lunes, 23 de diciembre de 2013

Navidad bailona


Sí señor, el calendario nos ha traido un año más a la vorágine de “estas fechas entrañables”, como suele decirse. Y por tanto, hay tregua: no tendrán que soportar ustedes ningún tocho de los que yo perpetro hasta después de Reyes, si sobrevivimos. No señor, hoy toca baile. Y para bailar, uno de los más clásicos sonidos que hubo en los años 70 fue la música disco. Este “subgénero”, como dicen en tono despreciativo los enterados, significó un movimiento de contestación, por decirlo así, contra los estilos imperantes en la época, demasiado serios como para rebajarse al ámbito de las discotecas. Y si en la Isla surgió el glam, en los States lo hizo esa curiosa evolución, mezcla “degradada” de Motown, soul y funk, que inmediatamente llenó a rebosar las salas de baile con piezas tan memorables como las que hoy les traigo (y muchas otras, claro). La época dorada de la música disco fue relativamente fugaz, ya que su momento cumbre está entre 1973 y 75; pero su sombra es muy amplia y sobrepasa los años 80. Hay que tener en cuenta que tanto antes como después hubo algunos nombres memorables: por no ir más atrás y recordar a James Brown, con quien todo comenzó, podemos citar a Isaac Hayes (hay quien dice que el sonido disco se bautiza con la legendaria “Shaft”, del 71) o la gran Gloria Gaynor, cuya carrera comienza justo cuando ese género está declinando y lo relanza. La mayor parte de los artistas que surgieron en esa época pasaron de moda muy pronto, ya que salvo algunas excepciones se trataba de "one hit wonders" sin fondo suficiente como para reciclarse; pero siempre nos quedan las canciones. De las que, como es norma del local, oirán ustedes 12+1. Bueno… las oirán y las bailarán, ¿no? Pues venga: no consintamos que los negros, latinos y gays se queden con toda la pista para ellos solos. 

Aunque resulta evidente que la Motown es una de las madres del invento ya a finales de los 60, con sus vocecitas atipladas y sus arreglos de corte funky, no solo en Detroit hay precursores: en Filadelfia se encuentran los Sigma Sound Studios, cuyo equipo de grabación es uno de los más avanzados del país (por ahí pasaron Wilson Pickett, Billy Joel y David Bowie, entre muchos otros). Y los músicos de ese estudio crean algunas agrupaciones que desarrollan una especie de funky orquestal muy particular que llega a hacerse famoso: el sonido Filadelfia, que comienza a ser popular a principios de la década e influye en muchas piezas para discoteca que se oirán desde entonces. Bien, pues en 1972 se presentan en sociedad MFSB (iniciales de Mothers, Fathers, Sisters, Brothers), que conseguirán a principios del año siguiente su mayor éxito en compañía de las Three Degrees y titulado… “El sonido de Filadelfia”. No se rompieron mucho la cabeza para buscar ese título, pero el cañonazo fue mundial. 



Y claro, las Three Degrees se vieron beneficiadas por ese auge que tomó su ciudad. Era un trío de negritas que llevaba en el negocio desde principio de los años 60, aunque con poco brillo y muchos cambios de personal: siempre eran tres, pero distintas. Hasta que en 1973 son fichadas por Philadelphia International Records, el sello que distribuye a los MFSB: tras acompañarlos en el cañonazo de antes, ese mismo año publican su primer disco en su nueva casa. Y en él viene incluida otra de las piezas clásicas del género: “Dirty ol’ man”. Las Degrees, con la formación que corresponda en la actualidad, siguen aún en el negocio. 



Nos despedimos de Filadelfia con Patti Holte-Edwards, más conocida simplemente por su apellido artístico: Labelle. La buena de Patti ya llevaba más de diez años al frente de las Bluebelles, con un éxito bastante discreto. Pero con la irrupción del glam vio la luz: las lentejuelas y las actitudes lascivas eran el futuro. Y, en manos del experimentado dúo de compositores formado por Kenny Nolan y Bob Crewe, nos presenta en 1974 “Lady Marmalade”, la historia de una muchacha criolla de Nueva Orleans un poco ligera de cascos (o, directamente, de profesión dudosa) que enloquece a un chico con sus temibles artes pecaminosas. Los censores hispanos tal vez supiesen inglés, pero en francés flojeaban: la estrofa “Voulez-vous coucher avec moi ce soir?” no fue detectada por ellos, y el disco resultó ser un éxito también aquí. Aún recuerdo a algunos jovenzuelos y jovenzuelas poniéndose a cantar esa estrofa por la calle cada vez que se aproximaba algún humano objeto de su deseo: un horror, pueden creeerme. 



Parece que, al igual que el glam, la música disco es una buena oportunidad para relanzar carreras un tanto apagadas: eso pasó también con Shirley Goodman, una señora que había comenzado veinte años antes haciendo gospel y baladas. Y en 1974, cuando ya tenía casi cuarenta y estaba pensando en retirarse, le surgió la oportunidad de grabar “Shame, shame, shame”, otra histórica del género (acompañada por Jesús Álvarez haciendo la voz masculina). Shirley se retiró poco después, pero el tremendo éxito de esta canción llevó a la aparición posterior de una cover cantada por Linda & The Funky Boys, un grupo de breve carrera. Su versión es tan parecida que mucha gente las confundía, pero no se preocupen: esta es la buena.



Florida fue otro foco creativo muy importante en la historia de esta música, hasta tal punto que uno de los puntales del género es de allí. Se trata de George McCrae, que tras unos años de afición al duduá se fue a la mili y volvió pensando en dedicarse a estudiar… pero las malas compañías lo liaron: dos colegas suyos, integrantes de una banda, le ofrecen cantar una pieza que ellos no saben muy bien cómo atacar. La pieza se llama “Rock your baby”, que resultó ser un éxito tremebundo. George nunca volvió a tener tanta suerte, pero entre el circuito de la nostalgia y algunas grabaciones esporádicas su carrera llega hasta este siglo. 



Y… ¿quiénes fueron esos indeseables que liaron al pobre George? Pues los integrantes de K.C & The Sunshine Band, una agrupación trompetera dirigida por Harry Wayne Casey, pluriempleado en tiendas de discos y en el sello TK, que en 1973 crea el grupo y consigue unos cuantos cañonazos para las pistas de baile que lo convierten en uno de los escasos titulares de discos de platino gracias a este género. De su obra elijo mi preferida, evidentemente: “(Shake, shake, shake) Shake your booty”… o sea, que a mover el culito. 



No hubo muchas piezas instrumentales en la música disco, ya que buena parte de su gancho estaba en las voces. Pero aun así tenemos alguna notable excepción, aparte de la de los MFSB que hemos oido antes; por ejemplo, “The hustle”: se trata de una composición de 1975 creada por Van McCoy, que de niño prodigio en los años 50 pasó a ser uno de los compositores y productores más prolíficos en el mundo del soul y el duduá, y que a mediados de los 70 lanza un LP instrumental en el que venían joyas como esta, una verdadera llenapistas que le dio la fama suficiente para seguir en el negocio hasta su muerte en 1979. 



Vamos con otra monstruosidad: “Doctor’s orders”, cantada por la pizpireta Carol Douglas. Esta muchacha había prestado su voz para algunos anuncios comerciales, pero no se le había ocurrido meterse en el mundo de la canción hasta principios de los 70. Y en 1974 su productor, el italiano Doménico Monardo (que luego haría famosa a Donna Summer), oye “Doctor’s orders” una pieza británica que en la voz de Sunny Leslie había alcanzado una fama relativa en la Isla: cree que, lentificando un poco el ritmo y sin tocar mucho los arreglos, puede resultar interesante para las discotecas de los States. Se la ofrece a Carol y acierta: un éxito total. Gracias a él, Carol aún sigue hoy en el negocio. 



Y ya que hablamos de la Isla, aprovecho para dar el salto y ver si en Europa teníamos algún material de este tipo. No es que hubiese mucho, pero rebuscando… nos topamos con Tina Charles, una muchacha londinense que tras unos años como cantante de sesión en coros impresiona a Biddu, un productor angloindio que pone en sus manos “I love to love”, canción que pronto llega al top 5 tanto allí como en los States y media Europa. Tina no volvió a conseguir un éxito semejante, pero últimamente el circuito de la nostalgia la tiene en nómina. 



Como es lógico, hubo otros países europeos que quisieron apuntarse a la moda discotequera. Y, qué cosas… al final resultó que la circunspecta Alemania fue el país con más éxito en ese empeño, aunque añadiendo el toque electrónico que tanto les gusta: ese toque marca una evolución en la música disco que la hará perdurar hasta los años 80 y más allá. Hay especialmente dos productores notables: Frank Farian y el italiano Giorgio Moroder. Farian, un cantante frustrado, no pasará a la historia por su mediocre carrera como tal sino por haber dado el salto al otro lado de las mesas de mezclas para crear y lanzar fenómenos como los incombustibles Boney M, que por supuesto no podían faltar aquí (y bueno, también creó años después a los horrendos Milli Vanilli, pero eso se lo perdonaremos). ¿Hay alguien que no conozca, por ejemplo, “Daddy cool”? 



Y ahora toca Giorgio Moroder, claro. Un productor que comenzó cantando pop-chicle con melotrones en los años 60 y que luego dio nombre a toda una escuela: el sonido Munich. Como Phil Spector pero en electrónico, viene siendo este señor. Y uno de sus aciertos fue descubrir a la gran Donna Summer, que por entonces no era tan grande pero ya tenía un pedigrí: tras unos primeros años de canto en la iglesia había saltado a los Crow, una banda de rock psicodélico medianamente famosa; a finales de los 60 aterrizó en Alemania como integrante del cuadro de cantantes de la ópera rock “Hair”; de ahí pasó a “Godspell” y otras cuantas más, que la anclaron definitivamente en ese país, y en 1974 el señor Moroder se fija en su voz: en poco tiempo se ganará el título de “Reina de la música disco”. De su extensa producción he elegido “I feel love”, de 1977, que representa como ninguna el estilo imperante en la segunda época de este género. Ah, por cierto: los años dorados de esta señora lo fueron en la discográfica llamada Casablanca Records.



Y justo en 1977 Casablanca Records se honra en presentar al grupo que con el paso del tiempo ha quedado como un icono de la música disco, del desenfado gay, de la horterada friki y sabe dios cuántas cosas más: esa pandilla de locuelos llamada Village People. Son, como Boney M y otros cuantos, un producto de laboratorio; pero al igual que ellos, supieron desempeñar muy bien su papel. Y aunque parezca una tontería, estos herederos del glam contribuyeron a desdramatizar la idea, el estereotipo que la gente corriente tenía sobre los homosexuales: depravados, oscuros, siniestros… Gracias a ellos, la palabra “gay” reverdece en su otra acepción: alegre. Y no vean a qué extremos de alegría y despendole llegaban algunos conspicuos ciudadanos (machos de una pieza, sin duda), ligeramente pasados de copas, cuando en la discoteca sonaba “Y.M.C.A”, su canción bandera. Y eso que, además de la letra un tanto equívoca sobre lo bien que se pasa en la sede de la Asociación Cristiana de Jóvenes, la pinta de estos elementos era un compendio de la iconografía gay: el motero, el policía, el vaquero… en fin, que estamos ante una clásica con todas las plumas del mundo.



Y, por una vez, la pieza 12+1 está plenamente conectada con las anteriores aunque su origen difiere un poco de ellas: también en 1977, al rebufo del éxito alcanzado por la música disco, se presenta la película “Fiebre del sábado noche”, un verdadero trabajo sociológico. En esencia, Tony Manero, el protagonista, representa perfectamente a esa clase baja de currantes o jóvenes de barrio cuyo único disfrute es gastarse su dinero en ropas lustrosas y el baile de los sábados; una actitud vital que ya tenían los mods y que se recrea perfectamente en esta película, una especie de “Quadrophenia” en plan barriada americana. La banda musical se le encargó a los Bee Gees, un trío que llevaba unos años de capa caída y que en manos del productor Robert Stigwood comenzó a reverdecer orientándose precisamente hacia la música disco. Reconozco que estos señores por lo general se me hacen estomagantes, y sus voces en falsete más aún. Pero tengo que admitir que esa banda sonora fue un éxito tremebundo, e incluso algunas de sus piezas han llegado a gustarme. Este es el caso de “Jive talking”, tal vez mi preferida. 



Y aquí termina la fiesta. Espero que haya sido de ayuda para encarar con mejor talante la sucesión de comidas, cenas y turrones que se nos viene encima, las llamadas de compromiso a familiares que no vemos nunca, el discurso del Rey, el Fin de Año justo cuando ese día no tenemos ganas de mucha juerga, y así sucesivamente. De todos modos, feliz año 2014; o al menos, que no sea peor aún que este. No es pedir mucho, ¿verdad? Ah, y como siempre aquí les dejo mi regalo, con las canciones que han protagonizado esta fiesta.  


26 comentarios:

  1. Hola Rick:
    Hoy si que me lo pones dificil, nosotros que casi siempre coincidimos en gustos. Para ser sincero, esta música nunca me ha gustado nada, ni en su época ni ahora. Será seguramente por que siempre he sido un rokero serio, con ceño fruncido y misteriosos, y he menospreciado esta música, seguramente me habré perdido maravillas. Yo era de los que les daba la brasa a los diskjokeys de discoteca para que me pusiesen a Deep Purple y Rory Gallagher, y encima...¡Me los ponían!
    Segun dicen en "Casablanca": Nadie es perfecto (Coño no, que es en "Con faldas y a lo loco").
    Un saludo y que bailes mucho todo el año.
    Jose
    Un saludo

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    1. Muy buenas, don José:
      Tengo que reconocer que yo también tuve una época en la que pedía canciones de los rockeros, pero al final acabé comprendiendo que una cosa es la música para oír y otra la música para bailar, que no tienen por qué estar reñidas. Y la verdad es que me lo pasé muy bien en mis años mozos bailando este tipo de cancioncillas. Que no tienen más pretensiones que esa, ser bailadas. Y de eso van las fiestas, de despendole y juerga. Y ya oiremos a los rockeros serios otro día, que la vida tiene momentos para todo.

      Feliz año 2014, si es posible.

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  2. Pues me las he oído todas y los que mejor me entra es Labelle y Shirley. Tampoco soy yo mucho de estos sonidos, pero comprende que he mamado en tiempo real a James Brown, Isaac Hayes, Wilson Piscket (que tú nombras al principio) y otros en plan soul y funk. Y claro, luego me pones esto, que es lo que vino unos años después y me parece descafeinado. Oiga, pero lo digo con todo el respeto del mundo ¿eh? que conste en acta. Uno nace donde nace y cuando nace (los vascos son otra cosa, claro) y eso marca. Gracias por la intención de hacernos bailar, se bailará de todas formas hasta que el cuerpo aguante (que no será mucho tiempo jejeje)

    Saludosssssssssssssssssssssssss y felices lo que sea a todos los habituales clientes de la cantina y al cantinero.

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    1. Yo también escuché en su época al señor Brown y al señor Hayes (confieso que no son de mis preferidos) y sobre todo a los monstruos del soul como el gran Wilson. Pero si ya estos señores tenían algunas piezas muy bailables, la explosión disco de mediados de los 70 era específica, hecha claramente con ese objetivo. Y vuelvo a lo que le dije a don José: cada cosa tiene su ámbito, y soy de los que creen firmemente en que ninguna música es inferior a otra. Será porque yo, antes que rockero soy popero, y eso explica gran parte de mis traumas: los estribillos pegadizos me pueden.

      Y feliz año que viene, señor Babelain: a ver si conseguimos sobrevivir. Una vez más. Mala hierba nunca muere, dicen.

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  3. Ya podrás suponer que a mi tampoco me ha emocionado nunca este género, es más, sufría de lo lindo en aquellas interminables sesiones de las discotecas más famosas de mi zona como eran "Il Paradiso" o el "Play Boy", repletos de gansos y avestruzes pavoneandose y agitando las alas. Pero bueno, era lo que había y había que aguantarse, el cubata y el Fortuna ayudaban bastante a hacerlo más llevadero. No todo eran sesiones discotequeras tambien frecuentaba los garitos donde se podía escuchar discos sagrados de rock acompañados por una Voll Dam y un cigarrito con tropezones.
    Respecto a lo de bailar, bailaremos estas fiestas, y si es con un ramillete de canciones como las que nos has presentado, mejor que mejor, por que oiga usted...estamos en Navidad y hay que alegrar el cuerpo.

    Felicidades Sr. Rick.

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    1. Es cuestión de aficiones más que de gustos, don Antoni: yo era muy bailón. Y claro, este tipo de músicas para mí fue una bendición, como para mucha otra gente. Luego están otros ámbitos, otros momentos en los que podemos comportarnos más "seriamente" (aunque yo la verdad nunca he sido muy serio), pero las horas de discoteca eran sagradas. Y ya digo, luego podemos volver a la seriedad con los progresivos, los rockeros y toda esa gente.

      Felicidades a usted también. Que haya suerte el año que viene.

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  4. Podría amenazarle con partirle las piernas, y estaría plenamente justificado. ¿Cómo se le ocurre profanar este sacrosanto templo del buen gusto con algo tan ramplón y vulgar como lo fue y sigue siendo la música disco?

    Pero no se preocupe: sé que su única intención es que nos divirtamos, que evitemos el fruncimiento de ceño, aún sin la ayuda del tabaco con tropezones; sobre todo a los que, independientemente de donde hayamos nacido, vivimos ahora en la estomagante España que ahora sufrimos, gracias a estos gobernantes que, en gran parte, ¡son de nuestra generación! Pero, ¿qué música escucharon esos hijos de la gran furcia de jóvenes?

    Y, al final, personalmente habré de estarle agradecido. No ha incluido hoy ninguna música disco italiana de los 90s.

    Felices fiestas, salud y gracias.

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    1. Muy machote le veo yo, señor Pez. Bueno, como estamos en fin de año se lo perdonaré, que ya sé que en el fondo tiene usted una vena hortera como muchos de los que aquí nos encontramos. Qué sería de la gente irresponsable como nosotros si no tuviésemos esa vena, ¿verdad?

      Y sí señor: el caso es divertirse, que para tragedias ya tenemos la realidad. Y para músicas serias, el resto del año.

      Pues eso: que felices fiestas a usted también.

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  5. Este sí que es un regalo de navidad en toda regla. A diferencia de mis colegas de comentarios, a mí este género me vuelve loco. Ya sabe que prefiero ponerme transcendente con otras músicas, el pop y el rock son diversión y despendole, y la música disco por si sola redime a una década tan gris como los 70.
    Me encantan todos los temas, alguno no lo conocía, otros hacía años que no oía, seguro que en su día habré bailado todos. Aunque mi época discotequera fue breve la viví intensamente. Bailaba peor que un pato epiléptico y me moría de envidia ante el Manero de turno que dejaba a las chicas con la boca abierta, por no hablar de cuando tocaba al agarrao, y los reservados.
    Recuerdo como si fuera ayer cuando sonaba uno de esos temas que hacían que la pista se llenara de gente abducida por la música, todo el mundo bailando presa de la alegría y el desenfreno, las luces de colores reflejándose en la cara de tu chica, en un momento que esperabas que fuera eterno, lejos de la cruda realidad. Ante esto el rock cejijunto que escuchaban mis colegas no tenía color, y yo llevaba con orgullo la etiqueta de hortera que me endosaban.

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    1. Ahí, ahí, sí señor. Suscribo plenamente todo su comentario, señor Chafardero. Ya sabe que mis opiniones y las suyas sobre el pop y sobre todo el rock no siempre coinciden, y que tal vez tenemos una idea distinta sobre lo que pueda ser "la trascendencia", pero en este caso estamos de acuerdo en todo: no digo que la década de los 70 sea tan gris (supongo que se refiere al primer quinquenio, claro), pero en todo caso estas músicas nos alegraron la vida en las sagradas discotecas, y eso es mucho. Luego ya se podrá discutir su mayor o menor calidad; pero eso, cuando uno está bailando a gusto, importa un carajo. Y de eso se trata, de evadirse.

      Así que feliz año 2014 y que sea lo más bailón posible. Si uno baila es que sigue vivo.

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  6. Lo ha explicado usted tan bien, señor Chafardero, que no tengo más remedio que rendirme.

    Tiene usted toda la razón razón: A vivir, que son dos días.

    Y usted, señor anfitrión, una vez más es infalible.

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    1. Gracias, amigo Átono. Ya sé que éste es un género en el que lo vulgar también campaba a sus anchas, pero el baile como liberación y el sentido lúdico que tenían estos temas era de agradecer.

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    2. Bien, señor Pez. Ya veo que cuando las cosas se explican cabalmente, es usted capaz de entenderlas. Así me gusta.

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  7. Nada que objetar, es más, estoy tán simplón que voy a añadir a "Captain and Tennille" (Love Will Keep Us Together) y a "Chris Norman & Suzi Quatro" con Stumblin' In... feliz fin de año Rick!

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    1. Bueno, tal vez "simplón" sea una buena palabra para definir el género, señor Sebas. Pero ya veo que también usted sabría aumentar el censo de las "simpleces" con otras cuantas. Así me gusta: no se puede ser serio todo el día, porque de lo contrario acabaríamos con úlcera.

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  8. Por ahí arriba haya alguno que se la coge con papel de fumar. Debe ser que colocan sus viejos discos de vinilo en una torre para subirse encima y sentirse más altos que la humana decrepitud que les rodea. Que conste que les entiendo, yo fui uno de ellos, despreciaba todas estas mariconadas excepto cuando tocaba ir de fiesta, era la música que me ponía y con la que uno se desprendía de los complejos de la primera juventud.
    Superada la fase de la autofirmación personal a través de la música y sin tener ya que demostrar al mundo que uno es mejor por ser más sofisticado, debo decir que nunca agradeceré lo suficiente que mi llegada a los ambientes discotequeros en plena y rotunda adolescencia coincidiera con el auge de la música disco ¿qué hubiera sido de mi si hubiera llegado en tiempos más actuales? Prefiero ni pensarlo.
    Otra vez has acertado, Rick
    Felices fiestas o sus restos.
    Un abrazo

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    1. Ya sabe usted, herr doktor, que contra este tipo de músicas siempre hubo una cierta prevención por parte de los sectores más "concienciados", e incluso podría recordar a algunos que bailaban como posesos en las discotecas y luego, entre los de su grey, lo negaban todo. Pero en fin, allá cada uno con sus complejos. Yo no los tengo, y declaro solemnemente que estas músicas a mí me encantaban. Porque, al igual que le pasaba al señor Chafardero, en la pista me transformaba en un ser absolutamente hortera y electrizado. Eso sí, reconoceré que... no sé bailar el agarrado.

      Y tambiémn de acuerdo en lo de la coincidencia de la edad con esta época: si me llega a pillar el grunge, probablemente mi afición hoy día no sería la música sino cualquier otra cosa. La filatelia, por ejemplo.

      Y felices fiestas. Suerte para el año que viene.

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  9. Hola Rick, leí esta entrada días ha, pero corro a escribir ahora porque (acabo de llegar a casa, tras una noche de fiesta) esta noche han sonado los Village People. Y me acordé de esta entrada suya. No es raro tampoco que suene alguna vez ese grupo, o con mucha menos asiduidad otros clásicos de la época disco, y eso ya nos demuestra varias cosas: en primer lugar, la calidad inherente al éxito de esa música, que tuvo su mejor época en los setenta, pero también pervivió en los ochenta; en segundo lugar, la sequía y empobrecimiento de la música descendiente actual. Los descendientes en el mercado de la música disco, o de la música bailable en general. El doctor Krapp dice: ''¿qué hubiera sido de mi si hubiera llegado en tiempos más actuales? Prefiero ni pensarlo''. Yo se lo digo: Hubiera sido muy diferente. Siempre se suele decir, con razón, eso de que todos pensamos que la época de nuestra juventud fue mejor que la actual. ''Cualquier tiempo pasado fue mejor''. Y con ello despreciamos a veces lo nuevo, por desconocimiento o apego nostálgico a lo viejo, lo ''nuestro''. Pero este relativismo no atañe a todas las cosas, y yo, que apenas tengo veintinueve tacos, doy fe de que la música bailonga de otros tiempos era en general mejor que la actual. La de ahora es perecedera, muy perecedera, y eso solo para quien le guste. Leo los comentarios con curiosidad y veo que algunas cosas se repiten: ideas, posturas, poses... Da igual la generación. Pero la música no es la misma, hay una diferencia de calidad incuestionable. Claro que vas por ahí diciendo esto y pareces un snob.

    Pero me dejo de rollos. Conozco unas cuantas de las que nos dejas, y otras que no conocía. Me encanta esa música. Del famoso disco de los Bee Gees para la película 'Fiebre del sábado noche' me gustan varias, aunque la que incluye usted está muy bien. Mi preferida de todas las canciones que deja es la de KC y la banda brillante de Miami. También es mi canción preferida de ellos: ''Shake, Shake, Shake''. Euforia.

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    1. No sabe usted lo que me alegra que los Village People sigan mandando en algunas pistas, estimado yerno. Eso significa que no está todo perdido. Es verdad que la gran mayoría de estas canciones han pasado al olvido, pero también es verdad que España es un país muy raro: en los States, en la Isla, en Alemania hay discotecas dedicadas exclusivamente a este tipo de músicas, el northern soul, la Motown, etc. Es decir, en otros países se respeta la historia y hay gente que sigue manteniendo ciertas tradiciones, mientras que aquí somos tan modernos que todo se ha polarizado: o las basurillas pseudo pop de los 40 Impresentables, el tecno deshumanizado o la caña a todo trapo de las bandas tralleras. No hay más. Y es una pena.

      Porque parece que hoy en día está mal visto recordar según qué músicas. Como si anduviésemos sobrados de referentes -y así nos va: somos muy modernos, somos los reyes de la nada más absoluta. Ya hemos hablado otras veces de que esa carencia de referentes, esa chulería propia del ignorante con la que los músicos actuales tratan el pasado es suicida, pero no hay manera. Bien, pues allá ellos. Por suerte, usted no es de esos. Así que ya sabe: ande yo caliente y ríase la gente.

      Y feliz año que viene, en el que espero que ya habrá obtenido su doctorado cum laude y comencemos a tener noticias suyas.


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  10. Menos mal que usted nos anima, oiga.

    De todas formas, el lote discotequero me lo voy a dar cuando haya pasado la marea y el mareo navideños, como un chute de recuperación. Ya me di uno en vivo (bueno, dos: uno discotequero y otro rockero, que me tiré dos o tres días con agujetas) antes de que empezara toda esta retahíla de fechas indeseadas, para pillar energía.

    Y no sé si lo sabrá, pero lo suyo es lo que los ingleses llaman, en otro gremio, "a baker's dozen", uséase, 12+1.

    No se canse mucho, Sr. Rick. Y que tenga usted un muy feliz año entrante.

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    1. Muy buena noticia el saber que está usted bien y bailona.
      Que tenga un buen año, para empezar.

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    2. Así me gusta, don Luis: parece usted una persona educada, y todo.

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    3. Gracias, Luis, lo mismo le deseo. Y espero que esté usted también muy bien :)

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  11. Ay, Lady Dusch... qué remedio, hay que animarse. Con la situación general que nos rodea, ya me contará: o te animas o te mueres.

    Y celebro que haya coseguido usted esas magníficas agujetas: el baile es una cosa muy sana, y muy indicada además para estas fiestas; para todas las fiestas en general, y las no fiestas también. Así que ya sabe: en cuanto se recupere, póngase con estos meneos y ya verá como lo disfruta.

    Ignoraba el asunto ese de la "docena del panadero". Curioso. Todos los días se aprende algo nuevo. Gracias por el dato.

    Y ya sabe: cánsese usted mucho, si es a base de bailongos o cualquier otro divertimento. Y lo mismo le deseo con el año entrante, o por lo menos que no sea peor que el saliente...

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    1. Ahora que me he puesto a leer la entrada, veo que gran parte de las canciones (y muchas otras) fueron las que sonaron en mi casa esa noche. Falló el sonido, ya sabe, pero en breve pondré fin a la tortura de los cutrealtavoces del portátil. Que para todo hay un límite.

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    2. A ver si es verdad eso de los cutrealtavoces. Ya verá cómo cambia la cosa: más ambientillo y más afición.

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