lunes, 5 de febrero de 2018

1976/77 (y fin)



El último en llegar es el que cierra la puerta: con David Bowie terminamos el paseo por un bienio que revolucionó completamente el panorama de la música popular. Bowie, al menos de momento, seguirá siendo una referencia inevitable porque es el único de los grandes que consigue mantenerse en la vanguardia y al mismo tiempo crear una obra de calidad que se compagine con un buen nivel de ventas, mientras que otros músicos muy valorados comienzan a decaer: si unos años antes Lou Reed o Iggy Pop fueron sus grandes referencias, no hay duda de que en estos momentos los ha superado de largo. A mediados de esta década se va desprendiendo de sus influencias yanquis (Nueva York y Los Angeles, el rock urbano, el funk y el sonido Filadelfia) y vuelve a mirar hacia Europa: entre 1975/76 protagoniza una nueva muda de piel que nos traerá al Delgado Duque Blanco. 

Sus últimos tiempos en Estados Unidos fueron bastante conflictivos. A pesar de las ventas de sus discos y un plan de giras intensivo, su situación económica era casi deficitaria por los costes de escenario y músicos además de una discutible gestión de sus managers, a los que acabó por despedir. No se sabe cuánto gastaba en cocaína por entonces, pero seguro que también eso contribuyó porque en aquellos tiempos Bowie era un drogadicto en grave riesgo, con episodios psicóticos e incluso algún colapso cardíaco, obsesionado con la Cábala, los dioses egipcios y con ramalazos filonazis que le costarían más de un disgusto con la prensa europea. Sus comparecencias eran erráticas y prácticamente no recuerda nada de sus últimos meses allí, pero a pesar de todo consiguió reunir las fuerzas suficientes para grabar un disco que representa muy bien el tránsito de un continente a otro: “Station to station”, con el que se despide de Los Angeles (“un lugar que debería ser borrado de la faz de la tierra”, dijo luego). 

Ya antes de que termine 1975 se publica “Golden years”, un single que irá contenido en ese Lp y que es una de las últimas grandes canciones “americanas” de Bowie; su base es funky, aunque ya hay un ligero tono sombrío, casi metálico, que anuncia el cambio. A principios de 1976 llega el disco grande y poco después Bowie cambiará Los Angeles por Suiza. Teniendo en cuenta su situación personal y artística en aquel momento, nadie esperaba una gran obra; más bien, el cumplimiento de una obligación contractual para ganar tiempo, salir del paso y reorganizarse. Pero vuelve a sorprendernos y nos coloca ante una colección de canciones que está muy por encima de las expectativas, haciendo de este uno de los mejores discos de su carrera. El tono obsesivo pero épico de la canción que lo abre y le da título es hasta cierto punto un reflejo de su estado, pero al mismo tiempo demuestra su poder de regeneración. Vemos que la influencia americana se está diluyendo, sustituida por la oscura complejidad del rock electrónico alemán; muy a juego con sus nuevas y ominosas teorías filosóficas, por cierto: más o menos por entonces, además de insistir en su admiración por Hitler va soltando lindezas tales como “A Gran Bretaña le vendría bien un líder fascista”. Las drogas son muy malas. Pero esa mentalidad enfermiza puede resultar útil para el arte, y también tenemos algunas baladas como “Wild is the wind” o “Word on a wing” cuya categoría no tiene por qué envidiar a los grandes del género; o un último guiño a la escuela yanki con “Stay” o “TVC15”. Y esta mezcla de estilos resultó ser un éxito a ambos lados del Atlántico, sin bajar del top 5. 

Comienza entonces su época alemana: a finales de aquel año se muda a Berlin junto a Iggy Pop -otro drogadicto en riesgo- y establece un plan de trabajo muy organizado que lo vaya alejando de la cocaína y le dé serenidad. Junto a los ya fijos como Carlos Alomar, George Murray o Dennis Davis, busca el apoyo de los teclados sintéticos de Brian Eno mientras que recupera a Tony Visconti para la producción. Así, la famosa “trilogía alemana” se inaugura en Enero del 77 con “Low”, un disco irregular con momentos muy brillantes y que en realidad no es aún completamente “alemán” ya que parte del material había sido escrito por Bowie tiempo antes para incluirlo en “The man who fell to Earth”, la película de ciencia ficción en la que debuta como actor en 1976; finalmente aquellas piezas quedaron sin uso y se recuperan ahora. De todos modos, ya la entrada con la instrumental “Speed of life” nos da una imagen completamente nueva, que aún hoy sorprende por su actualidad; en la mayoría de las canciones la percusión se endurece en un ambiente general de sonidos electrónicos, mientras las melodías se entrecortan con frecuencia. En conjunto, estamos ante un músico que se ha recreado completamente y cuya influencia resultará fundamental a partir de este momento: las bandas británicas de la era post punk, especialmente las que comienzan en la cold wave como Joy Division o Magazine, e incluso el post rock de los 90 tienen una deuda con él. Tal vez no sea la época preferida de muchos de sus fans, pero no hay duda de que es la más influyente de su carrera. 

Antes de que acabe el año llega el segundo disco de la trilogía y también el más popular, ya que se podría defender con una sola pieza, la que le da título: “Heroes”. Se trata de una canción himno, uno de los más destacados iconos generacionales, y en ese ritmo que es casi un cruce entre balada y marcha resalta además una exhibición de Fripp redondeando la pieza con su guitarra de sonido metálico. Este disco es en realidad el único de los tres grabado íntegramente en Berlín y parece estar imbuido por el espíritu de la Guerra Fría -que hasta cierto punto seguía vigente- con un panorama ambiental oscuro, un tanto tenebroso. Un buen resumen de ese espíritu lo tenemos en la instrumental “V-2 Schneider”, que, con un vago trasfondo de una pieza de baile, nos da la imagen de un posible bombardeo (siendo el V-2 un misil balístico nazi de triste fama por haber borrado del mapa medio Londres, y Florian Schneider un músico de sus reverenciados Kraftwerk). Y aunque es comprensible que el resto del material palidezca al lado de una pieza tan brillante como su tema estrella, también hay tonos exóticos como ese cruce entre melodía japonesa y ambient music de “Moss garden”, o la curiosa “Secret life of Arabia”, que cierra el disco con un tono casi humorístico, como para desahogarse un poco después de tanta tensión “existencial”. 

Tal vez el concepto de “trilogía alemana” sea un poco pretencioso, ya que en realidad solo “Heroes” se ajusta con propiedad: “Lodger”, que se publicará en 1979, ya no tiene mucho que ver con esa idea. De todos modos estamos ante uno de los períodos más brillantes de Bowie, y es un gusto terminar junto a él nuestro paseo. Espero que no se hayan aburrido ustedes mucho, y dentro de un tiempo volveremos a la Isla para seguir la evolución de la época postpunk, que también promete; y como recuerdo, aquí les dejo un pequeño resumen de lo que hemos ido escuchando estas semanas. Feliz Carnaval. 




16 comentarios:

  1. No cabe duda que concluir esta serie con David Bowie es un acierto para el autor y un mérito del artista que lo protagoniza. Me gusta TODO Bowie, el clásico me refiero, ya que no he sido capaz de seguirle desde el "Tonight" en adelante, y eso creo que fue a mitad de los 80. No entro pues a reivindicar más una época que otra, toda la obra en su conjunto fue magnífica, con los altibajos que todo gran artista también arrastra.
    Me hubiera gustado ver un mayor protagonismo de un artista como T.Rex, el único que pudo hacer sombra al Duque Blanco y con el que coinciden algunas líneas estilísticas, además de sus colaboraciones mutuas con Tony Visconti, una figura clave de la época.
    Enhorabuena por una serie, bien documentada, estructurada y narrada, que será referencia para todos los que nos interesamos por estas aventuras musicales.
    Saludos,
    JdG

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    1. Gracias, Javier. A mí me gusta casi todo Bowie, porque a partir de los 80 la cosa comienza a flojear bastante. Pero no se le puede pedir más: veinte años de brillo compensan de sobra todo lo demás.

      En cuanto a Marc Bolan y sus T. Rex, fueron figuras principales en la serie del glam, por si quieres echarle un vistazo. Su problema fue que, tras una época un tanto pesada como cantante hippy psicodélico, encontró la piedra filosofal del glam pero luego no supo salir de ahí cuando pasó la moda. Es un genio menor en comparación con Bowie, que siempre estaba en movimiento, justo por delante de las modas.

      Saludos mil.

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  2. Hi,
    So strange of you featuring D.Bowie in your blog, I thought he wasn't known outside of UK - well maybe in the States but in Spain, I was like what???
    I only know one song from Bowie, Space Oddity and it's because my daddy was singing it all day long but I didn't go much far with his music - I had other interests at the time. Later when I was in college someone told me Bowie choose his name from David Bowman - you know, the spaceman who survives in 2001. Bowie sounds like a diminutive of Bowman and Oddisey-Oddity you get it?
    Nice to visit this site. XOXO

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    1. Hi, Carolyn.

      I suppose you are very young… or, yes, you have other interests: Bowie MUST BE here.

      He is one of best known musicians worldwide, in a similar way to Beatles or Stones. His career started around 1962 under his real name, David (or Davy) Jones, but he changed his surname in 1966 to “Bowie” (an american fighting knife) to avoid confusions: by then, another David Jones was a member of the Monkees (a very popular American band).

      So… sorry, but that story about Bowman and the movie is an urban legend. Anyway, “Space oddity” was his second Lp, in 1969 (“his first album proper”, the critics say). And of course there is no doubt Bowie was influenced by “the odyssey” of that year: space was one of his obsessions.

      Thanks for coming.

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  3. Hola Rick:
    Hay artistas delos que acojona hablar, y uno de ellos es Bowie, un genio de arriba a abajo que con cada cambio nos supo sorprender. Estos discos que citas me encantan, lo que es poco decir.
    Me ha sorprendido esta serie, que la he disfrutado, no recordaba que me gustase tanto esta época.
    A ver en que aventura nos embarcas, me imagino en una hispana.
    espero seguir sorprendiendome.
    Saludote
    Jose

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    1. Hola, José. Esta es una de las épocas más brillantes de Bowie, no hay duda. Luego ya va a gustos si unos prefieren sus primeros años o estos, pero la cosa es indiscutible. Y me alegro de que te haya gustado la serie ¿Ves cómo la gente de nuestra quinta somos más versátiles de lo que parecemos?

      La nueva aventura no es española. Antes habrá que dar otro paseo por Yankilandia para ver cómo llevan ellos el fin de la década.

      Saludotes...

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  4. Aquí otro fan de Bowie. Y eso que tardé en creérme al personaje. Al final cae uno rendido ante el genio. Un artista de los piés a la cabeza. Coincido con Javier y con Jose. Y el paquetito "resumen" no tiene desperdicio. Se agradece la información detallada y amena. Estamos a la espera de nuevas aventuras musicales en el túnel del tiempo.

    Gracias.

    Saludossssssssssss

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    1. Se me hace raro que no te gustase ya el primer Bowie, porque creo recordar que a la mayoría de los chavales de la época nos impresionó a la primera: "Starman", sin ir más lejos, me puso un nudo en la garganta la primera vez que la escuché. Pero bien está lo que bien acaba.

      Y volvemos al túnel. Gracias a vosotros.

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  5. La mejor época de Bowie sin ningún género de duda, o así lo veo yo.
    Cuidado con confundir esteticismo germánico con ideología nazi, a pesar de su naturaleza creativa Bowie era hijo de su tiempo y desde finales de los 60 hasta pelnos años 80 estuvo muy de moda la estética germánica de entre guerras como demuestran películas como La caída de los dioses, Portero de noche o Cabaret o la imagen de ese icono cinematográfico del momento llamado Helmut Berger. Si además el tecno alemán de Kraftwerk, Can y compañía estaban de plena actualidad mejor que mejor.
    La idea de perturbación constante es la que más puede decirnos sobre la personalidad compleja y esteticista de Bowie.
    Magnífica serie, felicitaciones.

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    1. Ya digo que eso es cuestión de opìniones; yo por ejemplo prefiero su época glam, pero todo es discutible. En cualquier caso estamos ante alguien muy grande.

      El asunto nazi, por desgracia, es tal cual: a Bowie se le fue la cabeza durante un tiempo, pero luego supo pedir perdón. Otra cosa es que la estética y en conjunto el arte alemán de los años 30/40 es realmente notable, y ya digo que la situación enfermiza de Bowie por entonces pudo ser positiva en ese aspecto, pero lo otro es lo otro.

      Gracias. Seguiremos informando...

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  6. Trolling Like Crazy9 de febrero de 2018, 20:27

    Ahora que menciona a David Bowie, he recordado que el que tocaba los teclados en "Space Oddity" era… Rick Wakeman, lo que me recuerda que también grabó la parte de piano en "Morning Has Broken", de Cat Stevens. Y en un disco anterior de éste ("Mona Bone Jakon") Peter Gabriel tocaba la flauta en la canción "Katmandu". Y a su vez, Jimmy Page tocaba la guitarra como músico de estudio en "Tous les garçons et les filles" de Françoise Hardy (1962), y ya en Led Zeppelin, se acompañó con la voz de Sandy Denny (Fairport Convention) en "The Battle of Evermore", donde Jimmy tocaba la mandolina.

    ¡Qué curiosos encuentros! A veces pienso que en aquellos años todos los músicos se conocían. En algo que seguramente estará usted de acuerdo es en lo fascinante que fue la música popular en el siglo XX. Respecto al XXI… bueno, ahí no lo tengo tan claro. De momento la música independiente presenta cosas muy interesantes, pero tengo la sensación de un cierto estancamiento en las ideas.

    Saludos.

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    1. En el asunto de las colaboraciones entre músicos habría que distinguir entre los que participan como "invitados" y los que lo hacen a título puramente profesional. Wakeman o Gabriel estaban comenzando su carrera por entonces, y se sacaban un dinerillo a mayores participando como músicos de estudio; esa fue la profesión inicial de Page o Blackmore hasta que comenzaron a asentarse como figuras del rock. Luego, cuando ya toda esta gente tiene un nombre, comienza el lado más "festivo" de las colaboraciones en plan colegueo, que a veces ni se cobraban.

      Sí, la mayoría de esta gente formaba una gran familia, aunque también había envidias y malos rollos. Hasta eso resultaba fascinante por entonces. Hoy en día se ha perdido todo aquel glamour, aquella magia: el negocio se ha atomizado, ya no hay estrellas. Ya no hay grandes ideas, en efecto. Vivimos en el mundo de lo pequeño; pero eso no le pasa solamente a la música popular, sino también a la literatura, la pintura, el cine... Los fans de todas esas disciplinas se quejan lo mismo que nosotros.

      Saludos mil..

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  7. Buena forma de acabar esta etapa. Cuando murió el tema que más veces revisité fue el de Héroes, creo que su mejor canción. Gloria eterna.

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    1. Yo diría más bien que "obligada forma": Bowie es inevitable, y además siempre da altura. Luego ya lo de "la mejor canción" va por gustos, y supongo que por generaciones: para la mía, tal vez "Starman" o alguna otra de "Ziggy Stardust" fuese la primera, pero eso da igual. Suerte tenemos de poder disfrutarlas todas.

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  8. Reconozco que yo conocía poco la carrera de Bowie (exceptuando su primer y segundo álbum). No fué hasta su muerte cuando me interesé por escuchar sus temas y darle un repaso así por encima a su discografía.
    Ahora me doy cuenta de lo grande que era. Yo tambien me rindo ante el genio.

    Saludos.

    Antoni.

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    1. Pues, dejando aparte su obra de finales de los 70, yo creo que casi todo lo que publicó hasta 1975 a tí te tiene que gustar porque mezcla muy bien sus influencias folk con el rock más actual en aquel momento. En resumen, hasta mediados de los 80 casi todos sus discos son interesantes. Muy pocos músicos han conseguido mantener el intereés por su obra durante tanto tiempo.

      Saludos mil..

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