lunes, 6 de febrero de 2012

1969 (I)



Que no les engañe el guarismo. Numéricamente estamos ante el último año de la Década Dorada, pero en realidad se trata del primero de la siguiente: cuando el calendario le dio paso poco quedaba ya del espíritu de los 60. Una época que se había iniciado con la metamorfosis del rock and roll, cuya supervivencia llegó a estar amenazada por el auge del beat, los géneros negros de baile y su parroquia mod (el pop, en suma). Luego llegó la fiebre psicodélica, que afectó a todos los estilos, y el sonido comenzó a sofisticarse: la inocencia se había perdido. A partir de aquí las bandas más notables serán muy serias, muy creativas, y la palabra "pop" queda desterrada. La alegría queda desterrada.

Porque ahora todo será rock progresivo: blues, hard, folk… el género que ustedes quieran irá inevitablemente asociado a esas dos palabras, y ¡ay de aquellos que no sean definidos como tales! (aunque ya están los periodistas para eso). Porque se acabaron los estribillos infantiles, los singles de baile, ese tipo de cosas tan "horteras". Los Lps conceptuales serán una de las expresiones creativas más respetadas, la complicación en los desarrollos, las canciones de más de cinco minutos, las portadas extrañas, esas caras de introspección que lucen los músicos en las fotografías. E inevitablemente las castas se consolidan: antes había grupos de primera línea y grupos "garajeros", por decirlo así. Ahora no: ahora tenemos los grandes grupos, los minoritarios (por complejos o raros) y los grupos basurilla que se dedican al mercado del single sin más pretensiones. Y el público sigue esa misma tónica: un seguidor del rock progresivo no puede rebajarse a comprar un disco pop, evidentemente. Esto, a la larga, nos llevará al resultado inevitable del endiosamiento de algunos grupos, jaleado por sus seguidores.

Un ejemplo del signo de los tiempos lo tenemos en los Beatles: hasta 1967 fueron ellos los que iban por delante del resto, los innovadores, los que creaban una música diferente. Pero "Sargent Pepper's" fue el primer ejemplo de que ya no eran los únicos, pues a pesar de sus ventas y de su calidad en algunas canciones la psicodelia ya la representaban mejor los primeros Pink Floyd. Y el doble blanco quizá sea su mejor disco, pero en 1968 ya había bandas más arriesgadas. Este año graban sus dos últimas obras: "Abbey Road" es un puñado de grandes canciones en tono americano pero sin sorpresas creativas. Y "Let it be", que será publicado el año siguiente (la banda ya no existía) es igual de bueno, pero tampoco hay descubrimientos sónicos o técnicos que se puedan comparar a los de algunos recién llegados. Así que Yoko y Linda se limitaron a rematar el trabajo de demolición iniciado con la muerte de Epstein: la banda habría desaparecido igualmente, con ellas o sin ellas.

Así que ya saben: los singles, caca. Eso de oír a cuatrocientos grupos al día se acabó. Porque, como no hay dinero para todo, el personal preferirá comprarse dos o tres discos grandes al mes y no diez singles. Es decir, la perspectiva se acorta. Y teniendo en cuenta que cada nuevo LP que salga de los grupos con caché será de compra obligatoria para no quedar mal, perderemos de vista unos cuantos grupos menores para centrarnos en lo principal: el saneamiento económico de quince o veinte vacas sagradas (algunas, como Led Zeppelin, llevarán el negocio al extremo prohibiendo por contrato la publicación de singles en la Isla: si te gusta "Communication breakdown" y solo esa, te aguantas y te compras el LP. Hala). Muchos grupos se hundirán por esa política, ya que su creatividad no dará para un disco grande al año; el darwinismo se radicaliza.

Pero es verdad que se hicieron grandes discos, y de ellos habrá que hablar sin nostalgia por lo que quedó atrás. Así que, ya metidos en materia, el próximo día nos pondremos a ello. Y recuerden: ante todo, seriedad. Mucha seriedad.


8 comentarios:

  1. ''Muchos grupos se hundirán por esa política, ya que su creatividad no dará para un disco grande al año; el darwinismo se radicaliza.''

    Bueno, aunque no al 100% de acuerdo, sí que me parece (egoísta y frivolamente) un valor no tan malo.

    A día de hoy por ejemplo, con la autoedición, internet, discograficas alternativas e independientes, hay muchos más grupos que no tienen nada que decir (a veces ni el single) y consiguen disco.

    De todos modos yo soy consumidor de singles todavia, y son pocos los grupos que todavia se atreven a lanzarlos. Y los que lo hacen ya en vinilo son de paja y a dormir...

    Saludos.

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  2. Malos tiempos para la música, en definitiva. A mí solo me salpicaron los coletazos de aquella moda, pero aún recuerdo las reuniones con lps que parecían no acabar nunca y cómo te miraba la peña por encima del hombro si insinuabas las mínima crítica. Supongo que hoy todos esos viejos discos dormirán el sueño de los justos en algún desván polvorienro.

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  3. Yo, con todo, sigo prefiriendo Abbey Road. Tal vez sea por ese tono americano (nunca se me había ocurrido definirlo así) o más sólido.

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  4. Buena introducción. Me quedo sobre todo con eso que dice que antes los grupos se dividían en grupos de primera línea y 'garajeros', y luego ya en grandes grupos, grupos minoritarios y grupos basurilla.

    Yo ahora mismo no sabría decidirme por un álbum de los Beatles, si el Revolver, el blanco, Abbey Road... 'Abbey Road' tiene canciones gloriosas como 'I want you'. Ahora que lo dice, es verdad que esa y otras tienen sabor americano. También hay híbridos como 'She came in trough the bathroom window'.

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  5. Los principios de las discográficas y el principio del vaciamiento de los bolsillos de mucho jóvenes. Al final tenían que llegar las descargas para resarcirnos de tanto gasto y tanta fustración.

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  6. Cada formato tiene su parte buena y su parte mala, mr Super Soul: los LPs realmente buenos se nos hacen inolvidables porque nos ofrecen más tiempo (y más canciones) de disfrute; por contra, en muchos de ellos sobra más de la mitad del material. Y algunos grupos que se defendían perfectamente con los singles se hundieron al verse obligados a seguir la moda.
    En cualquier caso, el problema actual es otro: no hay voluntad de sacrificio ni de aprendizaje, con lo cual no hay futuro. Cada grupo actual ha oido tres o cuatro grupos de referencia y no salen de ahí: endogamia, se llama a eso.

    Malos tiempos no sé, mister Chafardero. Es verdad que gran parte del material de aquella época es soporífero, pero cada año salían diez o doce grandes discos. Y otra docena de discos pasables. Ahora, esa sensación que usted cita también la sentía yo de joven, a veces. Menos mal que luego crecemos y nos hacemos un criterio, que si no...

    El asunto de los Beatles, como todo lo demás, va a gustos, mr. Alabama Man. El "Abbey Road" es un gran disco, sí. Pero previsible en ellos: grandes canciones, pero ninguna sorpresa.

    Esa es la nueva escala que habremos de seguir de ahora en adelante, yerno: las cosas quedan bastante claras para la llegada de los años 70.
    Sobre los Beatles yo creo que prefiero el doble blanco, aunque la cosa va a días. Y ese "híbrido" que usted cita a mí en cambio me parece de lo más americano: medio tiempo, guitarras cálidas y pachorronas...

    Bienvenido again, Mr. Pepper. Sí, la base del asunto está en los mayores beneficios económicos de la casa discográfica y de las bandas. Y sobre lo de las descargas, me temo que entramos en malos tiempos: usted bájese todo lo que pueda cuanto antes, por si acaso.

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  7. ¿Y qué opina usted de 'I want you'? Tengo afición por esa canción.

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  8. ¿Afición? No hace falta afición para valorar esa pieza, estimado yerno: es tan buena que se valora sola. Es el glorioso final de la cara A, que salvo el lunar de la para mí sobrante "Octopus's garden" (y que como era de esperar se la encasquetan a Ringo), me parece perfecta; quizá la cara B resulta un tanto errática por momentos.

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