jueves, 11 de octubre de 2012

1970 (I)


La desaparición de los Beatles se oficializó en Abril de 1970, pero ese comunicado era puramente burocrático: el espíritu de la banda había dejado de existir mucho antes, casi al mismo tiempo que el espíritu de los 60. Una década revolucionaria en muchos aspectos, tanto sociales como políticos; y entre las causas de esa revolución, hemos de tener siempre en cuenta a estos muchachos como uno de los ingredientes cruciales para hacernos una idea cabal de lo que ocurrió, para contemplar el cuadro completo. Los Beatles no solamente cambiaron la estructura del negocio musical a todos sus niveles, sino también los hábitos y formas de pensar de su generación (y por consecuencia de las que vinieron luego). Cumplieron el papel de Moisés llevando a su pueblo hasta las puertas de la Tierra Prometida, pero no tuvieron responsabilidad sobre el final de esa época porque su guía terminó en 1967 con la publicación de “Sgt Pepper’s”: a partir de ahí sus discos serán mejores o peores, pero la vanguardia ya va por otro camino. 

Como era de esperar, los cuatro publicaron un disco en solitario al poco tiempo: primero fue McCartney, luego los otros tres. En términos empresariales podríamos decir que, perdida la sinergia que se creaba por la unión de aquellas capacidades creativas, los resultados fueron discretamente buenos. El golpe de efecto lo dio Harrison, que ya había grabado dos discos un tanto abstrusos años antes pero que de pronto se destapó con un triple sorprendente. O no tanto: tal vez fue la demostración de que, como decían muchos, su capacidad compositora estuvo ensombrecida por el fulgor -y los modos imperiales- de Lennon y McCartney. Y aunque no soy muy fan de la carrera personal de ninguno de ellos, he de reconocer que hay algunas composiciones de Lennon realmente magníficas (a pesar de que, por lo general, primarán sus letras sobre sus músicas); que también a veces Paul nos regala alguna pieza afortunada, y que Ringo… es Ringo. Pero el asunto de quién será el mejor a partir de ahora no tiene mucho sentido: como siempre, la cosa va a gustos. Yo, si tengo que elegir, me quedo con la obra de Harrison, que me parece el más músico de los cuatro. Y las letras, como ya dije varias veces, no son asunto de este local. 

En el aspecto comercial, el LP ya está consolidado como la “vía de expresión natural” para las bandas de prestigio. El single se utiliza ahora como avanzadilla del disco grande: si hay alguna canción corta y con gancho, se venderá a modo de muestra de la obra mayor, aunque algunos grupos ni se molestan en ello. Consideran que su fama sufre desdoro si se rebajan a ese mercado, pasto de la masa de aficionados “horteras”, discotequeros o nostálgicos del escaso pop que aún sobrevive y cuyo reinado no volverá hasta mediados de la década (salvo la gozosa irrupción glam, de la que por supuesto hablaremos cuando toque). En general, la inventiva para crear melodías ha sido sustituida por el virtuosismo técnico de los músicos. Es decir, ha habido un cambio de prioridades; que a la larga nos llevará al desastre, pero que de momento funciona bien: los compradores, imbuidos de la misma “profesionalidad” que sus ídolos, seguirán ciegamente esa pauta. 

El rock “de nivel” en estos momentos es casi en su totalidad “progresivo”; pero este año florece su rama más básica, más radical, y el hard rock ya no está solo: la oferta heavy e incluso algunos atisbos de metal comienzan a poblar las tiendas. También el folk, con mayor o menor énfasis rockero, amplía su oferta: tras el éxito de Fairport Convention, el número de bandas que siguen esa escuela crece como la espuma. Este año veremos algunos nombres nuevos realmente interesantes. Y también algunos otros de la saga de Canterbury: Soft Machine se han pasado al jazz rock vanguardista, han abandonado este local; pero algunos amigos de esos señores ocuparán sus asientos en él. 

Y este es el panorama general. Hay algunas obras soberbias, intemporales, y otras a las que se les nota mucho el paso de los años. Pero aun así, su valor sigue siendo alto; superior, desde luego, a la mayoría de lo que se publica hoy en día, bajo el reinado desilusionante del “usar y tirar”. En fin, vamos a abrir ese polvoriento baúl y a ver con qué nos encontramos. Pónganse guantes y mascarilla, por si acaso. 



9 comentarios:

  1. Coincido totalmente en su apreciación sobre George Harrison, una auténtica máquina. Como siempre, un placer leerle, caballero.

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  2. buena introducción a la década ominosa, metiendo el dedo en la llaga: el virtuosismo de los músicos antes que la inspiración, y el larga duración como cajón de sastre donde meter todas las pajas mentales de esos artistas visionarios

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  3. Genial introducción (esta serie de 1970 promete). Y una vez más, en favor del respeto y la objetividad, comienza usted por los Beatles. Si tengo que elegir, yo en cambio me quedo con la obra de Lennon en solitario, sin duda. Igual me influyó mucho el recopilatorio 'Lennon Legend' que salió en los noventa, y hasta me compré un libro de partituras de canciones de Lennon (que he perdido).

    De McCartney me gusta sobretodo su trabajo en los Beatles, de Ringo ni idea, y usted me recomendó hace tiempo el 'All thing must pass' de Harrison, que es muy bueno, sí señor.

    Lennon y McCartney seguramente tuvieron mucha culpa y eclipsaron a Harrison, le dejaron de lado y no hicieron caso a posibles grandes aportaciones del guitarrista, pero creo que tampoco por ello hay que pasar al otro extremo y ensalzar a Harrison sobre sus dos colegas. No olvidemos que Harrison era un poco más joven y un poco más inexperto que los otros dos cuando los Beatles comenzaron. Con los años eso se fue equilibrando, pero es inevitable que fuera un lastre para toda la historia de los Beatles. Hasta 1967, al menos, no creo que la aportación de Harrison pudiera ser tan importante que la de Lennon o McCartney. Igual me equivoco, no soy un experto, pero así lo veo yo.

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  4. Lo del lastre lo decía para Harrison, claro, que su papel quedó relegado y no le dejaban desarrollarse como debía.

    Y con Lennon la importancia a las letras me has dejado pensando... creo que tienes razón, pero también tiene canciones que en lo melódico son buenísimas, aunque nos olvidemos de la letra, como por ejemplo ''Jealous Guy'', una canción de 10. Y unos cuantos trallazos más.

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  5. Es un análisis a compartir pero que quizás se pueda matizar.
    Creo que una de las grandes errores de los seguidores, comentaristas y los propios protagonistas de los movimientos culturales es el excesivo énfasis que se hace hacia los movimientos más vanguardistas de cada momento en prejuicio de las alternativas más clasicistas o simplemente que por no haber triunfado pasaron directamente al olvido. Yo creo que el disco más creativo y singular de los Beatles es el Sgt Pepper's pero emocionalmente me llegan más Abbey Road o el Disco Blanco. Creo que la creatividad de Harrison fue como el del agua represada que de repente encuentra una salida, el la encontró, pero luego retomó el camino de la normalidad. Pienso que Lennon pecó de excesiva vanidad y terminó creyéndose su propio personaje, eso perjudicó a su carrera al menos en el aspecto musical, tal como dices. Por cierto, yo no creo que el tema de las letras sea deslindable de las músicas en la historia del rock.
    McCartney tuvo que bailar siempre con la más fea. Pasó por ser el chico convencional frente a la rebeldía y la idolatría que representaba su viejo partenaire. Muchos de sus discos se han juzgado más por quien los hacía que por su calidad intrínseca. De un tipo como él, no se podía esperar nada bueno y eso es una falacia que el tiempo está empezando a desmentir.
    Estoy con Diego Manrique en este estupendo artículo en Rolling Stone:
    http://rollingstone.es/noticias/view/diego-a-manrique-y-su-reivindicacion-del-de-los-mofletes

    Suerte en los 70

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  6. Here Comes The Sun...
    Yo también soy fan de Harrison (tuyo también, Rick), el Sargent Pepper mi elepé preferido, y la portada blanca de Hamilton la mejor.
    Espero tus crónicas.

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  7. Yo no diría que el bueno de George sea exactamente una máquina, mister Alex: tiene algunas cosillas bastante flojas, y a veces la comedura de tarro hindú lo sobrepasa. Pero en conjunto su obra es muy decente.



    Es que no hay más remedio que meter el dedo en la llaga como usted dice, mister Chafardero: fue una época que empezó bien pero a base de excesos y endiosamientos acabó como el rosario de la aurora. Claro que de eso tienen mucha culpa los consumidores.



    A Lennon, yo lo veo más como una especie de "cantautor" que como un verdadero músico, estimado yerno. Pero en cualquier caso es una opción tan defendible como cualquiera.
    De todos modos, no estoy haciendo un juicio de valor. Es decir, no digo que haya que alabar a Harrison ni minusvalorar a Lennon o a Paul (porque Ringo no tiene mucho que comentar, la verdad). Las aportaciones de Harrison, aunque escasas, fueron bastante decentes. Pero tal vez tenga usted razón en que hasta el 67 o 68 no comenzó a despuntar.
    De todos modos, y como es lógico, tanto Lennon como MacCartney -al que a veces se le ningunea demasiado alegremente, creo yo- tienen una talla que les permite mostrar siempre algunas perlas en cada disco (aunque pienso que hay mucho relleno).

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  8. Coincido con usted en el asunto de las vanguardias, herr doktor. Hay una frase, no recuerdo de quién, a la que yo me aficioné de joven y aún recuerdo: "moda es lo que pasa de moda; clásico lo que permanece". Y muchas veces resulta que vanguardia y moda no van tan separadas. En nombre de la vanguardia se han hecho y dicho muchas tonterías.
    Quede claro, de todos modos, que cuando digo eso de que a partir del 67 los Beatles ya no son vanguardia no estoy haciendo un juicio de valor (como le digo también a mi yerno): es una simple constatación. Y por eso añado que los discos siguientes a "Sgt Pepper's" son mejores o peores, según el gusto de cada uno. Pero ya no son vanguardistas: son clásicos, efectivamente.
    Y mi preferido tal vez sea el blanco, aunque hablar en estos términos de una banda como los Beatles se hace un tanto complicado.
    En cuanto a las letras, no son deslindables en el caso de Lennon como no lo son por ejemplo en el caso de Dylan: totalmente de acuerdo. Pero en este local ya me llega con lo que tengo, y por eso las dejo aparte; por no mencionar el hecho de que los cantautores en general no me hacen tilín. Salvo Dylan, en algunas de sus fascinantes aportaciones musicales, claro.
    He ido a leer el artículo de don Diego (ya sabrá usted que es mi comentarista de cabecera desde joven), y como siempre da en el blanco (bueno, como casi siempre). Dejando aparte lo mal que me cae Lennon, tampoco Paul es santo de mi devoción; y esto me permite ver el asunto casi exactamente como lo ve don Diego: Lennon era un pedante; y Paul, a pesar de sus defectos, hizo más por el grupo que nadie. Y sí, Harrison era un resentido. Pero en fin, todas estas apreciaciones ya no importan mucho: lo que queda es la obra, y yo sigo prefiriendo la de Harrison. Con todos sus lunares, que los tiene y muy grandes.



    Me temo, estimado Caruano, que lo que viene más bien es the rain, por la época en la que estamos. Pero sí, esa cancioncilla fue de lo mejor de don Jorge. Y celebro que coincidamos en el gusto: pensándolo bien, y por lo que conozco de usted, es la opción más lógica de los cuatro. No coincidimos en el "Sgt Pepper's", al que yo veo más importancia "histórico social", digamos, que estrictamente musical. Ahí yo soy más del blanco. Cuya portada, efectivamente, es muy original. Por cierto, tal vez recuerde que su único detalle identificador era un número correlativo: bien, pues el mío es el 2.298.464. Poco interés tiene para los coleccionistas, que pagan a precio de oro los números inferiores a un millón.

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