lunes, 23 de octubre de 2017

1976/77 (VII)



El nacimiento de un nuevo estilo hace que los músicos más inquietos cambien de perspectiva y aprovechen la situación para reorientar su camino. El primer ejemplo lo tuvimos con los Clash, cuyos integrantes procedían de dos bandas inspiradas en el rock urbano estadounidense, y lo veremos hoy con Ultravox, otro de los grandes nombres para el futuro inmediato; en este caso, su escuela es el rock británico de finales de la década anterior actualizado por la reciente influencia glam y la vanguardia electrónica. Cuanto surge el punk o, más genéricamente, la Nueva Ola, ya tienen solvencia como instrumentistas y su media de edad anda sobre los veinticinco años: es evidente que para ellos esa situación será una oportunidad, pero desde luego son mucho más refinados. En cierto modo podríamos considerarlos como uno de los primeros grupos “neoclásicos”, por decirlo así. 

Dennis Leight es un muchacho nacido en 1947 que en su adolescencia fue mod, luego hippie y que se matricula en la Escuela de Arte, donde descubre las grandes posibilidades de las cintas de grabación y experimenta con los primeros sintetizadores. Probablemente no le llegaban las horas del día para tanta hiperactividad, porque además tocaba la guitarra en ratos libres y ejercitaba su voz con la intención de ser cantante. Por fin, en 1973 consigue convencer a unos colegas para crear su primera banda, bautizada como Tiger Lily; se harán bastante conocidos en el área de Londres e incluso llegan a grabar un único single en 1975. Es un single realmente curioso, porque en su cara A presentan una versión del “Ain’t misbehavin’” de Fats Waller a la que le han cambiado el espíritu y recuerda a las bandas de cabaret glam del estilo Cockney Rebel o Roxy Music; la cara B, titulada “Monkey jive”, es de composición propia y se acerca a unos Mott The Hoople, por resumir. Tienen ya preparadas unas cuantas canciones más, pero de momento solo podrán interpretarlas en directo porque las ventas del single han sido escasas. Llegados a 1976, esa nueva efervescencia que se vive en las calles también les afecta a ellos, que cambian dos o tres veces el nombre de la banda intentando olvidar su pasado; sin tener claro todavía cuál será el definitivo, Island les ofrece un contrato y cuando entran en el estudio para comenzar las grabaciones, Dennis ha tomado la decisión: serán Ultravox!, con exclamación final, como homenaje a sus queridos Neu! 

El interés de Island se debió a una excelente demo que habían grabado con Steve Lillywhite, hasta poco antes técnico de Polydor. Y ese interés se amplía al propio Steve: el sello trata de complacer a ambas partes dándoles libertad para coproducir el disco, junto a una estrella del calibre de Brian Eno. Un detalle tan poco frecuente indica que Island vio algo en él; y acertó, porque ahí comienza su carrera como uno de los productores más interesantes hasta hoy en día. En cuanto a los ahora llamados Ultravox! ese cambio de nombre no afecta a la plantilla, que sigue inalterable salvo por algunos cambios también onomásticos: junto a la voz y el carisma escénico de su líder, que desde entonces será conocido como John Foxx, tenemos al bajista Chris Cross, nacido Allen; tanto el batería canadiense Warren Cann como el teclista y violín Billy Currie y el guitarra Steve Shears seguirán usando sus nombres oficiales. Y aunque Foxx es también el compositor principal, todos participan en mayor o menor medida. Teniendo en cuenta que la mayor parte del material ya estaba muy rodado en directo, parece que todo el mundo se tomó las cosas con calma, porque la grabación duró tres o cuatro meses y su primer single no se presenta hasta Enero del 77 seguido por el disco grande un mes más tarde. 

“Ultravox!” es una de esas obras que demuestran claramente que hay vida más allá del punk: dejando aparte su estética y algunos rasgos en canciones muy concretas, la banda actualiza un sonido cercano al glam “intelectual” de unos Roxy Music pasados por el filtro Bowie -su influencia aquí se hace evidente- sazonado por momentos con melodías que recuerdan al rock electrónico de la escuela isleña y alemana. Es de suponer que Eno ejerce una poderosa influencia, pero canciones como “I want to be a machine”, que por alguna razón me recuerdan a Hawkwind, o esa especie de himno tecno titulado “My sex” ya estaban compuestas antes de llegar él. Hay momentos curiosos como “The loney hunter”, una especie de funk que podría haber incluido Bowie en “Young americans”, o la adorable “Slipaway”, a la que Bryan Ferry ya le hubiera gustado echar el guante. Luego está el material más rockero como “Sat’day night in the city of the dead” o “Wide boys”, que de todos modos deben más a las escuelas tradicionales que al punk, y cuyos arreglos están muy por encima de las influencias reinantes en esa época. Ah, y “Dangerous rhythm”, una hermosa balada electrónica, fue la elegida para su primer single. Lo que tenemos en conjunto es un disco memorable que aún hoy suena fresco, con la categoría de lo intemporal y que por supuesto tuvo unas ventas mediocres. La explicación es sencilla: un exceso de matices para una época de urgencias. En abril, dos meses después de su publicación, actuaron en el Marquee y era fácil sentirlo: a un lado los punkis, al otro la naciente tribu tecnopop, ambos grupos mirándose con desconfianza, casi con rencor; por el medio andábamos unos cuantos indocumentados que mayoritariamente, como solía recomendarse por entonces, vestíamos parkas mod para dejar clara nuestra neutralidad. Sospecho que ese disco solo lo compramos los del medio. 

Poco después tratan de congraciarse con el público que exige “más caña” publicando en la cara A de su segundo single “Young savage”, una pieza de tanta calidad como contundencia que no se incluirá en los discos grandes y que se aproxima un poco al tono general reinante; pero en la B tenemos “Slip away”, casi como una reivindicación. Y en otoño llega su segundo Lp: “Ha! Ha! Ha!”, que en conjunto es más “contemporáneo”, por decirlo así, con canciones tremendamente vigorosas como la monumental “ROckWrok”, un verdadero himno afterpunk cuya categoría supera de largo a la mayor parte de lo que se ha grabado en ese estilo, a juego con una letra de sexualidad desbordante. Tras ella tenemos “The frozen ones”, otro despliegue de exuberancia, y luego “Fear in the western world”, y el rimo incansable parece relajarse un poco con “Distant smile”, la que cierra la cara A (pero si ustedes no conocen este disco y piensan escucharlo, cuidado con ella). La cara B parece serenarse un poco, aunque “The man who dies every day”, de medio tiempo, es otra clásica de su repertorio. Y para no extenderme más (los discos hay que escucharlos y dejarse de palabrería), el cierre es un verdadero broche de oro: “Hiroshima mon amour”, la más grande de las primeras baladas tecno -suyas o de quien sea- cuando al tecno se le llamaba synth pop (que es su verdadera naturaleza), con una letra que viene siendo una hipérbole de aquella película. Esta canción resurge en single acompañando a “ROckWrok”: juntas son una pareja legendaria, un perfecto resumen del embrujo que Foxx y su banda ejercían por entonces. Y como es lógico, tampoco este segundo disco grande tuvo mucha venta, aunque superó al primero. 

A principios de 1978 se marcha Steve Shears mientras que Foxx trata de acentuar la tendencia electrónica y vanguardista del grupo, lo cual tal vez haga surgir nubarrones en el horizonte. Pero eso ya es otro tiempo: pase lo que pase, estos dos primeros discos han quedado para el recuerdo de una época mucho más rica y compleja de lo que podría parecer. Ultravox, a fin de cuentas, son la primera gran banda que mezcla el rock con el punk y los sonidos electrónicos; pagaron ese “atrevimiento”, porque Island acabará por despedirlos, pero no se les puede negar valentía y visión de futuro. 





10 comentarios:

  1. Hola Rick:
    No me he animado a comentar en estas últimas entradas, porque realmente estamos en un terreno desconocido para mi. Pero al ver el nombre de Ultravox ya se me ha encendido una lucecita. Recuerdo algunos de sus temas que me hacían flipar en su tiempo. Quien no conoce "Vienna" o la grandiosa "The Voice" que todavía me pone la carne de gallina cuando la escucho.
    Como me ocurre siempre, gracias a tus entradas, me dan ganas de conocer más y me he puesto a repasar en youtube la discografía del grupo. La verdad es que ha valido la pena. Me he transportado en el tiempo a mis años mozos y me ha hecho rejuvenecer un poco.

    Saludos.
    Antoni

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    1. No te preocupes, Antoni; ya imagino que muchos de estos grupos no te interesarán, porque lo tuyo va más por la melodía y en esta época estábamos en pleno proceso de "voladura", por decirlo asi. Pero algunos de estos personajes irán evolucionando, y el caso de Ultravox es evidente. Debo decir que, en este caso como en muchos otros, mi época preferida es precisamente esta, la primera, pero comprendo que su momento más alto de popularidad venga luego.

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  2. Hola Rick:
    Me ha sorprendido la inclusión de Ultravox, creía que la cosa iba por derroteros mas punkarras. La verdad es que la banda me encantaba, realmente el sonido era al menos muy diferente a todo. Tengo en mi colección de discos polvorientos el tercero o cuarto, no recuerdo, el "Vienna" que es de mis favoritos de todos los tiempos.
    Desde luego, abrieron una puerta que luego muchos seguirían, aunque con dispares resultados.
    Me paso a los Clash, que se me ha pasado.
    Saludos
    Jose

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    1. Muy buenas, José.

      No debería haber sorpresas, ya que el título de esta serie es "1976/77". Es decir, que el punk es solo un apartado; mucho más amplio es el término "Nueva Ola", que es la fase porlaque andamos ahora, y finalmente también habrá que recordar a algunos veteranos que siguen en pie como Bowie, por ejemplo: esta época es de las más brillantes en su carera.

      El punk isleño de primera hora, al menos bajo mi punto de vista, solo tuvo tres grandes nombres,que ya han sido citados: los Pistols, Damned y Clash. He de reconocer que no es mi estilo preferido, pero aun así sabes que los demás nombres fueron francamente minoritarios. Y ahora andamos en la New Wave, que es mucho más variada (y para mí mucho más interesante también). Otra cosa es a partir del 78, cuando algunos músicos punk comiencen a evolucionar: eso ya tiene mucha más enjundia.

      Saludos mil

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  3. Conozco el grupo Ultravox de los 80 con ese toque tan tecno y elaborado, a veces muy pesado, por eso me ha sorprendido tanto que el grupo sea tan antiguo, lo asociaba a la Nueva Ola, como que recuerde tanto al Roxy Music del momento, supongo que por la influencia de ese coco llamado Brian Eno.
    Saludos

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  4. Por desgracia en España los primeros Ultravox fueron minoritarios. La cosa cambia precisamente en 1980, cuando ya se ha ido John Foxx, fichan por Chrysalis y entra Migde Ure: ahí se convierten en una banda de baladas tecno que algunas personas malas comparan con los Moody Blues y gente así, pero que bajo el punto de vista comercial es una gran acierto. A mí, de la época "Vienna" en adelante no me dicen mucho; pero es culpa exclusivamente mía.

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  5. Esta época de Ultravox tampoco la tengo muy oída. Y me ha gustado repasarla. A toro pasado se nota que hay una evolución en la música que fue bastante atrevida para la época. Qué bien vienen estos repasos.

    Saludosssssssssss

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    1. Hola, Bab. Ultravox fue una banda mucho mejor de lo que la memoria colectiva recuerda, porque como le digo a herr doktor la cosa cambió mucho en 1980.

      ¿Estos repasos? Un pequeño disfrute crepuscular para puretas como tú o yo.

      Saludos mil.

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  6. Algún día habrá que reconocer la inmensa importancia que tuvieron las Escuelas de Arte en la Inglaterra de la postguerra. En muchas de ellas cayeron gran parte de los músicos que formaron parte de las grandes bandas británicas de la época, como en el caso de algunos miembros de Ultravox!, grupo al que llegué desde sus inicios y seguí hasta la marcha de Foxx y la entrada de Ure, es decir, hasta su magnífico "Vienna". Sus dos primeros Lps si que los tengo sobaos, casi se caen a trozos de tanto gasto (y gusto) acumulado en sus surcos. Una gran banda, distinta, muy en consonancia, como comentas, por la apertura de miras que el punk y la new wave supusieron para las mentes más inquietas.
    Saludos,
    JdG

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    1. Pienso que la devoción por las "art schools" británicas ha sido debidamente cumplimentada en muchas historiografías sobre bandas ya no de los 70, sino de los 60: Pink Floyd, por ejemplo. En cuanto a Ultravox, por lo que dices deduzco que, como casi todos en este tugurio, prefieres su primera época a pesar de esa debilidad que algunos mostráis por "Vienna". Entiéndeme: no tengo nada contra Midge Ure, pero tampoco tengo nada a favor.

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