lunes, 20 de junio de 2022

1982... (IX)

En los primeros 80 ya hay algunos músicos surgidos en la new wave que habían comenzado su carrera como miembros de un grupo y luego deciden seguir en solitario: ese es el caso de John Foxx (ex Ultravox) o Howard Devoto (ex Magazine). Pero de todos ellos el más influyente con el paso del tiempo ha resultado ser Julian Cope, que habiendo formado parte de aquel trío "seminal" llamado The Crucial Three junto a McCulloch y Wylie, pronto deja clara su fuerte personalidad -egolatría, dirían algunos- y pasa a ser el frontman de los Teardrop Explodes, grupo de vanguardia entre post punk y psicodelia que tampoco dura mucho. Cope ha dejado muy claro a lo largo de los años que es un personaje único, con sus genialidades y sus chifladuras; y muy trabajador además, porque ha compaginado su carrera musical con sus trabajos literarios sobre el rock alemán, varios aspectos de la historia neolítica, el ocultismo y su relación con las drogas y por supuesto la psicodelia en todas su facetas. La personalidad de Cope resulta indisociable de ese fuerte vínculo que mantiene con el universo psicodélico: en ese sentido personifica un espíritu original de los años 60 del que ya casi no quedan rastros hoy en día, dejando aparte el consumo de substancias degradadas por parte de unos cuantos inconscientes.

Teardrop Explodes desaparecen oficialmente a principios de 1983, pero en realidad el espíritu de grupo ya no existía de tiempo antes. Salvo por las obligaciones contractuales, Cope había comenzado una época de semi-retiro en la que el uso de LSD era para él casi como un integrante más de la dieta diaria. Como era de esperar, la prensa pronto comenzó a sugerir la posibilidad de que ya estuviese formando parte de esa lista maldita de ídolos caídos al estilo Syd Barrett; pero en ningún momento abandonó el trabajo creativo, y a finales de ese año ya tenía prácticamente rematado el material de su primer disco a su nombre, que se publicará en la primavera del 84. Parte de ese material estaba perfilado antes de la desaparición de su antiguo grupo, pero el disco da sensación de unidad porque a fin de cuentas la potencia creadora siempre había sido Cope. El disco se titula "World shut your mouth", y entre el listado de músicos vemos que le acompaña el batería Gary Dwyer, que ya había sido fijo desde el principio de los Teardrop. Pero si gran parte de la prensa y en consecuencia el público acomodaticio que la sigue sin molestarse en tener un criterio propio opinaron que este disco estaba "fuera de época", una de dos: o ellos o los que opinamos lo contrario tenemos un grave fallo de apreciación. Para nosotros este disco crea un puente entre la new wave y el estilo indie psicodélico que comenzará a escucharse más adelante y del que Cope es uno de los precursores (Primal Scream lo adoran). Es un grupo de canciones muy dinámico, con un perfecto equilibrio entre pop/rock y la psicodelia más refrescante, con momentos "introspectivos" que reflejan muy bien la complejidad de un cerebro tan complicado como el suyo, pero sin llegar a oscurecer el conjunto. La apertura corre a cargo de la casi épica "Bandy's first jump", seguida de ese curioso juego de estilos interpuestos que es "Metranil Vavin", un viaje de la new wave a la psicodelia de los años 60 en solo tres minutos. Una de las piezas que más me cautiva en toda la carrera de Cope es "Kolly Kibber's birthday", que me sugiere una mezcla entre la instrumentación al estilo alemán y la melodía pop isleña. Otra de mis preferidas es "The greatness and perfection", con esos juegos de voces que tanto le gustan. Así que en resumen este es un debut impecable, aunque relativo: los discos de su grupo anterior ya eran suyos en realidad. Y años más tarde la propia prensa acabó reconociendo su valor, aunque en aquel momento un top 40 fue un logro casi milagroso teniendo en cuenta las modas de entonces.



Solo seis meses después aparece "Fried", su segundo disco. Por supuesto hay un claro ambiente de choteo entre los fans, haciendo gracias sobre un posible paralelismo entre ese título y el estado mental de Cope, que también por supuesto ha buscado ese título adrede (y no hay más que ver esa portada, que habría llevado al suicidio a cualquier asesor de imagen). Años después dirá que "debía publicar ese disco para demostrar que seguía siendo un ser humano operativo". De nuevo queda claro el patente error de valoración de ese sector del público que sigue sin tomarlo en serio, ya que esta es una nueva prueba de su "lucidez alternativa", por decirlo de algún modo. Hay algunas piezas casi intimistas que podrían recordar el estilo de Syd Barrett, como "Me singing" o "Search party", pero es justo en este tipo de canciones donde se nota la diferencia de actitud y de percepción: Cope no está tan "frito" como el pobre Syd, ni mucho menos. Y la psicodelia brillante, dinámica, la psicodelia pop al más puro estilo británico queda perfectamente representada ya en el arranque con la casi épica "Reynard the fox", seguida por la frescura de "Bill Drummond said". En la que sin embargo hay una fuerte carga de ironía, ya que Drummond era por entonces su manager (y le contestó con otra canción titulada "Julian Cope is dead", que incluyó en su primer disco). Tal vez la cara B decae un poco, pero en conjunto este es otro de esos trabajos al margen del tiempo y el espacio que solo un personaje como Cope puede hacer... por muy frito que pueda parecerle a algunos. Ah, y según dice, en "The King of Chaos" hace invocación al dios Odín, con ese piano trotón que tanto le gusta. Pero el nivel de ventas sigue bajando, y Mercury lo despide. A cambio tiene un nuevo manager: Martin "Cally" Callomon, ex batería en grupos punk y que ahora tiene mucho mando en Island (y que junto a Phil Smee crea Bam-Caruso). Callomon le advierte de que debería mantener un mínimo de equilibrio organizativo; y en lo musical desarrollar un estilo un poco más "mundano", potenciando ese cruce entre pop rock y garaje que por otra parte era uno de los orígenes de su estilo.



El resultado es "Saint Julian", publicado en la primavera del 87; es decir, más de dos años después del anterior. Ese es el tiempo que Cope se ha tomado para adquirir una nueva actitud, e incluso un nuevo look de ángel del basurero con el que se exhibe en la portada. Es claramente un disco más "terrenal" que los anteriores, en el que el espíritu new wave parece rejuvenecer gracias a ese tono tan personal suyo tanto en las estructuras como en su manera de cantar: no es que sea un Caruso, pero su voz resulta muy agradable. Y hay al menos dos canciones que se hicieron muy populares en esa época, publicadas en single y con videos propios además: "Trampolene" y sobre todo "World shut your mouth" (ese título había sido también el de su primer Lp, pero no tiene nada que ver con él). Es una verdadera perla rítmica, vibrante, con una perfecta simbiosis entre batería y cuerdas que además tiene una línea melódica de las que enganchan y quedan en la memoria; una gran canción pop, una buena muestra de new wave tardío que probablemente solo a Cope se le podía haber ocurrido. El resto del material tiene mucho vigor y en parte suena bastante rockero en comparación con sus primeros discos, aunque sigue habiendo concesiones a su querencia pop; la psicodelia en cambio está casi desaparecida. Entre unas cosas y otras este fue su disco más vendido, rozando el top 20. Aunque a Cope no se veía cómodo en las entrevistas de la época, y la primera "víctima" de esa incomodidad fue Callomon. Casi como consecuencia, las relaciones con Island comenzaron a agriarse; lo cual resulta lógico, porque Cope no cuadra en sellos grandes.


"My nation underground", el año siguiente, fue el último disco "comercial" que hizo Cope. Hay un acercamiento al funk blanco en algunos momentos, y se mantiene parte de las estructuras pop/rock del anterior, pero salvo canciones aisladas resulta bastante previsible. Aquí es cuando se enfrenta abiertamente a Island y decide volver a su esencia, que es la psicodelia: guste o no al sello, Cope comienza a grabar exclusivamente lo que a él le parece. El resultado pueden ser algunos discos un tanto oscuros como "Skellington" y "Droolian", que él mismo publicó por su cuenta, junto a otros muy actuales como "Peggy suicide". A partir de 1993, liberado ya de su contrato con Island, ha estado publicando casi un disco al año -la mayoría en Head Heritage, su sello propio- junto a su obra literaria de varios tipos. Es un ser aparte, de los que por desgracia hay pocos en este mundo tan extraño que considera extraños a los que son como él.



8 comentarios:

  1. Me meso los cabellos, los dirijo hacia el lado apenas visible del espaldar, atuso mi barba canosa, sorbo un nuevo tragito de aguardiente gallego. Mientras tanto suenan The Lazy Cowgirls (por supuesto en una vieja casete)
    ¡Julian Cope!
    Amigo Rick, esto son palabras mayores, tanto que me obligan a subir el volumen del reproductor hasta los niveles de aquellos ensueños neolíticos que él mismo reivindicó no pocas veces en Stonehenge.
    A partir de ahora no soy dueño de mis actos. Este tío me transporta hasta las catacumbas de Britannia, también hasta las tierras de los navegables canales interiores donde, de vez en cuando, brillaba el mejor sol inglés entre las cortinas de las barcazas.
    Este Cope es un chamán, un predicador que recoge las enseñanzas del peregrinaje de Vashti Bunyan y las convierte en eternos viajes lisérgicos.
    Me voy a liar otro mai y me pongo el "Peggy Suicide".
    Abrazos inconmesurables.

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    1. Menuda mezcla: aguardiente gallego y los Lazy Cowgirls en casete. Es evidente que tú eres de los que saben ponerse en situación, sea la que sea.

      Julian Cope, sí. Un chamán, efectivamente. Uno de esos personajes que debería estar protegido por el Estado como parte de su folklore popular, y no solo eso: sus trabajos sobre la Britannia neolítica son de categoría, como su dominio absoluto sobre el rock alemán, sin ir más lejos.

      Por si no la conoces, esta es su impagable página web: https://www.headheritage.co.uk/

      Y ahora exclamo yo ¡Vashti Bunyan!

      Abrazos estentóreos.

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  2. No estoy muy enterado de los estudios que se han hecho sobre el efecto de las drogas en la adopción por los músicos de uno u otro estilo musical a pesar de que tanto se ha hablado del LSD y la psicodelia, pero es indudable que este hombre lleva su amor por ese estilo a sus últimas consecuencias con estupendos resultados. Ya por los someros datos biográficos que das sobre sus adicciones a los tripis indican a un tipo a contracorriente con la adicciones habituales de los 80 pero además esa multiplicidad musical, ese colorido que caracteriza su obra nos lleva a aquellos años 60 y principios de los 70 en que el LSD era el postre en todas celebraciones de postín. También veo una relación con Barrett y el primer Pink Floyd.

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    1. Hombre, en la época de los años 60 la cosa era más sencilla porque estaba bastante bien delimitada: entre 1965 y el 68 existió la psicodelia como modo de ver la vida y al mismo tiempo como posible ingrediente de cualquier estilo, ya que su carácter era transversal (como lo fue en la moda, la literatura o el cine). Hoy en día la cosa es más complicada, ya que hay cientos de grupos con influencias psicodélicas que no son necesariamente definibles como tales. La psicodelia se ha diluido en un todo general.

      Y en consecuencia el asunto de las drogas se ha diluido también: cualquiera que conozca un poco la música de los años 60 puede introducir elementos psicodélicos en su música sin tener que probar las drogas, porque ese paso intermedio ya lo han hecho antes miles de músicos, desde Dylan o los Beatles hasta Cope, ya que estamos en ello. Aún hoy hay gente que ha tenido su época drogota, pero ya digo, no es estrictamente necesaria.

      Y sí, Cope iba a contracorriente: la droga de moda en los 80 es la cocaína entre los supuestos triunfadores y el caballo entre los de abajo (o los seres doloridos en el sentido amplio de la palabra). Como ya lo había sido en los 70 y puede que siga siéndolo aún hoy.

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  3. No conocía al personaje, desde luego más interesante que los de artículos precedentes. Aunque tiene su interés los primeros temas entre pop y psicodelia, me gusta lo bien que suena la guitarra, me van más los de Saint Julian. Y que se haya mantenido hasta ahora es un mérito del que pocos pueden presumir. A ver si saco tiempo para seguirlo más de cerca.

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    1. Desde luego interesante lo es, y de largo, en comparación con sus predecesores. Cope es un muindo aparte, un mundo popio. Y sí, es un mérito que siga en pie, aunque por lo general los personajes tan de una pieza suelen aguantar muy bien los embates de la vida.

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  4. Lo desconocía todo sobre este músico, salvo lo que te leí en la otra entrada que le dedicaste, pero tomo nota por si un día me da por meterme con él. El caso es que algunas canciones que has dejado me han gustado bastante en una primera escucha, y otras no; entre las primeras, ''Kolly Kibber's...'' y ''Reynard the fox'', por ejemplo.

    Como me interesa un poco la percepción del aficionado en cada época (ya te he dicho alguna vez lo que me sorprende la velocidad a la que funcionaba la industria en aquellos años), me ha llamado la atención esa crítica puntual que comentas que recibió Cope por estar ''fuera de época''. Su música no me parece precisamente monolítica, y la influencia que pueda tener del pop psicodélico británico está muy integrada en su propia época. Se nota que esas críticas son anteriores a nuestro siglo, donde sí se han dado una resurrección de estilos copiados al natural de otras épocas, debido a la disgregación del mercado.

    Lo que no acabo de ver es la relación con las composiciones de Syd Barrett, más allá del pop psicodélico... Y el LSD, que ha hecho demasiado daño. En los sesenta apenas había información, y como afecta de modo distinto a cada cual y hubo auténticos gurús del ácido, no se veía el peligro. Al menos ese tipo de sustancias ya no se relacionan directamente con un género musical, como antes. Quizá la última excepción, hasta cierto punto, sea el reggae, unido religiosamente a su planta.

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    1. El asunto de la velocidad es muy siginificativo, porque es el mejor síntoma de la efervescencia de una época: cuando la creatividad es muy alta, cada día que pasa deja mil ideas nuevas. Ahora en cambio, a efectos musicales, es difícil saber en qué década estamos viviendo: al menos a mí me parecen todas iguales desde los 90 hasta ahora.

      Y el momento en el que surge Cope en solitario están de moda los estilos ligeros: dejando aparte los grupos dinosaurio (entre los que ya podemos considerar a U2) tenemos el pop electrónico y la fusión de los ritmos funk con la melodía blanca. Músicas de un día, de una semana; y no por su creatividad, sino porque ya vamos de bajada: por mucho que se diga ahora, lo realmente brillante de los años 80 fue el primer trienio, en el que todavía resiste el engarce con la década anterior, es decir con la new wave. Y Cope, efectivamente, está en otro mundo. Lo sepa él o no, va veinte años por delante.

      En cuanto a Barrett, es eso: el pop psicodélico. Bueno, y una manera de vivir y ver la vida que nos lleva a los 60 de nuevo. Hay mucho nostálgico de esa década, y no me extraña. Pero efectivamente, el riesgo está ahí, tú mismo lo dices. Y él, como otros muchos, cayó en el agujero. Los del reggae corren menos riesgos, aunque con las mezclas que se inventan ahora ya no sé qué te diga.

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