lunes, 23 de abril de 2018

Estados Unidos: los últimos 70s (X)


Ahora que estamos a medio camino entre Nueva York y cualquier otra parte, creo que es el momento indicado para presentarles a un señor que siempre se sintió de muchos sitios y de ninguno al mismo tiempo: se trata de Will Borsey, de apellido artístico DeVille, que comenzó su carrera como líder de la banda Mink DeVille antes de continuar en solitario. Esa banda fue fija en el CBGB durante casi tres años, aunque su música tenía un espíritu muy lejano al local porque la querencia del señor DeVille iba desde las raíces tradicionales yankis como el blues o las melodías criollas hasta el duduá, la factoría Spector, los ritmos latinos o la canción europea de cabaret, solo por resumir. Así, no es extraño que desentonase en aquella tribu, y ni siquiera sus recuerdos sobre el local son buenos: “nos metían en el mismo saco que a los demás, pero no teníamos nada que ver con ellos. Parece que cualquier puñetero estudiante de arte que desafinase montaba un grupo y conseguía un contrato de grabación”. De todos modos el ambiente le fue propicio para darse a conocer, ya que tanto su actitud como su pose podían ser asimilables a la corriente transgresora del momento y su música suele ser muy enérgica, muy viva. Pero aun así hemos preferido citarnos con él lejos de aquel tugurio, no sea que se enfade. 

Esa gran variedad de influencias se debe a sus orígenes: nacido en Connecticut, entre sus ancestros hay un rango enorme que va desde indios hasta irlandeses. Y en lo musical, casi desde niño siente una gran curiosidad por cualquier tipo de melodía que suene en la radio, sean tonadas folkies o los éxitos ensoñadores de la Motown. En cuanto terminó los estudios secundarios comenzó a frecuentar Nueva York, aunque por aquel entonces reinaba la psicodelia (él detesta todo lo que suene a hippy) y salvo algunos escarceos en pequeños grupillos de su ciudad natal empleó gran parte de su tiempo en estudiarse a los clásicos del blues y otros géneros raíces hasta que en 1970, con veinte años, comienza una especie de peregrinaje que lo lleva primero a Londres, luego de vuelta a Nueva York, de ahí a San Francisco y otra vez a la Gran Manzana, donde se asienta ya a mediados de la década. Durante ese tiempo ha estado buscando su propio estilo, su lugar en el negocio, y de paso reuniendo un grupo de músicos que confíen en él y tengan la talla suficiente como para ir en serio. Por fin, en 1975, cuando la banda Mink DeVille llega a ser una de las oficiales en el CBGB, junto a Willy quedan dos de aquellos músicos: el bajista Rubén Sigüenza y el batería Thomas Allen, a los que ahora se unen Louis X Erlanger como guitarra solista y Bobby Leonards en los teclados. Y a finales del año siguiente, cuando la mayoría de los “estudiantes de arte que desafinaban” ya habían conseguido un contrato discográfico, llega el momento de que también él tenga el suyo. 

Capitol es ese sello, para bien y para mal. Y no es frecuente que un grupo novel tenga un productor como Jack Nitzsche, pero fue el propio Nitzsche quien pidió producirlo: aunque Willy no sabía quién era, el maestro supo ver que con aquella voz, su bagaje musical y su actitud solo había que moldearlo. Su primer disco se publicó en la primavera del 77; figura a nombre del grupo, pero en Europa se distribuyó con el título de “Cabretta” y así es como suele figurar en las discografías. Como era de esperar es un compendio de varios estilos en el que llama la atención ese amplio juego de registros vocales que tanto impresionó a Nitzsche (cuya producción, por cierto, está a la altura): desde un tono que puede recordar a Van Morrison (“Mixed, shook up girl”), se envalentona y rasga la garganta para hacer un rock and roll como “Gunslinger” llegando a momentos que incluso me recuerdan a John Fogerty, como en “One way street”, o se transforma en una especie de Lou Reed latino en “Spanish stroll” (tremendo éxito en España, claro). Tal vez esa variedad de ritmos y de tonos puede interpretarse como una carencia de estilo propio, pero hay que reconocer que casi todo lo que hace lo hace bien; y en ese todo se incluye una brillante versión de “Little girl” (una posible recomendación de Nitzsche, que había trabajado con Spector) o el “Cadillac walk” de Moon Martin con mucha más densidad, y no solo por la voz -uno de los puntos débiles de Martin. 

Como suele pasar con este tipo de discos intemporales, sus ventas fueron discretas; pero la crítica lo ensalzó, nunca ha dejado de reeditarse y ya por entonces engancha a un buen puñado de incondicionales que serán fieles casi hasta el final de su carrera. Por otra parte la estética del grupo resulta imbatible aunque solo sea por contraste con los demás, de ese tiempo o cualquier otro: aquellas pintas de macarras vestidos de gala como para una boda en Louisiana o Puerto Rico, la percha que luce su líder (cuya vida personal de excesos hace juego con su puesta en escena) es la guinda que corona el pastel. Y muy pronto comienza a emanar su magnetismo en Europa, donde ya sabe que este tipo de ofertas resulta irresistible: DeVille es otro de esos músicos mucho más populares a este lado del Atlántico que en su país. Casi por pura inercia llega su segundo disco, “Return to Magenta”, un año después, con hechuras muy parecidas: Nitzsche, ayudado por Steve Douglas, recarga un poco el sonido acercándose por momentos al “muro” de Spector (algo evidente en piezas como “Just your friends”, con unas castañuelas que le dan un vago aire hispano, como las estrofas en español de “I broke that promise”). Pero en conjunto el material es muy parecido al de su disco anterior y quizá con menos brillantez, porque las giras, los viajes y su complicada vida personal no le dejan mucho tiempo para sentarse a escribir canciones. 

Una de sus ciudades preferidas es París. Ya el título de aquel segundo disco era una referencia al bulevar del mismo nombre, y su ambiente artístico lo acaba cautivando hasta el extremo de convencer a Capitol para que le financie la grabación de su tercer disco allí. DeVille ha disuelto la banda y solamente queda a su lado Erlanger, el guitarrista; los demás serán músicos contratados. En vez de Nitzsche recurre a Douglas, que ya había coproducido su disco anterior y además es un gran saxofonista, mientras que los arreglos de cuerda quedan a cargo de Jean-Claude Petit, un veterano compositor y arreglista. Aquello salió un poco caro (buena parte del presupuesto se fue en fiesta, alcohol y una sustancia ilegal muy apreciada por Willy), pero valió la pena: “Le chat bleu”, publicado en Europa en 1980, está considerado como el mejor disco de su carrera. Aunque Capitol se disgustó porque, según ellos, algunas canciones “no cuadran con el consumidor americano”: al parecer la ayuda del legendario Doc Pomus en la composición, ese acordeón que suena en la espléndida balada “Just to walk that little girl home” o en “Mazurka”, ese pianillo y los instrumentos de viento -rancios, por lo visto- de “Slow drain”, esa versión de la casposa “Bad boy” y algunos detalles más tendrán sentido en la decadente Europa, pero en Estados Unidos somos muy modernos y eso ya no se lleva... Aun admitiendo una bobada como esa, parece que no se fijaron en que el disco comienza con “This must be the night”, muy al estilo Springsteen (que ya estaba dando un buen dinero a la CBS) “vitaminada” con esos coros, o que “Savoir faire” a pesar de su título en francés es un rock como la copa de un pino… En resumen: que en este disco se unen los viejos y los nuevos tiempos y mundos, en una síntesis que la crítica elevó a categoría de obra maestra. Y que en Estados Unidos hubo que comprarlo vía importación hasta que Capitol se bajó de la parra, cuando ya la pérdida económica era importante. 

Ya supondrán ustedes que el señor DeVille se agarró un cabreo importante también; pero por suerte su contrato con Capitol termina ahí, lo cual le permite instalarse en Atlantic bajo la protección del mismísimo Ahmet Ertegun, el jefazo del sello. Y para entonces ya no está a su lado ningún músico de los primeros tiempos, aunque todavía grabará otros tres discos a nombre de la banda antes de comenzar una nueva carrera en solitario... Pero todo eso ocurre ya en la década de los 80, que no es nuestro asunto ahora. Así que nos despedimos hasta entonces deseándole que se cuide un poco, y seguimos nuestro camino: dicen que en Ohio hay novedades. 



16 comentarios:

  1. Pues tampoco en esta ocasión conocía al grupo invitado de esta semana. Así que he decidido escuchar alguno de sus trabajos. Me había decidido por 'Le chat blue' pero no lo he encontrado por ninguna parte así que su debut discográfico, 'Cabretta' me ha parecido una buena opción. Como comentas es un disco muy variado, con influencias de varios estilos y con distintos registros vocales. Y también muy rockero. Además podría pasar por un disco actual, no da la sensación de ser de finales de los 70. Me ha gustado especialmente 'Spanish Stroll', que me sonaba vagamente ("¡Hey Rosita! ¿Dónde vas con mi carro, Rosita?)
    Pues nada, voy preparando las maletas para pasar una temporada en Ohio. Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. DeVille fue bastante popular incluso en España, aunque es posible que haya pasado de moda un poco. Y desde luego, el Spanish stroll estaba presente tanto en las radios como en las máquinas de discos de los bares.

      "Cabretta" y "Le chat bleu" son sus dos grandes discos en Capitol, aunque el segundo tampoco desmerece. Resulta extraño que "Le chat bleu" sea difícil de pillar, porque es un clásico, pero si algún disco de los que comento aquí te interesa y no lo consigues, avísame.

      Nos vemos en Ohio.

      Eliminar
  2. Me gusta esa mezcolanza casi postmoderna de Willy Deville. Ese estilo mestizo y coctelero combinado con una voz fantástica. Creo también que tiene su lógica que triunfase más en Europa que en USA mas esclavas de sus propias tradiciones musicales. Lástima que las cosas se torciesen.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí que hay un cierto tono posmoderno en la discografía del señor DeVille, porque ese eclecticismo tan amplio es una de las señas de identidad en los tiempos actuales. O debería serlo..

      Eliminar
  3. Me encanta Willy DeVille. Pude verle en el 2007 en Málaga, en el Terral Festival junto a Elvis Costello entre otros; aunque ya un poco tocado, aún mantenía ese poderío ratero que le caracterizó en toda su carrera. Nos pareció un poco cabreado, pero luego nos enteramos del porqué del cabreo. Al parecer se había extraviado la maleta con todos sus "medicamentos".

    Sus dos primeros discos (por cierto, de la década de los 70) me encantan; sobre todo “Cabretta”. Los dos siguientes, ya en los 80, los dejamos para cuando llegue la ocasión; el resto no los controlo demasiado.

    Un personaje a reivindicar.

    Saludossssssssss

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. El señor DeVille tenía mucho vicio, aunque al final se lo llevó un cáncer. Decían que en sus últimos años se había moderado un poco, pero ya sabes que hay algunas costumbres muy difíciles de abandonar...

      Yo he dejado la cosa en el 80, por incluir "Le chat bleu" y porque creo que a partir de ahí, con el siguiente disco ya fuera de Capitol, es donde realmente comienza la década para él.

      Saludos mil....

      Eliminar
  4. Hola Rick.
    Pues yo creía que tenía un disco de este señor, pero he ido a ver en mi polvorienta colección de discos y entre una caja dedicada al Mike Oldfield, que ni me acordaba que tenía y el Dias del futuro asado de los Moody Blues, debía estar, pero no, solo polvo. Si es que algunos de mis viejos vinilos han llevado una vida muy azarosa.
    Recuerdo vagamente que me gustaba bastante por esa mezcla de estilos y la frescura que transmitia. Además este remake del "Mi Carro" del "Manolo Escobar", supera con creces al original, aunque Bab me lo rebata.
    Por cierto, yo también voy el miercoles que viene a Ohio, concretamente a Dayton, ¡Que coincidencia!
    Saludos
    Jose

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¿Una caja de Mike Oldfield? Cuidado, que eso puede ser peligroso. Y los Días del futuro, bueno, tienen algunos momentos muy buenos, pero tampoco es para abusar. Hay que ver, menudas sorpresas nos das...

      Yo creo que por lo menos el primer disco te tiene que gustar, porque es muy amplio. Hay casi detodo en él.

      Yo voy a Akron, y luego a Cleveland. Igual nos cruzamos por el camino...



      Eliminar
  5. Hola:
    Pues a este personaje si que lo conozco, aunque creo que no lo había escuchado desde hacía muchos años. Enseguida me he acordado al escuchar el "Spanish Troll", tema que durante un tiempo aparecía hasta en la sopa y que a mi me recuerda mucho a Lou Reed. Luego me he metido en el youtube y efectivamente, allí estaban el resto de conocidas, empezando por Demasiado corazón, y siguiendo por esa archiconocida versión de "Hey Joe".
    En fin, que esta vez ha sido agradable recordar viejos tiempos.

    Aprovecho la visita y me llevo el tema de Eric Burdon & The Animals para mis listas.

    Un saludo.
    Antoni.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, el Spanish stroll acabó siendo una plaga. Pero tenía su encanto, de todos modos. Y fue una pena que no se escuchase más su versión del "Hey Joe", muy latina y lo que tú quieras, pero muy bien hecha. Aun así, también tuvo bastante presencia en la radio.

      Me alegro de que te hayas "llevado" a Eric. No es exactamente uno de mis preferidos, pero esa canción en concreto es para mí de lo mejor que hizo en su carrera.

      Saludos mil.

      Eliminar
  6. Favorito de esta casa el artista, tanto en su variante banda como en solitario. Hace no mucho adquirí su "Backstreets of Desire", fantástico, pero ya es de otra época, no tendría aquí lugar. Me estrené con su "Return To Magenta", un disco que llenó de alegría muchas horas de aquellos años, tiempos en los que devorábamos con pasión cualquier novedad que nos llegara de la gran manzana, y esta para mi era de las mejores. Todos sus discos tienen ese punto chulesco, quedón, innovador, como nuevo era su acercamiento a muchos estilos que se veían entonces demodés. Por lo que veo, Nueva York sigue dando muy buen juego.
    Saludos,
    JdG

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. A mí me parece que DeVille, por su carácter tan personal, gusta (o no gusta) lo mismo al frente de su banda que en solitario: no hay grandes diferencias entre una época y la otra. Es siempre él.

      En cuanto a lo de Nueva York, ya digo que a un personaje como este, tan libre, tan a su aire, no se le debe ubicar en un lugar determinado: él es su propia patria.

      Saludos mil...

      Eliminar
  7. Pues yo lo he recuperdao de las nieblas del olvido mientras te leía. Me sonaba sobre todo por el tono ecléptico y mestizo y creo que por sus discos de los ochenta, así que voy a ponerme con los que citas aquí que la muestra está muy bien.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tanto a finales de los 70 como luego, la característica principal de este personaje es que tiene un carácter muy marcado: nunca hay grandes sobresaltos en su carrera, aunque unas veces haga discos al estilo latino, otros más rockeros, otros de blues... Siempre está por encima su marca personal antes que el género que interpreta. O así lo veo yo, claro.

      Eliminar
  8. Gracias por el artículo! Un compositor peculiar. Si no hubiera sido por sus propios demonios seguramente su trayectoria hubiera sido más exitosa y hoy día más conocido. En cualquier caso, un músico a reivindicar.

    ResponderEliminar
  9. Gracias a usted por la visita, Monsieur. Sobre el asunto de los demonios, ya sabe usted que a DeVille le pasaba lo que a otras grandes figuras: su mayor enemigo era él mismo. Pero quién sabe, tal vez si su vida personal fuese más aburguesada se perdería el genio. En fin, ahora ya da igual. Queda la obra, y eso es al final lo que cuenta.

    Saludos...

    ResponderEliminar

Cierren la puerta al salir.