos diseños. Eso no hay quien me lo saque de la cabeza, señor Átono.

      A Gentle Giant los he sacado de paseo por dos razones: son quizá el grupo más respetado entre el repertorio progresivo de segunda fila, y representan muy bien las glorias y miserias de ese sector. Hay otros cuantos de ese nivel que podrían aparecer perfectamente aquí, de su misma altura, pero parece ser que estos son los más recordados. Ahora, ya que los cita, yo prefiero a Gong con mucha diferencia.

      "I am the walrus" me encanta, aunque hay que reconocer que es un poco rarita. Tanto como la de los Moles: échele un orejazo por Youtube, ya verá.



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  2. Oyendo a Emerson, Lake and Palmer hoy en día olvidando los prejuicios y sin alimentar la fobia de que fueron víctimas por sus pomposidad, su desmesura y su ambición de meter la música clásica en una trituradora y ver lo que salía por el otro lado; creo que haciendo todo eso, se pueden descubrir grandes cosas. Estoy escuchando a Gentle Giant en el Spotify y aunque no me llaman especialmente la atención resultaría atrevido dar una opinión válida dado mi desconocimiento del grupo.
    Saludos Rick

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    1. Yo reconozco, herr doktor, que en cada disco del trío hay dos o tres canciones realmente buenas. Lo cual no evita que, para mi gusto, metan mucho relleno afectado de esa grandilocuencia que usted mismo reconoce. Tal vez si no se hubiesen pasado tanto con sus delirios de grandeza hoy los consideraríamos de otro modo. Porque técnicamente nadie discute su altura, eso está claro.

      En cuanto a los Giant, ya digo: dependiendo de los gustos personales de cada uno, hay otros grupos de parecido nivel que podrían citarse al mismo tiempo que estos o en su lugar, pero he recurrido a ellos porque me parecen simbólicamente los más notables -a efectos populares- entre la serie B del género.

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  3. Difícil me lo pone esta vez. De ELP he escuchado Lucky man y se deja oír, pero lo demás no hay por donde agarrarlo. A Gentle Giant no tenía el gusto, y por lo que parece tampoco me he perdido nada. La verdad, ver violines y contrabajos en grupos de rock no me entra en la cabeza, por muy artistas virtuosos que fueran, y sus temas me producen cierto desasosiego.

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    1. Ya me imagino, señor Chafardero, que este estilo no va mucho con usted; en realidad tampoco va mucho conmigo, la verdad, pero si se quiere hacer un repaso mínimamente serio sobre la época hay que citarlos. Otra cosa es el asunto de los violines o los contrabajos, que eso ya depende de la creatividad y las ideas que los músicos tengan: en el folk, por ejemplo, han sido muy útiles.

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  4. Yo también trataré de hacer los deberes, Rick. A Gentle Giant no tengo el gusto de conocerlos; es más, no tengo ni el gusto ni el disgusto: creo que nunca escuché ese nombre.

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    1. Ay, estimado Caruano. Conociendo tus preferencias, casi te recomendaría que pasases de este cáliz: no creo que vayas a tener el gusto, sino más bien el disgusto. Si hasta yo, con lo raro que soy, no les tengo mucho amor a estos dos, imagino que tú menos aún.

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  5. Has escrito una gran entrada, al menos en dos acepciones del término.

    Pues vaya, efectivamente no me van 'Emerson, Lake & Palmer''. A mi padre sí le gustan, por cierto, aunque no los escuche ni mucho menos tanto como sus idolatrados ''Alan Parson's Project'' o, cambiando mucho de tercio, 'Dire Straits'. No he escuchado mucho Emerson... (y que me perdonen Lake and Palmer, pero no pienso escribir los tres nombres cada vez que cite este grupo, jeje), tienen momentos guapos, pero en general no me enganchan las canciones, si es que se puede hablar de canciones. Mejor 'piezas'. Encima, para más inri, el uso del piano en este tipo de música no me va... En general No soy de piano en el rock, ya vi que Elton John no me gustaba. Pero sí soy de teclado psicodélico a lo The Doors. Sí soy de piano desnudo en las Polonesas de Chopin, etc etc... el gusto de cada uno tiene particularidades a veces inexplicables.

    He disfrutado mucho de su narración de la historia de la formación de Emerson... (que no, que no pienso escribir los tres nombres. Tardaría mucho...) y el 'conflicto' que surgió con el señor témpano de hielo cerebral (estoy siendo muy duro, pero es que me influyó sobramanera aquel post tuyo en mi imagen de Fripp).

    Los Gigantes esos (me he liado con la cantidad de nombres que usan) en cambio tienen cosas que me han gustado. Claro que... para saber si de verdad me gustan tendría que escucharlos más y ver si me aburren o si me dicen algo. No es mi estilo, pero tienen detalles instrumentales y líneas melódicas que me van. Las mezclas y la producción es, cuanto menos, singular. 'We are the moles' mola, valga la redundancia fonética. Jamás habría pensado en 'I am the walrus' si no lo hubieses dicho. Por la forma de cantar rápida, sin embargo, me han traído a la memoria una canción de un estilo alejadísimo de éste, pero la memoria es así de caprichosa: 'Love maker', esa joya... ¿qué digo joya? diamante de canción que nos regalaste hace ya mucho tiempo.

    Y me llaman a cenar, volveré.

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  6. Me temo que Giant necesite de más tiempo como para opinar. A este grupo no lo puedo despachar ni juzgar tan rápido como a 'Emerson...(Lago y Palmera), lo cual es extraño, porque que yo sepa los grandes del momento eran Emerson... (Lago y Palmera). ''necesitar tiempo para...'' Una idea desgraciadamente anticuada ya en este arte de escuchar un disco. Los nuevos tiempos y el mp3 nos están acostumbrando mal.

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  7. ¿Una gran entrada, yerno? Ya, me he pasado con el tamaño. Trato siempre de no largar demasiado, pero al final cojo carerilla y cuando me doy cuenta voy por Pamplona. Soy un plasta, ya lo sé.

    Y ya me imaginaba que los ELP no le iban mucho. Ni a mí tampoco, como ya dije. Lamento decirle, por otra parte, que los gustos de su señor padre y los míos difieren bastante, salvo en la primera época de Dire Straits. El Proyecto de Alan Parsons me hacía gracia al principio, con aquel primer disco sobre Poe, pero a partir de ahí siempre me ha parecido un poco pastiche. Y el piano, depende de cómo se use: acepto que no le interese Elton John, pero Bowie lo usaba de vez en cuando, o Cat Stevens y muchos más. No creo que haya un solo instrumento que no pueda ser usado en la música popular: todo depende de la altura musical de quien lo use. Las fusiones que hacía Frank Zappa son un buen ejemplo.

    Y los Gigantes... hombre, ya le digo que hay otros cuantos grupos de talla parecida. Son un buen referente como símbolo de las bandas progresivas de segunda fila, con algunas piezas realmente buenas y otras que llegan a hacerse aburridas o sin personalidad. Ahora, que los grandes del momento, como usted dice, sean ELP no significa mucho (salvo a efectos de ventas): como siempre, va a gustos. Y para mí, en esa época y en ese estilo, eran infinitamente mejores King Crimson (por no decir más).

    "Necesitar tiempo". Sí señor. Siempre se ha necesitado tiempo para entrar en el meollo de la mayor parte de la música. El único consejo que puedo darle ya está en el refranero: "Quien mucho abarca, poco aprieta". Hay que seleccionar, es el único modo.

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