lunes, 17 de diciembre de 2018

1978/79 (XVI)

Hoy viajaremos a la cara oscura de Manchester llevados de la mano por quienes mejor la conocen: Joy Division. Con el paso del tiempo se han convertido en un verdadero fetiche, uno de esos grupos adorados por la crítica musical hasta extremos delirantes; como suele suceder, en parte con razón y en parte por esnobismo. Una de las comparaciones inevitables es la que se hace con Velvet Underground, y también en esto hay modos de verlo: el núcleo duro de la Velvet son dos señores de ascendencia burguesa que coquetean con la sordidez entendida como una opción estética, mientras que aquí nos encontramos con unos muchachos de clase trabajadora con inquietudes artísticas pero que se sienten sobrepasados por su propio ambiente. Porque Manchester, a la que definí la semana pasada como “universitaria, seria y de imponente arquitectura”, tiene también, como todas las ciudades, sus barriadas proletarias; y habiendo sido la cuna de la revolución industrial, a la fealdad de esas barriadas se une la sensación de decadencia. Luego hay, básicamente, las dos opciones que siempre ha habido: si los vitalistas Buzzcocks utilizan los recursos del punk para evadirse y crear una sublimación adolescente, Joy Division se identifican en la cercanía tóxica de la realidad, la grisura, el colapso de un sistema productivo que da sus últimas boqueadas y surte el extrarradio de pobreza y factorías abandonadas. La factoría, la nave industrial en ruinas, son para ellos más que elementos estéticos: son una metáfora que puede interiorizarse. Y también ellos hacen una sublimación, casi romántica: el estado ruinoso de esa otra cara de la ciudad, el estado ruinoso del alma. 



El origen, una vez más, está en una actuación de los Pistols; se trata de la primera que hicieron en Manchester, aquella que organizaron Devoto y Shelley en junio del 76. Entre el escaso público asistente se encuentran Bernard Sumner, Peter Hook y Terry Mason, antiguos compañeros de colegio a los que el espectáculo les cambia la vida: Sumner se compra una guitarra, Hook un bajo y Mason una batería. Poco después, a través de un anuncio, se les une Ian Curtis; lo conocían de haber coincidido con él en algunos locales, y le dieron el puesto de cantante sin hacerle siquiera una prueba. Sumner recuerda que “no era necesario, porque ya sabíamos que le gustaba la misma música que a nosotros. Los cuatro nos conocíamos sin conocernos, de vernos siempre en los mismos sitios”. Ian Curtis es un devoto de Bowie, Iggy Pop, Lou Reed y el rock alemán con la misma intensidad que lo es de los escritores como Nietzsche o Sartre… pero también le interesa Jim Morrison, el soul o el funk, también le gusta Herman Hesse o Burroughs. Y todo ese bagaje está mediatizado por su naturaleza enfermiza: la depresión desde su primera juventud y la epilepsia creciente. Si eso produce una situación personal de desamparo y en muchos casos desesperación, está claro que las drogas y la exposición a espectáculos con un cierto grado de violencia, aunque solo sea estética, tampoco ayuda. Curtis es un ser hipersensible, con una clara vocación poética, pero indefenso. 

El cuarteto, siguiendo sus deseos, se bautiza como Warsaw en honor a la canción de Bowie (“Low” está haciendo estragos en la Isla: Curtis, Devoto, incluso Lowe en plan irónico, buscan referencias en él) y se consolida en Agosto del 77 tras el cambio de batería: se marcha Mason y llega Stephen Morris, otro conocido que contesta a un anuncio. Para finales de año tienen ya unas cuantas piezas, todavía más cercanas al punk tradicional que a su futuro estilo, pero no quieren esperar más y siguiendo la táctica del “hazlo tú mismo” reúnen 400 libras y graban las cuatro canciones que formarán su primer Ep. Sin embargo, entre ese momento (Diciembre del 77) y el de su publicación (Junio del 78) hay un hecho ilusionante que al final resulta ser un fiasco: RCA parece interesada en el grupo y les propone grabar unas maquetas en Mayo. Pero las exigencias del sello (que quería una voz más cálida y el uso de sintetizadores) y la disconformidad del grupo con la producción rompen el acuerdo; ni que decir tiene que esas maquetas son muy fáciles de conseguir hoy en día.


Esta desilusión (sobre todo para Curtis, fan fervoroso de la RCA por ser el sello de su admirado Bowie) los obliga a quedar a la espera de una nueva oportunidad. Mientras tanto recuperan aquellas grabaciones del año anterior y lanzan el Ep bajo un supuesto sello propio llamado Enigma. Ahí tenemos una suma de circunstancias que lo hace conflictivo: la portada, desplegable, casi lujosa para el estándar casero, muestra en un frontal a un miembro de las Juventudes Hitlerianas tocando el tambor; es un dibujo de Sumner, que en los datos del disco se hace llamar “Albretch”. Él dijo luego que si se había puesto ese apellido era por Bertolt Bretch, del cual había escuchado mal su nombre... Bueno, se lo creeremos; pero el título del disco, “An ideal for living”, parece cuadrar sospechosamente con esa “perspectiva”. Y la cosa no termina ahí, porque “Warsaw”, la canción que lo abre, trata sobre Rudolf Hess y se inicia proclamando el número de preso que tuvo en Spandau. Por último, para evitar la confusión con una banda londinense de nombre similar, Curtis y sus socios habían decidido a principios de año adoptar uno nuevo, y aquí ya se presentan como Joy Division… que era el apodo utilizado en la jerga alemana de la II Guerra Mundial para referirse a los grupos de presas sometidas a esclavismo sexual en los campos de concentración. “Todos nos llaman nazis”, se quejaba Curtis. Lógico: la mayor parte del público, punkis de barriada, tal vez no tuviesen la formación suficiente ni el dominio de los dobles sentidos necesario para entender la ironía de aquella propuesta, aunque varias letras del propio Curtis fuesen justo la expresión contraria, y ese fantasma les acompañó durante mucho tiempo; aún hay gente, hoy en día, que sigue creyéndolo. En cierto modo estamos ante una actitud parecida a la que mostraba Siouxsie en sus primeros tiempos, cuando salía a la calle con la cruz gamada: no era por afinidad ideológica, sino buscando una sensación estética que infundiese miedo (y que para ella podía ser incluso una posición de autodefensa). En cualquier caso la tirada de 1.200 copias de aquel Ep se agotó enseguida (en parte por el rápido desgaste del plástico), y en la reedición ya había otra portada.


Tony Wilson, que entre otras cosas es el presentador de “So it goes”, el programa más moderno de Granada Television, decide crear un sello discográfico junto a otros socios; ese sello se llama Factory Records, un nombre que es el puro símbolo de esa ciudad, una marca que pronto se hará mítica en la historia del rock británico. Wilson es un visionario que concibe el futuro del punk “culturizado” no solamente como un simple estilo musical, sino como una alternativa multidisciplinar que vaya desde la estética de las portadas -buscando por lo general el minimalismo, unas veces neoclásico y otras abstracto- hasta la elaboración de un sonido definitorio, apoyado en el eco, que hará tan personales a la mayoría de sus músicos. Wilson comprende enseguida las posibilidades de Joy Division y los convierte en uno de los primeros fichajes de su nuevo sello. Parte de ese convencimiento se debe a Rob Gretton, que desde poco antes es el manager de la banda; Gretton, un Dj muy popular en Manchester, será también socio de Wilson. Y por último hay que citar a la otra figura fundamental en el futuro del sello: Martin Hannett, aquel Martin Zero que se había estrenado como productor con el “Spiral scratch” de los Buzzcocks, lo será también de Joy Division (y muchos otros, entre ellos Magazine para su tercer disco). Hannett, un verdadero obseso del sonido, llega a extremos como cortar el aire acondicionado para conseguir un ambiente gélido o utilizar elementos del mobiliario para obtener percusiones alternativas. El particular sonido de la banda se debe a él hasta tal punto que algunos comentaristas lo consideraban como el quinto Joy Division.


“A Factory sample” es un doble single publicado a finales de 1978. Como su nombre indica, se trata de una pequeña muestra de los primeros artistas del sello, y en él se incluyen las dos piezas con las que presentan a Joy Division: ”Digital” y “Glass”. El sonido que les consigue Hannett (que aquí aún se hace apellidar Zero) ya está muy cerca de lo que podríamos llamar “marca de fábrica” del grupo: todos los instrumentos suenan prácticamente al mismo nivel, secos, casi crudos, pero al mismo tiempo con ese eco tan personal que matiza su contundencia mientras le da una proyección enorme. El dominio de los instrumentos ha mejorado mucho y también Curtis tiene ya un carácter único, tanto por su voz como por la categoría de sus letras, con esa poética belleza de la destrucción interior que en grandes dosis resulta insoportable pero tomada de a poco puede ser exquisita. 




La transición entre 1978 y el 79 transcurre entre sus primeras actuaciones ya de cierta popularidad como la presencia en el programa de John Peel, las primeras reseñas en prensa y los primeros episodios epilépticos de Curtis. En la primavera comienza la grabación de su primer disco grande… y ahí lo dejamos, de momento. 



16 comentarios:

  1. Hola Rick:
    Corro a coger sitio en primera fila de la clase, que esta lección hace mucho que la esperaba. Soy forofo de Joy Division desde su aparición y creo es de las bandas imprescindibles independientemente del tiempo y los estilos.
    Este single me gusta particularmente, pues los muestra con toda su crudeza y es la perfecta antesala de su Closer.
    Solo puedo decir elogios de ellos, así que a rellenar por el lector.
    Como batallita de abuelo cebolleta diré que el documental "Control" lo vi cuatro veces en una semana, primero en V.O., después tirando de coleguis en catalán, en castellano y la versión comentado por el director.
    El que no haya visto esa película, no sabe lo que se pierde.
    Saludos y ya se que sonará hoy en casa, algo de la "División de la Alegría", con el nombre acertaron de pleno.
    Jose

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    1. Muy bien José, el primero de la clase por hoy. El caso es que no me esperaba que tú precisamente fueses tan fan de los Division, porque a veces nos "fabricamos" una idea de las personas y generalmente nos equivocamos: a ti te tengo por un fan especializado en garage, r'n'r, freakbeat y demás delicatessen de los 60, pero no tan aficionado a los 70/80. Así que me alegro por equivocarme.

      También yo soy fan de "Control", una de las pocas películas musicales que no se pasa ni se queda corta contando una historia. Se ciñe bastante bien a la realidad.

      Bueno, pues que disfrutéis de las fiestas que se nos vienen encima. suerte y salud para el año que viene.

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  2. Excelente introducción manchesteriana Rick, que vale igualmente para el prólogo debido a una de las bandas más fundamentales de aquellos años. Ya sabes que yo soy mucho de comentar el ambiente (urbano o campesino) de las bandas, también su entorno humano, más o menos cercano, y he de reconocer que esta entrada debe considerarse como una logradísima antesala a lo que posteriormente nos puedas entregar. Agotado Liverpool (salvo poquísimas excepciones)por aquella época, Manchester sirve de contrapunto a Londres, y a qué nivel. Joy Division son para mí la mejor y más original referencia mancuniana.
    Saludos,
    JdG

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    1. Gracias, Javier. La ventaja que tienen este tipo de grupos es que casi te dan el trabajo hecho, ya que su historia va a medio camino entre la simple música y el mito heroico. Y por supuesto es la mejor tarjeta de visita para una ciudad como Manchester, que por esa época es pura vanguardia. Como bien dices, Liverpool queda un poco fuera de juego aunque haya algunos grupos que siguen manteniendo el nivel, como Echo & The Bunnymen.


      Y como le digo a José, suerte y salud: ojalá el año que viene no sea peor que este. Ya no pido más.

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  3. Te ha quedado una entrada muy chula y muy bien documentada. Creo que el grupo se lo merece así como esa figura mítica de Ian Curtis, otro mártir del pop elevado a los altares. Las canciones de esos singles son irresistibles. Me gustó Control creo que enfoca estupendamente esa época y esos personajes.

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    1. Gracias,herr doktor. Como le digo a Javier, parte del trabajo ya lo da hecho la propia banda, tan literaria, tan cinematográfica. La tragedia siempre vende, eso está claro.


      Y feliz sucesión de fiestas inevitables. Nos veremos en 2019.

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  4. Hola:
    Supongo que con esas alusiones al nazismo sólo pretendían provocar y crear polémica, algo muy característico del punk. Por otro lado veo que en el single hay un tema dedicado a la Columna Durruti (Durruti Column), lo que no me cuadra mucho.
    El caso es que aunque me de reparo decirlo, yo no conocía a estos tipos de nada, sólo por el nombre, y como siempre he aprendido una lección nueva, aunque sea después de cuarenta años.

    Saludos.
    Antoni.

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    1. Hola, Antoni. Durruti Column, como John Dowie y Cabaret Voltaire, son los primeros artistas que junto a Joy Division componen el catálogo de Factory Records.

      De esos cuatro, no hay duda de que Joy Division son los más interesantes; el tono general de Factory,un tanto sombrío de más, es para recordar de vez en cuando. Pero ya digo, los Division están muy por encima del resto.

      Y repito: suerte y salud; o salud y suerte, como prefieras. A ver si el panorama general, más sombrío que la propia Factory, se va despejando un poco.

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  5. De estos señores sólo conocia el mega conocido Closer , que es un discazo aunque cierto es que no todos los estados de ánimo sirven para hacerle frente. Pero esta semana he descubierto que existe vida más allá de Closer. Tremendos los singles qque propones y en general los inicios de este grupo. O sea que otra buena semana de descubrimientos y el artículo, como de costumbre, muy ameno.
    Feliz Navidad para ti y los tuyos y espero que este bar no cierre estas vacaciones navideñas.
    Saludos

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    1. Lo llevas claro Commendatore. Rick es un "Killer" con la fiestas y no perdona ni una. No tiene piedad a pesar de ser un gran creyente (en las fiestas)
      Saludos
      Jose

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    2. Hola, Commendatore. "Closer" es la obra cumbre de Joy Division, pero no hay que olvidar que se trata de su segundo y último disco: hasta ahí, hay un primero ("Unknown pleasures") casi igual de bueno y unos cuantos singles imprescindibles. Les gustaba mucho el formato single, lo cual implica que algunas de sus grandes canciones no están en los Lps.

      Y lamento informarte de que este bar cierra siempre en Navidades hasta después de Reyes, como cierra también en verano. No esque vaya en plan killer,como dice José, sino que las obligaciones familiares y de otros tipos me obligan. Además, he de reconocer que soy un poco vago y me gusta desconectar de vez en cuando.

      Pero todo pasa y todo queda, así que cuando nos demos cuenta ya estaremos en 2019. Suerte.

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  6. Qué malo eres, José... ¿Killer yo? ¡Pero si soy encantador! ...O eso dicen ellas....

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  7. A Joy Division no les pillé el tranquillo en su momento. Tardé un poco en entrar en su historia, pero luego valió la pena. Coincido con Javier en lo de "Excelente introducción manchesteriana". Aquí estamos, la mañana del domingo de Reyes leyendo el artículo y oyendo "Closer". Un plan tan válido como el que más. ¿Es que no?

    Por cierto, ya estamos en el 2019

    Saludosssssssssssss

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    1. Eran quizá revolucionarios de más para los que veníamos de otros patrones de sonido, por decirlo así. De hecho, algunos colegas míos nunca los aceptaron del todo... bueno, ni a Magazine, ni a Siouxsie... Pero aquel comentario de la prensa británica sobre Magazine y el futuro del rock es perfectamente aplicable a toda esta gente: la cosa comenzó a pudrirse sobre el 82/83, pero hasta ese momento casi todas las grandes bandas lo fueron con toda la razón del mundo.

      Y suerte con el 2019, que falta nos va a hacer...

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  8. Tengo que confesar que grupos como Joy Division, Magazine, New Order, The Cure, Echo & The Bunnymen,....y Radio Océano, fueron un viento fresco con el que me desperté después de 15 meses de "mili".

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    1. Pues a mí me pasó más o menos lo mismo: entré a finales del 77, con los Pistols y compañía, y salí ya casi en el 79, con toda esta gente revolucionando otra vez el panorama. Qué tiempos...

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