lunes, 11 de marzo de 2019

1978/79 (XXV)

Hoy no vamos a complicarnos la vida con grupos de culto ni postpunk vanguardista, no señor; simplemente, nos relajaremos con algo mucho más liviano, con músicas de baile. Y a finales de esta década se ha vuelto a poner de moda el ska, una especie de transición entre el calipso y el reggae que ya había tenido su momento de gloria quince años antes. No se puede negar que ahora hay una cierta influencia punk, sobre todo por el walking bass y la percusión tan simple pero tan marcada: cuando los mods bailaban las primeras canciones traídas de la otra isla el ritmo era más suave, hasta llegar a la lentificación del rocksteady; de hecho, muchos aficionados le llamaban “blue beat”, asociándolo con el primer sello que lo popularizó aquí. Sin embargo, tal vez por la influencia del público skin (que son los sucesores de la facción number de los mods), con esa personalidad tan anfetamínica suya, se radicaliza el sonido; a partir de ahí el fenómeno ska comienza a extenderse casi al mismo tiempo que el revival mod que habían comenzado los Jam. Y como era de esperar ninguno de esos fenómenos dura mucho, lo cual implica que cualquier banda con expectativas de futuro pronto tendrá que cambiar de onda: las demás desaparecerán. Así que hoy nos visitan dos grupos que representan perfectamente las dos opciones: los londinenses Madness supieron reconvertirse cuando llegó el momento, mientras que los Specials, de Coventry, fueron muy aclamados entonces pero su época más popular terminó pronto. Sin embargo tanto unos como otros, con idas y vueltas, siguen en activo porque el circuito de la nostalgia es muy potente en estos tiempos de escasez que estamos viviendo. 


Prince Buster, histórico caribeño del ska tradicional, lanzó en 1963 “Madness”, una de sus canciones más populares en Gran Bretaña, y esa fue la palabra que en 1979 y en su honor eligieron unos muchachos de Camden Town para dejar atrás su época de aprendizaje y tomarse el asunto en serio. Llevaban ya tres años cambiando de nombres y de miembros hasta que la formación se estabiliza: su cantante será el recién llegado pero ya carismático Suggs (Graham McPherson), que también es compositor como los veteranos Chris Foreman (guitarra), Mike Barson (teclados) y Lee Thompson (saxo), aunque este último estará ausente durante un tiempo. Junto a ellos hay otros tres fichajes: Chas Smash como segunda voz, el bajista Mark Bedford y el batería Dan Woodgate. Comienza a crecer su popularidad en la zona norte de Londres, y Jerry Dammers, líder de los Specials y creador del sello TwoTone, les ofrece grabar un single. Hablar de Two Tone es hablar del revival del ska británico, ya que Dammers (otro fan del género y también devoto de Prince Buster) consigue hacer realmente popular el estilo en la Isla y de paso rebajar un poco la tensión: hasta entonces, el público medio asociaba ese tipo de ritmos con las peligrosas bandas skinheads, pero en el sello comienzan a grabar grupos multirraciales que hacen más “amable” el producto y permiten que las radios convencionales se confíen. Así que, en verano del 79, Two Tone presenta el primer single de Madness, cuya cara A, escrita por Thompson, se titula “The Prince”. Queda clara la admiración por el patriarca jamaicano.


Contra todo pronóstico el single rozó un top 15, lo cual demostraba que había clientela para este tipo de música, y el sello Stiff fue a por ellos inmediatamente: tan solo un mes más tarde ya estaban grabando su primer Lp, que se publicó en otoño bajo el título de “One step beyond” (vaya, otra canción del Príncipe). Hay también un pequeño reconocimiento a Ian Dury, de cuyo estilo tanto musical como escénico se sienten deudores, y esa portada viene siendo un guiño a la trasera del “Handsome” de Kilburn and The High Roads: especialmente Suggs suele repetir que aprendió a actuar fijándose en Dury (imitando incluso su acento cockney postizo), y que el propio Dury “hacía de vez en cuando rocksteady beat, como nosotros”. En fin, que estos muchachos son muy respetuosos con sus mayores; pero cuando esperamos encontrarnos con una colección de versiones, resulta que la mayoría del material es propio. Y no solo eso, sino que además su visión del ska es muy elaborada: con seis instrumentistas, incluyendo sección de viento y teclados, Madness suenan como una pequeña orquesta que reviste perfectamente ese ritmo, y “Night boat to Cairo” o “Tarzan’s nuts” son buenos ejemplos. Sin embargo, la verdadera gran sorpresa es que, salvo esas canciones y alguna más, el grueso del material ya solo se apoya en la base rítmica del ska porque en realidad están haciendo pop: ¿qué otra cosa son “My girl”, “Believe me” o “Razor blade alley”, sin ir más lejos? Y esa es la explicación para que el disco haya alcanzado el número uno en algunas listas isleñas, esa es la diferencia entre Madness y los demás grupos de su estilo. Aunque siguen manteniendo el mercado del single con la canción que da título al Lp; parece evidente que buscan contentar a dos tipos de público. 


Casi un año después llega “Absolutely”, que mantiene la misma estrategia: “Baggy trousers” o ”On the beat Pete” son piezas de casi puro ska, pero son minoría en una selección en la que los teclados adquieren un creciente protagonismo, y sobre ese ritmo -por lo general, muy vivo- se va imponiendo el espíritu de unas melodías que con frecuencia son puro pop con tonos orquestales. También esta vez las ventas volvieron a darles una alegría, aunque ya comenzaba a percibirse en la Isla un ambiente general de hastío con respecto al fenómeno ska en su conjunto: la mayoría de las bandas que han estado viviendo exclusivamente de este tipo de ritmos comienza a decaer. Y la publicación de “7”, su tercer disco, en otoño de 1981, marca perfectamente el final de una época: tal vez por pura inercia sus fans consiguen que el disco llegue al top 5, pero el grueso del material suena “desangelado”, por decirlo así. Visto con perspectiva, conociendo su producción posterior, entenderemos que en realidad ese disco es un tránsito de una época a otra: del ska original ya no queda casi nada, pero para alcanzar la talla de estrellas del pop les falta un paso todavía. Así que cuando vuelvan a visitarnos ya veremos si consiguieron dar ese paso o no. 




Los Specials son precisamente una de esas bandas que comienzan a decaer con el principio de la nueva década por su excesiva dependencia de los estilos tradicionales. Al igual que Madness, ya llevan un tiempo actuando en su área y con cambios frecuentes de personal hasta que en 1979 la situación se concreta: el teclista Jerry Dammers, junto con los cantantes Terry Hall y Neville Staple, el bajista Horace Panter, los guitarras Lynval Golding y Roddy Radiation y el batería John Bradbury hacen un total de siete; también como los Madness, aunque a diferencia de ellos la sección de viento es itinerante, sin miembros fijos. Dammers, su líder y compositor principal, es un curioso personaje que a sus veintipocos años comenzó siendo mod; luego se hizo hippie, pero de ahí pasó a skinhead hasta que la excesiva radicalización de esa tribu le hizo evolucionar: los skins en sus primeros tiempos escuchaban la música propia de sus antecesores mods, pero llegó un momento en que a un sector de ellos el ingrediente “negro” se les hizo insoportable. Y ahí hubo una escisión: el sector más razonable se integró en la corriente representada por los suedeheads, que mantenía el gusto por esos estilos (algunos incluso se hicieron fans del glam), mientras que los más agrestes se pasaron al punk radical blanco de extrema derecha. Siempre han sido clase obrera; pero para ellos el enemigo es el que está en la escala inferior, no en la superior. La gran clarividencia supremacista.

La estética de los Specials -como la de los primeros Madness- está a medio camino entre el estilo suedehead y los mods; por otra parte Staple y Golding son jamaicanos negros, así que se trata de una banda interracial: hay dos tonos de piel. Y como militante del “Hazlo tú mismo” Dammers decide crear su propio sello discográfico, al que bautiza como Two Tone, situando a Coventry en la vanguardia del revival ska hasta el punto de que, como en la época de Blue Beat, se acaba identificando con un estilo propio. Por eso Madness no son tan “puros” como Specials o Selecter (también interraciales): porque en la capital, lejos de aquel caldo de cultivo, hay muchas otras influencias; además, para Suggs y compañía lo primero es el baile y no la cuestión social. Pero no se puede negar la importancia que estos grupos tuvieron para hacer frente a la marejada racista: el movimiento Rock Against Racism les debe mucho (justo cuando una vaca sagrada como Bowie “deseaba un nuevo Hitler” o Clapton, borracho de más, decía que estaba harto de que la Isla “se estuviese llenando de negros”… Sí, el mismo Clapton que debe casi todo su dinero al blues). Otra cosa es que al final estas bandas se pasaron de “concienciadas” y su discurso se hizo grandilocuente (como los Clash en su sector). Ahí acertaban Madness, que siempre se reivindicaron como simples y humildes músicos: “no estamos aquí para salvar el país”. Ni yo tampoco, así que vamos a lo nuestro: el sello Two Tone se inaugura en la primavera del 79 con un single compartido con los Selecter. La cara A pertenece a los Specials (bajo el nombre de The Special A.K.A, que aún usaban por entonces) y se titula “Gangsters”; está compuesta por Dammers, pero es una actualización del “Al Capone” de Prince Buster. Fue un top 10.


Ese éxito anima a Dammers y sus colegas a probar suerte con un Lp, que comienza a grabarse casi de inmediato con la producción del mismísimo Elvis Costello y que sale a la venta a mediados de otoño a nombre del grupo. Dejando aparte las letras, con clara carga social, hay casi tantas versiones como originales; las versiones, cuyos autores son gente esperable como, otra vez, Prince Buster o Dandy Livingstone, se respetan bastante en su esencia, mientras que la mayoría de las originales son de Dammers y curiosamente se acercan más al reggae que al ska: “It’s up to you” o “Doesn’t make it alright” son buenos ejemplos. Hay también una notable influencia de las guitarras al estilo isleño, casi rockero en algunas canciones, pero cuando deciden lanzar el primer single que representa a este disco eligen la pieza más tradicional: la versión de “Rudy a message to you” de Livingstone, un cruce entre los dos estilos jamaicanos, que alcanzó de nuevo el top 10. Al igual que hacen Madness, parecen perseguir dos tipos de público distinto según el formato. En todo caso el disco grande llegó al top 5, así que todos quedaron contentos.


Sin embargo, la situación comenzó a agriarse: sumando voces invitadas y secciones de viento, a veces la plantilla en directo era multitud. Y el directo era su principal fuente de ingresos, por lo que estaban continuamente en la carretera (hay una cantidad desorbitada de grabaciones piratas entre 1979 y 80). Pero al mismo tiempo el fenómeno ska como producto discográfico de estudio comienza a decaer, y su propio sello lo nota. En consecuencia cuando se publica su segundo Lp, justo un año después del primero, gran parte de los músicos ha perdido el buen humor: media banda no se habla con la otra media. El título es “More Specials”, y en una situación de inercia muy parecida a la que vivió Madness con su tercer disco, este alcanzó también el top 5; pero como el caso de Suggs y sus colegas, ese aparente éxito de ventas oculta la realidad. Y mientras Madness se irá asentando en el pop, los Specials buscan la inspiración mezclando estilos tradicionales como el rockabilly junto al r’n’b, dulcificando el ska con arreglos casi orquestales, acercándose al soul… Un batiburrillo que tal vez resultó bastante efectivo en las radios, pero que desagradó a gran parte de sus seguidores. Y a partir de ahí comienzan las deserciones; fueron sobreviviendo entre continuos cambios de personal, recuperaron su nombre original para grabar un tercer disco ya en 1984, se fueron, volvieron algunos, siguieron grabando de vez en cuando… Lo habitual, vamos.


6 comentarios:

  1. Hoy el primero.
    ¡Vaya par de bueyes pal carro!
    CRreo que esta vez va a haber unanimidad de parroquianos, estos dos grupos y los discos que propones fueron un vendaval de aire fresco que a todos nos pilló y nos hizo disfrutar como enanos. Menudos fiestorros con estas canciones,y es que a mi el ska, como que ni fu ni fa, pero con esta gente se te quitan todas las tonterias de golpe.
    Buen post, copón!.
    SALUDOS
    Jose

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  2. Me parece que fueron lo mejor de aquella época en el Reino Desunido de la Gran Bretaña. Perduran pasados los tiempos y dejan al resto como un autentico peñazo.
    No podemos desvincular todo el fenómeno ska de sus raíces jamaicanas y de toda la emigración desde el Caribe a la Isla trayendo su música y sus famosas sesiones sound system. En esta entrada hablo del tema: http://sinfoniazul.blogspot.com/2014/08/ese-descarado-ska.html

    Yo no sé si ser apropiado por los blancos le da legitimidad poppera pero veo injusto no recordar todo lo que se cocinó mucho antes en su país de origen.

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  3. Fui muy seguidor de Specials en su momento de aparición, sus dos primeros Lps me parecen magníficos, sobre todo el primero, no dejaba de sonar en cualquier garito al que ibas. Por entonces las pocas referencias negras que recibías de las Islas era la de los músicos jamaicanos emigrados ("Keep Britain White!"...,empezaron a aparecer algunas pintadas)y la indudable influencia de Marley y toda su saga. Salvo lo hecho por Specials y UB40 no fue el ska un estilo que me sedujera demasiado tiempo, lo justo vamos.
    Aparte, en la entrada hay muy buenas y acertadas referencias sobre numbers, mods y skins, estos últimos con sus variables radicales, racismo y veleidades nazis y xenófobas de un Bowie pasado de perico y de un Clapton atontado. Jerry Dammers, como apuntas, fue una de las figuras fundamentales de esa época y escena.
    Saludos,
    JdG

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  4. Pues me sumo a la opinión de la mayoría, sobre todo en lo referido a Madness, a Specials los controlo menos. Siempre me ha gustado en ska, su ritmo bailón y la sección de vientos que a veces giraban hacía sonidos jazzísticos. El primer disco de Madness me trae recuerdos de fiesta y baile, eran pura diversión.

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  5. Muy buenas Rick,
    Vaya, a estos si que los he escuchado bastante, tanto a los Madness como a los Specials. No conozco en detalle su discografia pero me gustan. Es un acierto meterlos qui, añaden frescura y vitalidad y tambien ritmos más fiesteros en contraste a otras bandas mas experimentales y vanguardistas que han ido saliendo por aqui ultimamente.
    Saludos

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  6. Muy completo el artículo. Complementa muy bien el conocimiento que tiene uno de aquella época. Madness me gustaban bastante, pero disfruté aún más con Specials. Al menos recuerdo más su música. Por algo será. Y eso que oí bastante a los dos grupos.

    Saludossssssssss

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